Diversión al fin

María Eulalia Serrano Pérez · Mérida 

Mi padre no quiere firmar mis faltas de asistencia a clase de latín. No le bastan mis razones: que la profesora es un muermo, que escupe y que tiene bigote de morsa. Total, para dedicarme al diseño gráfico, ¿para qué necesito el latín? Me expulsarán del colegio otros diez días, mi padre, que es Juez de Menores, hablará con un colega, me obligará a enviar una personación en cualquier causa, y me la aceptarán. Tendré que tragarme otro juicio completo y hacerle un resumen. Siempre hace igual, desde que cumplí los treinta años. Es su táctica para obligarme a terminar bachillerato … Suena una señal horaria. ¡Mierda! Me he quedado dormido, sólo tengo 10 minutos para llegar al Juzgado, y hoy viene de testigo un banquero de postín. Al fin un poco de diversión. No puedo llegar tarde.

 

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1 comentario

  • Speaking of frivolity, there was a large diamond skull adorned Chopard watch from Elton’s collection that could be perceived as a flagrant disregard for tasteful, dare-I-say-it quiet luxury. link I prefer to think of it as a wondrous ability to lean into an aesthetic of which others might be naturally disdainful —sort of like how kids are happy to wear costumes in public on days other than Halloween.