Amigos

Francisco S. Ramírez · Valencia 

La aglomeración de periodistas en el umbral de la sala obligó al acusado a entrar al Juzgado por una puerta interior. Había mucha expectación ante el caso más sonado del año en aquella coqueta ciudad turística de provincias. La asistencia de público se había restringido y todo indicaba que la vista comenzaría en hora. Tras la personación del imputado, éste tomó banquillo. Ataviado con un impoluto traje blanco de diseño, zapatos incluidos, y en altiva actitud, el magistrado, al verlo, se dijo que no había cambiado nada desde entonces… y se alegró. Una cascada de recuerdos invadió a Su Señoría y estaba seguro de que todo iría bien; no en vano, las amistades del trullo son profundas y duraderas. Una mirada fugaz pero cómplice entre ambos redujo la tensión ambiental y, a la señal pactada, la sesión comenzó. Nunca antes había tenido tan claro el fallo de una sentencia.

 

 

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