La declaración

Ana Vélez · Sant Feliú de Codinas (Barcelona) 

Recuerdo que era un día lluvioso, daba pereza salir de casa, pero debía hacerlo, él me necesitaba. Lo primero que hice fue coger el teléfono, llamarle, no obtuve respuesta, pensé que era señal que estaba camino del juzgado. En su día, prometí prestarle asistencia letrada, presenté el escrito de personación y seguí la causa, pero llegado el momento, me acobardé, no tenía armas de defensa y no podía afrontar mi primera vista en esas condiciones. Esa mañana fue distinto, salí corriendo, maletín en mano y sin olvidar el atuendo negro, diseño exclusivo para abogados y llamado toga. Me vió, sonrió, no nos hacía falta hablar, sólo ésa mirada valió más que cien palabras para coger las fuerzas necesarias para subir al estrado. Lo hicé, y el también;ese día fui partícipe de sus dos declaraciones, la de su absolución la cual he olvidado, y la que hoy seguimos compartiendo.

 

 

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