Cliente insatisfecho

Miguel Angel Gayo Sánchez · Sevilla 

Creí cumplidas mis obligaciones profesionales tras la personación en tiempo y forma, el diseño esmerado de la contestación a la demanda y la asistencia a la vista oral con mi toga recién planchada. Esperaba, por lo tanto, una señal de aprobación, un signo cualquiera de satisfacción por parte del cliente hacia mi correcta labor. Pero el muy grosero levantó el dedo corazón y me mandó a la mierda. ¿Qué le puede haber molestado? ¿Quizás mi consentimiento a la exorbitada pensión compensatoría que reclamaba su mujer? ¿Mi tímida oposición a que le arrebatasen el chalet de Oropesa? ¡Qué esperaba! Él es un hombre con recursos, se lo puede permitir. Y bien que me avisó su ex: “Pichurrín, ten cuidado con el papanatas de mi marido. Algunas veces se pone de lo más vulgar”.

 

 

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