II Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

La rubia

José Ramón Alonso Peña · Salamanca 

Terminé Derecho. Luego, doce meses de soldado en la Acorazada Brunete. En aquella litera, soñaba con la profesión: juicios, testigos, alegatos, declaraciones, escritos, defender la justicia con la ley,… En mis pensamientos, era como los abogados americanos, bebía whisky y atrapaba gángsters y narcotraficantes. También imaginaba que un día llegaba a mi despacho una rubia despampanante y me decía: “Necesito que me ayudes”. Volví a casa. Tres años de pasante y abrí un bufete con mi hermano mayor, que se había hartado de preparar oposiciones. Para lo que hay por ahí, no nos llevamos mal. Yo tengo alergia a los números y él a vivir pobremente. Hoy ha venido una rubia despampanante a mi despacho. Me ha mirado a los ojos con unos semáforos verdes rodeados de pestañas y me ha dicho “necesito que me ayudes”. Es mi cuñada. Mi hermano no me lo va a perdonar jamás.

 

Relatos seleccionados

  • Decálogo cruel

    Teresa Arjona Calvo · Benidorm (Alicante) 

    1.- Consentir en ser soldado raso a las órdenes de un abogado machista. 2.- Casarte con él creyendo que contigo cambiará. 3.- Hacer doblete laboral: en "la sombra" en el bufete, y a "la luz" en la casa e hijos. 4.-Aceptar el no darte de alta en la Mutualidad de la Abogacía. 5.- Quemarte los ojos con interminables escritos que él firmará como suyos. 6.- Esperar, inutilmente, una declaración de reconocimiento por su parte. 7.- Olvidar tu autoestima cuando los hijos vuelen y él decida "cambiarte por dos de treinta". 8.- Aguantar, como testigo mudo, tánta discriminación sexista. 9.-Disimular tu alergia a ciertos jueces cuando lees,en la Sentencia de divorcio,que la misérrima Pensión temporal se te concede "...por ser Licenciada en Derecho y serle muy facil acceder al mercado laboral..." olvidando que tengo 63 años. 10.- Creer que a vosotras no os sucederá si seguís mis equivocados pasos.

     
  • El cinéfilo

    Alejandro Valiente Lourtau · Mérida (Badajoz) 

    Soy un cinéfilo. Me fascinan las películas de vaqueros y las de guerra. Por ello quise ingresar en el ejército, para vivir aventuras arriesgadas y terminar en brazos de la dama. Pero estaba escrito que, debido a mi alergia a la leche, no sería soldado. Tuve que plegarme a los deseos de mi padre y estudiar Derecho. Mi consuelo fue pensar en la trepidante realidad de los juicios. Como ocurre en los filmes americanos, me veía resolviendo mis causas en el último momento gracias a la inesperada declaración de un testigo crucial. Ya convertido en abogado, fui consciente de que había mucho cuento en lo que aparece en la gran pantalla. Por suerte, supe especializarme y, como abogado matrimonialista, en ocasiones me parece estar en la piel de un galán de cine, sobre todo cuando el agradecimiento de alguna recién divorciada va más allá de lo que se puede contar.

     
  • Justicia

    José ¡µngel Sillero Pérez de Albéniz · Vitoria-Gasteiz 

    Cuando vi tu esbelta silueta, siendo aún adolescente, sentí esa inmensa atracción, ese intenso flechazo atravesándome. Fue como si hubieran soldado mi corazón al tuyo para siempre. La formación como abogado fue mi declaración de amor. Recuerdo aquellos atardeceres en el campus, siendo único testigo de tu belleza, contemplando el extravío constante de tu mirada, intentando adivinar el color de tus ojos. Mediante este pequeño escrito confieso que siempre había supuesto, admirado por tu entereza, que mantenías inmutable ese carácter rebelde, ese frágil equilibrio entre la gallardía ante el poderoso y la gracia con el oprimido. Siempre, hasta que descubrí desde tu interior como eres continuamente ultrajada, violada, manipulada sin cesar por aquellos que, en un principio, sintieron como yo aquel hechizo. Hoy, siento alergia al ver en lo que te han convertido. ¡Quita ya la venda de tus ojos y aferrándote a tu espada, vuelve a reclamar tu nombre!

     
  • Renacer

    Lourdes Trella López · Málaga 

    Hubo muchos testigos del declive durante muchos años, la incomprensión, la insensibilidad, la intolerancia, fueron sus más fieles compañeros de viaje. ¡l ignoraba que si la constancia y el saber hacer con que minó su autoestima y tatuó en numerosas ocasiones su piel, los hubiera empleado en otras ciencias o artes, algún Premio Nobel ocuparía un lugar destacado en esa casa de los horrores. La mera presencia de él provocaba en ella erupciones propias de la alergia más devastadora de la primavera. Se armó del valor de un soldado y dejó la siguiente declaración por escrito: "Se pondrá mi abogado en contacto contigo". Lo que no añadió fue que el contacto que ella había establecido con su abogado fue el interruptor que alumbró su vida en penumbra.

     
  • Vocación irrevocable

    Isabel Rodríguez Madrid · Córdoba 

    Por encima de mi cadáver, gritaba mi padre. ¿Cuándo se ha visto en nuestra familia un picapleitos, con la alergia de todo el clan a la jurisprudencia? Mi madre lloraba desconsoladamente semi-escondida detrás de la puerta del salón. El bisabuelo, desde la profundidad de la fotografía que presidia la estancia, clavaba sus ojos en mí y fruncía el ceño atónito, “si, esa instantánea que le hicieron vestido de soldado cuando volvió de la guerra de Cuba.” El novio de mi hermana testigo mudo de la situación nos observaba sin atreverse a decir esta boca es mía. Mientras, el tío Manolo terminaba de redactar el escrito que yo tenía que firmar, la declaración jurada de no seguir con mis estudios. Al final acepte lo inevitable y hoy dirijo la mayor red de corrupción y extorsión en Europa, mientras a escondidas termino la carrera de Derecho que empecé hace veinte años.

     
  • Mi enfermedad

    María Serrano Álvarez · Arganda del Rey (Madrid) 

    Siempre he tenido alergia a los abogados, lo cual no ha sido un problema para mí porque yo, enfermera de vocación y mujer no dada a meterme en problemas, no suelo relacionarme mucho con estos soldados defensores de la Ley. Sin embargo, ayer el destino quiso que Daniel, abogado criminalista, sufriera un desmayo tomando declaración por escrito a un testigo. Cuando llegó la ambulancia al hospital y cantaron los del Samur los datos de aquel varón de treinta años, evité acercarme a él. Pero el médico de urgencias, ajeno a mi historial alérgico, me obligó sin miramientos a tomarle la tensión. Obediente, le cogí la mano, preparada ya para sentir en segundos el intenso picor en mi antebrazo que anuncia la llegada del sarpullido. Pero sorprendentemente no hubo picor, sino cosquilleo y el rubor no apareció en mi mano, sino en mi cara. ¿Cambiaron los síntomas? ¿O la enfermedad?

     
  • Bendita profesión

    Felixa Lería Mackay 

    “Relaja el cuerpo, piensa en el fuego, aíslate del lugar donde te encuentras…” Cuando llegaron los soldados con sus perros y empezaron a escarbar en la nieve, mis manos y mis pies estaban casi calientes, no tenía ningún signo de congelación, sólo unas diminutas manchas en la cara, una especie de alergia que me provoca el frío. El médico que me atendió y que oyó las declaraciones de los testigos, no se explicaba que hubiera sobrevivido después de tantas horas sepultada. “Es que soy abogada”, le dije, “dedico mucho tiempo a la meditación, a estar a solas con mis pensamientos, a darle vueltas y vueltas a un mismo asunto. Estoy muy entrenada para la abstracción”. Me dio unas palmaditas en el hombro y se fue sonriendo. Y en su informe por escrito, en el que daba cuenta de lo que me había sucedido, no nombraba mi profesión.

     
  • Actor de método

    Marta Trutxuelo García · Andoain (Guipúzcoa) 

    ¡Los chicos de la prensa! Preguntad lo que queráis... ¿La comparecencia? Muy bien. No pretendo alardear, pero con este traje me doy un aire a Tyrone Power en “Testigo de cargo”, ya sabéis... varonil, convincente... un caballero. ¿Mi declaración? Disciplinado como un soldado, me he ceñido a lo escrito en el guión y ha resultado magistral, rectifico, memorable, como la recia interpretación de Jack Nicholson del militar en “Cuestión de honor”. ¿El resultado? Gracias a mi intervención, digna de oscar, y a la defensa de mi abogado, bueno, una actuación secundaria, se me ha eximido de toda responsabilidad. Gracias. “Si supierais que me he librado de la multa porque en el estrado he aderezado mis dramáticas frases con una emotiva banda sonora orquestada por un insistente lagrimeo... vamos... hasta Burt Lancaster habría logrado el indulto de Spencer Tracy en “Vencedores y vencidos”... ¡Bendita alergia primaveral!”, musito mientras reprimo un estornudo.

     
  • Plátanos

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Según el escrito que contiene la declaración de un oficial que fue testigo presencial, el soldado raso Martínez se encontraba cumpliendo el servicio de guardia cuando, al aproximarse el alférez García, inopinadamente le vació todo el cargador de su metralleta. Al ser arrestado, el soldado alegó que sufre alergia al polen de los plátanos del patio del cuartel, la cual le provoca repentinos estornudos. Éstos fueron, según su versión, los que hicieron que se le disparase accidentalmente el arma. El hecho es que se me ha encomendado su defensa, y sé con certeza dos cosas. Primero, que es de todos conocida la animadversión que la víctima mostraba hacia cualquier subordinado. Y segundo, que como aficionado a la botánica que soy, la especie cuyo polen produce alergias no son los plátanos (también conocidos como bananos) que hay en el patio, sino los árboles cuyo nombre científico es “platanus hispanica”.

     
  • Esencia de ley

    Juan Herranz Pérez del Arpa · Logroño 

    Soy abogado, un soldado más del ejército de la diosa Temis de la justicia. Todos mis compañeros, y yo mismo, recibimos de Temis un legado escrito, una máxima indeleble: que cualquiera pudiera conseguir su amparo, y que nadie escapara a sus dictados. En nuestra declaración iniciática como letrados, asumimos esos principios para nuestra praxis. Así, el mundo entero es testigo de nuestro desempeño. Defendemos el equilibrio entre el bien y el mal, hasta sus últimas consecuencias en cualquier juzgado, usando la mayéutica de Sócrates en busca de la verdad. Actuamos con más energía con aquellos que tienen alergia a la justicia debida. Nos afanamos en disponerlos sobre la balanza de Temis en igualdad de condiciones respecto a cualquiera de sus iguales. Si en alguna ocasión precisa de nuestros servicios acuda a su bufete más cercano. Su caso encontrará la justicia de la ley.

     
  • Herencia vocacional

    Carlos I. Fernández Carbonell · Castellón 

    Yo iba para soldado. Desde que tenía uso de razón había sido mi sueño. Todo lo que rodeaba la vida castrense me fascinaba y todo lo escrito me daba alergia. Pero el sueño de mi padre era otro: A Dios puso por testigo de que su hijo sería abogado. Y al final lo consiguió. Ahora, muchos años después, comprendo a mi padre y estoy contento y agradecido por mi trabajo en los tribunales y por la seguridad que me proporciona. Me gustaría que mi hijito siguiera mis pasos y que, como yo, no tenga que sufrir en la vida. Hoy ha colocado su primer póster en su habitación: Chuck Norris a tamaño natural. Toda una declaración de intenciones.

     
  • Ojos que ven

    Raquel Gil Antonio · Sabadell (Barcelona) 

    Santi lo hizo. Solo tenía 23 años. ¡l habia visto, oido y vivido aquello de una manera muy directa. En su pelotón, era un soldado más, pero para ellos no. Aquel soldado fué único testigo de todo y ellos lo sabían. Jamás contó nada, nadie lo sabía salvo sus ojos y sus oidos. ¡l lo vió todo, vió como a su compañero le administraban una dosis mortal de penicilina a la que tenía alergia, causándole la muerte instantes después. Santi sab¡a que aquello no era un accidente, no cabía error, se habían cargado a German. A partir de ese momento él seria el siguiente. Días después se encerró en su habitación papel y lapiz en mano, relató todo palabra por palabra y se tragó el escrito. Al hacer la autopsia al cadaver de Santi, el forense encontró en su estomago lo que parecia ser una declaracion.

     
  • Siniestro mensaje

    Angel Silvelo Gabriel · Madrid 

    Yo fui el único testigo, de ahí, que resulte más difícil sostener el contenido de mi declaración. A los ojos de mis superiores, no soy más que un soldado no permanente. Un desecho de tienta, como nos recordaba mi capitán cada mañana. Lo sé, mi defensa debe ser más contundente que un alegato dentro de un papel bien escrito. Nadie va a fallar a mi favor, y menos aún, un Juez Togado Militar. Cómo le explico que todo fue un maldito accidente. Sí, cómo le digo que la culpa fue de la maldita alergia que padezco, y que además se acentúa con la primavera. Mi inocente estornudo hizo que el capitán apretara accidentalmente el gatillo de la pistola que estaba revisando, y la bala que contenía, se convirtió en la emisaria de un siniestro mensaje con todas nuestras réplicas a sus continuas vejaciones. Pero ese es nuestro más íntimo secreto.

     
  • Ticio y Cayo

    María Jesús Roca Lavid · Alcobendas (Madrid) 

    Otra vez un conflicto entre Ticio y Cayo. Éstos dos se tienen alergia. ¿Ticio y Cayo, qué trágico suceso tuvo lugar entre vosotros en algún momento del pasado? Soy testigo desde primero de carrera de vuestras continuas controversias, así fueráis cada uno soldado de ejércitos enfrentados, luchando en todos y cada uno de los campos del Derecho. Ticio y Cayo, ¿qué terrible error cometísteis al dividir vuestros fundos, que lleva siglos dando quebraderos de cabeza a los estudiantes de Derecho? Ni que hubiérais empleado como mojón la mismísima frontera de Gaza. Ticio y Cayo, sabed que no están los tiempos para litigar por gusto, pues los Juzgados están infestados de demandas, tan frecuentemente utlizadas como arma arrojadiza en los mal llamados “programas del corazón”. La comunidad jurídica os ruega firméis una declaración de paz. Incluso se conformaría con que acordárais una tregua temporal. Eso sí, por escrito.

     
  • Mi guerra

    Ramon Vigil Fernández · Madrid 

    El Juzgado es mi campo de batalla. Soy un soldado de la justicia. Luzco la toga como uniforme militar, no para camuflarme del enemigo, sino para resaltar mi silueta, tras el estrado, con una fuerza oscura. Desde allí soy testigo del miedo del contrario, que, a cada mirada, se va ahogando en sus propias dudas. Siento el atrincheramiento de sus alegatos en sótanos de incertidumbre y reconozco en sus pupilas los primeros síntomas de la alergia a la derrota. Palabras que tiemblan inseguras al abandonar sus gargantas, palmas y frentes que sudan incontroladas… y entonces surgen incoherencias en su declaración y ya son pasto de mis garras. A mis 65 años, me han condecorado con otra absolución. Sé que pronto colgaré mis códigos, mas cuando mis actuaciones pasen a ser leyenda, aun quedarán mis escritos. Sangre indeleble sobre blanco papel como prueba de cada una de mis victorias.

     
  • Creo que merezco

    Alejandro Juncosa Delgado · Madrid 

    Conocía su alergia a los abogados jóvenes. ¡Cómo ignorarla! Se habían escrito páginas y páginas sobre su animadversión hacia todo lo fresco, lo improvisado. Mientras el ascensor alcanzaba la planta noble del edificio, notó el sudor de sus manos. Cada vez más pequeñas. ¿El soldado raso frente al general? Era un pase directo al paredón. Sus veintipocos años pisaron las apolilladas alfombras. Flanqueó la barra de atareadas secretarias. Y entró en el imponente despacho, con el retrato del fundador como único testigo. Tomó aire antes de soltar su declaración de guerra. Cuando le pidió al socio del despacho el aumento de sueldo, éste le despidió fulminantemente.

     
  • Amor de madre

    Miguel Ángel Gayo Sánchez · Sevilla 

    El amor de madre es inconmensurable. Así que allí se presentó la mía, sin avisar. Me estrenaba como letrado y, una vez más, no se pudo contener las ganas. “Mamá, estate calladita”, le avisé. Como si nada. Cuando un testigo ratificó el escrito de su declaración y arruinó mi defensa, a mi madre le subió la calentura. “¡Miente más que un soldado en un burdel!”, gritó como una loca. Incluso meneó el bolso tratando de atizar al testigo. Fue entonces cuando el juez ordenó su desalojo. Pero mi madre es dura de pelar. Arañó al agente judicial, descamisó al vigilante.... “¡Ayúdame, Josito. No te quedes embobado!”, gritó alzando una silla. Pero yo me hice el distraído. Y es que recordé sus broncas a la salida del colegio, las apariciones estelares en el instituto, su espionaje durante la Facultad. –¿Por qué llora usted? –me preguntó el Juez. –Es la alergia, señoría.

     
  • Pariendo un recurso

    José Alexis Rivero González · Vecindario (Gran Canaria) 

    El grueso expediente me mira fijamente, y yo a él sólo de reojo, con la sonriente fotografía de mi hija de testigo, como si fuera conocedora de que papá aún no ha hecho los deberes. Me consuelo pensando que aún tengo tiempo para redactar el recurso, aunque soy consciente de que cuanto más tiempo tengo, más tiempo pierdo. Mato el tiempo preparando la declaración de mañana, y descanso leyendo las noticias: “Dos soldados heridos en Afganistán”. La habitualidad del horror ha terminado por curar la alergia de los lectores más sensibles. Si no hay muertos, y abundantes, ya parece poca cosa, aunque en realidad no lo sea. En la tranquilidad de la noche, mientras mi familia duerme, enciendo el portátil y plasmo por escrito el recurso ya esbozado en mi cabeza, pariéndolo de madrugada, como un escritor las últimas páginas de su novela: lástima que mi público sea tan reducido.

     
  • Justicia

    José ¡µngel Sillero · Vitoria 

    Cuando vi tu esbelta silueta, siendo aún adolescente, sentí esa inmensa atracción, ese intenso flechazo atravesándome. Fue como si hubieran soldado mi corazón al tuyo para siempre. La formación como abogado fue mi declaración de amor. Recuerdo aquellos atardeceres en el campus, siendo único testigo de tu belleza, contemplando el extravío constante de tu mirada, intentando adivinar el color de tus ojos. Mediante este pequeño escrito confieso que siempre había supuesto, admirado por tu entereza, que mantenías inmutable ese carácter rebelde, ese frágil equilibrio entre la gallardía ante el poderoso y la gracia con el oprimido. Siempre, hasta que descubrí desde tu interior como eres continuamente ultrajada, violada, manipulada sin cesar por aquellos que, en un principio, sintieron como yo aquel hechizo. Hoy, siento alergia al ver en lo que te han convertido. ¡Quita ya la venda de tus ojos y aferrándote a tu espada, vuelve a reclamar tu nombre!

     
  • El viejo sorchi

    Julio Montesinos Barrios · Córdoba 

    Derrama sus años en una cascada de canas. Ojos claros, jeta bien conservada, y sonrisa inquietante como revoloteo de buitre. Es el protector de mi único testigo. El Harrison Ford de los pobres. Custodio del tipo cuya declaración sustenta el armazón de mi defensa, inestable en sus cimientos y famélica de pruebas. Sin embargo, su alergia crónica a los galones desde su época de soldado, de sorchi chupaguardias, le convierte en un inestable aliado para mí, que me bato el cobre como jurídico militar intentando ganar el caso. Y dejo constancia por escrito que es la primera vez en la historia del ejército que el testigo accidental de un asesinato en el cuartel sea protegido por sí mismo, en su carpetovetónica faceta bipolar de superhéroe baturro con la que gusta disfrazarse en los momentos importantes.

     
  • Fibra sintética

    Manuel Molina Domínguez · Palma de Mallorca 

    Soy abogado con fama de serio. Correctísimo en el trato. Contenido en mi actitud. Formal, flemático, casi británico. Extremadamente educado. Y tenía que sucederme precisamente ahora. Cuando el Presidente del Tribunal acaba de darme la palabra para interrogar al testigo. Con toda la sala mirándome fijamente. Y yo sin poder hacer ese leve movimiento con la mano. Y es tan sencillo lo que necesito... tan poca cosa para calmarme... Ya me lo dejó escrito mi mujer en una nota en la nevera: "PONTE ROPA INTERIOR DE ALGODí N, QUE HOY TIENES DECLARACIí N EN LA AUDIENCIA. Y SABES QUE LA OTRA TE PROVOCA ALERGIA". Y, para más inri, no puedo sacarme de la cabeza ese estribillo de Siniestro Total que venía escuchando en el coche: "...al cumplir como soldado, en mi interior abanderado; y es que me pica un h..., no sé que voy a hacer, no sé que voy a hacer,...".

     
  • Mi renuncia

    Adelaida Pérez Medrano 

    15 personas en una sala de la jefatura de policía, 30 de agosto, afuera un sol de justicia. Conforme me asomo a la sala el calor de la humanidad reunida me abofetea en la cara. Todos testigos directos de un robo con violencia a una abuelita que deja al ladrón inconsciente con estudiado golpe de defensa personal. Acalorados y sudorosos esperan prestar declaración. ¡Cuánto papel escrito en vano! Un anciano dormido, unas monjas enclaustradas en la silla, una madre narradora de batallitas de su hijo, soldadillo con varias peripecias a sus espaldas, amas de casa a las que se les pasa el arroz, una nariz roja perteneciente a un joven con aguda alergia reactiva que se debate entre pañuelos propios y ajenos. Tras 20 años de ejercer la abogacía sentí que no soportaba un sólo caso más incluyendo éste, el de mi defendido cliente inconsciente. Me voy antes que despierte.

     
  • Tipex

    Lourdes Aso · Huesca 

    Alguien habló de crisis. Para entonces yo ya estudiaba Derecho. Tendría futuro. La gente perdía antes los nervios. Más peleas callejeras, robos menores para conseguir algo que llevar a la boca. Más demandas de divorcios, embargos, apremios. Más trabajo. Así pensé hasta que llegaron los recortes en el sueldo. Alguien dijo que había que ahorrar en material de oficina. Llegaron órdenes para reciclar el papel. El buffete atiende todo tipo de casos. Dispone de modelos de escrito de declaración de testigo. Ejemplos de alegato. Formularios contestacion demanda. El soldado acudió con su testimonio particular. Estaba en el lugar de los hechos cuándo se produjo el accidente. Busqué el tipex para volver a escribir sobre esa misma parte de papel. Debió ser la alergia señoría, porque los ojos se me hincharon y lo unico que traigo es una division de herencia.

     
  • La venganza

    Mathias González Mujtarian 

    El único testigo de lo sucedido era aquel pequeño soldado de plástico que se encontraba en la habitación. Sin contar los osos de peluche y las muñecas de pelo rubio que se encontraban encima de la repisa, pero lejos del lugar del crimen. La declaración del soldado fue contundente al acusar a la pequeña Christine de asesinar a sangre fría a “Panda”, arrancándole la cabeza, luego los brazos, y por ultimo ahogarlo en una pequeña bañera. El juez dejo en libertad a la acusada por falta de pruebas materiales y archivaron el caso. La alegría de aquel cuarto nunca volvió a ser la misma. Hoy, a 3 años de la muerte de “Panda”, la culpable de aquel crimen sigue libre y cometiendo muchos asesinatos a diario. Un pequeño escrito bajo la cama con el lema “La venganza se aproxima” es el único aliento para los juguetes.

     
  • La momia

    Julio García Castillo · Madrid 

    “El escrito de la autopsia es concluyente: una fractura en la base del cráneo, que no ha soldado, revela un certero golpe con un objeto punzante”, leyó el eminente forense y egiptólogo en la multitudinaria rueda de prensa. “¿Puede ampliar esta declaración?”, preguntó una rubia con pinta de becaria. “Las pruebas de ADN determinarán, con gran exactitud, el tiempo que llevaba enterrado”, respondió el especialista. “¿Se trata de un magnicidio sin testigos, como se ha filtrado?”, inquirió un veterano periodista de sucesos. “Sin comentarios”, dijo el forense, que tenía alergia a los gacetilleros. “¿Es tarde para hacer justicia?”, contraatacó la rubia. “Calculo que el crimen habrá prescrito hace unos cuantos milenios”, replicó con sorna la autoridad en Arqueología. “Pero como no soy jurista debería consultar a un abogado, o bien trasladar su duda a un juez de la Audiencia Nacional”.

     
  • Dorotea (2ª parte)

    Rosario Serrano Arnau · Alcantarilla (Murcia) 

    Querido Arístides: Sólo en estos últimos meses de correspondencia contigo, siento que he vivido verdaderamente, que he sido auténticamente yo. Mi mundo interno, tan complejo, atormentado, sólo contigo ha podido ascender de ese pozo profundo en que siempre estuvo enterrado, por falta de comunicación. No te puedo expresar por escrito, lo mucho que he gozado hablando de literatura, de la vida, contigo. Insistes en que nos conozcamos. ¿No has pensado que quizá, podríamos habernos tropezado por tu juzgado, sin haberme reconocido tú? Yo podría ser cualquiera: aquella testigo que en su declaración estornuda por alergia, aquella abogada antipática... Alguien que en el mundo real, te resultara indiferente. Temo que la realidad destruya esta magia, esta dicha. No obstante, estoy dispuesta a complacerte. He soldado mi corazón, para evitar el dolor, que tu despecho pudiera causarme al revelarte mi identidad. No temas herirme. Un abrazo. DOROTEA.

     
  • Alma de abogado

    Javier Serra Vallespir 

    —He sido testigo de tanta corrupción que tengo el corazón soldado al hueso, doctor. El abogado se removió en el diván como si sufriera alergia al cuero. El psicoanalista garabateó algo en su libreta. —Continúe. —¿Cómo se sentiría defendiendo a personas que merecerían ser arrojadas al Tártaro? ¿Escuchando declaración falsa tras declaración falsa? Actúo como una Hetaira del Derecho vendiéndose al mejor postor. ¡Y está escrito que tutelar los intereses de los clientes no puede justificar desviarse del fin supremo de la Justicia al que la Abogacía se halla vinculada! —recitó el abogado sollozando. —Quien redactó los códigos deontológicos no pensaba ganarse la vida respetándolos —le consoló el psicoanalista—. Por ejemplo, yo adquirí mi título en una web ilegal, aprendí terapia observando a Woody Allen y ejerzo de Concejal de Urbanismo en Villa Recalifiqué. El letrado recuperó inmediatamente la compostura. —Tenga —dijo, tendiéndole una tarjeta—. Necesita un abogado.

     
  • Probó un poquito

    Gabriel de Biurrun Baquedano · Barañain (Navarra) 

    La tercera vez que Papá murió ya no despertó más veces. Dejó escrito, ante un notario y un testigo, que debíamos prohibir cualquier intento de reanimación “por parte de aquel a quien correspondiere, así como cualquier autopsia o exhumación”... Sabíamos que Papá ocultaba en algún sitio un enorme montón de doblones de oro, herencia de un tatarabuelo soldado. Habíamos utilizado dos veces su alergia letal a las gramíneas; por dos veces esperamos en su lecho de muerte a que el maldito flaco correoso confesara; y por dos veces tuvimos que reanimarlo al ver que no hablaba. Al morir Papá por tercera vez, su abogado, avergonzado, leyó sus últimas palabras, toda una declaración de principios: “Conocedor de vuestra deplorable avaricia, me veo obligado a deciros, hijos míos, que éste, gordito, gordito, se lo comió todito, todito”. Así que decidimos no incinerar su cuerpo abultado, que pesaba una barbaridad.

     
  • Codicia

    Sergio Haro · La Cavada (Cantabria) 

    Cauto, receloso, el testigo recogió el escrito que contenía su declaración. Aquel era el primer documento que tocaban sus ajados dedos de campesino. En su remota aldea natal jamás habían necesitado papeles: la palabra de un hombre era su juez, su abogado y su verdugo. Pero la guerra lo había cambiado todo. El honor no valía nada frente a una vaca o un pedazo de tierra. Y él, ignorante o no, lo había entendido desde el principio. Por eso estaba allí, dispuesto a firmar la falsa acusación que llevaría a sus vecinos ante la horca. Impaciente, el soldado le acercó el tampón. Entonces alargó solemnemente la mano derecha y mojó a conciencia el pulgar. La huella seguía húmeda cuando empezó a asfixiarse. Sí, el aislamiento de su aldea le había impedido conocer ciertas cosas, como el lujo y el poder. Pero también otras, como la tinta. Y su alergia.

     
  • Declaración de amor

    Remedios Atencia Montoya · Málaga 

    Mi marido es abogado, y pese a sus años de ejercicio no consigue que los nervios no le atenacen antes de juicio. Lleva bien eso de presentar escritos a las instancias que sea, pero lo de las celebraciones no acaba de encajarlo, y dice que eso es bueno, pues el día que se relaje perderá irremisiblemente, como le ocurrió tras vencer sus primeros cinco casos. Cuando se pone nervioso piafa como un caballo, hollando el suelo con el pie derecho, resoplando, perdiendo la mirada. Cada vez que le recomen los nervios lo aprecio pese a que no me diga nada. Lo conozco perfectamente. Pero nunca le he visto tan tembloroso como aquella noche en que fui testigo presencial de cómo, firme como un soldado, se mantenía en pie, mientras yo, entre estornudo y estornudo motivados por mi alergia, reflexionaba fingidamente sobre la respuesta a darle tras su declaración de amor.

     
  • Nueva testifical

    Alba Taboada García · Madrid 

    '- Yo estaba en la sala durante aquella toma de declaración. El testigo quiso eludir el interrogatorio presentando un escrito que el juez rechazó. Estaba nervioso y tartamudeaba. Dijo que era soldado y que aquél día iba con su compañero cuando vieron

     
  • Oishii

    María Asunción Esquembre Cerdá · Alicante 

    Juan, que se empeña en hacer cosas nuevas, ya le conoces. Mira que le dije que estamos en crisis, que tampoco hay por qué celebrarlo todo tan a lo grande, pero él, en sus trece. Total, que cedí. Oishii se llama el restaurante, no se me va a olvidar nunca. Escrito en el alma lo llevo. Pintaba bien, no te creas; la presentación, cuidadísima. Pues resultó que todos los platos, todos, hasta el postre, llevaban un no sé qué que nos empezó a picar todo, y yo casi no podía respirar, una alergia de aquí te espero, y derechitos a urgencias. Y de allí al abogado. Diez días que estuvimos poniéndonos las cataplasmas esas asquerosas, ung¡ento de soldado lo llaman, una peste. Y ahora a conseguir un testigo que hable español, que no te creas que es fácil, porque como la declaración sea en japonés, ya me contarás.

     
  • Ínfulas literarias

    Belén Solesio López-Bosch · Pozuelo de Alarcón 

    Tras su declaración, el testigo tomó asiento y yo comencé a leer el escrito que me había llevado semanas redactar. Casi desde la primera frase, ese mismo testigo -un soldado de fortuna, curtido en mil batallas- comenzó a llorar con desesperación, mientras su cuerpo se sacudía de forma violenta. Sentí un orgullo descomunal; mis palabras se habían clavado en su corazón. Siempre me había considerado algo más que un simple abogado y me jactaba de que mis alegaciones, además de pertinentes, tenían un plus de poesía. El juez, visiblemente conmovido, declaró inocente a mi defendido. Antes de abandonar la sala me dio incluso unas palmaditas en la espalda. Me acerqué al hombre que sollozaba sin consuelo, con la única compañía de su pañuelo de papel y le rogué que se tranquilizara. -Esta maldita alergia a las puñetas me está matando. Soltó un par de tacos y se alejó, dejándome boquiabierto.

     
  • Lolita Usher

    Claudia Munaiz · Madrid 

    Fue el ama de llaves de los Usher, Margareta Calligan, la primera en prestar declaración ante un público expectante y decenas de reporteros que tomaban notas por escrito. Con un rostro octogenario, aquejado por una extraña alergia cutánea y una voz atormentada por los terribles acontecimientos de aquella noche, la testigo relató: “Yo esperaba en la antesala para servir los postres. En ese instante, todos supieron que jamás volverían a verse. La señora Usher tiró la copa y observó a su marido que apartaba su plato con horror. El reverendo Moore se santiguó y Lady Elisabeth se desvaneció. El viejo soldado Usher le guiñó un ojo a su nieta y exclamó: “"¿Verdad que le da un sabor agridulce al pavo? ¡Feliz Navidad, familia!". Después miró a la pequeña y dijo: “Tú tranquila, cielo, que a ti no te he echado”. “Ya lo sé”, contestó ella, “pero yo a ti sí”.

     
  • Mi querido hermano

    Antonio Larrosa · Madrid 

    Mi hermano es abogado y, a pesar de ello, soldado impenitente del pudor y la moralidad. Una tarde me contó desencajado algo que acababa de sucederle: horas antes había conseguido la absolución de dos turistas liberales que habían provocado un caos en la M30. El asunto le provocaba auténtica alergia pero, como buen profesional, preparó bien los escritos y los testigos. Cuando las clientas conocieron el fallo, agradecidas, le invitaron a compartir un fin de semana “inolvidable”. Es imposible que mi cara no reflejase el estupor que sentí al conocer tal oferta, y menos aún el que experimenté cuando mi hermano espetó que la había rechazado. Empecé a maquinar. Al día siguiente él partía de viaje, y mediante diversas argucias conseguí citar a las turistas bajo pretexto de completar una declaración. Ellas acudieron y, como esperaba, reiteraron aquella oferta, que yo sí acepté. Ventajas de tener un hermano abogado y...¡gemelo!

     
  • Cortisona

    Alejandra Joanes Martínez · Benifaió (Valencia) 

    La alergia que le salió a los cuadernillos Rubio de verano, se ha sustituido por apuntes sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todas las nimiedades que se ve obligado a memorizar. “Estudia derecho y te harás un hombre de provecho”. Román aún recuerda las palabras de su padre, un viejo soldado con grandes sueños para su hijo en la milicia, pero que tras observar su torpeza en los deportes y su verborrea para conseguir repetir postre, optó por encauzarlo, muy amablemente y sin preguntar, al mundo de la abogacía. Como si de un simple testigo se tratase, Román ve como su vida la han escrito otros y ya sin preguntar ni argumentar, se acerca a la nevera en busca de otro pedazo de pastel. Una nota descansa sobre la tarta: “Hemos salido, ayuda a tu hermana pequeña a terminar sus deberes”. El sarpullido vuelve a salir.

     
  • Adiós mundo cruel

    Jara Rupérez Martínez · Madrid 

    Toni Marciano rehusó la llamada telefónica de rigor. Los teléfonos analógicos le daban alergia. Se recostó sobre la incómoda silla de la sala de interrogarios y acomodó las muñecas a la rigidez de las esposas. No pensaba hacer ninguna declaración hasta que no estuviera en presencia de su abogado. Un buen abogado es el mejor soldado para defender una mala causa. No cerrar el pico en el momento decisivo es la mejor manera de asegurarse una habitación sin vistas. Puede que el único testigo asegurara haberle visto la noche anterior. Puede que hubiera sufrido un trágico accidente la mañana siguiente, demasiada presión por el juicio... “Demasiada casualidad”- inquirió el comisario- “demasiada casualidad...” Pero Toni Marciano esbozó su mejor sonrisa inocente al pensar en la nota que el testigo había dejado por escrito despidiéndose, por propia voluntad, de este mundo cruel: “Todo principio tiene un final y éste es el mío”.

     
  • Paz, hermanos

    Carolina Navarro Diestre · Zaragoza 

    Detesto las palabras guerra, arma, soldado,... y en su momento fui objetor de conciencia. Desde pequeño he rehuido las peleas y la Declaración Universal de Derechos Humanos es mi libro de cabecera. Y es que nos quedaríamos cortos si me definiera solo como un tipo pacífico. Podría decirse que me da alergia la violencia. A menudo -no solo en esta ocasión- he sido testigo de atrocidades que han tenido lugar frente a mí, y nunca he movido ni un pelo. ¿Cobardía?, me pregunta usted. Para nada. En ninguna parte está escrito que un hombre tenga que inmiscuirse en conflictos ajenos, o socorrer al más débil. ¿Cómo dice? ¿Que sí está escrito y por eso me encuentro hoy aquí? Mire se lo repito, yo soy un tipo pacífico, tranquilo por antonomasia. No me venga de nuevo con esas gaitas del delito de omisión…

     
  • Esencia de Ley

    Juan Herranz · Logroño 

    Soy abogado, un soldado más del ejército de la diosa Temis de la justicia. Todos mis compañeros, y yo mismo, recibimos de Temis un legado escrito, una máxima indeleble: que cualquiera pudiera conseguir su amparo, y que nadie escapara a sus dictados. En nuestra declaración iniciática como letrados, asumimos esos principios para nuestra praxis. Así, el mundo entero es testigo de nuestro desempeño. Defendemos el equilibrio entre el bien y el mal, hasta sus últimas consecuencias en cualquier juzgado, usando la mayéutica de Sócrates en busca de la verdad. Actuamos con más energía con aquellos que tienen alergia a la justicia debida. Nos afanamos en disponerlos sobre la balanza de Temis en igualdad de condiciones respecto a cualquiera de sus iguales. Si en alguna ocasión precisa de nuestros servicios acuda a su bufete más cercano. Su caso encontrará la justicia de la ley.

     
  • Cara o cruz

    María José Romero Bañolas · Las Palmas de Gran Canaria 

    El juez Santos se había llevado el complicado expediente a casa, instalado en su mente donde viajaban persistentemente los casos más difíciles, hasta que la Sentencia liberadora los expulsaba como incómodos huéspedes en medio de la noche. El soldado, muerto por un violento shock causado por su alergia a las fresas, no descansó en paz desde que un escrito anónimo señaló como asesina a una antigua novia despechada, que resultó ser alergóloga. Sin embargo, tras el juicio, las pruebas a favor y en contra de su culpabilidad libraban un extenuante combate sin vencedor. La indomable imaginación del juez le hizo testigo de la imagen de la tentadora asesina, desnuda, brindando su amor cubierta de fresas. Su fría declaración de inocencia sonaba falsa. La diosa de la Justicia miró hacia otro lado cuando la reluciente moneda surcó el aire, cayendo sobre la mano del juez cuando ya se abandonaba al sueño.

     
  • La toga

    María Antonia Lucas Amate · Madrid 

    Ser abogado ha sido mi sueño desde niño. Mi padre quería que fuera soldado como él, pero yo devoraba las películas de juicios y soñaba con ser como los protagonistas, que tomaban declaración a los testigos y conseguían que se derrumbase el más firme de los acusados. No contaba con el detalle que descubrí años después: me da alergia la toga. Lo he probado todo, algodón, lino, paño, cualquier cosa con tal de poder ir a esos juicios, pero en cuanto me la pongo empiezo a estornudar y no paro hasta que abandono la sala. He leído todo lo escrito en la materia y estoy segura de que mi caso es único e incluso que estoy creo que estoy maldito.

     
  • Manolo

    José Agustín Navarro Martínez · Alicante 

    Por la tarde. Después de echar el euromillón. En el sofá de casa. Reviso el caso de un soldado. Analizo su declaración de bienes. Mi mujer se sienta a mi lado. Tiene un anuncio de fastfood en la mano. Comienza a hablarme. Manolo, la competencia te pisa el terreno. Manolo, los tiempos están cambiando. Manolo, ya no vale solamente con sonreír, dar la mano, y felicitar los cumpleaños. Manolo, no seas tan estirado. Manolo, deja tu tarjeta por la tiendas del barrio. Manolo, te abandonan los clientes. No lo niegues, Manolo. Tengo testigos. Manolo, baja los precios. Manolo, supera tu alergia al cambio. Manolo, no temas al Colegio. Manolo, cada vez se divorcia más gente. Manolo, mañana mismo cambias el cartel. Mira, te lo pongo por escrito: TRAMITACION DE DIVORCIO DE FORMA CONTENCIOSA CON O SIN SALIDA DE DESPACHO + PATATAS FRITAS + REFRESCO = 59 euros?.

     
  • Teniente General Manzuna

    Carmen Castro · Valladolid 

    Yo estaba predestinado a ser militar. Hijo de Comandante, nieto y bisnieto de Generales, mi futuro estaba escrito antes de que yo naciera. Mi padre me dio el testigo cuando yo tenía 19 años, y así fue como yo me convertí en lo que todo el mundo quería que fuera: el soldado Manzuna. Yo, que tenía alergia los uniformes y las jerarquías, que desde que tengo uso de razón soñaba con ponerme la toga y decir, con gran respeto, “con la venia”, que me imaginaba en comisaría defendiendo a mi cliente, al que estarían tomando declaración, me convertí un día en el Teniente General Manzuna. No obstante, en la UNED, donde estudio Derecho en mis ratos libres, soy Manzuna Caso, Román, un alumno aplicado que disfruta con Cayo, Ticio y Sempronio. Por cierto, de optativa cogí Derecho Militar, y saqué Matrícula, claro.

     
  • Nota

    Agustín Martínez Valderrama · Gavá (Barcelona) 

    Apreciados clientes: Salgo un momento al bar de la esquina a mirar el número de la once. Hace ya muchos años que juego cada día al mismo. Hasta la fecha la suerte nunca me sonrió, pero hoy tengo un pálpito. Si toca, cerraré el bufete y colgaré la toga. Atrás quedaran cientos de pleitos, innumerables litigios y un sinfín de juicios. Libre, como un soldado sin fusil, desertaré a un lugar remoto. Compraré una casita cerca del mar y un velero bergantín. De nombre le pondré “Libertad”. Pasaré el resto de mi vida navegando y pescando chanquetes. Sólo, lejos de todo, sin más testigo que mi sombra. La brisa aliviara mi alergia, el reuma y las dichosas hemorroides. Firme, no pienso echarme atrás. Y así, mediante esta declaración, lo dejo escrito. Aunque si al final, la fortuna me es esquiva, volveré en un periquete. Ruego disculpen las molestias.

     
  • Juicio a Ares

    Miguel Ángel Moreno Cañizares · Alcorcón (Madrid) 

    El líder supremo de los dioses, Zeus, sometió a juicio sumarísimo a su propio hijo, Ares, por provocar las guerras entre los mortales. Estaba escrito que el destino enfrentaría a ambos en la gran prueba final. El soldado más sanguinario de aquel tiempo avanzó hacia el estrado, con gesto altivo, y expuso orgulloso su declaración de principios. Un tratado sobre la crueldad. Afrodita, la otra hija de Zeus, fue llamada como testigo. La diosa del amor y la belleza confesó su alergia a tan despreciable ser, con lo que sus palabras decantaron el veredicto. Ares fue condenado a vagar por el universo, sin rumbo, por los siglos de los siglos. Sin embargo, a menudo se deja ver por el planeta Tierra, para desgracia de los hombres.

     
  • El pequeño testigo

    Elena Muñoz Colera 

    Aquel pantalón de tergal que su abuela le había obligado a ponerse le producía una alergia terrible. Mientras el señor vestido de negro le miraba fijamente esperando su declaración - “debe ser el Juez”, había pensado al entrar - no podía dejar de rascarse disimuladamente, metiendo sus pequeñas manos en los bolsillos. En uno de ellos había guardado su soldado preferido, el de la bandera, sobre la que había escrito en letras rojas: “DEBES SER VALIENTE”. Lo miró de reojo y recordó lo que le había susurrado su madre: “Eres el único testigo, no lo olvides”. Entonces fue capaz de decirlo: “Mi padre siempre le pegaba, y yo le odio”.

     
  • Al mal tiempo…

    Manuel Merenciano Felipe · L Eliana (Valencia) 

    Puede ir desvistiéndose... Quítese también los calcetines, por favor. Tiéndase por completo, si no le sirve de molestia. De modo que es usted abogado... Bonita profesión. Mi hija estudió Derecho, aunque ha presentado un escrito para ver si la cogen como soldado o vigilante de seguridad. Corren malos tiempos, ¿verdad? Dilate al máximo las pupilas. Eso es... ¿Le importaría ir enfriándose? Y póngase lívido, si es tan amable. Un poco más... Muy bien... Tiene algunos signos de alergia en las manos. ¿Sabe?: yo participé como testigo en un juicio; mi declaración resultó determinante. ¿Me acerca el martillo?; lo tiene ahí detrás. Así da gusto... Intente adquirir la mayor rigidez posible. Contraiga ahora la mandíbula. Ajá... Le agradecería que me sujetara el escoplo... Procure retardar el proceso de putrefacción. Muerda este pañuelo. Perfecto... ¿Y dice usted que es su primer día de trabajo como cadáver para autopsias?

     
  • Perder el juicio

    Luis Enrique Maciel Delmás 

    Mientras limpiaba sus gafas y leía el escrito pensaba: "¡Por dios! ¿Qué he hecho yo para merecer esto?" El abogado del diablo sentía que no era más que un soldado de la burocracia. Le tenía tanta alergia a la justicia como al bien y al mal, pero sobre todo al papeleo. Era testigo de como diariamente llegaban millones de denuncias contra su jefe. Lo acusaban de ser el culpable de todos los males de la humanidad. Lo que significaba que siempre tenía que comparecer ante la justicia divina. Lo más gracioso era que casi todos los crímenes y masacres, habían sido cometidas en nombre de dios y no en el de su cliente. A veces pensaba en mandar todo al infierno. Porque era malo ser el diablo pero peor era representarlo. Tenía que hacer 666 veces al día la misma declaración: “No hay bien que por mal no venga”

     
  • Abogado-man

    Mercedes Daza García 

    Tuve el privilegio de ser testigo de sus hazañas. El año venía protagonizado por una devastadora alergia que causaba estragos en la ciudad. La gente estaba especialmente irascible, lo que provocó un revuelo de demandas y denuncias. Nadie soportaba nada, ni a nadie. No olvidaré aquella imagen grabada en mi retina, un hombre volaba envuelto en una brillante toga negra, cubriendo de esperanzas las calles. La gente comentaba que fue un antiguo soldado. Su misión era impartir justicia. Recogía a delincuentes y víctimas, los presentaba ante el juzgado, les tomaba declaración y misteriosamente conciliaba a los irreconciliables. La justicia nunca antes había sido tan ágil. Su retórica y facilidad para hallar solución a la mayor de las contiendas, provocaba la admiración del pueblo. Desgraciadamente, nunca llueve a gusto de todos, los altos cargos del juzgado se vieron obligados a presentar un escrito de dimisión, no soportaban su escandaloso protagonismo.

     
  • El balcón

    Margarita Agueras Moreno · Valencia 

    Un escalofrío recorrió su cuerpo al oír la noticia en la televisión. La niña de tres años, que días atrás se precipitó por el balcón de su casa, acababa de morir. Llamó a su hermano Pablo, uno de los mejores abogados de la ciudad, le contó todo lo que había pasado y le dijo que el único testigo era la abuela de la niña y que la señora padecía una alergia que le impedía ver bien. No hagas ninguna declaración, fue lo primero que le dijo su hermano. El sabía perfectamente que había soldado mal los barrotes del balcón por donde se precipitó la niña, de nada iba a servir que su hermano le aconsejara como debía ser su defensa. Iba a vivir el resto de su vida con la muerte de esa criatura sobre sus espaldas.

     
  • La sombra

    Lucía López Merino · Málaga 

    Las calles están desiertas. No hay testigos. La oscuridad de la noche lo devora todo. El hombre avanza con paso decidido, igual que un soldado. Saca un papel del bolsillo y lee el escrito. Cuando llega al callejón escucha la tos del mendigo, probablemente producida por algún tipo de alergia. Se acerca a él sigilosamente por detrás y con suma rapidez le propina numerosas puñaladas en la espalda, el cuello y la cara. Vuelve rápido sobre sus pasos. En pocas horas dará comienzo una nueva jornada laboral. A primera hora tiene una declaración. Su trabajo como juez le exige puntualidad.

     
  • Paz

    Paloma Hidalgo Díez · Madrid 

    El soldado dejó todo escrito en su declaración como testigo, el general padecía desde hacía años de alergia, alergia a la muerte de inocentes, por eso retiró a sus tropas de aquella misión de paz.

     
  • Sinusitis procesal

    David Villar Cembellín · Castro Urdiales (Cantabria) 

    Mi nariz es un grifo abierto, testigo y parte de un moqueo incontinente. Más arriba, mis ojos, arreboladamente irritados, se entrecierran para poder ver mejor. ¿Alguien ha agitado vehementemente un escrito ante mí? Creo que sí. Casi ni oigo lo que me dice, todo son palabras sordas en la congestión de mi mente. Los oídos se me taponan y destaponan rítmicamente, plop plop plop. Una vena palpita con paso marcial en mi sien, agujeteando mi cerebro con sus botas de soldado. ¡Qué me estará contando este tipejo en su declaración! Vaya usted a saber, caballero. Yo sólo quiero que acabe de una vez. De una maldita vez. Bajo el mazo y dicto sentencia, sumarísima. Ahora regresar a casa, un caldito, un antihistamínico y a la cama. Maldita alergia a los leguleyos, copón. Cuánto mejor no son los ácaros.

     
  • La apuesta

    Ana María Valdivieso Trigo · Rafelbuñol (Valencia) 

    Aquí estoy yo, como la mejor soldado, dispuesta a cumplir mi palabra… No dejo de pensar en lo ocurrido. Una apuesta es una apuesta… Pero, ¿cómo iba a saber yo que el tipo aquel del bar era él? Si lo hubiese sabido no hubiese aceptado. Preocupada por mi juicio del día siguiente, intentando calmarme con una cerveza, y llega él, muy gracioso, y me dice que no me preocupe, que seguro que ni se celebra… Tan convencida estaba de que no tenía ni idea de lo que hablaba que acepté la apuesta por escrito. Y cuando entré a la Sala, y vi al Juez, se me congestionaron los ojos como si de una alergia se tratase. Y ahora aquí estoy yo, con aquel juicio suspendido a mis espaldas, esperando a la declaración de un testigo, vestida con mi toga, sólo con mi toga…ante el hombre que me ganó aquella apuesta.

     
  • Mi secreto

    Olalla Novo Pinilla 

    Desde pequeño soy alérgico a las mentiras. Sé que puede parecer imposible: tengo alergia al engaño. Cuando alguien me miente empieza a picarme la cabeza, los brazos, todo el cuerpo. Tengo que rascarme y no puedo parar. He podido hacer una vida más o menos normal. Al principio tuve que acostumbrarme a decir siempre la verdad y esto para un niño no es siempre fácil ¿Hiciste los deberes? ¿Te lavaste los dientes? Luego descubrí lo bueno que tiene saber cuando alguien miente: quedamos como amigos, ya te llamo yo. La peor época fue cuando hice la mili. Vestido de soldado y rascándome por el pueblo. Eso duró lo que tardaron en comunicarme la baja por escrito. Al final me hice abogado. Nunca he perdido un caso. Reconozco que saber cuando miente un testigo en su declaración resulta útil. Aunque no siempre el juez entiende porqué me rasco.

     
  • Esquizofrenia asesina

    Santiago Íñiguez · Crevillent (Alicante) 

    Repetía y repetía vehementemente su declaración ante el jurado:
    - Creo que su esquizofrenia es falsa. Tanto como la alergia de un chino al arroz, si me permiten el chascarrillo.
    Así de rotundo se mostraba el psiquiatra del acusado. Y continuaba:
    -Dice haber sido testigo de un asesinato que él mismo cometió. Cree que fue de sus personajes imaginarios. Dice que fue un exsoldado de Vietnam con todo el equipo de asalto puesto. El centro de Nueva York es muy variopinto pero no hasta este punto.

    El juez dio por finalizada la vista e insto al jurado a deliberar. El caso estaba visto para sentencia. La muerte por inyección letal le esperaba. Su única alternativa para seguir viviendo era acabar sus días recluido en un centro psiquiátrico. Su destino debía estar escrito hacia años pero el juez tenía dudas. ¿Enfermo mental o asesino? El pueblo decidiría igual que otras veces. Sólo esperaba que acertará con el veredicto.

     
  • Busca y captura

    Cristina González · Benalmádena costa 

    Hoy no había juicios, el Juzgado de lo Contencioso Administrativo estaba de mudanza. En la radio la canción “Maruja Limón” cantada a dúo con un funcionario, que miraba nostálgicamente la foto de un payaso, eran otros tiempos. Yo, escondida en el armario de procedimientos de 1.999 con un código incrustado en los lomos. Intentaba encontrar mi demanda, en la que reclamaba treinta mil pesetas. Necesitaba que la proveyeran, ya era hora. Pensaba ponerla en la mesa del juez, para ir adelantando. De repente, noto un balanceo, no me queda aire, no importa ya tengo la carpeta a eso he venido. Las piernas dormidas pero yo firme, esperando un despiste para salir. Por fin no oigo nada. No se cuanto tiempo llevo dentro. Abro la puerta, es la sala del jurado en pleno juicio. Lo único que alcanzo a decir, antes de caer de bruces es, Con la venia Señoría.

     
  • Amor imposible

    Rubén Gozalo Ledesma · Salamanca 

    Tu escrito con la declaración de amor me dejó sin palabras. Durante años había sido testigo de excepción en la sala. Mi alergia al compromiso, el miedo al rechazo provocó que nunca te dijese nada. Aun así, me fijé en ti desde el primer día. ¡Cómo olvidarte! Siempre impecable, firme en tus convicciones como un soldado, poniendo orden a quienes cometían desacato o pronunciaban una palabra ofensiva al tribunal; jamás dejaste que calumniaran, injuriasen o insultasen a nadie. Por eso me gustabas, por tu determinación y fiereza cuando el eco de tu voz se proyectaba raudo en la sala. ¡Pero compréndelo! Yo soy una toga y tú, un mazo. Lo nuestro es imposible como ese sueño de una noche de verano.

     
  • Carta a bogado

    Martina Pastrovicchio · Valladolid 

    Lustre Señó Bogado: es Pobre Gato que escribe con caja ordenadora de Buena Ama para pedir consejo. Hoy Buena Ama dejado en cocina pequeña bolsa con grande calamaro dentro. Pobre Gato ha encontrado y ha comido todo antes de alguien descubre. Malo Loro de Buena Ama que vive en cocina en pequeña casa de rayas ha visto y es testigo de crimen. Pobre Gato ha convencido Malo Loro escribe en letras humanas declaración de supuesta alergia de Pobre Gato a calamaro, en cambio quiere que Pobre Gato roba a niño de casa de Buena Ama soldado para jugar con pico y quiere escrito de sumisión de Pobre Gato durante todo año. Por tanto, Pobre Gato pregunta: ¡¨cómo puede Pobre Gato librarse de chantaje de Malo Loro sin que Buena Ama descubre y pega en culito de Pobre Gato¡€™Agradece y ronronea en pierna de Lustre Señó Bogado.

     
  • Madres

    Bárbara Rivera Medina 

    Mi profesora me ha explicado que ser mamá no es una profesión, no lo entiendo, mi madre se levanta todas las mañanas, nos viste a mi hermano y a mí, ordena nuestros juguetes ¡€™peluches, soldados, coches y muñecas-, desayuna con nosotros y nos lleva al cole, mientras habla con el móvil y escucho palabras que no entiendo (sí el escrito tiene que ser presentado antes de la vista de hoy, cuidado con la declaración del testigo y es muy importante recalcar la indefensión que hemos sufrido), nos cuida cuando estamos enfermos y me lleva varias veces al médico para que me pongan inyecciones contra la alergia, nos baña por la noche y nos da de cenar, juega con nosotros, nos acuesta y nos cuenta un cuento, ella dice que es abogado, pero no, ella es mamá, yo tengo cinco años y de mayor quiero ser como ella.

     
  • Reconocimiento social

    Sonsoles García Rodríguez · Sevilla 

    Aprende a memorizar como una máquina y licénciate en Derecho. Trabaja como pasante durante años antes de conseguir tu primer empleo en precario (todos saben que las calles están llenas de licenciados en Derecho que han aprendido a memorizar como máquinas y que darían cualquier cosa por un empleo en precario como el tuyo). Encárgate de los escritos procedimentales a los que los demás tienen alergia, pasa a ordenador todas las declaraciones de los testigos, contempla las horas muertas mientras esperas a ser llamado ante los jueces por pequeñas disputas, accidentes de coche, trifulcas familiares, y sopórtalo estoicamente, como el soldado que es llamado a filas. Cuando por fin ganes lo suficiente como para comprarte tu propio traje (te prometieron que ese día llegaría), aguanta la recurrente broma del sastre: te dirá que si te deja una abertura en la parte trasera del pantalón para sacar el rabo.

     
  • Son amores

    Liliana Inés Albamonte · Buenos Aires (Argentina) 

    Mi mujer se enamoró de Perry Mason en una retrospectiva de la Cinemateca. Desde entonces, como un soldado, monta guardia en los Tribunales. Espera al hombre de sus sueños. Quiere entregarle su declaración de amor a la justicia y pedirle asesoramiento para la división de bienes. Dios es testigo de que he tratado de disuadirla. Es un personaje, le digo, y aunque hubiera existido, ya estaría muerto. Inútil. Ella sigue incólume, llueva o truene, anhelando oír el "Protesto, señor juez" de su ídolo de celuloide. Por mi parte, comencé la carrera de Abogacía para competir con su amante imaginario. Rendí materias pendientes, aprobé trabajosamente el Ingreso y fui a los Tribunales a mostrarle orgulloso mis logros. No la encontré. Me había dejado un escrito: “Tanto aire libre me provocó alergia. Me encontrarás calentita en la sala de guardia del Hospital. Estoy esperando al Doctor Kildare”.

     
  • Mi don

    Sergio Quesada Damas · Arganda del Rey (Madrid) 

    Cuando la profesora preguntó quién había escrito aquello en la pared, ninguno de mis compañeros confesó. Desde entonces, picores y estornudos brotaban en mi cada vez que Juanito, mi compañero de pupitre, hablaba conmigo. Aquellos síntomas desaparecieron el día que encontré el spray en su mochila. Entonces, entendí la causa de mi alergia: la culpabilidad. En la actualidad, soy un reputado abogado que cuenta sus casos por victorias. No negaré que trabajar solo con gente inocente ha contribuido a mi éxito. Por eso, cuando Carlos contactó conmigo y no hubo picores, acepté el caso. Su compañero, el soldado Martín, hallado muerto en su domicilio, discutió con él la mañana anterior. La declaración de varios testigos asegurando que la víctima y su amante discutieron esa noche, resultó clave para la absolución de mi cliente. A la salida, la esposa de Carlos me dijo: “gracias”. De repente… uno, dos y tres estornudos.

     
  • Desencanto

    Juan Francisco Mármol Aroca · Vélez-Málaga 

    La alergia que desarrollé a la Abogacía cada vez se acentúa más. Ya no me considero un soldado jurídico, un pilar fundamental. Recuerdo cómo años atrás preparaba a conciencia escritos, declaraciones, juicios y recursos, estudiando, forjándome, disfrutando, midiéndome gallardamente con letrados, fiscales y jueces, con preparados o improvisados movimientos de ajedrez. Ahora todo me parece mecánico, rutinario, podrido, nauseabundo, sin un leve halo romántico. Hoy soy juez, testigo y parte de la apatía que me provoca el ejercicio desde que cada mañana entro al despacho. Los muebles que otrora me parecían hermosos hoy son sólo parte más de mi prisión, los libros son los jueces de mi ignorancia, y los peces de mi acuario se me antojan menos lerdos que yo… cada vez sé menos. Mis conocimientos menguan a la par que transcurren las horas, y el estudio es mi verdugo cruel, mi tortura, mi condena, mi sino.

     
  • Enfermedad profesional

    Pedro Alonso-Basurto Castro · Madrid 

    De niño yo quería ser soldado. Uno de esos que llevan la pechera izquierda del uniforme plagada de insignias y banderitas de colores, pero mi padre y la tradición familiar se empeñaron en que fuera abogado. Como tal, no soy ni malo ni bueno, lo que quiere decir que soy mediocre. Además tengo una característica que hace un tanto incómoda mi profesión. Cuando leo un escrito jurídico, tomo declaración a un testigo o simplemente me pongo la toga, un intensísimo picor invade mi cuerpo. ¿Se imaginan la escena? Yo, en medio de la sala delante del tribunal ¡rascándome como un mono! Soy el primer caso en el mundo de “advocatusis” y mi alergia me ha hecho famoso. Como letrado sigo siendo mediocre, pero como enfermo…soy único.

     
  • La matanza

    Ismael Hevia · Valladolid 

    Amanecía y los habitantes de la aldea ya se afanaban en sus tareas. Los soldados americanos surgieron de la espesura como fantasmas. Ojerosos y sucios cargaban con sus muertos y heridos. My Thai, que con diez años sólo conocía la guerra, corrió a esconderse en la jungla. Reunieron a todos en el centro de la aldea y los mataron. También a su familia y a los animales. Luego quemaron la aldea y se marcharon entre el humo. My Thai lo vio todo. Al día siguiente llegaron otros americanos. Un soldado la encontró dormida. Tomaron fotos de los muertos. Se la llevaron como testigo de la matanza a una ciudad de Estados Unidos. La comida del orfanato era buena. La trataron una alergia. Aprendió ingles. Antes del juicio la tomaron declaración por escrito. La preguntaron si vio a su gente muerta. My Thai respondió: - ¿Muerta? ¿Qué es estar muerta? -.

     
  • Fue amor

    Nuria Gómez Lacruz · Madrid 

    La fiscal asistía a la vista oral. Bostezaba. Era dura, como un soldado curtido en la guerra. Muchos la odiaban. Mientras escuchaba a los testigos, vio que una bolita de papel aterrizaba junto a su boli. Deshizo el ovillo de celulosa y leyó: "Te amo". Dio un respingo y miró al frente para adivinar de dónde procedía aquella declaración. Todos los rostros parecían ajenos a la jugada. Al día siguiente había una gardenia esperándola, con un escrito en que ponía: "Te adoro". Miró alrededor. El Juez era distinto, los abogados de parte, también. Pero una de las policías que vigilaban la entrada repetía turno. Eso la delataba. La fiscal le dirigió una sonrisa mientras aspiraba la fragancia de la flor, fatalmente, sin recordar a tiempo que era a la gardenia jasminoides a la que tenía una alergia congénita mortal. Fue amor, pero la mayoría pensó que había sido venganza.

     
  • El caso «Vertedero»

    Juana Cortés Amunarriz · Alcorcón (Madrid) 

    Leyó de nuevo su escrito con satisfacción. Justo cuando estaba a punto de tirar la toalla, el abogado había descubierto la existencia de aquella extraña alergia, muy difícil de demostrar. Un golpe de suerte, no cabía duda. Sabía que encontraría algún testigo -para eso están los amigos- dispuesto a hacer una declaración acerca del efecto que tenía el alcohol en el soldado acusado. El hecho de convertir a aquel carnicero en un enfermo mejoraría considerablemente la condena. Al salir del despacho se cruzó con una mujer joven, que se volvió intentado ocultar su rostro. A pesar de su movimiento, pudo ver el moratón que le deformaba la mejilla. Aquella imagen le devolvió la de la prostituta asesinada. Sus costillas rotas. El abogado sintió un escalofrío. Mientras buscaba las llaves del coche, observó pensativo la papelera que se le ofrecía provocadora con su gran boca de metal abierta.

     
  • Mal de amores

    Josefa María Jiménez Calero · Almería 

    Pequeños contratiempos. La demandante se desmayó y la declaración quedó incompleta. Las palabras del testigo sonaron a alergia afectiva. Mal de amores. El señor magistrado se ha marchado. Yo estoy perdido. La procuradora, siempre la procuradora, me dice que me relaje. Lo escrito por su pasante está mal redactado. Ella lo sabe. Estoy un poco cansado de ella. El becario de nuestro bufete, me vigila como un soldado desafiante y altanero a la vez. Mañana cumplo 60 años y el alma a punto de romperse. Letrados, su orgullo por encima de todo y de todos, decía el profesor de derecho procesal. Ahora llevo separaciones y divorcios. Patético. Me gustaba más lo penal. Dicen que con los años se pierde fluidez cognitiva. Nunca he estado más cuerdo. En casa, la procuradora, mi esposa, insistirá en que me relaje otra vez.

     
  • Una batalla perdida

    Mercedes Villarreal García-Lomas · Las Rozas (Madrid) 

    Cuando María comprendió lo que acababa de hacer, dudó entre reír o llorar. Finalmente, ambos gestos se unieron en una mueca indescriptible. Quedaba firmar aquel escrito y todo habría acabado. Días atrás le encontraron tendido en la calle. Por su ropaje, se intuía su oficio de soldado. Fue difícil entender qué hacía allí. No había sangre ni marcas. Sólo su cuerpo. La policía le explicó que no hubo ningún testigo y pasó a tomarle declaración. Pura rutina, dijeron. Ella no pudo añadir nada. Los días comenzaron a sucederse con un regusto amargo. El sabor de ser la única conocedora de su extraña alergia. La única responsable de dejarle allí solo. No lo aguantó. Quizá él se lo había ganado golpe a golpe, pero decidió dejar de luchar y le permitió ganar de nuevo. Un papel confesó por ella, mientras el sueño la invadió sin remedio. No volvió a despertar.

     
  • Un veterano más

    Ana Poveda Ribes · Alicante 

    Se abrieron las puertas de la Audiencia Provincial. El Abogado defensor salió por la puerta atestada de gente. Ovacionaban su actuación. Aplausos, felicitaciones, entrechoque de manos, honraban la profesionalidad del veterano D. Miguel Aparicio. Enhorabuena!, Muy bien Miguel….! El hombre con la cabeza gacha y una leve sonrisa avanzaba ligero intentando llegar a la sala de togas para volver con rapidez a su despacho. En su sillón relajó la tensión acumulada pero su cabeza le repetía “es culpable , es culpable, lo ví en sus ojos el primer día”. La declaración del soldado en calidad de testigo de la defensa y la falta de pruebas del Fiscal iban a liberar a un cruel asesino. Miguel estaba cansado de su profesión. El torrente social que le arrastraba le daba alergia. Cogió el sombrero. Dejó un escrito sobre la mesa: “no volveré jamás”. Una gardenia reposaba sobre la tumba de una niña.

     
  • La barca

    Carlos Moro Valero · Boadilla del Monte (Madrid) 

    Mi padre, mi abuelo y, según tengo entendido, mi bisabuelo, eran pescadores. De hecho, los dos primeros desaparecieron en la mar. Fue mi progenitor el que anheló que su pequeño rompiera la tradición y albergara el sueño de un futuro en seco. Así consiguió que me enrolara en la carrera de Derecho. La carcomida barca familiar fue testigo de cada asignatura, de cada repaso. Siendo nuestra barca y, por ende la mar, el talismán de este soldado del estudio, no tardé en coger alergia a la tierra. Hoy, como fiscal, medito cada declaración, cada escrito en nuestra barca. Cuando la mar está picada, no puedo negar una mayor beligerancia en mis acusaciones, por contra, si se levanta en calma, intento ser benevolente. Soy lo que mi padre me susurró: “Hombre de mar, hombre de ley”.

     
  • Generación tras generación

    María Dolores Moya Gómez · Puente Tocinos (Murcia) 

    Recuerdo como si fuera ayer la rabia que sentía por dentro siempre que me traían “a ver a papá”, no había nada por lo que pudiera sentir más celos que por el llamado “Bufete”. Odiaba las palabras escrito, declaración, testigo,…, me sacaban de quicio y me prometí a mí mismo que nunca sería como mi padre.
    La promesa la he cumplido, no soy como él, soy aún mejor abogado. Ahora mi hijo es el que parece tenerle alergia al bufete, es nombrarlo y empieza a rascarse como un desesperado, debe ser un problema que se agrava en cada generación.
    Últimamente me grita que no soporta cómo soy, que en cuanto tenga la edad se alistará como soldado con tal de alejarse de mí. Seguramente será el mejor abogado de la familia.

     
  • Como Perry Mason

    Beatriz Ros Nieto · Rubielos de Mora (Teruel) 

    ¿Imaginan la cara de aquel campesino chino que, en 1974, descubrió enterrado un soldado de terracota a tamaño natural? Esa cara es la que debí poner cuando el testigo empezó a hacer su declaración: el respetable arquitecto sacó un escrito donde llevaba anotados nombres, fechas y datos que comprometían a las más altas esferas. Fue impactante e inesperado. ¿Por qué había guardado hasta ahora esa información?, o lo que quizás era peor ¿por qué tenía que pasar en uno de mis casos?. Honestamente: ya había pasado el tiempo en que todo abogado quiere tener un caso espectacular, propio de la serie “Perry Mason”. Yo sólo quería dejar mis casos cerrados y jubilarme dignamente, en poco más de tres meses, haciendo “mutis por el foro”, y marcharme a la Sierra, el único sitio donde se alivia mi alergia crónica al polvo. Mientras el testigo hablaba yo pensaba: ¿qué hago aquí?.

     
  • Por los pelos

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza 

    Nací a las 23:59 del 31 de diciembre. El menor de diez hermanos. Mis apellidos, Zurbano Zorreguieta, me aseguraron el último puesto en las listas del colegio. Allí, la alergia a la tiza me desterró para siempre a la última fila. En la mili, fui soldado rezagado pues, ¿para qué correr sin tener prisa? Me matriculé en Derecho, mi tercera opción de tres posibles. Licenciado y colegiado, alquilé un despacho en la última planta de un rascacielos. Mi padre, ya agonizando, me advirtió con una postrera declaración: lo primordial de la abogacía es cumplir puntualmente con los vencimientos y plazos. Y cumplo. Sin dilación y sin prórroga; mi reloj y el calendario son testigos. Envío mis escritos, demandas y recursos el último día, a última hora, eso sí. ¿Por qué? –me preguntan-. Porque si los presentara al día siguiente ya estarían fuera de plazo.