Declaración de amor

Remedios Atencia Montoya · Málaga 

Mi marido es abogado, y pese a sus años de ejercicio no consigue que los nervios no le atenacen antes de juicio. Lleva bien eso de presentar escritos a las instancias que sea, pero lo de las celebraciones no acaba de encajarlo, y dice que eso es bueno, pues el día que se relaje perderá irremisiblemente, como le ocurrió tras vencer sus primeros cinco casos. Cuando se pone nervioso piafa como un caballo, hollando el suelo con el pie derecho, resoplando, perdiendo la mirada. Cada vez que le recomen los nervios lo aprecio pese a que no me diga nada. Lo conozco perfectamente. Pero nunca le he visto tan tembloroso como aquella noche en que fui testigo presencial de cómo, firme como un soldado, se mantenía en pie, mientras yo, entre estornudo y estornudo motivados por mi alergia, reflexionaba fingidamente sobre la respuesta a darle tras su declaración de amor.

 

 

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