Mi don

Sergio Quesada Damas · Arganda del Rey (Madrid) 

Cuando la profesora preguntó quién había escrito aquello en la pared, ninguno de mis compañeros confesó. Desde entonces, picores y estornudos brotaban en mi cada vez que Juanito, mi compañero de pupitre, hablaba conmigo. Aquellos síntomas desaparecieron el día que encontré el spray en su mochila. Entonces, entendí la causa de mi alergia: la culpabilidad. En la actualidad, soy un reputado abogado que cuenta sus casos por victorias. No negaré que trabajar solo con gente inocente ha contribuido a mi éxito. Por eso, cuando Carlos contactó conmigo y no hubo picores, acepté el caso. Su compañero, el soldado Martín, hallado muerto en su domicilio, discutió con él la mañana anterior. La declaración de varios testigos asegurando que la víctima y su amante discutieron esa noche, resultó clave para la absolución de mi cliente. A la salida, la esposa de Carlos me dijo: “gracias”. De repente… uno, dos y tres estornudos.

 

 

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