Bendita profesión

Felixa Lería Mackay 

“Relaja el cuerpo, piensa en el fuego, aíslate del lugar donde te encuentras…” Cuando llegaron los soldados con sus perros y empezaron a escarbar en la nieve, mis manos y mis pies estaban casi calientes, no tenía ningún signo de congelación, sólo unas diminutas manchas en la cara, una especie de alergia que me provoca el frío. El médico que me atendió y que oyó las declaraciones de los testigos, no se explicaba que hubiera sobrevivido después de tantas horas sepultada. “Es que soy abogada”, le dije, “dedico mucho tiempo a la meditación, a estar a solas con mis pensamientos, a darle vueltas y vueltas a un mismo asunto. Estoy muy entrenada para la abstracción”. Me dio unas palmaditas en el hombro y se fue sonriendo. Y en su informe por escrito, en el que daba cuenta de lo que me había sucedido, no nombraba mi profesión.

 

 

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