Sinusitis procesal

David Villar Cembellín · Castro Urdiales (Cantabria) 

Mi nariz es un grifo abierto, testigo y parte de un moqueo incontinente. Más arriba, mis ojos, arreboladamente irritados, se entrecierran para poder ver mejor. ¿Alguien ha agitado vehementemente un escrito ante mí? Creo que sí. Casi ni oigo lo que me dice, todo son palabras sordas en la congestión de mi mente. Los oídos se me taponan y destaponan rítmicamente, plop plop plop. Una vena palpita con paso marcial en mi sien, agujeteando mi cerebro con sus botas de soldado. ¡Qué me estará contando este tipejo en su declaración! Vaya usted a saber, caballero. Yo sólo quiero que acabe de una vez. De una maldita vez. Bajo el mazo y dicto sentencia, sumarísima. Ahora regresar a casa, un caldito, un antihistamínico y a la cama. Maldita alergia a los leguleyos, copón. Cuánto mejor no son los ácaros.

 

 

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