Una batalla perdida

Mercedes Villarreal García-Lomas · Las Rozas (Madrid) 

Cuando María comprendió lo que acababa de hacer, dudó entre reír o llorar. Finalmente, ambos gestos se unieron en una mueca indescriptible. Quedaba firmar aquel escrito y todo habría acabado. Días atrás le encontraron tendido en la calle. Por su ropaje, se intuía su oficio de soldado. Fue difícil entender qué hacía allí. No había sangre ni marcas. Sólo su cuerpo. La policía le explicó que no hubo ningún testigo y pasó a tomarle declaración. Pura rutina, dijeron. Ella no pudo añadir nada. Los días comenzaron a sucederse con un regusto amargo. El sabor de ser la única conocedora de su extraña alergia. La única responsable de dejarle allí solo. No lo aguantó. Quizá él se lo había ganado golpe a golpe, pero decidió dejar de luchar y le permitió ganar de nuevo. Un papel confesó por ella, mientras el sueño la invadió sin remedio. No volvió a despertar.

 

 

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