III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Nunca es tarde

Patricia España Zuil · Aranda de Duero (Burgos) 

Su cara arrugada por los años y quemada por el sol en esas tardes de patio con las mujeres haciendo encaje de bolillos, no dejaba traslucir aquel gesto de enfado, tristeza y rabia a partes iguales. Así, de esta pose, miraba ese punto lejano en el horizonte que era el barco de su compañero de toda la vida. Un fugaz pensamiento, la primera vez que le pidió salir, le vino a la cabeza. Eran días de feria y él con acusado optimismo, cigarro en mano a lo Bogart, se le acercó y le invitó a pasar la tarde. Una tarde que se convirtió en noche y después en amanecer. Cuarenta y cinco años habían pasado desde entonces y ahora, sin querer dar la cara, cobarde canalla, le mandaba a aquel abogaducho para darle los papeles del divorcio.

 

Relatos seleccionados

  • AJADA Y SOLA

    RAFAEL GAVILAN CASTRO · CORDOBA 

    Como una obsoleta atracción de feria malvivo en este armario, desde que un letrado me abandonó hace años. Los que me solicitan a última hora, maldicen ofuscados por haber olvidado la suya en casa o en la lavandería, o en una fiesta de disfraces en un barco, como le ocurrió al fiscal Meléndez. Se lo contó a Santamaría antes de una vista, mientras éste le reía la gracia a mandíbula batiente. Pero a quien más temo es a Contreras, el laboralista, quien siempre me quema con el cigarro el encaje de los puños, y así estoy, que doy pena. A mí, veterana insigne, testigo en mil causas, se me trata con la misma displicencia que a un acusado de homicidio. Yo, la más desdichada de las togas, que debería ser un objeto de culto y veneración en esta sala, me marchito como vulgar substituta, ajada y sola.

     
  • HERENCIA

    VICENTE-TOM¡µS BERENGUER DOM¡NECH · ALCOY (ALICANTE) 

    Heredaste mi pasión por navegar. En vacaciones, zarpábamos en nuestro pequeño barco rumbo a alta mar; allí anclados olíamos el alba y te contaba aquella historia que te gustaba tanto. Que cuando naciste, eras un renacuajo prematuro de apenas kilo y medio. Llevabas un gorrito rosa con encaje e ibas cubierta con un pañal que hacía las veces de vestido. -Yo te di tu primer biberón-, le cuento, -mientras mamá se recuperaba-. Nunca te conté la otra historia. Cuando tu madre, nerviosa, fumando un cigarro tras otro, me comunicó que se iba contigo y tu verdadero padre. Fui acusado de querer estar contigo. El resto fueron pleitos y una feria de reproches que, a todas luces, parecía interminable. De tu madre has heredado su pasión por el derecho. Algún día te contaré que la justicia también es justa. Conmigo lo fue. Aunque eso, ya forma parte de otra historia.

     
  • LA PRUEBA

    VERí NICA GREGORI GOBERNA · VALENCIA 

    Cirilo había tenido un affaire con Doña Ana Román, la costurera del pueblo, famosa por sus encajes y sus amoríos, y ahora estaba acusado de homicidio porque alguien dijo haberle visto salir de su casa aquella noche. No tenía coartada y el pobre estaba aterrorizado, y yo, preocupado. Ese día decidí seguirlo de cerca; iba andando deprisa en dirección al puerto, pero había feria en las cercanías y la muchedumbre era enorme. Llegó hasta el muelle más apartado y lo distinguí entre los barcos amarrados, de pie y mirando el agua negra bajo la noche cerrada. Entonces recordé que no sabía nadar. Corrí hacia él y le puse la mano en el hombro.¡€™Tranquilo, las huellas del cigarro son de otro hombre?, le dije. A mi defendido Cirilo lo absolvieron de los cargos, y el amante celoso se arrepintió de haber fumado post mortem.

     
  • NICOTINA Y VENGANZA

    SILVIA MERINO MORALES · MADRID 

    A Fermín Platero le ha llevado al banquillo su mala cabeza. Está acusado de fumarse un cigarro a la vista de todos y mientras acariciaba el muslo de su amante. No contaba con que su mujer, aquella pavisosa que normalmente a las nueve ya estaba en la cama, llevaba meses tramando su venganza. Se presentó en la caseta con una cámara de fotos y sin mediar palabra, inmortalizó el momento. Después vino la pesadilla, la denuncia, el escarnio público, la verg¡enza. ¡Mira que fumar! Un hombre de su reputación y lo peor de todo ¡en publico, en plena feria!. Todos sus amigos abandonaron el barco, hasta su amante, a la que nadie mencionó, desapareció sin dejar rastro. Ahora, desde el banquillo, solo la veía a ella, con sus labios apretados y sus ojos rientes clavados en él mientras acariciaba sus anticuados puños de encaje con una uña color sangre.

     
  • Un barco sin rumbo

    Roberto Penas Mariño · VIGO 

    Aquella mañana el juzgado era una feria bulliciosa. Los abogados hacíamos cola, abrazando pleitos añejos, esperando la llamada del agente judicial. De pronto, su voz de pito gritó sin rumbo el nombre de mi cliente…¡Ceferino Pintas! ¡Robo con violencia! –y añadió con timbre de tómbola… ¡Me los quitan de las manos, oigan! ¡Siguieeeeente! Con un gesto indiqué “al Pintas” que nos tocaba, tal vez hubiera suerte. Tras el relato de hechos, -lamentablemente ciertos-, el magistrado miró indiferente a mi cliente y espetó la pregunta mágica… ¿Cómo se declara el acusado? ¡Inocente, Señoría! –contestamos a coro- ¿Inocente? Hoy todos son inocentes -dijo sonriendo burlón a un Fiscal distraído con el encaje de sus puñetas- Pues yo le creo, ¡Qué carajo! ¡Absuelto! Anote Secretario, anote, y ¡cuelgue ese teléfono! Era del Ministerio, Señoría. Ordenan que deponga su actitud. ¡Queeeeee! ¡Este barco lo gobierno yo! ¡Faltaría más! ¿Un cigarro, abogado? Son cubanos.

     

     
  • Traje de Faralaes

    Matilde Hurtado Limiñana · Madrid 

    Me fumo un cigarro tras otro, la papiroflexia me relaja haciendo la proa de un barco de papel, aunque para salvar al acusado tendré que hacer encaje de bolillos. A quién se le ocurre matar a plena luz del día, teniendo como testigo a toda la Feria de Abril. El argumento no puede ser otro que enajenación mental transitoria debido al conflicto mental de verse vestido con un traje de faralaes rosa fuxia con lunares verde menta, él que siempre optó por los tonos suaves y degradé. Sin duda este hecho le nubló el entendimiento, cuando además y tal como le indicó al fiscal en el interrogatorio, - “me da igual la pena que me imponga zabe usté, pero haga el favor de coordinar esa corbata con la toga y no se me ponga zapatos de cocodrilo que ya no se lleva” Nadie entendía su transexualidad y su modista tampoco.

     

     
  • El barco pirata

    Miguel Ángel Moreno Cañizares · Alcorcón (Madrid) 

    El juez ordenó al acusado que se pusiera en pie. Con gesto desganado, obedeció. Por favor, relate su versión de los hechos en la tarde del 15 de mayo, en la feria. El individuo esperó unos segundos y empezó a hablar. Señoría, señores del jurado, estimado público... Las risas cortaron el discurso. Orden, orden en la sala. Continúe. Bien, aquel día fui al trabajo temprano, me puse el uniforme y comencé la jornada. Por favor, vaya al grano, le interrumpió. ¿Qué sucedió sobre las 20 horas?. Bueno, aquella mujer salió en llamas. ¿Y no es cierto que le lanzó un cigarro encendido? No, sí, pero fue un accidente. Y le consta que llegó hasta el asiento del barco pirata que ocupaba la víctima y prendió su vestido de encaje. Puede ser. ¿Y qué hizo entonces? Qué iba a hacer, pues seguir con mi trabajo en el tren de la bruja.

     

     
  • DE CRUCERO

    ROSA MOLINA LÓPEZ · TRES CANTOS (MADRID) 

    Me cegué, lo reconozco, pero no pude controlarme. Eran ellos o yo. Diez años ejerciendo de abogado en bufetes de pacotilla, ahorrando para irme de crucero, sin salir de noche, fines de semana, ni siquiera al cine y ¿con quién me toca ir en el barco? ¡Con una convención de abogados! Sábado: fiesta de disfraces de jueces del siglo XVII, con pelucas y encajes; domingo: Feria de abril con birretes en lugar de peinetas; lunes: simulacro de juicio por hundimiento del Titanic, encerrando de por vida al acusado iceberg en un descomunal gintonic.... ¿Es que nadie quería, simplemente, ligar? ¿Nadie conocía chistes normales?... Hasta que ya no pude más. Fui a la sala de máquinas, encendí un cigarro, prendí la mecha, salí a cubierta y preparé el bote. ¡Hasta el humo de la explosión me olió a pliego de descargo.....!

     

     
  • LA DULCE SOSPECHA

    PAQUI SERNA CABEZAS · ALCOY (ALICANTE) 

    Llegó a las siete de la mañana. Su coartada era perfecta. Los policías le esperaban en el salón de su casa mirando fijamente el cigarro recién apagado con restos de carmín rojo. Ella bajó de su habitación. Saludó a los policías dejando caer bruscamente su voluminosa mano envuelta en aquel original guante de encaje. Se dirigieron hacia el juzgado. Había bastante tráfico. Era la Feria de Abril. Bajaron del vehículo, no la esposaron, pero todos los allí presentes la miraron con descaro. El más veterano de los policías le leyó, como a todo acusado, sus derechos. Se tambaleó como si en un barco se encontrase y casi a punto de caer se encorvó y se quito sus altos zapatos blancos de plataforma. Se quito sus guantes. Se quito el carmín y , ya con la peluca en la mano le dijo al Juez de instrucción: Paco señoría, me llamo Paco.

     
  • LA DUDA

    Juan Carlos Somoza García · BILBAO 

    Decía ser mi amigo, mi amigo invisible. ¡l, doctor en Derecho, y yo, el graduado más joven de la promoción; él era como un barco sólido y estable, y yo una falúa solitaria con las velas rotas; tenía la robusta propiedad de un cigarro cohíba, mientras yo era como el canuto de hierba hecho con la hoja roja del librillo. Ideamos juntos días de feria para alternar con la rutina, pero fue con la séptima víctima visible cuando cometió el error dejando pistas evidentes. Luego, en el encaje del procedimiento, él, cobarde, se erigió en juez prevaricador y me convirtió en acusado. El fiscal solo tuvo que actuar con actitud forzada, de oficio. Ahora, él ha regresado conmigo. Nuestras vestimentas son blancas, las paredes blancas, y los días blancos van cayéndose de un calendario vacío de futuro. Me asalta una duda: ¡¨Quién de los dos es el amigo invisible?

     
  • NADA

    MANUEL VELAZQUEZ LOPEZ · CORNELLA DE LLOBREGAT (BARCELONA) 

    Llevo horas pensando, pero ni haciendo encaje de bolillos doy con una estrategia de defensa que resulte convincente. Hastiado de comer coles de Bruselas en busca de inspiración y molesto por el humo de ese último cigarro mal apagado en el cenicero que me está irritando los ojos, decido que dejo al acusado en su legajo y me marcho. Camino de casa, paso al lado de la feria y me paro frente a un carrusel que da vueltas vacío... Llevo demasiado tiempo subido a este barco y no atisbo estímulos para seguir navegando.

     
  • Desafiando al poder judicial

    Susana Solís Benito · VALENCIA 

    Nada más verle entrar en la sala, un sudor frío le recorrió todo el cuerpo. Se estremeció. El acusado empezó a declarar mientras la miraba con ojos de hielo y se le insinuaba directamente sin importarle los presentes. La había reconocido de inmediato. La juez, nerviosa, con sus movimientos dejaba entrever su sugerente blusa de encaje debajo de la toga de puñetas. En la otra mano, bajo la mesa, el cigarro preparado para cuando terminara la vista. Tráfico ilegal de drogas. Habían aprehendido un barco con un alijo de cocaína. El acusado resultó ser el comerciante de caseta de feria dónde ella había ido a comprarla por sugerencia de un buen amigo. La compra acabó en algo más entre los dos, menuda fiesta. Y ahora, ahí estaba él, desafiando al poder judicial con la mirada...

     
  • Un detalle sin importancia

    Víctor Manuel Hernández Bas · Redován (Alicante) 

    Era una conspiración retorcida. Tuve que hacer encaje de bolillos: les “arreglé” un romántico encuentro en la feria mientras navegaba con mi hijo por aguas tropicales; la coartada perfecta. Mi sicario la ejecutó en los lavabos utilizando la daga de coleccionista de mi colega, amigo y traidor. ¡Nada podía salir mal! Tras la llamada de confirmación encendí otro cigarro. El humo vengativo brotaba en el barco. Mi plan seguía su curso: él fue acusado del asesinato y yo me encargué de meterlo entre rejas. Cadena perpetua. Demostré que fue un crimen pasional, el móvil: las reticencias de mi difunta esposa por divorciarse. Varios años después un importante productor se interesó por mi historia. “Venganza legal” fue un éxito abrumador en taquilla. Ahora soy un abogado jubilado y millonario que todavía sonríe al pensar que el título del film debió ser “Dos pájaros de un tiro”, un detalle sin importancia...

     

     
  • Prescripción facultativa

    David Albiñana Luján · VALENCIA 

    '- ¿Santiago Dougall? - Al habla. - Soy Jesús Morales, el abogado. El día diecisiete tenemos cita con el médico forense: le extraerán un cabello para hacerle la prueba de toxicología, así que por favor no se corte el pelo ¿entendido? - Sí, desde l

     
  • Ensoñación

    Eduardo Pablo Chirico · CABA - Argentina 

    Juzgó como inolvidable el aroma del cigarro que plácido fumaba en la barandilla del barco. También a los ojos azabache de la bella morena que lo acompañaba. Dos botones de la noche a tono con sus interiores de negro encaje. Un sol azteca doraba los contornos del universo. La brisa fresca del mar y la contemplación de la inmensidad que rodeaba la nave, lo sumía en un mágico adormecimiento por el cual se sintió libre, majestuoso y hasta irreal. Tanto, que mirando de frente a la morena, le dijo sonriendo “Es muy bueno tomarse unos días de feria juntos. ¿No te parece, mi amor?”. La mujer, perturbada pero firme en sus convicciones, destruyó bruscamente tal ensoñación depositando al hombre y su historia en la austera realidad de su banquillo. Sus secas palabras inundaron la sala como un perfume fatal “En adelante, el acusado se referirá a mí como Su Señoría”.

     

     
  • Acto reflejo

    Esther Delgado Moreno · San Adrián (Navarra) 

    He apagado el cigarro en la bandejita a la entrada del Juzgado, dejando esa res nullius arder hasta la muerte. La señora de siempre estaba lista con mi acreditación. Hoy, con un escote particularmente irresistible para el ojo humano y pintas de haber dado con las existencias de rebujito de la Feria la noche anterior. Al dirigirme al ascensor, he advertido la mirada del guardia en el encaje de mi escote. Mi cliente esperaba pulcramente ataviado con un traje que le hacía parecer capitán de barco. Acusado por acoso sexual en el trabajo. Según ella, cada vez que hablaban, él miraba permanentemente a sus pechos. Al incorporarme de recoger unos papeles le he cazado con la mirada en mi canalillo. “¡Qué narices!”. Ni él era un pervertido, ni nosotras unas busconas. Él seguía el instinto, y nosotras, la moda. “La culpa, señoría, es toda de Sarah Jessica Parker”.

     

     
  • AMOR FRATERNO

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Desde que, hace dos años ya, mi hermano llegó a esta casa, es como si me hubiera vuelto invisible. Que si Gregorín es un cielo, que si no hay niño más guapo en el mundo¡€™Pero mi paciencia también tiene un límite. He ideado mi plan a conciencia para que todo encaje. Hace un rato, mientras papá y mamá miraban la tele, me he colado en su habitación y he depositado dentro de su cuna, bajo la manta, varias cosas muy valiosas: mi oso Lucas, que gané en una feria; de papá, el barco a escala y un gran cigarro puro; y de mamá, el anillo de zafiros y brillantes que heredó de la abuela y que guardaba bajo llave en su joyero. Mañana, cuando vayan a despertarle, se descubrirá el pastel y Gregorín será acusado de robo. Quizás incluso tendrá que buscarse un abogado, y de los buenos.

     
  • Jaque mate

    OLGA FAJARDO · Godella. Valencia 

    Entró en mi despacho, con el repicar del taconeo de aguja, adornada con un tocado de encaje de hilo negro y sorbiendo, ansiosamente, un cigarro eléctrico. Su mirada oblicua destilaba candidez y lujuria. Tras repasar elegantemente mi historial de éxitos, me expuso su caso. Me habló de su reciente viudedad, de cómo había sido acusada de haber empujado a su multimillonario marido, por la borda de un barco, de su desesperación. Lloró lo justo, ni una lágrima de más, ni una menos. Hubo un silencio, le ofrecí mi pañuelo de algodón blanco perfectamente planchado. Ambos éramos plenamente conscientes, del embolado de feria en el que nos estábamos embarcando. Embriagado por la exquisitez de su puesta en escena, decidí seguir la partida y jugué a farol. Contraté al mejor abogado para su defensa y me las ingenié para presentarme como abogado de la acusación. Perdí el caso, ganamos el juicio

     
  • EL RETIRO

    Patricia Sánchez Vasco · A Coruña 

    Había ejercido como juez durante años en Londres, trabajando duramente y guardando mis ahorros para pasar el ocaso de mi vida en alguna ciudad Española del mediterráneo, dedicado a dejar que el sol acariciara mi rostro mientras un cigarro se consumía entre mis labios. Me sentía feliz, solo pero feliz. Preparé aquel viaje con esmero como todos los anteriores que me habían llevado por los pequeños pueblos de la geografía española. La perla de mi escapada sería la visita a una feria donde experimentadas mujeres mostraban el arte del encaje de bolillos tan apreciado en mi país, después de haberme despertado al alba y acompañado en su pequeño barco de pesca a un grupo de curtidos marineros de la región. Allí la conocí, su acusado sentido del humor me enamoró y ahora comporte mis amaneceres haciendo de mi retiro el mejor juicio de mi carrera.

     
  • Mala cosecha

    Cristina Niubó Morales · Hospitalet de Llobregat (Barcelona) 

    Tres muchachos corretean por la feria. El hambre aprieta, roban pan y huyen empujando a campesinos y artesanos. Escondidos tras un carro se lían con colillas una suerte de cigarro. La mala fortuna hace prender la paja seca, y aquel carro con encajes y paños importados comienza a arder. Su dueño, colérico, apresa a uno de los chiquillos y con su látigo le cruza la cara, haciéndole perder un ojo. El revuelo es considerable. De aquel galimatías surge el aguacil: sopesa los hechos y deja en libertad al acusado, alegando que ya ha pagado su condena. Un mes después, el aguacil viaja en barco hacia Venecia. En las bodegas ha escondido las joyas robadas al conde durante la feria. El incendio provocado fue su coartada perfecta. Pasea por cubierta con su protegido, un chaval tuerto. Ambos bromean sobre la justicia, y concluyen que como él, es medio ciega.

     
  • Vista en Melilla

    M¡¦. Carmen Aceña de Mesa · Ajalvir (Madrid) 

    Llegué al Juzgado apresurada, que al igual que el de Madrid, parecía una fería comercial, con abogados entrando y saliendo de las salas de vistas, haciendo encaje de bolillos para llegar a tiempo a todas partes. Y aquel tipo, con el cigarro en la mano; ¡pero no se han enterado de que no se puede fumar¡. Me llaman por teléfono....¡no te preocupes el barco saldrá tarde¡. Estoy agotada porque me habré venido a Melilla a defender a un tipo como este, que es más culpable que carracuca. Entro en Sala, increible no me da tiempo a nada, ¡ y el Acusado¡, dice el Magistrado. El funcionario pregunta, y resulta que no vino en la conducción. No me lo puedo creer vine de Madrid a Meilla a un juicio y me lo suspenden.

     
  • Cartas sobre la mesa

    Sofia Herranz Bargueño · MADRID 

    Háblame del silencio herido que guardas tras esa sonrisa y ese desparpajo. Háblame de las horas de transporte, del trabajo a deshora, de los gritos, alborotos y borrachos de feria. Háblame de tu ya, muy acusado agotamiento, de tus arrugas resignadas a esta vida, a ser un encaje más de este oficio, que por no tener, no tenemos ni sueños… Todo este tiempo soportando, creyendo que algún día llegaría un barco que nos auxiliaría y de esperar, estamos ya ahogados - Serenándose entre caladas de cigarro - Se acabó papá, yo no seguiré con el bar, me he matriculado en derecho.

     
  • SITGES

    Margarita Bos Palacios · Barcelona 

    El sol lucía esplendido por lo que confiaba en una venta de cuadros en la feria que aliviase la crisis que los artistas estábamos pasando . Estaba instalada la “ parada” y la obra dispuesta para vender. Los curiosos se arremolinaban cuando ví que un hombre con un cigarro, se abalanzó sobre uno de los cuadros, el más valioso, que representaba a una mujer vestida de encaje sobre la cubierta de un barco, y entre la multitud huyó a la carrera. Corrí tras él. Si lo atrapaba, al menos conseguiría que fuese acusado de un delito de robo, pero todos mis esfuerzos resultaron inútiles. Me hundí al pensar que mi soleado día se había nublado sin remedio. Por eso al verlo volver arrepentido y con el importe en la mano no sólo le perdoné sino que pensé que muchos locos como él necesitábamos los pintores.

     

     
  • EL MALENTENDIDO

    Enrique Javier de Lara Fernández · Alcalá de Henares (Madrid) 

    Observando la escenificación de unos y otros: me refiero a juez, defensa y fiscal; me dio por pensar que, en vez del acusado, yo era uno más entre el público asistente al espectáculo y éste, el espectáculo, una opereta o, como mucho, un Esperpento Valleinclanesco. De nuevo me lo hicieron repetir: no existía truco, ni engaño, todo había sido un malentendido, llevaba años suministrando a la Feria. Avisé al contacto. Me dijo que el día uno… Confirmé la entrega. Estaría en el lugar fijado con mi barco cargado hasta los topes. Aguardé fumando un cigarro tras otro; el resto ya lo conocen... Era día uno, pero de abril, y ya saben que este año... Se hizo un expectante silencio, hasta que todos estallaron en carcajadas. –¿Cómo pretendes que haga para que esto encaje? –me interrogó en voz baja mi abogado– ¿Imbécil además de traficante? –Hombre, si ello atenúa –le respondí.

     

     
  • DETENIDO

    MARIA DEL MAR SUÁREZ SANABRIA · NOAIN-NAVARRA 

    Me esperaba una larga noche. El inspector, con un gesto de complicidad me quitó las esposas y me dejó apurar el último cigarro antes de entrar en la comisaría. Después me facilitó un par de periódicos: -La espera será menos dura -dijo. Ojeé distraídamente las portadas: “Camps, acusado de corrupción, candidato a la Generalitat Valenciana”. Arranqué un par de hojas, no me costó mucho realizar un barco magnífico. La verdad es que me consideraba un experto en el arte del modelado con papel. Aún conservo en mi despacho aquella infundada sentencia, con la que creé un rimbombante Airbus. La voz del inspector me sacó de mi abstracción: -Pero hombre letrado, ¿cómo hemos podido llegar a esto? -Es esa feria sevillana, sus mujeres, sus encajes, no sé que me pasó –contesté. -En fin –replicó-, nos pierde lo que nos pierde, a unos los trajes, a otros las mujeres.

     
  • Asesina confesa

    M¡¦ Dolores Serrano ¡µlvarez · Arganda del Rey (Madrid) 

    Lo confieso, he matado a mi marido. Y el fiscal alega tener pruebas irrefutables. Por suerte, soy de las típicas mujeres que arregladas cambio un montón. Estos días, durante el juicio, me sentaba en el banquillo de los acusados con un moño y la cara lavada. Esto, sin que lo supiera mi abogado, formaba parte de mi defensa. Sin embargo esta noche me he puesto ropa interior de encaje y un vestido ceñido. La feria ha sido el lugar elegido para mi cacería. Allí estaba él, con el cigarro posado entre los labios, ¡tan sexy! No me ha costado mucho seducirlo y montarlo en el barco ha sido también bastante sencillo. Iba tan borracho que me saludaba feliz desde la cubierta. Mañana por fin se hará justicia. Seré declarada inocente porque el fiscal no se presentará con ninguna prueba. Y es que cruzar el Atlántico lleva su tiempo.

     
  • HACIA LA LIBERTAD

    ALICIA URIARTE LANDA · PORTUGALETE BIZKAIA 

    Aspiré la última calada al cigarro y tiré la colilla al pantalán. Subí al barco, sin evitar mirar atrás por si alguien me hubiese seguido los pasos. Por mi cabeza giraban sin cesar las imágenes difuminadas de los acontecimientos ocurridos los últimos días. Alguna que otra vez había oído a mi madre, mientras tejía aquellas maravillosas puntillas de encajes de bolillos, aquello de que la feria iba por barrios. Esta vez había llegado al nuestro. Nunca pensé que aquel bastardo del piso de al lado fuese a darle tal paliza a su mujer. Me pudo la ira y acudí en su defensa. ¡l quedo yerto en la habitación. Ahora yo partía hacia un nuevo destino para evitar sentarme en el banquillo de los acusados. Por fin cogidos de la mano, desde la popa y mirando hacia el horizonte, sólo veíamos escrita la palabra libertad.

     
  • JUSTICIA MARINA

    ESPERANZA TEMPRANO POSADA · MADRID 

    Todavía recuerdo ese pañuelito de encaje con el que me decías adiós desde la popa del barco. Desde que te fuiste, lo primero que veo al despertar es la sonrisa del acusado escuchando su absolución y enciendo un cigarro tras otro para quemar tu ausencia y ahuyentar la impotencia de una bomba sin castigo que te enterró en el mar. Ayer le vi en la feria y no pudo sostenerme la mirada, tampoco pudo sostener la tuya por lo que veo, porque la marea escupió su cuerpo ahogado en la playa. Hoy he vuelto al malecón para buscarte en el agua y una gaviota me ha devuelto tu pañuelo, mientras te alejabas sonriendo entre las olas convertida en sirena.

     
  • Reincidente

    Virginia López · Barcelona 

    Había sido acusado por un crimen que no cometió. Siempre la misma historia, pensé. Me resultaba difícil creerlo, mirando de reojo a la femme fatal que lloriqueaba en su pañuelo de encaje, sentada al otro lado de la mesa del despacho, cumpliendo a la perfección con su papel. Encendí un cigarro con calma y pedí que me contara de nuevo la historia. Un robo, la persecución en barco, la supuesta encerrona y la detención. Todo medido hasta el último detalle, dando forma a un círculo perfecto. Como la noria de una feria. Pero había algo más¡€™el perfume de esa mujer comenzaba a marearme. Y cuando sus labios se acercaron a mi cuello, manchando de carmín mi oreja en un susurro, lo supe de forma definitiva. Estaba completamente perdido. Otra vez.

     
  • Una cocina ordenada

    Amparo Martínez Alonso · Madrid 

    Mi hermano mayor, con su capa de Superman, era el juez. Yo, la abogada defensora; y el pequeño, en su trona, el acusado. Mi actuación no inmutó la mirada miope de su señoría; ni el gesto de mi defendido, que jugaba lanzando su barco pirata contra la encimera, donde se alineaba el jurado. Pero no me desanimé, continué montando mi feria sobre el estrado (diariamente utilizado como mesa de cocina), aportando prueba tras prueba. Basé mi defensa en el cigarro de chocolate mordido: ¡el acusado no tenía dientes! Mamá, desde el pasillo, nos obligó a desalojar la sala de juicios, sin que éste quedase visto para sentencia. Saqué los muñecos de la encimera; camuflé el tapete de encaje, manchado de chocolate fundido, en el cajón de las servilletas, y antes de huir, como miedosos impostores, coloqué la prueba exculpatoria entre las manos del acusado. Hoy soy decoradora.

     
  • LA APUESTA

    JORGE LORENTE PINAZO · VALENCIA 

    Ganaría la intervención mas corta, lo acordamos apurando aquel último cigarro en la puerta del Juzgado. La mía fue un encaje difícil, pero quedé contento. Me llevaría la apuesta y quizá el juicio. En un minuto había resuelto aquel problemilla. Tres breves hechos y dos artículos. Fácil. Mi cliente, la Compañía acusada, no exigiría más, esperaba el Fallo en contra. Aquel maldito barco de feria había caído en la cabeza de la niña y su padre acudió a mi amiga, que enfrente me había escuchado atenta, sin un gesto. Tenía razón su cliente, era evidente, pero ella debía exponerla y demostrarla. Y no podría ser más breve que yo. Miraba sus notas de mi exposición. Dejó pasar el tiempo. Me extrañó que se diera por vencida. Al fin alzó la mirada, que clavó en el Juez: “Señoría, ¡Justicia!”. La Compañía pagó los daños, yo la paella.

     

     
  • La fría indiferencia del asesino

    Luis Calvo Costa · Shanghai (China) 

    “Ya les han sido explicados los cargos con anterioridad. Este tribunal considera demostrado que el 14 de enero el acusado llegó al puerto de Málaga en un barco de bandera cubana, el Delicioso, con la clara intención de torturar y, en lo posible, matar, al señor Mestanza. Aprovechó la feria de la localidad para entrar en contacto con su víctima. El encaje en el ambiente festivo fue fundamental para que, con la guardia baja por el alcohol, la víctima dejara a un lado el sentido común y accediera a sus propuestas. Sólo la intervención de un policía de paisano, evitó el horrible crimen, pero debemos reflexionar sobre lo lejos que llegó esta nueva tentativa de atacar al conjunto de nuestra sociedad. ¿Tiene el acusado algo que alegar?” Aunque el cigarro, inerte sobre la mesa, no contestó, todos vieron en ello la fría indiferencia del asesino.

     

     
  • ESA MIRADA

    Mª Antonia Beut Paccini · Madrid 

    Mi vida eran aquellas cuatro paredes, la mesa de madera de roble gastada por el paso del tiempo, y el roce de las carpetas de tantos casos llevados a lo largo de estos años. Aún le recuerdo con su pañuelo de encaje asomando del bolsillo de su chaqueta. Iba a ser juzgado, acusado de matar a un asesino , solo quería vengar la vida de su hermana. Mi deber conseguir su libertad, una libertad que no supe defender. La sentencia falló: asesinato. Una semana después, decidí cerrar aquel despacho, allí deje todo, incluida mi vida. Cogí un barco que me llevo a las islas, hoy once años después, sigo sin olvidar esa mirada de súplica en sus ojos, mientras aspiraba el humo del cigarro. Comienza la feria de las flores, es primavera, otro año y sigo recordando.

     

     
  • Diluvio judicial

    Mercedes Sáenz Blasco · MɐRIDA (BADAJOZ) 

    Y dijo Dios a Noé: ¡Como no te espabiles te pilla el diluvio! Y Noé respondió: Señor, ¡Tengo el barco retenido por orden judicial! ¿En qué lío te has metido ahora, malandrín? Estábamos celebrando la graduación del tucán, el lince ha sacado de la bodega el vino sobrante de las Bodas de Caná, y…¡se ha organizado una feria…! Ya veo, y tú allí, tranquilamente, fumando un cigarro, ¿me equivoco? No, señor, tú nunca te equivocas. ¿Y de qué te han acusado? Primero dijeron que habíamos invadido aguas jurisdiccionales. Al ver los camellos nos denunciaron además por tráfico ilegal, pero cuando a la vaca, con los nervios, le dio un ataque de risa, pensaron que estaba loca ¡nos pusieron en cuarentena! Comprendo…, este es un caso, sin duda, para el Supremo… Anda, avisa a mi abogado, aunque esta vez tendremos que hacer encaje de bolillos para librarte del purgatorio…

     
  • Carisma

    Sonia Hidalgo Moreno · Villanueva dela serena ( Badajoz) 

    Desde el primer momento que le vi, sabía que no podríamos perder el juicio, porque tenía ese halo que desprenden las personas con la ley de la atracción de su parte. Rubén, el acusado que había sido apresado en un barco rumbo a Singapur, estaba sentado frente a mí, confeccionando encajes con el humo de su cigarro. Fuera, en la calle, todo se había convertido en una feria de atronadoras voces que clamaban por él. Una semana de juicio y se convertía en el fenómeno televisivo de todos los tiempos. Ganamos, como había predicho, pero aún no se si en realidad era o no inocente, solo que se trataba del tipo de persona más peligrosa del mundo. Un líder nato sin conciencia.

     
  • La feria

    Ana Yerro Vela · CIZUR MENOR (NAVARRA) 

    Cuando el acusado entró en la sala, sólo pudo ver un enjambre. Un enjambre de cámaras, flashes y periodistas ansiosos por captar, por primera vez, imágenes del presunto culpable. Le habían arrestado hacía meses en su barco, ¡sin dejarle siquiera acabar de fumar su cigarro! Qué osadía, pensó entonces. Pero las cosas habían cambiado mucho desde entonces. Lo que parecía un juicio sencillo de ganar, se podía tornar en varios años de prisión. Sabía que a los medios de comunicación no les importaba el caso, si era culpable o no. Simplemente querían abrir sus noticiarios, o las portadas de sus periódicos, con su foto. Su abogado estaba nervioso: el encaje del caso no era perfecto, y temía perder. No desprendía excesiva confianza. Allá vamos, dijo para sí el acusado cuando el juez entró en la sala. Entonces comenzó la feria. La feria mediática, por supuesto.

     
  • LAPSUS LINGÅ¡E

    ADOLFO MENA RODRIGUEZ · BILBAO 

    Salieron de los juzgados con paso ligero pero firme. Siempre con prisas, siempre compitiendo. Comiéndose la ciudad con cada zancada que daban. En el puerto los barcos engalanados con guirnaldas y farolillos recordaban a los viandantes que la ciudad esta semana estaba de feria. Eran compañeros de bufete desde hace años. El semáforo se puso en rojo, se pararon. ¡¨Que tal ha ido el juicio?, pregunto uno de ellos mientras ojeaba su Iphone. No te lo vas a creer, lo de hoy ha sido de traca, el caso parecía sencillo pero el acusado se ha presentado totalmente borracho, con un cigarro medio apagado en la boca, peineta y traje de encaje rojo con lunares blancos. El juez cariacontecido solo le ha hecho una pregunta ¡¨como se declara usted?. Indecente digo... inocente ha respondido entre las carcajadas de la sala.

     
  • MALA MEMORIA

    Sara Yebra Delgado · Ponferrada (León) 

    Nunca había fingido un orgasmo. Era esa clase de mujer que tiene claro qué quiere y cuándo lo quiere. Ahora, su prioridad era fumarse un cigarro y rebuscó en el bolso esperando encontrar uno de esos mecheros de las ferias. No hubo suerte. Entonces recordó que durante la cena había encendido un par de velas y se levantó de la cama. Le dolía la cabeza. Pasó por delante del espejo del pasillo y decidió que no le quedaba bien el encaje. Se iría de compras en cuanto encontrara el maldito mechero. No tenía ni idea de cuándo había usado la Visa por última vez, desde que llegó al bufete no tenía tiempo de nada. Sintió que se le revolvían las tripas, como cuando montaba en barco. Ni rastro del mechero. Volvió al cuarto y alguien salió del baño. No recordaba que el acusado tuviera un tatuaje en el pecho?

     
  • ¿Justicia?

    Jorge Mondelo Tamayo · Santiago de Cuba 

    Usted sale a la feria todos los domingos con su familia a “matar el estrés”; yo salgo cada día sin ánimos a luchar la comida de mi pequeña manada. Usted pasea en su barco y nada en las piscinas de lujosos hoteles mientras yo me ahogo en la miseria dueña de mi vida. Usted fuma cigarros Montecristo y al mismo tiempo yo consumo lo poco que queda de mis uñas que caen víctimas de mi desesperación. Usted viste con encaje y otras telas finas como yo luzco los mismos harapos de siempre. Usted estudió en La Sorbonne; mi madre me enseñó a leer, mi padre me enseñó a trabajar. No me recrimine de tal modo, Señor Juez; entre usted y yo -un acusado más ante sus ojos- hay mucha diferencia. Jamás podrá entender por qué lo hice.

     
  • HISTORIAS DE ABOGADOS 15

    Pedro Truchado Alvarez · MADRID 

    Mi abogado es uno de esos hombres que tratan de ocultar su alopecia con un chusco e hirsuto bisoñé. Es como si llevara un ratón de feria muerto en la cabeza. Antes de marcharse de mi celda ha dicho que la situación es difícil, que han encontrado mis huellas en el barco y que la fiscalía parece tener un acuerdo con el principal acusado (lo cual no me conviene). Yo he sonreído dejando escapar el humo del cigarro. Entonces le he dicho: “Tu hija es guapísima. La conozco, sí, me han traído fotos de ella entrando a una fiesta el viernes pasado… qué linda es, y qué bien le sientan los vestidos de encaje. Cuídala mucho, sería una lástima que algún degenerado se cruzara en su camino”. Sé que mi letrado ha entendido el mensaje… se le han erizado hasta los pelos falsos.

     
  • JUBILACIÓN ANTICIPADA

    Vanesa Rico Lili · Bilbao (Vizcaya) 

    Sentado en la butaca de su despacho, consciente de que esa sería la última vez que reposara sus huesos en ella, encendió un cigarro. Al tiempo que inhalaba una profunda y placentera calada pensó lo harto que estaba de ser el muñeco de feria del bufete; de trabajar día y noche para resolver casos que reportaban ingentes beneficios de los que él apenas percibía migajas, de soportar las insolencias de importantes clientes y las exigencias y desplantes de sus jefes. Sonrió. Rió. Se carcajeó satisfecho. Falsear los documentos gracias a los cuales había salvado el culo de aquel pez gordo acusado de malversación de fondos había sido como hacer encaje de bolillos, pero había merecido la pena; suponía su jubilación anticipada. Mañana mismo cogería un barco con destino al paraíso y con el dineral recibido por aquel “trabajo” viviría como merecía lejos de las pirañas… y de la policía.

     
  • La alfombra

    Mª Angeles Gimenez Dapena · CASTELDEFFELS 

    Habría sido nuestro primer viaje en barco. Tanto tiempo esperándolo, tanto soñándolo, para que acabara esfumándose como el humo de un cigarro. ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Cómo dejarme con el vestido de encaje comprado para la ocasión en la maleta que ya nunca estrenaré?. Si, ya sé que tienes un nuevo caso, sí entiendo que puede convertirse en una feria porque el acusado pertenece a la farándula pero, ¿qué pasa conmigo, con mis necesidades, con mis sueños? Pero ya lo he solucionado. He conseguido al fin que vengas a verme cada día, ¿o acaso no te vas a ocupar adecuadamente de tu nueva clienta? Lástima que la alfombra del salón haya acabado manchada de sangre…

     

     
  • DELITOS SERIOS

    ESTEBAN TORRES SAGRA · ÚBEDA (JAÉN) 

    Discoteca El Barco, 3 a.m., una unidad de élite de la policía asalta el local y detiene al acusado, pillado in situ con un cigarro entre el índice y el dedo corazón de su mano izquierda... Como atenuantes citar que que se celebraba la feria de otoño, que fuera hacía un frío del carajo y que mi defendido venía estresado tras robar una gasolinera cercana, pues tuvo que hacer encaje de bolillos para que le dejara pasar el portero con la ropa manchada de sangre, y ello le produjo tal subidón de adrenalina que no era consciente de la infracción grave que cometía contra la ley 42/2010, de 30 de diciembre, por lo que alego enajenación mental transitoria. En cuanto al atraco... -Bien , bien, dejemos lo del atraco, señor letrado, aquí hemos venido a juzgar delitos serios.

     

     
  • CONDICION HUMANA

    Elisa García García · Burgos 

    Añoro la parafernalia, la emoción y el nerviosismo que precedía a las vistas orales y a los juicios, las noches de insomnio ante los casos raros y la satisfacción cuando los resolvía, la toga, los puños de encaje y la expresión de desconcierto de casi todos los acusados. Hecho en falta las charlas relajadas con mis compañeros de profesión y aquellos cigarros que apuraba tras las sentencias. ¡Que lejos me parece todo aquello y a la vez que cerca de este nuevo tiempo! Ahora ya retirado, me siento como un barco a la deriva o como una feria sin tiovivo y daría cualquier cosa por volver a pisar la audiencia y contemplar la cara seria del juez de turno. Ahora que tengo todo lo que durante todos aquellos años añoré, añoro aquellos años.

     
  • El mejor cliente

    Monica Graciela Lafrosse · ARGENTINA 

    Mientras que la policía portuaria buscaba algún indicio que esclareciese el asesinato perpetrado a una joven corista en el burdel del desembarcadero, la madame, dueña del prostíbulo, observo a través de la ventana, como se alejaba uno de sus principales clientes: Un robusto hombre de nacionalidad extranjera y biceps tatuadas, que exultante atravesaba la feria de artesanos rumbo al muelle, donde anclaba su vetusto barco. Cuando los funcionarios la interrogaron sobre la última persona con la cual la occisa había pasado la noche. La decrepita y pintarrajeada mujer encendió un cigarro, acomodo el encaje de su enagua e inesperadamente urdió una asombrosa y convincente historia que desconcertó a los uniformados. De esta manera trucó cualquier posibilidad de que su mejor hombre fuese acusado por cualquier ocasional testigo

     
  • Pequeñeses

    Gustavo Antonio Rodiño · MADRID 

    Tengo un abogadito chiquito criándose en una maceta de mi balcón. Lo entreno usando un potus como acusado y un frasco de mermelada de higo relleno de nueces como fiscal. El juez es una marmota disecada (sin ánimo de ofender, su señoría).¡Si lo vieran en acción al tipito!. Como premio diario o paga le doy un cigarrito cubano y una torreja, a veces buñuelos de acelga o croquetas de pescado. Los meses de feria lo llevo a pasear en el barco que tengo anclado en la bañera y que, en época judicial, se usa como porta jabón. Hace un tiempo me ha pedido una novia, fui a buscarle una al parque y conseguí una morocha pechugona que, por su encaje negro de luto, debe ser la viudita del doctorcito chiquito de la vecina de arriba. Pero ya no es lo mismo. Ahora al potus me lo riega, no lo acusa.

     
  • Rivalidad Taurina

    Alvaro Gimeno Ruiz · La Almunia de Doña Godina (Zaragoza) 

    La gran vedette sudamericana Perlita del Plata llegó en barco al puerto de Barcelona. La feria taurina, que antaño fue una de las más importantes del país, hacía tiempo que había sido suprimida y su vacío había sido suplido por los espectáculos de variedades, convirtiendo a la Ciudad Condal en el Broadway español. Con un vestido blanco de encaje y un gran cigarro habano en la mano, salió al escenario del Bar Manolo, antaño sede de la Peña recreativa José Tomás, para interpretar Fumando espero, lo que supuso un gran error; si bien entendió el Juez que era de prohibición; Pues el establecimiento fue acusado de la comisión de un delito de riesgo catastrófico. Dicen las malas lenguas que el denunciante, acérrimo seguidor de Enrique Ponce, no perdonó jamás al diestro madrileño que en la corrida de clausura de la Monumental cortara cuatro orejas y un rabo.

     
  • Prescripción facultativa

    David Albiñana Luján · VALENCIA 

    '- ¿Santiago Dougall? - Al habla. - Soy Jesús Morales, el abogado. El día diecisiete tenemos cita con el médico forense: le extraerán un cabello para hacerle la prueba de toxicología, así que por favor no se corte el pelo ¿entendido? - Sí, desde l

     
  • Magia

    Marta Currás Martínez · VIGO 

    El mago paseaba nervioso tras el telón. Preparar su último número le había hecho sudar juramentos pero ya estaba listo. Había recaído en la feria hacía treinta años, sin familia ni pasado, decían que huyendo de la justicia tras ser acusado de varios delitos inciertos. El viejo comisario Rosales compró una entrada de primera fila para la función. “Se te acabaron los trucos”, pensó al verle sacar del sombrero un frágil barco de papel para hacerlo navegar en un tanque de agua oscura. Entonces, acompañado de un redoble de tambor, el mago enganchó un cigarro a sus labios y saltó sobre el barquito diluyéndose con él. Rosales corrió al escenario justo para ver cómo la colilla desaparecía entre el encaje de espuma que tejían las olas. Un grito le nació desde el alma: aquel maldito se le escurría desde hacía treinta años y aquella noche lo había vuelto a hacer.

     

     
  • Feria de Felicidad

    Elmer Zambrano Colmenarez · Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela 

    Más de 9 años pasaron desde que entré a este lugar, inesperadamente, el destino me trajo aquí: al encierro, rodeado de lo más bajo del sentimiento humano. Camino entre pasillos interminables, meditando sobre mi porvenir, ¿cuando saldré?. Perdí amistades, a mi mujer, mi hija me desconoce, veo a mis padres y hermanos breves instantes que no puedo desperdiciar; deseo poder ser libre para disponer de mi tiempo, estar en un lugar donde ENCAJE correctamente. Aquí sólo veo procesados, presos, delincuentes (mayormente culpables que inocentes), expedientes, Abogados Defensores, Fiscales,Víctimas, llanto, dolor, tristeza... Desconozco si hay sol o llueve detrás de estas paredes, mi vida se consume tan fácil y patética como un CIGARRO. Quiero tomar un BARCO a otro rumbo, que no me haga sentir como ACUSADO. Estoy cansado de ser Juez y no vivir, dejo los Tribunales,¡Renuncio!, ¡Adiós maldito despacho!, convertiré mi vida en una ¡FERIA de felicidad!.

     

     
  • LA INDIFERENCIA

    JOSE VICENTE PɐREZ BRIS · BILBAO 

    Tras veinte años de matrimonio, Alejandro esperaba algo más de confianza conyugal. Clara siempre fue una mujer reservada. Ocupada en la casa y los hijos. Tratando de mantener el barco a flote. Su única distracción consistía en confeccionar tapetes de todo tipo: ganchillo, encaje y punto de cruz. La noche fatídica, él volvía tarde del bufete, como casi siempre, desde el principio. La encontró encerrada en el garaje, sentada al volante del audi familiar, inhalando monóxido. Su vida se fue apagando lentamente, como se queman las hojas escamosas de un cigarro puro. Seis días después, su marido aún seguía a oscuras. Le acuciaban las miradas inquisitivas de los vecinos. Parecían escribir en su frente la palabra acusado. Dicen que cada uno cuenta la feria según le ha ido. Él encontró la respuesta semanas después, mientras empaquetaba sus tapetes para la iglesia. Uno de ellos tenía bordado: ¿podrás perdonarme algún día?

     

     
  • AMNISTIA INFELIZ

    PABLO DOMINGUEZ CARDEÑOSA · MATAELPINO (MADRID) 

    VOY PRESO EN UN BARCO QUE ESTÁ LLEGANDO A CÁDIZ. EN LA FRÍA MAÑANA DE MARZO VUELVO A REPASAR, FEBRIL, MI DEFENSA. HE SIDO ACUSADO EN LA HABANA DE GRAVÍSIMO DELITO CONTRA LA CORONA. LOS HECHOS TIENEN PERFECTO ENCAJE EN EL TIPO. SIGO SIN ENCONTRAR EXIMENTES O ATENUANTES. SIN DUDA SERÉ DECLARADO CULPABLE. ARROJO NERVIOSO EL CIGARRO AL MAR. MIS OJOS SE LLENAN DE LÁGRIMAS. ME ESPERA LA SECA HORCA. EL NAVÍO ATRACA CON PEREZA EN EL PUERTO. EN LOS MUELLES PERCIBO AMBIENTE DE FERIA. REPIQUETEAN ALEGRES CAMPANAS. CENTELLEANTES COHETES ESTALLAN EN EL AIRE. GRAN FIESTA. NO PUEDO SOPORTARLO. ME DESESPERO. COMO EL RAYO ME ARROJO SOBRE LA BAYONETA DE UN SOLDADO. EL ACERO CUMPLE EN MI PECHO SU MISIÓN. LARGA AGONÍA SOBRE LA BORDA. ALGUIEN SE ARRODILLA A MI LADO. DICE: ¡POBRE DESGRACIADO!.¡SI HUBIERA SABIDO QUE FUE AMNISTIADO AL APROBARSE "LA PEPA"!. SONRÍO HELADAMENTE A LA NEGRA ETERNIDAD.

     

     
  • Declaraciones

    Manuel Alejandro Tousidonis Rial · Cádiz 

    Conseguir que todo encaje, ése es mi trabajo. Cualquier hijo puta viene aquí imponiendo con el dedo levantado, cuando no a grito limpio, que todo es un gran error, que no ha hecho nada, que no sabe de que le han acusado. Y yo callo, les dejo maldecir, enciendo un cigarro, y digo que sí a todo, pienso en el día de feria que me voy a pasar navegando con mi barco y cuando el silencio asoma por el despacho les miro fijamente a los ojos y digo: "estudiaré su caso". Nada más. No debería cobrar por escuchar a asesinos, me apasiona lo que cuentan, no tanto qué, sino el cómo. Como los buenos novelistas, hablan de sí mismos en tercera persona, con lejanía, desdén e incluso indiferencia. Decía que la amaba. El cuchillo lo sacaron de su corazón. Contaron cuarenta puñaladas. Y sólo piden cuarenta años.

     
  • El padre del pirata

    Marta Bazal Blanco · Madrid 

    La tempestad juega con mi galeón, lo hace ascender, descender y lo obliga a navegar en círculo. Es la ley del mar, la única que existe para mí, desde que decidí vivir fuera de la ley de los hombres para ser pirata. No creo que mi padre encaje bien que yo pueda ser acusado de piratería. Quería que fuera abogado como él. Pero ese no es mi destino. No quiero estar encerrado en un despacho sino surcar los océanos en libertad. No quiero pasar noches preparando juicios sino dormir plácidamente arrullado por las olas. No quiero honorarios ni minutas sino verdaderos tesoros?Una sirena interrumpe mis pensamientos. Es el fin de mi aventura en el barco¡€™del tiovivo. Abajo, paciente con su cigarro en la mano, me espera mamá. Papá, aunque prometió acompañarme a la feria, no ha podido venir porque tenía mucho trabajo en el bufete.

     
  • PARA SIEMPRE

    Lola Sanabria García · MADRID 

    La seguí hasta la feria. Entró en el barco fantasma. Me aposté detrás de un árbol. Hacía calor. Me deslicé entre las atracciones. Llegué a la casa del terror. Desde allí podría fotografiarla con el tipo. Encendí un cigarro. Di una calada. Lo imaginé. Pillada infraganti con su amante. Acusada de adulterio. No sacaría nada del divorcio. Ni pensión para los niños. Para eso estudié abogacía mientras ella cuidaba de los críos. Se le acabó lo de hacer tapetes de encaje para relajarse. Tendría que trabajar. Saboreaba ya mi triunfo cuando alguien me agarró por detrás y me metió dentro. Pensé que se trataba de una broma, al ver a todos esos personajes rodeándome: la niña del exorcista, Jason, la pequeña Elizabeth... pero cuando Freddy Kruger se acercó, entendí por qué mi mujer estaba últimamente tan contenta. Y aquí sigo, como un zombie más, asustando a los que entran.

     
  • DOS EXTRAí‘OS

    ANA MARIA VIí‘ALS LORENTE · BARCELONA 

    Eloísa dio una calada al cigarro y guardó las bragas de encaje en la maleta. Pensó en Mario, su marido. Nunca estaba. Se había acostumbrado a cenar sola frente al televisor. Reuniones de última hora, la preparación de una estrategia que lograra la absolución del acusado...Había llegado el momento de que ambos disfrutaran de unas merecidas vacaciones. Cuando zarpó el barco, al anochecer, se sentó frente a Mario. Eloísa se ajustó las gafas con sus huesudas manos y le observó; apenas quedaba rastro en él de aquel atractivo abogado del que se había enamorado en la Feria de Hamburgo. Un silencio incómodo, roto únicamente por el sonido de Mario engullendo la langosta, lo envolvía todo. La mujer sonrió aliviada; pronto terminaría el crucero. Cenaría sola de nuevo y ya no tendría que buscar tema de conversación para hablar con aquel desconocido en el que se había convertido su marido.

     
  • Una desafortunada casualidad

    Antonio Serrano Acitores · MADRID 

    La conocí en la feria de Sevilla. Se llamaba Irene y hasta ese día nunca había visto una criatura tan bella: pelo rojo y salvaje como el fuego, ojos verdes color mar y piel de porcelana. Su manera de vestir era una mezcla entre elegancia y provocación. Llevaba un traje azulón de cuello de barco que realzaba sus curvas y unas medias de encaje que insinuaban unas esculturales piernas. Fumaba sensualmente un cigarro cuando decidí acercarme e invitarla a tomar una copa. Fría y distante al principio, tierna y pasional después. Me dejó una nota cuando se marchó del hotel en medio de la noche. Decía: “Ha sido maravilloso. No me busques”. Por la mañana, desolado, acudí al Juzgado a defender a uno de mis clientes acusado por una presunta estafa. Cuando entré en la Sala se me descompuso el cuerpo. Presidiendo, con toga y puñetas, se encontraba mi pelirroja.

     

     
  • LA PUNTA DEL ICEBERG

    MIGUEL ÁNGEL GARCÍA RODRÍGUEZ · VALLADOLID 

    Había estado preparando el caso durante meses, y en su camarote daba los últimos retoques a su alegato final. Su cliente, un hombre importante de Chicago relacionado con la mafia, iba a ser acusado de evasión de impuestos. Pero él conseguiría librarle de la cárcel; no en vano, era considerado el mejor abogado de Londres. Ese juicio lo catapultaría a la fama y le abriría las puertas del lucrativo mercado americano. Apartó la cortina de encaje, y divisó la cubierta colmada de lucecitas que hacían parecer al barco una feria ambulante. Suspiró, y salió a tomar el aire para darse un respiro. Apoyado sobre la barandilla, con su enorme cigarro en la boca, orgulloso observaba la puesta de sol mientras la brisa acariciaba su cara. –Me espera un gran futuro –susurró para sí mientras miraba al horizonte hacia el que avanzaba majestuoso el Titanic.

     

     
  • FERIA DE VANIDADES

    Rosario Serrano Arnau · Alcantarilla (Murcia) 

    Una dulce laxitud le envolvía, haciéndole entornar los párpados, mientras sonaba la voz cansina, monótona de su paciente. La quemadura del cigarro lo transportó bruscamente al mundo real, escuchó: ¿Por qué no soy feliz doctor? ¿Por qué nadie me quiere por mí mismo? – Su vida ha sido siempre una feria de vanidades –replicó con desgana el psiquiatra- Estudió derecho, no por vocación, sino para ser admirado y envidiado, para tener poder sobre los demás. Sólo ha alimentado su vanidad. - Pero nadie me admira. Todos me temen. No le importo a nadie. Nadie me quiere. - ¿Pero quiere usted a alguien? – Claro. Nadie me ha acusado de tacaño. A mi mujer, si se porta bien, le compro de todo: un barco, joyas, encajes. A todo el que me escucha, me da la razón y hace todo lo que le digo, lo colmo de regalos.

     

     
  • Espera, que voy…

    Antonio Capel Riera · MURCIA 

    “No te preocupes, cariño”, dijo él encendiendo su cigarro habano, dando fuertes chupadas hasta conseguir que la lumbre quedase incandescente. “Ponte ese vestido de encaje, que tanto me gusta”, le ordenó con una sonrisa picarona, propia de los tahúres del Mississippi, a pesar de que éste truhan no había salido de su Guadalquivir natal. Pero en esta ocasión iba subido a bordo en un barco que se dirigía a América. La feria había terminado. Y lo mejor era poner los pies en polvorosa. Estaba acusado de un desfalco, poniendo a buen recaudo sus bienes con el mejor abogado de Sevilla. La mujer lo miraba con extrañeza: “Pero éste abogado es una calamidad, tardan años en salir las sentencias” dijo la mujer descontenta. “Por eso, cariño mío, es el mejor abogado: Nunca salen las sentencias”, dijo a carcajadas, echando humo por la boca y la nariz.

     
  • Destino por la borda.

    ¡µlvaro Fernández · Ciudad Autónoma de Buenos Aires) (Argentina) 

    El destino juega con las vidas de las personas. Las quita o las pone, las distancia o las arrima, o las cruza en el azar que les teje a bordo de un barco que, de noche, celebra. La feria judicial es un hecho y los integrantes del tribunal no sólo brindan por el arribo de sus ansiadas vacaciones sino que también lo hacen por la exitosa resolución de un caso resonante. Un pez gordo ha caído y eso se festeja. La jueza luce esplendida. Un negro vestido con encaje en el escote la entuba sensualmente. Bebe y sonríe. Es bella y alguien que enciende un cigarro la encuentra en una mirada. Se dejan llevar hacia la oscura proa y luego de besarse con lujuria, el acusado, el pez gordo, pero fuera del agua, tira a la jueza por la borda.

     
  • Enfrentar

    Estela Antin · Guadalajara 

    La vida no es tan fácil, mi amor. Uno no se fuma un cigarro y decide subirse a un barco para que todo encaje. Uno no se va de feria o de vacaciones o de fin de semana a la playa para disimular la realidad, cruel, sí, como dice el tango. Uno no abre la nevera y coge el frasco de la libertad y bebe un trago y lo cierra bien fuerte apretando el tapón y lo guarda y se lanza a la calle como en una película. La vida no es una película, mi amor. Y si te han acusado de algo tan grave como lo que me estás contando, tendrás que coger el toro por los cuernos, hincar el diente, ponerte la peineta, rasgarte la camisa, cantarte las cuarenta. Y buscarte un abogado, cuanto antes, claro. Y que sea de los buenos.

     
  • Posesión

    Marta Franco Alejos · Villamiel de Toledo Toledo 

    Mario apagó el cigarrillo y se despidió del que fue su despacho, durante diez años.Llegó a aquel pueblecito, rodeado de montañas, al anochecer. Comenzaría una nueva vida, ocupando la plaza de juez de paz. Dejó atrás el exceso de trabajo, los desengaños y la pérdida de ilusión. Su nueva casa parecía una feria de antig¡edades. En el salón había una maqueta de un barco y el inquietante retrato de una mujer, vestida de encaje negro. Pagó un precio irrisorio por la mansión. Según la inmobiliaria, el antiguo propietario mató a su mujer, pero desapareció antes de ser acusado del crimen. Mario no creía en esas tonterías, hasta que comenzó su obsesión por el retrato. Pasaba horas hipnotizado por la mujer. Pronto, Mario dejó de existir para convertirse en Amelia. Y ella comenzó su venganza.

     
  • Margot

    Miguel Seguin García · MADRID 

    Mi velero era de dos palos aparejado en ketch. Llegué en el segundo día de feria al puerto, enganché el barco y decidí otear el ambiente. Mi habano de vitola clásica me acompañaba. El barullo de las gentes, la música y la humareda, generaban una atmosfera de ensueño. Hasta que la vi. Casi dejo caer mi cigarro por el asombro. Era ella. Con su hermoso y acusado talle, engastado en un ceñido, corto y escotado vestido negro de encaje. Sonreí, lo había conseguido. Cumplió su lema: A maiori ad minus. Era libre. Quedaban atrás sus horas de insomnio. La lectura agotadora de demandas, los autos y recursos, el tedio de las sentencias. Había dejado la negra toga que ocultaba sus curvas, el lenguaje ampuloso y vetusto de las salas. Reía natural, sin la ceremonía falsa y tildada de las normas. Había dejado de ser su señoría. Ahora, simplemente, era Margot.

     
  • Paco

    Natalia Domenech García · Almansa (Albacete) 

    Me duele todo. Ya no lo puedo soportar mas. No puedo soportar tener miedo de volver de trabajar, temer que llegue a casa, que me tire un cigarro a la cara, que me rompa hasta el encaje del sujetador cada vez que llega ebrio. Ya no puedo ocultar estos moratones por mas tiempo. Aun así no se si debería, me siento mal por el. Ya sabes, el no es malo. Tendrías que haberlo visto cuando éramos jóvenes. Montábamos en barco, dábamos largos paseos por la feria... No es malo Pilar, tan solo se enfada conmigo. Yo tengo la culpa. No se si seguir adelante con esto. No se si denunciar. ¿Qué pasa si se entera de que lo he acusado?? ?No puedes seguir así Mercedes, piensa también en tus hijos. Mira, te voy a dar el número de un buen amigo mío, es abogado. Llámalo ahora mismo?

     

     
  • Pensamientos íntimos de un juez desesperado

    Ana Isabel Sánchez Díez · Terrassa, Barcelona 

    Me siento como si el acusado fuera yo. ¿Y todo por qué, por haberme fumado un maldito cigarro? Cinco años de carrera arrastrando el Romano hasta el final, diez con las oposiciones, ¿y cuando por fin soy juez no puedo ni fumar en mi despacho? Esto sí que es punible, y no lo que hacía yo cuando cantaba los temas. Así no puedo trabajar. Céntrate, hombre, céntrate. Haz lo que te ha dicho el loquero: piensa en algo relajante. La caricia de la brisa cuando viajas en barco. No, no funciona, quiero un cigarro. Un paseo a caballo por la feria. Tampoco, sigo necesitando fumar. El rumor de los bolillos de mi abuela cuando tejía encajes junto a la ventana. Nada. Tendré que recurrir a lo de siempre. Qué triste. «Título preliminar. De las garantías penales y de la aplicación de la ley penal. Artículo 1. 1. No será castigada…»

     

     
  • EL EMPUJONCITO

    Miguel Ángel Gayo Sánchez · Sevilla 

    Entré en el despacho del abogado con acusado optimismo, después de que un amigo de la feria de muestras me lo recomendase: “No hace encaje de bolillos, pero los testamentos los ata bien”. Le conté mi caso: “Ya me entiende, un cigarro tras otro, así durante años. Me quedan dos meses, máximo tres”. Le dije que ese era el motivo por el que mi esposa y yo decidimos contratar un seguro familiar que cubriese cualquier contingencia. “Queremos reflejarlo en el testamento y evitar problemas”. El abogado resultó ser un tipo listo y no se creyó la historia. “¿Cómo piensa asesinar a su mujer?”, me soltó impasible. Le dije que teníamos un barco: “Bastará un empujoncito”. El abogado se sonrió y apagó la grabadora que ocultaba. En ese momento entró la policía. “Creo que su mujer y su amigo se le adelantaron y le han dado a usted el empujoncito final”.

     

     
  • Bárbara justicia

    Marcos Dios Almeida · Vilaboa (Pontevedra) 

    Bárbara estaba tremenda, con sus esbeltas piernas abiertas cual humana torre Eiffel, el cigarro pendiendo de unos labios pintados de rojo carmín y aquella escueta vestimenta compuesta por un tanga de encaje de Camariñas que se esforzaba inútilmente en ocultar un cuerpo de infarto. Entonces se quitó las bragas y me preguntó con ojos de cordero degollado: -Tú crees en mi inocencia, ¿verdad, amor? Y yo, pese a que su maridito había caído de aquel lujoso barco de recreo llevándose consigo un mechón de la fueguina melena de su joven esposa, mientras la principal acusada aseguraba haberse paseado justo en el momento del delito del brazo de su amorosa amiga Jeanette por la feria de “antiquités”, como su fiel abogado la creí a pies juntillas. Y tragué saliva, porque entonces me hallaba en posición pasiva, amarrado con sogas de esparto a aquella maldita silla.