LA DULCE SOSPECHA

PAQUI SERNA CABEZAS · ALCOY (ALICANTE) 

Llegó a las siete de la mañana. Su coartada era perfecta. Los policías le esperaban en el salón de su casa mirando fijamente el cigarro recién apagado con restos de carmín rojo. Ella bajó de su habitación. Saludó a los policías dejando caer bruscamente su voluminosa mano envuelta en aquel original guante de encaje. Se dirigieron hacia el juzgado. Había bastante tráfico. Era la Feria de Abril. Bajaron del vehículo, no la esposaron, pero todos los allí presentes la miraron con descaro. El más veterano de los policías le leyó, como a todo acusado, sus derechos. Se tambaleó como si en un barco se encontrase y casi a punto de caer se encorvó y se quito sus altos zapatos blancos de plataforma. Se quito sus guantes. Se quito el carmín y , ya con la peluca en la mano le dijo al Juez de instrucción: Paco señoría, me llamo Paco.

 

 

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