Pequeñeses

Gustavo Antonio Rodiño · MADRID 

Tengo un abogadito chiquito criándose en una maceta de mi balcón. Lo entreno usando un potus como acusado y un frasco de mermelada de higo relleno de nueces como fiscal. El juez es una marmota disecada (sin ánimo de ofender, su señoría).¡Si lo vieran en acción al tipito!. Como premio diario o paga le doy un cigarrito cubano y una torreja, a veces buñuelos de acelga o croquetas de pescado. Los meses de feria lo llevo a pasear en el barco que tengo anclado en la bañera y que, en época judicial, se usa como porta jabón. Hace un tiempo me ha pedido una novia, fui a buscarle una al parque y conseguí una morocha pechugona que, por su encaje negro de luto, debe ser la viudita del doctorcito chiquito de la vecina de arriba. Pero ya no es lo mismo. Ahora al potus me lo riega, no lo acusa.

 

 

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