Espera, que voy…

Antonio Capel Riera · MURCIA 

“No te preocupes, cariño”, dijo él encendiendo su cigarro habano, dando fuertes chupadas hasta conseguir que la lumbre quedase incandescente. “Ponte ese vestido de encaje, que tanto me gusta”, le ordenó con una sonrisa picarona, propia de los tahúres del Mississippi, a pesar de que éste truhan no había salido de su Guadalquivir natal. Pero en esta ocasión iba subido a bordo en un barco que se dirigía a América. La feria había terminado. Y lo mejor era poner los pies en polvorosa. Estaba acusado de un desfalco, poniendo a buen recaudo sus bienes con el mejor abogado de Sevilla. La mujer lo miraba con extrañeza: “Pero éste abogado es una calamidad, tardan años en salir las sentencias” dijo la mujer descontenta. “Por eso, cariño mío, es el mejor abogado: Nunca salen las sentencias”, dijo a carcajadas, echando humo por la boca y la nariz.

 

 

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