Magia

Marta Currás Martínez · VIGO 

El mago paseaba nervioso tras el telón. Preparar su último número le había hecho sudar juramentos pero ya estaba listo. Había recaído en la feria hacía treinta años, sin familia ni pasado, decían que huyendo de la justicia tras ser acusado de varios delitos inciertos. El viejo comisario Rosales compró una entrada de primera fila para la función. “Se te acabaron los trucos”, pensó al verle sacar del sombrero un frágil barco de papel para hacerlo navegar en un tanque de agua oscura. Entonces, acompañado de un redoble de tambor, el mago enganchó un cigarro a sus labios y saltó sobre el barquito diluyéndose con él. Rosales corrió al escenario justo para ver cómo la colilla desaparecía entre el encaje de espuma que tejían las olas. Un grito le nació desde el alma: aquel maldito se le escurría desde hacía treinta años y aquella noche lo había vuelto a hacer.

 

 

 

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