LA INDIFERENCIA

JOSE VICENTE PɐREZ BRIS · BILBAO 

Tras veinte años de matrimonio, Alejandro esperaba algo más de confianza conyugal. Clara siempre fue una mujer reservada. Ocupada en la casa y los hijos. Tratando de mantener el barco a flote. Su única distracción consistía en confeccionar tapetes de todo tipo: ganchillo, encaje y punto de cruz. La noche fatídica, él volvía tarde del bufete, como casi siempre, desde el principio. La encontró encerrada en el garaje, sentada al volante del audi familiar, inhalando monóxido. Su vida se fue apagando lentamente, como se queman las hojas escamosas de un cigarro puro. Seis días después, su marido aún seguía a oscuras. Le acuciaban las miradas inquisitivas de los vecinos. Parecían escribir en su frente la palabra acusado. Dicen que cada uno cuenta la feria según le ha ido. Él encontró la respuesta semanas después, mientras empaquetaba sus tapetes para la iglesia. Uno de ellos tenía bordado: ¿podrás perdonarme algún día?

 

 

 

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