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Margarita Bos Palacios · Barcelona 

El sol lucía esplendido por lo que confiaba en una venta de cuadros en la feria que aliviase la crisis que los artistas estábamos pasando . Estaba instalada la “ parada” y la obra dispuesta para vender. Los curiosos se arremolinaban cuando ví que un hombre con un cigarro, se abalanzó sobre uno de los cuadros, el más valioso, que representaba a una mujer vestida de encaje sobre la cubierta de un barco, y entre la multitud huyó a la carrera. Corrí tras él. Si lo atrapaba, al menos conseguiría que fuese acusado de un delito de robo, pero todos mis esfuerzos resultaron inútiles. Me hundí al pensar que mi soleado día se había nublado sin remedio. Por eso al verlo volver arrepentido y con el importe en la mano no sólo le perdoné sino que pensé que muchos locos como él necesitábamos los pintores.

 

 

 

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