Un barco sin rumbo

Roberto Penas Mariño · VIGO 

Aquella mañana el juzgado era una feria bulliciosa. Los abogados hacíamos cola, abrazando pleitos añejos, esperando la llamada del agente judicial. De pronto, su voz de pito gritó sin rumbo el nombre de mi cliente…¡Ceferino Pintas! ¡Robo con violencia! –y añadió con timbre de tómbola… ¡Me los quitan de las manos, oigan! ¡Siguieeeeente! Con un gesto indiqué “al Pintas” que nos tocaba, tal vez hubiera suerte. Tras el relato de hechos, -lamentablemente ciertos-, el magistrado miró indiferente a mi cliente y espetó la pregunta mágica… ¿Cómo se declara el acusado? ¡Inocente, Señoría! –contestamos a coro- ¿Inocente? Hoy todos son inocentes -dijo sonriendo burlón a un Fiscal distraído con el encaje de sus puñetas- Pues yo le creo, ¡Qué carajo! ¡Absuelto! Anote Secretario, anote, y ¡cuelgue ese teléfono! Era del Ministerio, Señoría. Ordenan que deponga su actitud. ¡Queeeeee! ¡Este barco lo gobierno yo! ¡Faltaría más! ¿Un cigarro, abogado? Son cubanos.

 

 

 

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