Mala cosecha

Cristina Niubó Morales · Hospitalet de Llobregat (Barcelona) 

Tres muchachos corretean por la feria. El hambre aprieta, roban pan y huyen empujando a campesinos y artesanos. Escondidos tras un carro se lían con colillas una suerte de cigarro. La mala fortuna hace prender la paja seca, y aquel carro con encajes y paños importados comienza a arder. Su dueño, colérico, apresa a uno de los chiquillos y con su látigo le cruza la cara, haciéndole perder un ojo. El revuelo es considerable. De aquel galimatías surge el aguacil: sopesa los hechos y deja en libertad al acusado, alegando que ya ha pagado su condena. Un mes después, el aguacil viaja en barco hacia Venecia. En las bodegas ha escondido las joyas robadas al conde durante la feria. El incendio provocado fue su coartada perfecta. Pasea por cubierta con su protegido, un chaval tuerto. Ambos bromean sobre la justicia, y concluyen que como él, es medio ciega.

 

 

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