Desafiando al poder judicial

Susana Solís Benito · VALENCIA 

Nada más verle entrar en la sala, un sudor frío le recorrió todo el cuerpo. Se estremeció. El acusado empezó a declarar mientras la miraba con ojos de hielo y se le insinuaba directamente sin importarle los presentes. La había reconocido de inmediato. La juez, nerviosa, con sus movimientos dejaba entrever su sugerente blusa de encaje debajo de la toga de puñetas. En la otra mano, bajo la mesa, el cigarro preparado para cuando terminara la vista. Tráfico ilegal de drogas. Habían aprehendido un barco con un alijo de cocaína. El acusado resultó ser el comerciante de caseta de feria dónde ella había ido a comprarla por sugerencia de un buen amigo. La compra acabó en algo más entre los dos, menuda fiesta. Y ahora, ahí estaba él, desafiando al poder judicial con la mirada…

 

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