DE CRUCERO

ROSA MOLINA LÓPEZ · TRES CANTOS (MADRID) 

Me cegué, lo reconozco, pero no pude controlarme. Eran ellos o yo. Diez años ejerciendo de abogado en bufetes de pacotilla, ahorrando para irme de crucero, sin salir de noche, fines de semana, ni siquiera al cine y ¿con quién me toca ir en el barco? ¡Con una convención de abogados! Sábado: fiesta de disfraces de jueces del siglo XVII, con pelucas y encajes; domingo: Feria de abril con birretes en lugar de peinetas; lunes: simulacro de juicio por hundimiento del Titanic, encerrando de por vida al acusado iceberg en un descomunal gintonic…. ¿Es que nadie quería, simplemente, ligar? ¿Nadie conocía chistes normales?… Hasta que ya no pude más. Fui a la sala de máquinas, encendí un cigarro, prendí la mecha, salí a cubierta y preparé el bote. ¡Hasta el humo de la explosión me olió a pliego de descargo…..!

 

 

 

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