Jaque mate

OLGA FAJARDO · Godella. Valencia 

Entró en mi despacho, con el repicar del taconeo de aguja, adornada con un tocado de encaje de hilo negro y sorbiendo, ansiosamente, un cigarro eléctrico. Su mirada oblicua destilaba candidez y lujuria. Tras repasar elegantemente mi historial de éxitos, me expuso su caso. Me habló de su reciente viudedad, de cómo había sido acusada de haber empujado a su multimillonario marido, por la borda de un barco, de su desesperación. Lloró lo justo, ni una lágrima de más, ni una menos. Hubo un silencio, le ofrecí mi pañuelo de algodón blanco perfectamente planchado. Ambos éramos plenamente conscientes, del embolado de feria en el que nos estábamos embarcando. Embriagado por la exquisitez de su puesta en escena, decidí seguir la partida y jugué a farol. Contraté al mejor abogado para su defensa y me las ingenié para presentarme como abogado de la acusación. Perdí el caso, ganamos el juicio

 

 

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