IV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Un abogado lo es siempre

Rosa Molina López · Tres Cantos (Madrid) 

“Ni una lágrima, reeeespira, traaaaanquilo”, me repito, mirando fijamente al jefe mientras me llama pato por romper un vaso e inicia su sempiterna conferencia sobre el escaso amor al trabajo de hoy día. ¡Si no rayara el desahucio iba yo a trabajar de camarero, doce horas diarias, por una miseria! Pero ignora que, debajo de mi delantal, hay un abogado y mientras fregoteo y coloco mesas, espero, impaciente, la inspección de Trabajo. Me estoy convirtiendo en el superman de los trabajadores-precarios: 5 empleos sin contrato, 5 denuncias. Conozco la ley al dedillo y, en la cola del paro aprendí que, para sobrevivir, el respeto a ti mismo debe ser el núcleo de tu doctrina. Si vuelvo a ejercer, y esta vez encuentro clientes que paguen, seré Laboralista. Entra alguien, ahí llegan, bajo la cabeza, sigo barriendo, disimulo, mi jefe suda, le pide mi contrato, ¿contrato, alta?.....Seis.

 

Relatos seleccionados

  • Visita al bufete

    Miguel ¡µngel Pérez Aboitiz 

    El ángel novato bajó de los cielos para visitar el bufete de abogados de la calle del Pato. Batiendo sus alas silenciosamente, observó desde arriba cómo Carmona trabajaba en un desahucio, Gómez luchaba con la grapadora y Flores hablaba acaloradamente por teléfono. Era una jornada normal. En la conferencia celestial del Noveno Coro le dieron las instrucciones oportunas. Se materializaría haciéndose pasar por humano, sin olvidar que allí abajo la Doctrina del Supremo que regía era otra y que los hombres se movían por intereses mezquinos y egoístas. El ángel salió por la ventana y apareció de nuevo llamando a la puerta con trajeada apariencia humana. Abrió Inmaculada, la secretaria. Con los pies temblándole en el suelo comprobó arrobado que esta era de una belleza inconmensurable. Sintiéndose muy humano, no pudo reprimir una lágrima de dolor mientras, disimuladamante, se sacaba la flecha que su colega Cupido le acababa de lanzar.

     
  • Derechos y libertades

    Rubén Gozalo Ledesma · Salamanca 

    Mi mano derecha se ha vuelto loca. No quiere saber nada de mí. A veces, hasta llora y las lágrimas cubren sus dedos. Hoy, en el tribunal, se ha negado a firmar una orden de desahucio. Pasado mañana tengo una conferencia en la Universidad de Salamanca y no quiere escribir mi discurso sobre la doctrina jurídica en el Siglo XVII. Cuando coge el lápiz solo dibuja ranas o algún pato. A veces, encadena palabras que escribe en los márgenes de los folios. Exige igualdad, respeto, no tener que hurgar en mi bragueta cuando acudo al baño y poder manosear más tiempo el trasero de mi novia. No me gusta que piense por mí, que tome sus propias decisiones. Esta tarde, al despertarme de la siesta, la he sorprendido con mis apuntes de derecho. Me he callado y no he dicho nada, pero creo que está pensando en llevarme a juicio.

     
  • Lágrimas de cocodrilo

    ¡µlvaro Corcuera Ruiz · Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) 

    La conferencia versaba sobre la doctrina legal vigente en referencia a desahucios por impago de hipotecas. Don Eladio, Presidente del banco más importante del país, sentado a mi derecha, me dio unas palmaditas en la espalda al terminar mi intervención. Después de exponer mi investigación jurídica al respecto, barriendo siempre para casa (para su casa, para ser exactos) y dejando claro que la banca no debía pagar el pato, comenté los últimos casos en los que había participado personalmente y, siguiendo el plan del Presidente, derramé unas tímidas lágrimas para zanjar mi exposición con un toque realista y emotivo. Don Eladio se levantó y se dirigió al atril con su habitual ritmo y elegancia, acompañado del aplauso de los asistentes. -He aquí -dijo señalándome- un abogado ejemplar. Mis lágrimas iban a hacerse reales. -Un ejemplo de esta sociedad actual: egoísta, ambicioso y, lo peor de todo, llorica. Se hicieron reales.

     
  • Patología de un juicio sumario

    Rodrigo Díaz García 

    '- ¿¡Qué sabrás tú!? – Grité. Aquella parsimonia en sus trémulos ojos negros me sacaba de quicio – Llevo meses preparándome este juicio. Pareció darle igual. Todo le daba siempre igual. Aquel pato era realmente estúpido… Por eso hacíamos t

     
  • Pesadilla

    Ana María Martín González · Las Palmas de Gran Canaria 

    Quedaban dos días para presentarme a la oposición de juez, los nervios se apoderaban de mí. Estaba tan cansado que caí rendido. Me encontré en un jardín, los árboles eran magistrados, altos, enjutos. Los pájaros eran letras que volaban sin ton ni son: Derecho laboral, pederastia, doctrina judicial, divorcio, derecho constitucional, procedimiento sumario, crimen pasional, procedimiento civil, desahucio, alegato… Un pelícano llevaba en su boca abierta gran cantidad de folios, una manada de patos graznaba y lo seguían hasta llegar al alcornoque donde un águila hacía de juez. Veía aquel desfile con una angustia tremenda, el águila no apartaba su torva mirada de mí. Me encontraba en el examen oral y aquella mirada taladraba mi cerebro, las lágrimas comenzaron a nublar mi vista. Se oyó un fuerte pitido y un loro que gritaba: -¡Conferencia, conferencia! Me desperté sobresaltado, la música de mi móvil me taladraba los oídos.

     

     
  • DESPERTANDO A LA VIDA

    Antonio Díez Núñez · Valladolid 

    Con ocho años vi por última vez a mi padre. Estudió Derecho porque creía en la Justicia y en las personas.Defendió altruistamente a una familia en un desahucio, frente a un afín a la doctrina del régimen que se avecinaba. En un clima de tensión, tras pronunciar una conferencia, nos pidió que marcháramos al pueblo.“Volveré y cocinaremos tu plato favorito: pato a la naranja”, me dijo. Un día, en aquella villa, algunos gritaban: “¡Ha caído Madrid!”. Poco después, el cartero nos entregó una carta de un amigo ferroviario de papá. Mi madre me dijo que papá llegaría aquella tarde. La estación estaba engalanada con banderas desconocidas y una banda amenizaba la llegada de los héroes de la cruzada. Nosotras fuimos lejos de la terminal. El tren apenas se detuvo depositando una caja de madera... Y una amarga lágrima resbaló por mi rostro, penetrando por una grieta del féretro.

     

     
  • El inquilino impasible

    Tomás Aríñez Asín · Zaragoza 

    Pese a los casi cuatro años que llevaba como su abogado, los nervios hacían que anduviera como un pato por el larguísimo pasillo que conducía a su despacho. Las ideas martilleaban mi cabeza y aunque ambos sabíamos que llegaría este día, no por ello la situación era más fácilmente asimilable. Ya no cabían más moratorias ni doctrina aplicable y además había perdido la confianza depositada en él. No sería un desahucio propiamente dicho, no habría ni una lágrima, pero la vivienda ya no era suya…quién sabe, más adelante quizás podría intentar recuperarla. Llegó el momento, golpeé suavemente la elegante y sobria puerta -¿Puedo pasar? –Sí, acabo de llegar de la Conferencia. -Señor Presidente, ya es oficial, tiene que abandonar la Moncloa.

     

     
  • ¡ntomos

    Fernando Martínez Martínez 

    Descolgué el teléfono con incertidumbre, a sabiendas que era una conferencia internacional. Cuando Lisandra vino al bufete a explicarme su caso, quise llamar a seguridad. Se presento cómo fundadora de la Asociación Mundial Defensora de los Insectos y quería demandar a la industria fabricante de insecticidas. La creí enajenada, pero ahora sé que su doctrina es inapelable. Escuché la voz del auricular con esperanza, sentado en el suelo de la cabina telefónica. El fallo había sido positivo, habíamos ganado. Había merecido la pena el tiempo invertido. El desahucio del bufete y mi divorcio carecían de importancia en esos momentos. Al salir, observé el pato podrido de gusanos y moscas al fondo del callejón. Sonreí. Saqué la botella de vino de lágrima que guardaba en el abrigo y le dije a Lisandra que entrara conmigo. Ella me besó apasionadamente. Al menos hasta otoño, nuestro nuevo hogar de cartón seguiría siendo acogedor.

     
  • DERECHO DE LOS ANIMALES

    MIGUEL MERCADO VIDAL · BARCELONA 

    Hasta ese momento, Jorge, que escuchaba con atención la conferencia que se impartía en el Salón de Actos del Colegio de Abogados, se había olvidado de sus asuntos del despacho. Sin embargo, cuando el ponente expuso la doctrina aplicable al tema, que no era otro que la legitimidad del desahucio instado por la Entidades Financieras por impago de hipotecas, no pudo contener una lágrima . Recordó con tristeza a su clienta Doña Julia y su angustia por perder su casa, sobre todo la que le producía no saber qué sería del pato que con tanto cariño cuidaba en ella. Jorge desde ese momento se concentró en la disertación para encontrar motivos legales que impidiesen tamaña felonía. El animal no podía perder su casa.

     
  • La ignorante becaria

    Isabel Pérez Moñino-Aranda · Madrid 

    "...Gracias por tu tiempo, por tu dedicación. Gracias por tus tardes de enseñanzas jurídicas y explicaciones de Doctrina y Jurisprudencia. Gracias, por invitarme a tus conferencias en importantes instituciones. Gracias por tu paciencia conmigo. Gracias por invitarme a comer pato confitado, a un precio de vértigo, con esos boyantes clientes. Pero me voy. No aguanto más..." Terminé la demanda de desahucio que vencía mañana, dejé la carta, de lo que se podría denominar mi "baja voluntaria",sobre la mesa de su despacho y cerré la puerta del bufete para siempre, sin poder evitar que una lágrima discurriera impaciente por mi rostro, lamentando no haberle dado las gracias por todos esos meses sin contrato y sin salario.

     
  • Bailando con la más fea

    Manuel Sánchez de Diego · Madrid 

    Yo siempre tengo que pagar el pato. De todos los miembros del bufete, a mí siempre me caen los asuntos menos apetecibles: un desahucio tras otro, aquella conferencia que nadie quiere dar en un Colegio Mayor, el inmigrante sin papeles… El recién llegado, el sobrino del socio principal, se encarga de los nuevos convenios urbanísticos, de codearse en mesas redondas con dirigentes políticos y sociales, magistrados y demás gente de relumbrón y; con pocos asuntos penales, si acaso alguno de portada de los periódicos. No voy a derramar ni una sola lágrima por ello, ni voy a impartir doctrina sobre los que tenemos orígenes humildes. Solo voy a demostrar quién soy: alguien a quien ni la envidia ni las injusticias han mellado. Alguien que sabe que no hay caso menor, que incluso tras un hurto hay una gran historia.

     

     
  • INGENIO MORTAL

    Pablo Herrero Ponce · Tenerife 

    Conocía mi conferencia sobre “doctrina aplicable a los derechos audiovisuales”. _Quiero distribuir unas imágenes que darán la vuelta al mundo_ dijo. Me ofrecía la mitad del rendimiento únicamente por redactar el contrato y seguir sus instrucciones. Los trabajadores prescindibles pagaban el pato de la crisis, su hijo debía operarse y la ejecución hipotecaria auguraba un rápido desahucio. Llegado el día acudí al lugar acordado con dos cámaras amigos míos. Les dijo dónde enfocar y, con lágrimas en los ojos, me entregó una especie de diario. _Esperen un minuto_ dijo antes de desaparecer. No entendí nada hasta que le vi saltando en llamas desde un vigésimo piso. Tuvo razón, conseguí millones para su familia, telediarios, debates, programas televisivos… La siniestra historia de denuncia y sacrificio se vendió en más de cincuenta países acompañada de las imágenes en HD… En Hollywood ya están rodando la película.

     

     
  • Doctrina Zen

    Carmen Langa Cardona 

    A pesar del luminoso que se exhibía en la fachada de su establecimiento: “Especialidad de la casa: Pato a la naranja”, y de su imperturbable sonrisa, Yoshiko Tamuda se enfrentaba a graves problemas económicos y a un inminente desahucio. Las lágrimas anegaban sus pupilas, recordando a su abuelo, un renombrado filósofo que impartía conferencias en Tokio basadas en la milenaria doctrina Zen. Siempre le aconsejó que se dedicara, como su hermana, a ser una geisha, una maiko, pero ella detestaba esa estricta educación y prefería los negocios. Ahora lo lamentaba. Sus abogado le aconsejaban cerrar, incluso volver a su país, pero Yoshiko se resistía. Su sumiso esposo, callaba. Las cosas empezaron a mejorar el día en que cambió el luminoso por otro que rezaba: “Paellas al fuego de leña”, inspirada en la filosofía de ser una con el entorno y fundirse con la naturaleza de las cosas.

     

     
  • Abogada de oficio

    Javier Serra Vallespir 

    Una cantina. “Aquel tipo no paraba de llorar”, rezongó la abogada sesentona. “Desahucio y denuncias por impago acumuladas. No obstante, conseguí que evitara la cárcel”. Hizo una pausa. Tomó un trago. Carraspeó. “Me seguía por los pasillos del juzgado como si fuera mamá pato. Adscribirse al turno de oficio tiene estas cosas. Pero es un compromiso moral plenamente asumido, me recordé, más firme que las doctrinas de los juristas”. Sonrió amargamente. Cabeceó. Extraña resignación en ella. Prosiguió: “Debemos despedirnos, le dije al salir. Pero continuaba llorando desconsolado. Escucha, valen más tus lágrimas de agradecimiento que los ridículos 200 euros que cobraré por mi trabajo. Vete tranquilo, concluí satisfecha. Me fulminó con su mirada. ¿Agradecimiento?, preguntó incrédulo. ¡No tengo dónde ir! ¡Lloro porque prefería la cárcel, Doña ri-dí-cu-los 200 euros! Y desapareció”. La abogada apuró su tercer Chivas. “Creo que me dedicaré a dar conferencias en congresos”, sentenció. El camarero asintió.

     

     
  • Un día duro

    Gloria Cutillas Prieto · Jaén 

    El chaval estaba frente a él, en aquel frío calabozo del Juzgado de Menores. Mario, abogado curtido, conocido ponente de conferencias sobre doctrina jurídica, era difícilmente impresionable. Llegaba de un juicio de desahucio: otra pobre familia en paro se quedaba en la calle, pagando el pato de la puñetera crisis. El chico le pareció muy pequeño, encogido sobre sí mismo. Lo tenía fatal: le había rebanado el cuello al padre con un cuchillo de cocina. Sólo intentaba proteger a su madre de los golpes. El los aguantaba mejor: la eterna goma del butano lacerando su carne de niño?.las lágrimas del chaval humedecieron sus propios y viejos recuerdos. Su emocionado alegato sobre los malos tratos, la angustia y el horror que había vivido aquel niño, no sirvió para nada. Delito de homicidio. Pasaría años encerrado. Cuando se lo llevaron, esposado, supo que sería muy difícil olvidar ese día.

     
  • Cuento de Navidad

    Alberto Mittelbrunn Espinosa 

    ¡rase una vez un abogado de prestigio, paradigma del éxito profesional. Su vida discurría recta y ordenada como los patios escurialenses. Implacable en el estrado. Dúctil y fiable en el compromiso. De alegación en alegación, de conferencia en conferencia, impartía doctrina en foros y ateneos. Pero lo que realmente ansiaba el letrado era que llegase la noche. Diríase que aquellas intensas jornadas eran solo una excusa para localizar exteriores con que filmar luego sus sueños. Porque, en la cama, abrazado a la almohada, su mente daba vueltas y vueltas como un derviche en pos de la armonía universal. Soñaba un lugar en el que los saberes fragmentarios se reunificaban en el conocimiento total y resplandeciente. Un país mágico habitado por gentes hospitalarias donde no existía el desahucio. Un lugar prodigioso donde el modesto pato se trasfiguraba en cisne, el mar cabía en una lágrima y las palabras eran música.

     
  • EL CONFERENCIANTE

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Hace varias semanas me inscribí para asistir a una conferencia sobre la doctrina de nuestro Tribunal Supremo en los procedimientos de desahucio. El acto estaba programado para ayer a las ocho de la tarde, en un teatro con capacidad para doscientas personas. Según mi costumbre, llegué con diez minutos de antelación y me senté en la última fila. Tratándose de un tema de rabiosa actualidad y siendo el ponente un ilustre catedrático emérito de Derecho civil, me extrañó comprobar que no había nadie más, incluso aunque fuera día de fútbol televisado. El hombre apareció en el escenario con puntualidad británica y, moviéndose como un pato mareado, miró atónito hacia la platea. Luego se dirigió cabizbajo hacia el atril y sacó del bolsillo unos papeles. Al ver que una lágrima resbalaba por su mejilla, decidí abandonar de inmediato la sala y dejar al viejo digerir su pena en soledad.

     
  • Un noble cordero

    Cristina Niubó Morales · Lí¯Hospitalet de Llobregat (Barcelona) 

    El juez Cordero trincha un suculento asado en Nochebuena. Anfitrión de su cena familiar, comienza a relatar el origen de su ilustrísimo apellido. Detalla las virtudes del bondadoso animal que, diezmado durante siglos por lobos sanguinarios, ha logrado sobrevivir gracias a una inteligencia superior. Honrándolo, hoy degustarán cordero lechal aderezado con trufas… Su cuñado, el juez Lobo, va mudando el rostro del blanco al escarlata. Su esposa, atacada de migraña, parte en busca de analgésicos. Su nieta se retira alegando una consulta sobre un desahucio por impago. Su hijo se levanta para elaborar su próxima conferencia. Su nuera improvisa una exposición sobre la doctrina constitucional. La cocinera, a escondidas, ríe a carcajadas hasta caérsele las lágrimas: el año pasado, cordero y bogavantes volaron por los aires mientras los jueces se acusaban de calumnia, premeditación y alevosía. Para la próxima Nochevieja cocinará pato con peras, pero sin denominación de origen.

     
  • Justicia cocinera

    Ramón Vigil Fernández · Madrid 

    Los agentes que vinieron a practicar el desahucio entraron en casa sin ningún tipo de problema. Me había prometido que no derramaría ni una lágrima y así fue. Aquel abogaducho había estafado a toda la comunidad, hablándonos de doctrina, jurisprudencia, del Tribunal Europeo... hasta que, como ovejitas, le seguimos sin comprender ni una palabra de lo que decía. “¿Cuánto les cobró?”, preguntó uno de ellos. “Seis mil euros por vecino, y somos cien”. “Aún no le han encontrado”, dijo el otro, “estará en Cuba dándose la buena vida con vuestro dinero”. “Seguramente... pero por favor, permítanme invitarles a un plato de pato sobre una salsa de pera conferencia antes de irnos”. Acababan su turno y se quedaron. Dos horas después, según me ayudaban a bajar mis pertenencias aún seguían ensalzando mi estupendo guiso. Nunca les llegué a confesar que el abogado estaba más cerca de lo que se imaginaban.

     

     
  • VESTIGIOS DE UNA ESTRELLA NONATA

    Germán Repetto Ferreyoli · Guadalajara 

    El senador observó fija y quietamente a Rómulo y exclamó: -¡Salve, Rómulo! Tu conferencia nos ha convencido de que los dioses guían tu doctrina por el camino de la realidad; pero… ¿eres consciente de que nos llevas a condenar a estos sujetos a la pena de muerte sin remisión? Has sido tan certero que no puede haber lágrima alguna por su sacrificio, aun siendo inocentes; les has dejado en un desahucio total, sin posibilidad de defensa. ¿Eres consciente de ello? Rómulo se incorporó y dijo: -¡Salve, Remo! ... ¡Por la loba que nos amamantó! ... ¡Por la Roma que fundamos! … ¿Dais tanta importancia a la vida de unos patos que, bien asados, vamos a poner en nuestras mesas?… -¡Dejad las coñas, bajad de vuestros pétreos pedestales y acompañemos sus exquisitos entresijos con un sabroso vino de Módena,… que ya es Navidad y aún no se han enterado en Occidente!

     

     
  • Cierto que es una falta

    María Teresa Remesal Cabeza · Villanueva del Río y Minas (Sevilla) 

    '-Me llamo Evaristo Fernández; y sí, soy un ladrón de lágrimas. Usted me entenderá Señoría. No es que esté del todo bien, pero acaso, sí mejor que mi anterior oficio: ladrón de palabras. Se me acusa de robo, pero el desahucio de mi casa me obliga

     
  • Te llamo para decirte que…

    Mercedes Míguez Díaz-Montenegro · Villajoyosa (Alicante) 

    Esa era tu doctrina, la violencia. Yo intentaba ver tu parte buena, hacerte cambiar. Ya no como abogado, éramos amigos. Te saqué de tantos apuros. Todavía me siento un miserable de cuando te libré de ir a la cárcel por un simple tecnicismo administrativo, aun veo la cara de aquel pobre tullido al que atropellaste conduciendo borracho, una lágrima de indignación corría por su mejilla. Rompiste un brazo a tu hijo porque pisaste a su pato y te golpeaste la cabeza. El niño lloraba por su brazo y por su pato mientras yo te sujetaba para que dejaras de pegarle. Yo siempre estuve allí, por eso sé mejor que nadie que no vales ni lo que voy a tener que pagar por esta conferencia. Ahora están a salvo de ti, y tú estas sólo. Por cierto, eso que firmaste esta mañana era la orden de desahucio, llegarán mañana a echarte.

     
  • Nada personal

    Javier De Pedro Peinado · La Alberca (Murcia) 

    Mi último trabajo consistió en evitar el desahucio de una familia de patos instalada en un jardín privado. Los ánades resultaron ser unos clientes exigentes. Me impusieron una arriesgada estrategia, que pude seguir gracias a que mis reiterados fracasos profesionales me habían privado totalmente de sentido del ridículo. Fue un triunfo extraordinario y a partir de entonces me dediqué a relatarlo en conferencias, donde senté las bases de lo que hoy se conoce por la doctrina como Teoría de la libre ocupación de espacios por animales no desnaturalizados. Durante algún tiempo disfruté del respeto y la amistad de la especie. Quizá eso me impidió ver que estaban cambiando. Hace unos meses invadieron el jardín y poco después me echaron de mi propia casa. Ahora, cuando nos cruzamos en la calle, algunos detienen su anadeo, levantan su pico aplanado y me miran desafiantes, celebrando mis lágrimas con sus horrendas risas nasales.

     
  • Boda fallida

    Miren Josune Parola Sáez · Bilbao 

    Acudí a la boda acompañando a una amiga sin pareja. Enseguida noté la diferencia de clases entre los asistentes. Cuando el novio entró en el templo, tocado con el birrete de abogado, un murmullo de risas y chanzas salió de los bancos ocupados por invitados de la novia. La familia del contrayente, de rancio abolengo, tragó su orgullo pensando en la etiqueta exigida. La temperatura fue subiendo durante el banquete. Unos, serios y circunspectos, los del novio. Otros, jaraneros y bulliciosos, los de la novia. Estaba simpatizando con estos últimos, a la vez que pensando en cuan difícil es casar distintas clases sociales, cuando uno de los comensales soltó una palabrota señalando hacia la puerta del salón. Dos tipos fornidos, vistiendo trajes baratos, esgrimieron una orden judicial y procedieron al arresto del padrino. Algunos seguimos con la juerga, los más se marcharon avergonzados. En la noche flotaba la palabra desfalco.

     
  • Furtivo

    Ramón Cleries Mingot · Tórrega (Lleida) 

    Al ser el pato una especie protegida, sin que el cazador lo supiera, por un descuido en el gatillo hizo la presa saltar, con tal mala fortuna, que los vigilantes que protegen la fauna pasaban por allí. Detención, comisaria, huellas dactilares, ficha policial… y aviso al abogado de confianza para tomarle declaración, no sin antes más de una lágrima derramar por toda aquella confusión. Al llevarle en presencia judicial, como si de un desahucio se tratara, con la doctrina bien explicada por parte de su abogado, expuso sus razonamientos, y en libertad quedó hasta el día de juicio. Pena privativa de libertad y fuerte multa le fue impuesta, y como si de una conferencia, un sueño, o una novela se tratara… la verdad es que desde aquél suceso, la escopeta colgó y nunca más pato comió.

     

     
  • Final con patos

    Susana María Teresa Tale · Buenos Aires 

    Diciembre. Última conferencia del año. ¡Qué fatiga! Necesitaba cerrar unas cuestiones académicas y descansar la lengua de tanta doctrina. Despegó el avión. Miré por la ventanilla: “La naturaleza jurídica de las nubes”, recordé. Un profesor de derecho sería un pésimo poeta. Deformación profesional. Puestos a literatos mis colegas me resultan pretenciosos y torpes. Yo ni lo intento, conservo el pudor. Trepaba mi avión con su nariz inclinada. Una bandada de aves se acopló al despegue. Mágico. Pegado a mi ventanilla volaba ese pato, tornasolado en verde y temerario. Me miró. Juro que me miró. Y en su ojo lateral percibí el brillo de la locura. Cuando se zambulló en la turbina, seguido por sus camaradas, me impregnó el desahucio. Busqué la lapicera, tensé las rodillas y escupí una lágrima. Tiempo de nada. Pero este final quise escribirlo.

     

     
  • Un futuro prometedor

    Ernesto Fernández · Sevilla 

    '-Así que, después del fracaso en la conferencia, su esposa le abandonó. -Exacto. Primero perdí el prestigio profesional, luego a Ana, y después el dinero, el coche, la casa... Ese mismo día me comunicaron el desahucio. Ana sólo me dejó aquellos do

     
  • CUATRO

    José Antonio Fernández Sánchez 

    Y yo que le insisto al juez que una sola lágrima ya es suficiente para parar un desahucio. Le empiezo a contar milongas de doctrinas aceptadas en otros juicios que apoyarían mi versión. Y yo que sigo diciéndole que incluso hay conferencias dichas por eminentes letrados que corroboran lo expuesto. Él, con voz de pato y bien alto, para que se oiga perfectamente en toda la sala, dice: Cuá, cuá, cuatro lágrimas, siempre han hecho falta un mínimo de cuá, cuá, cuatro. Y cierra la sesión dando un martillazo a un despistado dedo suyo que le obliga a aguantar la inminente caída de un buen ramillete de gotas.

     

     
  • Heridas del trabajo

    Miriam García Herraiz · Ciudad Real 

    Las inconfundibles sombras con las que soñaba cada noche le perseguían ahora, cargadas a sus espaldas lo iban atrapando sin que pudiera escapar, ahogándolo en sus propios pensamientos, a veces vacíos, tan frágiles que se rompían en pedazos. Pasos perdidos, cansados, gastados por el tiempo, se detienen en un parque lleno de sol y alegría, descubriendo los patos que nadan en una libertad limitada, y la mirada se interrumpe por una lágrima que huye de un cuerpo castigado por los años. Sólo la toga colgada del brazo le delata como un reflejo de la culpa que va sintiendo por dentro y contra la que no puede vengarse. Es la hora de recordar esa primera conferencia a la que acudió todavía siendo un estudiante y que le abrió los ojos que ahora quieren cerrarse. Vuelve la imagen de esa infortunada familia llorando en la cocina en un desahucio inútil.

     
  • Bienaventurados

    Ceferino Gómez Delgado · El Puerto de Santa María (Cádiz) 

    Aún recuerdo el caso de abuso sexual a un menor en el seminario. Tras comprobar, atónito, como aquel sacerdote quedaba absuelto pese a lo evidente de las pruebas, apelé a la Conferencia Episcopal, para que al menos, retiraran al párroco de su labor docente. Como me temía, la Iglesia Católica aplicó la "doctrina pato", nadar y guardar la ropa. A mi pequeño patrocinado cuando le notifiqué la sentencia, aferrado a su medalla del Niño Jesús, trémulo, se le escapó una lágrima cuando sintió el desahucio del alma y el expolio de su infancia. Yo, asqueado, abandoné la toga para siempre.

     
  • Amarga Profesión

    Cristobal Soriano Díaz · Málaga 

    Agente Judicial y Procuradora acompañaban a Juan, el cerrajero que, forzando la cerradura abrió el aséptico, vanguardista e inmenso loft. Libros de Derecho abarrotaban las altísimas estanterías que parecían no tener fin. En una mesa numerosas notas y escritos resumían la doctrina de las Audiencias y Tribunal Supremo. En otra, incontables botellas vacías de whisky y vodka. A la misma hora, en la Facultad de Derecho, Alberto Roz, prestigioso abogado, repasaba sus notas antes de iniciar su conferencia sobre el Desahucio. El constante recuerdo de su mujer Patricia y Albertito su hijo, junto a su inseparable pato Lucas. Seis meses desde que lo abandonaron. Alberto apostó y perdió. Por la tarde, le confirmarían la plaza en el albergue de Alcohólicos Anónimos. Secándose las lágrimas: Señores, Señoras?.. el tema de hoy?.

     
  • Desahucio interior

    Alberto Solivella Carretero · Playa de San juan (Alicante) 

    El final de mi conferencia se fundió con una atronadora ovación. Sin duda fijaría doctrina entre los juristas; y sin embargo, allí estaba yo acurrucado en mi medianía interior, sufriendo mi desahucio personal y viviendo una vida pequeña y solitaria, engullido por mil sentencias, togas, declaraciones, venias, códigos… y alguna lágrima (no siempre la mía). Cambiaría aplausos y parabienes por una sonrisa abierta que me esperara cada día, por un baño tibio repleto de esponjas de colores y un pato amarillo de goma, alborotados por el chapoteo de un niño –mi hijo-…

     

     
  • UN SUEÑO

    Cesar Ibañez PArís · Soria 

    Ayer fue un día largo. Tenía que acabar tres escritos cuyo plazo finalizaba hoy y el texto para la conferencia. Cuando pude acostarme, sobre las dos, entré en un sueño de esos que se recuerdan con mucha claridad. El juez Barcones, con toga y todo, me invitaba a una caña en la cafetería Libra. Entre trago y trago, me hacía una especie de examen: -Dígame, letrado, ¿conoce usted la doctrina del Tribunal Supremo acerca de la cojera de los patos? -Por supuesto, señoría. En caso de fuga, es agravante, porque un pato cojo vuela igual de bien que uno con sus dos patas en buen uso. En caso de desahucio, la propiedad de un pato cojo sirve para solicitar un aplazamiento de la ejecución. En caso de ingesta, haber derramado una lágrima por la víctima se considera eximente... ¿Habrá dos vidas, una aquí y otra en el reverso del cerebro?

     

     
  • Su oficio y su mascota

    Mayte González-Mozos · Toledo 

    He despertado con un ruido sordo. El justiciero sol me ha alcanzado y obligado a ponerme en marcha. No recuerdo haber escuchado el acostumbrado portazo mañanero. Va a llegar tarde… Ayer volvió a altas horas de dar su conferencia. Ya la diviso: en el suelo de su dormitorio, inerte. El sabor metálico atestigua que lo que mana, del orificio de su cabeza, es sangre. Tiene un arma en su derecha. Con el Derecho que he aprendido de ella… Pobre, su doctrina era la justicia. Y aunque el pluriempleo su vida, no llegaba para pagar este piso y el bufete. Últimamente la orden del desahucio la tenía absorbida. Con parsimonia vuelvo a mi estanque, a toparme con el imbécil pato de plástico que me colocó como compañía. ¿Qué más puede hacer una tortuga? Esperar al forense, echar alguna lágrima, y preguntarme: si sólo me tenía mí... ¿Quién disfrutará de su herencia?

     

     
  • El okupa

    Manuel Espada · Madrid 

    —Estaré a vuestro lado para lo que necesitéis. Os dejo la tarjeta con mis datos —. Con estas palabras finalizó la conferencia aquel abogado especializado en “Desahucio”. Salí esperanzado con los consejos que nos dio para evitar que nos echaran. Al llegar a la casa, entré sigilosamente por la ventana, me metí en la bañera para relajarme y digerir toda la información que nos había proporcionado. Si no pagas la hipoteca, te echan. Esa era la doctrina, pero siempre hay trucos para evitarlo. Mientras me enjabonaba, me pareció ver que el pato de goma dejaba resbalar por su mejilla una gotita del tamaño de una diminuta lágrima que, al caer en al agua, provocó unas pequeñas ondas concéntricas. En ese momento entraron. —¿Papá, qué hace ese hombre en nuestro baño con mi patito? —gritó el hijo pequeño del abogado mientras su mujer me miraba con un gesto de repugnancia.

     

     
  • Nuestra obligación

    José Aristóbulo Ramírez Barredo · Bogotá 

    ?No será mañana, todavía le queda a la mano invisible mucha ubre por ordeñar, pero es innegable que la doctrina de todo lo bueno para los banqueros y para el resto, guerras, desahucio y dieta de FMI, tocó techo. Por ende es previsible, para evitar que los indignados pasen de las manifestaciones a las expropiaciones, que sus majestades morigeren su voracidad, hecho que afectará directamente las arcas de nuestra cofradía. A menor esquilmo, menores honorarios?, sentenció a lágrima viva el presidente de la asociación de litigantes en la conferencia anual sobre el estado actual del derecho. Y prosiguió?
    ?Para evitar que los nuevos vientos nos cojan mal parados, convendría comenzar a vilipendiar al tal neoliberalismo. Recuerden, camaradas, es nuestra obligación estar siempre del lado del más fuerte, echarle el pato al rey muerto y ofrecerle al rey puesto un abanico extenso de atajos legales.?

     
  • Receta de cocina

    Esperanza Temprano Posada · Madrid 

    Primero limpio el pato y borro tu huella de mi memoria. Después lo meto en el horno y evoco tu peculiar doctrina de los actos propios: mucha conferencia en pro de la lucha contra la violencia de género y yo arrastrando las secuelas de tus malos tratos. Luego lo riego con el zumo de naranja y alimento mi autoestima convenciéndome de que ya eres historia. A media cocción le echo un vaso de licor y me bebo la botella para poder empaquetar mis cosas, el desahucio es mañana, jugaste con ventaja, abogado, me dejaste en la calle y sin pensión. Una vez que está dorado, lo adorno con rodajas de naranja espolvoreadas con matarratas y espero a que llegues para ofrecerte tu plato preferido. No sé qué es lo que quieres decirme pero seguro que serán tus últimas palabras y no pienso derramar ni una lágrima por ello.

     
  • CLASE MAGISTRAL

    Paola Andrea Rocca Targarona · Málaga 

    Las manos me sudaban, como antaño. Ya no tenía costumbre de vestir traje y corbata. Mi misión consistía en transmitir una minúscula porción de la doctrina de la abogacía a los allí presentes, a través de mi experiencia. Durante la conferencia, la alguacil tuvo que pedir varias veces silencio. Un joven, absorto, dejó que sus secreciones nasales resbalaran sobre su labio superior. Les hablé sobre el desahucio, pues cuando ejercía solía dedicarme a resolver ese tipo de litigios. Lo entendieron todo bien, no hubo preguntas. Hubo alguna lágrima de emoción. Llegado el final, una estudiante, presa de la exaltación, me lanzó un pato de goma a la cabeza. "Gracias por venir, señor Bermúdez. Estoy segura de que a su nieto Luisito le ha encantado que usted venga hoy a clase. Ahora, si me disculpa, hemos de continuar con la lección. Luisito va muy bien, ¡se sabe todas las vocales!"

     
  • Okupa

    Pablo López De Aramburu · Málaga 

    '-El parásito social, despectivamente calificado así por usted, es decir, el acusado, decide una vez más defenderse por su cuenta: “durante 29 años de ocupación de la actual vivienda he recibido sus reiterados avisos y amenazas de desahucio, ruego u

     
  • Invierno

    MªTeresa Nevado · Madrid 

    No creo que la doctrina mayoritaria sobre el desahucio sepa lo de las peras conferencia. 5’30 euros el kilo. Tiene que haber otras más baratas. Qué calor. Este abrigo. Una lágrima lleva varios días queriendo salir. No lo conseguirá. No hay motivo. Diez euros al señor anciano. Es mucho dinero, señora. Quisiera ayudarle más. A los abogados también nos desahucian. Es usted una santa. Sólo un billete encima, ni una moneda. Qué calor. Me miran hablándole, tocando su brazo, viéndolo. Los mendigos no dan cambio. Rezaré por usted. Gracias, hombre. Seis euros. Ni que fueran mi-cuit de pato. “Y qué calor hará sin ti en invierno”. ¿Y si vuelvo y compro sólo una? Ah…, no, ya no llevo dinero. Yo, santa… ¿Disculpe, la boca de metro más…? No, la lágrima. A los santos también nos desahucian. No se preocupe; justo ahí, ¿ve? Y tiene otra en esa acera. Gracias...

     

     
  • Huérfanos de héroes

    José María Bento San Román · Madrid 

    “Pues bien, amigo Sancho, a ver qué venturas nos depara el camino hoy. No te lamentes tanto, que con pan y tocino se anda el camino, y no necesitas ni pato ni ganso para un banquete. Y enjuga esa lágrima que ya habrá tiempo de gobernar otras ínsulas mas afortunadas”. En esto que pasaron junto a unos usureros que a la sazón estaban moliendo a palos a un labriego. “Pero qué ven mis ojos, qué hacen esos malandrines ultrajando a ese caballero”. “Que no, mi señor, que solo son unos prestamistas queriendo cobrar a un paisano moroso, no se meta Vuesa Merced donde no le llaman...”“Defendeos, conferencia de avaros, canalla fenicia, carroñeros del desahucio, que mi espada os va a enseñar la verdadera doctrina hipotecaria”. Y picando espuela, arremetió contra aquellos con tal ímpetu que dejó la banca maltrecha, la deuda incobrada y la economía por los suelos.

     

     
  • CUENTA ATRAS

    ANA MARIA PEREZ SANCHEZ · Madrid 

    Desde primera hora de la mañana había mucho movimiento. La gente había empezado a concentrarse frente a la puerta, el momento estaba cerca y se presagiaba lo peor. El propietario de la casa tomó el megáfono tras asomarse a la ventana y comenzó a hablar como si fuera a dar una conferencia, sus palabras nerviosas dieron pie a una lágrima que quedó congelada, como en pausa, justo en el momento en el que un coche negro enfiló la calle dirigiéndose al tumulto. El tiempo se había agotado. Del coche bajó un abogado trajeado, ya sólo su presencia marcaba auténtica doctrina. A pesar de su aspecto impoluto su cara reflejaba claramente que le había tocado pagar el pato. Apenas había conseguido avanzar unos pasos cuando su móvil sonó. El silencio se hizo un hueco y las caras de los presentes cambiaron de forma radical tras escuchar las palabras “desahucio paralizado”.

     

     
  • La excusa

    Kalton Bruhl · Honduras 

    No puedo creerlo. Nunca imaginé que vería una parvada de patos. He vivido tantos años en esta ciudad y es hasta hoy que me tomo la molestia de mirar hacia el cielo. Siempre me he reído de los que dicen que lo importante está en las cosas pequeñas y que es necesario hacer pausas cada cierto tiempo. Con tres hijos en el colegio y dos hipotecas en lo último en que pensaría sería en detenerme. Sin embargo, hoy he tenido que hacer una excepción y no impartiré mi conferencia sobre doctrina legal en los juicios de desahucio. Un infarto es la excusa perfecta para no hacerlo. Así que mientras sigo de espaldas sobre la acera y la gente comienza a agolparse a mi alrededor, hago un esfuerzo para que las lágrimas no cierren mis ojos. Quiero quedarme un momento más así, mirando hacia el cielo, disfrutando de los detalles.

     
  • El tren

    Luis Carlos Castilla Ortiz 

    Abrió los ojos pero no vio nada. Se preguntó dónde estaba. No lo recordó. Tenía frío, sintió el vello erizado, su piel se sublevó bajo la áspera tela que le cubría. Una lágrima se deslizó hasta el oído y notó su calor. Navegó en la penumbra de sus pensamientos. Trató de recordar, no fue capaz de saber dónde se dirigía: una conferencia, al bufete, la facultad, un desahucio... Quizás por el contrario era tarde y se disponía a disfrutar del exquisito pato asado que Esther cocinaba expresamente para él. Entró en la sala, colocó sus cosas sobre la mesa, la agenda, sus notas, su doctrina; midió la distancia entre los objetos y sonrió satisfecho. Por fin recordó, el tren, subió al tren en Alcalá. En unos días la primavera habría ganado el pulso al invierno y el calor confortaría su piel. Tenía frío y no pudo abrir los ojos.

     
  • En el colegio

    Carlos Fernández 

    En el colegio le llamaban pato por su torpeza. Ahora era el campeón de la liga de paddle del Colegio de Abogados. En el colegio tartamudeaba. Ahora daba conferencias. En el colegio no le respetaban ni los niños de cursos inferiores. Ahora su opinión se convertía en doctrina. En el colegio llegaba todos los días a casa bañado en lágrimas. Ahora tomaba baños de espuma. En el colegio compartía habitación con tres hermanos. Ahora invertía su dinero en casas subastadas por desahucios. En el colegio no se atrevió nunca a hablarle a la chica que le gustaba. Ahora, todos los viernes, aparcaba su coche frente al colegio, recostaba el asiento, se aflojaba la corbata y se fumaba un puro habano. De tanto en tanto veía a aquella chica, ahora maestra, recortada en alguna ventana y, si tenía suerte, podía hasta escuchar su voz.

     
  • Menú y Silencio

    Teresa Hernández Díaz · Madrid 

    Aceptó el caso porque ésa era su doctrina, aunque sabía que una viuda con una orden de desahucio difícilmente podría abonarle los honorarios, y ella, agradecida, le invitó a comer. Era una excelente cocinera. Había preparado un delicioso pato flameado y lo paladeó con gusto; no tanto la pera conferencia que le sirvió de postre, hubiera preferido una tarta recién horneada, pero el desencanto de la fruta quedó compensado con el sublime aguardiente que degustó durante la sobremesa. Era la única forma en que ella podía compensar su trabajo. - Es de mi tierra. Destilado en casa. Fue entonces cuando vio deslizarse una lágrima por la mejilla de la anciana. Sin apenas voz le preguntó: -No van a quitarme la casa, ¿verdad? El letrado apuró el vaso y se levantó incapaz de decir la verdad. -Tengo prisa. Ya hablaremos.

     

     
  • Tango

    Víctor José Menargues Ramón · Alicante 

    Héctor se había gastado los escasos euros que le quedaban para prepararse aquella cena: pato a la naranja y peras “conferencia” al vino (Ribera del Duero y moscatel, como manda la doctrina culinaria). Gardel inundaba la casa mientras iba poniendo la mesa. Bajó el volumen de la música para llamar por teléfono. “Feliz Nochebuena, mi viejita… Claro, aquí llega cuatro horas antes que a Buenos Aires… ¡No!, rodeado de amigos… ¿El laburo? Macanudo… Ahorrando para ir la próxima Navidad… Otro beso para vos. Chao, morochita”. Sabía por su abogado que el desahucio sería el 27 de diciembre. Cuando entraron forzando la puerta, estaba tumbado en el sofá, escuchando tangos. “¡Felices Pascuas!”, gritó sobre la música, levantándose. La voz de Gardel asomó volando también desde el balcón: “Adiós muchachos…” El propietario del piso se acercó al cuerpo tendido en la calle. Los demás bajaron. Nadie derramó ni una sola lágrima.

     

     
  • Mi nuevo amigo

    Montserrat Llata Ribera · Castellbisbal (Barcelona) 

    Llegué al mismo tiempo que la policía al desahucio de mis clientes. Pero allí no quedaba nadie… aparentemente. Cuando ya nos disponíamos a marchar, lo oí: ¡cuac! El ruido provenía de una pequeña puerta en la cocina. La abrí, y allí estaba: un enorme y blanco pato, mirándome con sus ojitos que me decían “no me dejes aquí”. El problema es que yo tenía una conferencia sobre “Jurisprudencia y Doctrina Canónica” en una hora. ¿Qué podía hacer? Pues llevármelo. Y dicho y hecho. El conserje de la facultad de Derecho me dio una caja de cartón y nos fuimos los dos para la conferencia. ¡Qué bien se portó! Soltó algún que otro ¡cuac! Pero ningún alumno dijo nada. Luego nos fuimos para casa, su nuevo hogar. Mientras le veía entrar en el lavabo, su nuevo dormitorio, una lágrima resbalaba por mi mejilla. Ya no volveríamos a estar solos.

     

     
  • EL CASO PERDIDO DE LA SEÑORITA ARRANZ

    Alejandro Lanchas Sánchez · Madrid 

    Aunque la acusada, la hermosa señorita Arranz, se enfrentaba al posible desahucio de su mansión, por ser acusada de demente, estaba tranquila; pues las palabras de su abogado, que parecían sacadas de una conferencia de bonitas palabras, entonadas bellísima y elocuentemente por un hombre cuya doctrina era el buen gusto, provocaron el derrame de una lágrima en el condenatorio rostro del juez, recibieron un merecidísimo aplauso y el convencimiento de la brillantez de la acusada, quien por supuesto fue declarada inocente y libre de cualquier cargo. Tan bonitos eran los ojos verdes de la acusada, y tan poética la imagen que incluso en su abogado había germinado, que no pudo éste resistirse a invitarla a cenar al acabar el juicio. Mas, por toda respuesta dijo la hermosa dama: Lo lamento, mi marido amado me espera-; refiriéndose a un pato de mirada confusa, que se encontraba a las puertas del edificio.

     

     
  • Yo acuso

    Marcos de Miguel · Madrid 

    Los juicios comienzan tarde en la Audiencia Provincial. Es lo normal. La doctrina habitual en un país de pandereta. Hoy toca desahucio. Una familia destripada, cuyo silencio desgarra el alma. Atrás quedó la última lágrima, esas reuniones con el banco que no conducen a nada y la conferencia vecinal; el tótum revolútum del todos a una como en Fuenteovejuna. Vano intento. No hay solución. Una vez más, los malnacidos que habitan en la cúspide de la pirámide seguirán comiendo pato confitado en bandeja de plata, mientras éste humilde abogado deberá ser el ejecutor de otra injusticia. Historias de cada día. Una ola de miserias y tragedias, en una mañana cualquiera.

     
  • El mago

    Isidro Catela Marcos · Madrid 

    Lleva una chistera roja de la que siempre sale un pato, nunca un conejo, y una lágrima pintada en la mejilla como una invitación a la melancolía. Abarrota teatros, imparte doctrina en foros de internet, no dice abracadabra y pronuncia conferencias en las mejores universidades del mundo. No es un mago como los demás, salta a la vista. Hasta ahora nadie ha podido revelar su número más famoso: en una caja enorme, decorada como si fuera un edificio, mete a una familia entera y la hace desaparecer. Cuando se abre la caja y no están ni los abuelos, ni los padres, ni los hijos, ni el perro, la gente se queda atónita. Solo los que le conocemos bien, desciframos entonces su pasado como abogado de prestigio, el mismo que, antes de triunfar con trucos de escapismo, hizo fortuna con su artero manejo de la ley de deshaucio exprés.

     
  • La Navidad de Pablo

    Carmen Nuria García Palacios 

    Aquel 23 de diciembre decidí colgar la toga, igual que los toreros se cortan la coleta; el motivo: porque me sentía incapaz de seguir toreando con las injusticias legales de nuestro sistema. María, con una calma que solo las madres mantienen ante las situaciones más duras, le explicaba a Pablo, su pequeño de siete años, que esa Nochebuena no la pasarían en casa ni vendría Papa Noel con regalos para él: "Cariño, como papá se ha ido al cielo, mamá no ha podido pagar a este señor, pero no llores, el Niño Jesús nos protegerá, es Navidad". La tarde del desahucio acudí a la Conferencia "Derechos de los niños", pero apenas presté atención a la exposición sobre la más reciente doctrina jurisprudencial, yo tan solo veía a Pablo abrazado a su pato azul de peluche, mientras una lágrima comenzaba a recorrer mi rostro...

     
  • Atrapado sin salida

    Carlos-Javier Orrico Martínez · Valencia 

    Nada más difícil que lidiar con niños. Diez años de experiencia como Pato Donald en Euro Disney me lo confirman. Uno no tiene derecho a nada. Debe estar siempre bienhumorado y complaciendo a todos, por más impertinentes o maleducados que sean. Pero todo tiene un límite, y el mío llegó en julio del 2003. Con casi cuarenta grados, el niño me pedía insistentemente que caminara de “ese modo gracioso”, como pato, hasta que me cansé, me quité el disfraz y “traumaticé” al niño, como diría más tarde el fiscal en el tribunal. Pero peor trauma fue para mí la conferencia de prensa. Me trataron como a un monstruo. Y es que las lágrimas de un niño conmueven a cualquiera, incluso al juez, quien sentó doctrina legal y mi desahucio con su sentencia: seis meses de trabajo comunitario en un McDonald’s del barrio más pijo de París disfrazado del payaso Ronald.

     

     
  • Un crack

    ÁNGEL MUÑOZ TRAPERO · Ciudad Real 

    Cuando el abogado me citó para informarme de cómo iba mi caso, en la biblioteca de nuestro pueblo, donde iba a dar una conferencia sobre su tema recurrente, más valdría decir su monotema, “las Tablas de Daimiel”, le pregunté por el título de su disertación. “El pato colorado”, me dijo muy ufano. No pude evitar una risa que me impedía articular palabra. Ante su creciente mosqueo (“ya, ya sé que su asunto es más importante, pero eso ya lo tengo estudiado y no tiene más recorrido”), reaccioné, al tiempo que me secaba una lágrima. “Me estoy jugando el desahucio de mi casa y usted se entretiene en las vicisitudes de un palmípedo, muy enternecedor”, ironicé. “Voy a exponer datos que nunca han salido a la luz”, apuntó orgulloso. “Es usted un cuak, perdón, un crack. Un docto en la materia, va a crear doctrina”, concluí.

     

     
  • Blade Lawyer

    Javier Sánchez Ribas · Collado Villalba (Madrid) 

    Yo he visto cosas que vosotros no podríais creer: Abogados de oficio retribuidos digna y puntualmente. Juicios por desahucio fallados en contra del banco, en virtud de no se qué derechos humanos. Eximios juristas creadores de doctrina admitiendo haberse equivocado. Magistrados impartiendo conferencias amenas e inteligibles. Banqueros ilustres cuya condena no termina con un indulto o una novedosa jurisprudencia exculpatoria del Tribunal Constitucional. La Administración de Justicia adaptada a las nuevas tecnologías. Funcionarios de Justicia renunciando a tomar café, preocupados por el creciente retraso de los procedimientos. Todo esto se desvanece como lágrimas en la lluvia en cuanto suena el despertador y vuelvo a la realidad. Como un pato mareado, me dirijo al baño, me miro al espejo y pienso: “hay que ver, que sueños más tontos tienes desde que te hicieron Ministro”.

     

     
  • Atrapado sin salida

    William Teixeira Correa · Montevideo 

    Nada más difícil que lidiar con niños. Diez años de experiencia como Pato Donald en Euro Disney me lo confirman. Uno no tiene derecho a nada. Debe estar siempre bienhumorado y complaciendo a todos, por más impertinentes o maleducados que sean. Pero todo tiene un límite, y el mío llegó en julio del 2003. Con casi cuarenta grados, el niño me pedía insistentemente que caminara de “ese modo gracioso”, como pato, hasta que me cansé, me quité el disfraz y “traumaticé” al niño, como diría más tarde el fiscal en el tribunal. Pero peor trauma fue para mí la conferencia de prensa. Me trataron como a un monstruo. Y es que las lágrimas de un niño conmueven a cualquiera, incluso al juez, quien sentó doctrina legal y mi desahucio con su sentencia: seis meses de trabajo comunitario en un McDonald’s del barrio más pijo de París disfrazado del payaso Ronald.