Mi nuevo amigo

Montserrat Llata Ribera · Castellbisbal (Barcelona) 

Llegué al mismo tiempo que la policía al desahucio de mis clientes. Pero allí no quedaba nadie… aparentemente. Cuando ya nos disponíamos a marchar, lo oí: ¡cuac! El ruido provenía de una pequeña puerta en la cocina. La abrí, y allí estaba: un enorme y blanco pato, mirándome con sus ojitos que me decían “no me dejes aquí”. El problema es que yo tenía una conferencia sobre “Jurisprudencia y Doctrina Canónica” en una hora. ¿Qué podía hacer? Pues llevármelo. Y dicho y hecho. El conserje de la facultad de Derecho me dio una caja de cartón y nos fuimos los dos para la conferencia. ¡Qué bien se portó! Soltó algún que otro ¡cuac! Pero ningún alumno dijo nada. Luego nos fuimos para casa, su nuevo hogar. Mientras le veía entrar en el lavabo, su nuevo dormitorio, una lágrima resbalaba por mi mejilla. Ya no volveríamos a estar solos.

 

 

 

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