Bienaventurados

Ceferino Gómez Delgado · El Puerto de Santa María (Cádiz) 

Aún recuerdo el caso de abuso sexual a un menor en el seminario. Tras comprobar, atónito, como aquel sacerdote quedaba absuelto pese a lo evidente de las pruebas, apelé a la Conferencia Episcopal, para que al menos, retiraran al párroco de su labor docente. Como me temía, la Iglesia Católica aplicó la «doctrina pato», nadar y guardar la ropa. A mi pequeño patrocinado cuando le notifiqué la sentencia, aferrado a su medalla del Niño Jesús, trémulo, se le escapó una lágrima cuando sintió el desahucio del alma y el expolio de su infancia. Yo, asqueado, abandoné la toga para siempre.

 

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