Atrapado sin salida

Carlos-Javier Orrico Martínez · Valencia 

Nada más difícil que lidiar con niños. Diez años de experiencia como Pato Donald en Euro Disney me lo confirman. Uno no tiene derecho a nada. Debe estar siempre bienhumorado y complaciendo a todos, por más impertinentes o maleducados que sean. Pero todo tiene un límite, y el mío llegó en julio del 2003. Con casi cuarenta grados, el niño me pedía insistentemente que caminara de “ese modo gracioso”, como pato, hasta que me cansé, me quité el disfraz y “traumaticé” al niño, como diría más tarde el fiscal en el tribunal. Pero peor trauma fue para mí la conferencia de prensa. Me trataron como a un monstruo. Y es que las lágrimas de un niño conmueven a cualquiera, incluso al juez, quien sentó doctrina legal y mi desahucio con su sentencia: seis meses de trabajo comunitario en un McDonald’s del barrio más pijo de París disfrazado del payaso Ronald.

 

 

 

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