EL CASO PERDIDO DE LA SEÑORITA ARRANZ

Alejandro Lanchas Sánchez · Madrid 

Aunque la acusada, la hermosa señorita Arranz, se enfrentaba al posible desahucio de su mansión, por ser acusada de demente, estaba tranquila; pues las palabras de su abogado, que parecían sacadas de una conferencia de bonitas palabras, entonadas bellísima y elocuentemente por un hombre cuya doctrina era el buen gusto, provocaron el derrame de una lágrima en el condenatorio rostro del juez, recibieron un merecidísimo aplauso y el convencimiento de la brillantez de la acusada, quien por supuesto fue declarada inocente y libre de cualquier cargo. Tan bonitos eran los ojos verdes de la acusada, y tan poética la imagen que incluso en su abogado había germinado, que no pudo éste resistirse a invitarla a cenar al acabar el juicio. Mas, por toda respuesta dijo la hermosa dama: Lo lamento, mi marido amado me espera-; refiriéndose a un pato de mirada confusa, que se encontraba a las puertas del edificio.

 

 

 

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