I Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Atrezzo

Agustín Martínez Valderrama · Gavá (Barcelona) 

Todavía recuerdo el día del ensayo general. Casi mil figurantes participamos en la simulación que evaluó la funcionalidad de la nueva Ciudad de la Justicia. Yo, estudiante de Derecho en crisis y actor vocacional, fui elegido para interpretar el papel de delincuente. Accedí, claro, aunque hubiera preferido ser alguacil, fiscal o magistrado. Incluso, gourmet de uno de los restaurantes sibaritas de la zona lúdica. Pero nada más llegar me esposaron y condujeron al juzgado. Allí esperaba mi abogada. Una rubia neumática con la cual había coincidido en otros castings. También reconocí al juez que me condenó. Sin embargo, aún hoy ignoro quienes son la mujer y los niños que me visitan cada domingo desde entonces. Han pasado ya más de veinte años y continúo encerrado en la misma celda; de donde no puedo salir hasta que se resuelva mi recurso de apelación o el director de atrezzo grite corten.

 

Relatos seleccionados

  • Un mal día

    Jorge Martín-Fernández Aragón · Madrid 

    La crisis, la cuesta de enero, los niños, el cole, los pleitos - tengo una vista mañana en el Juzgado y aún no he comenzado a preparármela -, mi marido, su madre, cada día más gilipollas - menudas navidades me ha dado, que si quiero esto o lo otro, que si no me gusta la cena, decía la señorita, como si por su sola presencia tuviéramos que hacer la compra en el Gourmet de El Corte Inglés en vez de en el Día -, la hipoteca, mi hermana (le ha vuelto a dejar el novio), la boda de Laura (quedan 10 días y yo sin vestido), la cuenta del banco, que está tiritando, y encima de todo esto, mi jefe, que entra a darme un recurso de apelación: "más vale que lo tengas para esta noche, y que sea bueno, si quieres conservar tu trabajo". Año nuevo, misma lucha: la vida.

     
  • Cosas de niños

    Mayte Campos Anglés · Blanes (Gerona) 

    Es un afamado gourmet, pero eso no ha impedido que lo hayan juzgado y condenado sin que ninguna apelación haya servido de nada. En las noticias se le califica como uno de los asesinos más fríos, calculadores y prolíferos de todos los tiempos. Su mujer ha tenido que ser hospitalizada víctima de una crisis nerviosa, incapaz de asumir lo que le está sucediendo. Y tres niños nostálgicos visitan a mamá acompañados de la abuela sin poder disimular el anhelo que sienten mientras suspiran por su pronta recuperación. Están impacientes por volver a ver el restaurante abierto y lleno de gente. No ven el momento de acabar con el último paquete de matarratas que esconden en el desván.

     
  • Una promesa

    Beatriz Sierra Rodríguez · León 

    De habernos visto, nos habrías juzgado chispos o enamorados. Niños que flirtean, que sé yo. Infelices. Manu canturreaba “te vi” y yo le respondía “juntabas margaritas del mantel”. Luego Manu volvía a repetir el estribillo. Dramatizaba. Bebía. Llenaba la boca. Ponía por las nubes mis talentos como gourmet. Salvado el estupor, comencé a sentirme viuda y grotesca. Precipité el final de la cena ignorando los restos de comida en el plato y me llevé la crisis de ansiedad a la cocina, lejos de la apelación susurrada de Manu. Me hubiese hecho sangrar los nudillos fregando la vajilla de no ser por la promesa que te hice. Ama y déjate amar, me dijiste, burlón hasta el último momento. Entonces le llamé. Se me ocurrió pensar que podría remangarme los puños de la blusa. Manu introdujo una de sus manos en el agua. Con la otra me desnudó suavemente el antebrazo.

     
  • Nunca digas

    M¡¦ Elena Gallegos Martín · Santa Cruz de Tenerife 

    Crisis? Para crisis las de algunos de los asistentes. Un niño no hubiera reflejado mayor expresión de asombro o desconcierto que muchos de los adultos allí presentes. Revisábamos por tercera vez la grabación de la vista.. ¡Tantos adultos reaccionando como niños!¡Que descontrol más absoluto! ¿Cómo explicar un hecho así en un Juzgado?. Una apelación, nuevas pruebas y la consecución del objetivo de una nueva vista oral. Finalmente, disponíamos de los documentos necesarios para incriminarlo. Diga ser cierto, pregunté, que la firma que aparece en el documento nº trece es la suya. Se acercó a la mesa y el secretario se aprestó a abrir el voluminoso expediente para mostrarle el documento. No había salida. Lo teníamos. Resignado se acercó a su Sría, puso la mano en el documento para examinarlo, y ………… en un abrir y cerrar de ojos se lo había tragado, paladeándolo como un autentico gourmet. ¿Qué documento? Preguntó

     
  • Principio y fin

    Agustín Muñoz-Grandes · Madrid 

    El principio, como casi todos los principios, fue rápido, intenso, romántico… y sorprendentemente efímero. Una fiesta en Barcelona, el flechazo, noche en vela de encuentro de almas, fin de semana romántico en París con cena gourmet en el clásico bistro y paseo enamorado por la orilla del Sena. Después, una semana y media de ensueño de vuelta en Madrid iniciando una nueva vida color de rosa. Luego… frenazo en seco, sorpresa, fin de trayecto, crisis, fin. Ni lo vi venir; simplemente ocurrió. Y no admitió apelación alguna, ni me dio otra oportunidad. “Lo que te ha hecho es una putada”, dijo Pablo, “De juzgado de guardia” lo tachó Javier, y mi amiga Carmen simplemente dijo que parecíamos niños , que ella nos veía muy bien y que no entendía nada de nada. El final, como casi todos los finales, no fue rápido, sí intenso, nada romántico.

     
  • Las musarañas

    Isidro Catela Marcos · Madrid 

    Lo que vamos a contar es mentira: nosotras ya anhelábamos una vida más alta, quizás hociquear otro alimento, cuando asomó la crisis del campo. Primero, huyeron los niños; luego, las lombrices y los caracoles. Más tarde, el frío nos arropó eternamente, como una sábana de piedra. Así que, presas de la hambruna, emigramos a la ciudad. Una vez allí, invadimos los muros de la Universidad. Hasta que apareció él y le seguimos. Era un gourmet del pensamiento que llegaba, como ido, del juzgado e impartía, como nadie, Filosofía del Derecho. Ora hablaba de evidencias invisibles, ora deslumbraba con axiología jurídica. Delicioso. No cabía apelación ante sus sentencias definitivas. Todavía recordamos con qué sutileza, en medio de una disertación sobre el relativismo, reprendió a aquel muchacho que flotaba en la última fila de la clase, tal vez enamorado. “Estaba usted pensando en ellas, ¿verdad?”.

     
  • Cuarentón

    Isabel Rodríguez Madrid · Córdoba 

    Y yo qué, ¿dónde está mi marido? porque el mamarracho que me está mirando con cara de idiota no es el brillante abogado con el que fui al altar. Esta no es la vida estructurada y sosegada que me prometiste. Como te atreves a decirme que baje la voz, acaso te pedí que me trajeras a cenar al dichoso restaurante que frecuenta la panda de descerebrados que trabajan contigo en los juzgados, sí, esos tiquismiquis que se las dan de distinguidos gourmet con gusto delicado y exquisito paladar, los mismos que comen hamburguesas un día sí y otro también. Puedo comprender que estés más horas en el juzgado preparando apelación tras apelación que en casa, pero que pases los fines de semana haciendo puenting, escalada, parapente o barranquismo. Dime tú como les explico a los niños que papá se esconde tras la adrenalina para franquear la crisis de los cuarenta.

     
  • Crisis con 30

    María Zancada Menéndez · Oviedo 

    Definitivamente estoy atravesando la crisis de los 30. Me levanto a las 5.45 de la mañana para llegar al despacho de mi JEFE a las 8. Paso el día con clientes cincuentones forrados que creen que Carrefour es una marca de foie de una tienda gourmet. Trabajo 11 horas al día, y para dar la imagen de Abogada joven y radiante, me embadurno de 30 potingues, y bebo 3 litros de agua al día, como recomiendan las modelos. ¿Gimnasio? of course: levantamiento de expedientes sobre armario; utilizo el código administrativo de mancuerna, mientras repaso mi apelación de 57 folios, y cojo el teléfono con la otra mano. ¿Fitness? También: subir 8 plantas del Juzgado diariamente con maletín, bolso, paraguas y la toga a rastras puede llamarse así, ¿no? Y lo mejor: cuando por fin llego a casa arrastrándome, mi suegra me pregunta: y los niños.....¿para cuándo?

     
  • Reo de Cargo

    José Vicente Pérez Fris · Bilbao 

    Sir Wilfred penetró en el calabozo con gesto cansado. Su apelación había sido desestimada en el juzgado. Christine aguantó su mirada con entereza. ¡Dios!, pensó él. Sólo he visto esa pureza en los niños. -No hemos tenido suerte, ¿verdad? -dijo la reo con marcado acento teutón. El abogado esperó una crisis nerviosa, pero ésta no llegó. -No se preocupe, sir Wilfred. Ha hecho todo lo posible. Es usted un fino gourmet. Pero este vino no lo ha sabido catar. No siempre se gana. -¡Pero amiga mía!-imploró el anciano una vez más-. Si se hubiera confiado a mí... -¡Entonces no habría hecho justicia con Leonard! -exclamó excitada-. Iré gustosa al cadalso. Nos encontraremos en el más allá. ¡Y hablaremos! Una semana después, Christine Volve fue ejecutada en la horca. Su abogado, el viejo Wilfred Roberts, azote de fiscales y testigos, no pudo evitar un velo de lágrimas en sus ojos.

     
  • Empacho de abogados

    Marisol Artica Zurano · Castellón 

    Uffff, aquel abogado sabía a rayos y demonios. Le había resultado más sabroso el que se había zampado el día anterior. Ese estaba tierno como un niño, como recién salido del juzgado después de haber ganado un caso. El de hoy, en cambio, por lo menos debía de haber perdido una apelación frente al Supremo, por eso le había sabido tan amargo. Pero qué se le iba a hacer, no podía permitirse aires de gourmet. Una señora Crisis como ella no podía andarse con finuras ni miramientos. Todos, incluidos los picapleitos, que nunca habían sido plato de su gusto, debían caer en sus fauces. Pero ya comenzaba a sentirse empachada de leyes y togas. La semana que viene empezaría con los periodistas. Hacía mucho tiempo que no se merendaba a ninguno.

     
  • Los otros niños

    Agustina Herranz González · Linares, Jaen 

    No hay crisis para los Reyes Magos, o al menos eso es lo que transmiten los medios de comunicación cuando nos muestran felices niños con sus nuevos juguetes en sus bonitas casas donde, a la hora de comer, disfrutarían los más exigentes gourmets. Pero me pregunto si Sus Majestades han tenido presentes a "los otros niños", los que cada día pasan hambre, y frío, y miedo. Niños que no pueden acudir al Juzgado para pedir la tutela de sus más elementales derechos fundamentales, incluido el derecho a la vida. Niños para los que no hay apelación posible a otra instancia que no sea la conciencia ciudadana y, sobre todo, institucional. Por eso, debemos ayudarles todos a escribir sus cartas para que el año que acaba de comenzar les traiga paz, víveres, ropa y, si es posible, algún juguete.

     
  • Asturias

    Sandra María López Martínez · Gijón 

    ¡Clock!, cada hora cuenta; ¡Tick-tack!, cada segundo es decisivo. Las manecillas giran sobre la esfera blanca. El tiempo no se para nunca?¡Estoy de crisis nerviosa, la tensión me llena! Mis ojos casi han abandonado sus cuencas; no puedo seguir mirando y tuerzo la cabeza. ¡Pero lo que veo es más horrible aún! Al otro lado del cristal que cierra la cámara, mi verdugo aguarda. Es un hombre de proporciones monstruosas; una tela negra le cubre el rostro y no aprecio sus rasgos?¡Pero sí sus ojos y la indiferencia que reflejan me aterra!... él es el cocinero y yo el gourmet del plato de la muerte. Perdida la última apelación, no tengo esperanzas, lo que hice está juzgado y sólo me queda el indulto?condenado por matar a dos niños?¡No tengo esperanzas!... ¡Clock! La manecilla grande gira, todo el reloj se para y el verdugo se mueve ¡Es mi hora!

     
  • Chantaje

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Era el gourmet más influyente del país. A los propietarios de todos los restaurantes les inspiraba casi tanto respeto como pavor, ya que con frecuencia publicaban sus críticas en la prensa. Una noche fue a cenar a un conocido bistrot. Al poco rato hizo llamar al chef, a quien mostró discretamente un escarabajo todavía vivo que acababa de pescar de la sopa. Una vez que aquel se hubo repuesto de una súbita crisis nerviosa, el afamado comensal le susurró al oído que, a cambio de una módica suma, quizás podría olvidar el incidente. Así fue amasando durante años una estimable fortuna. Hasta el día en que, hallándose en un restaurante, los niños de una mesa vecina le delataron sin querer, al echarse a gritar alborozados cuando descubrieron la presencia de una enorme cucaracha asomando de su bolsillo. Fue juzgado y condenado a siete años de prisión, sin apelación posible.

     
  • Un día cualquiera

    Esperanza Ruiz Jiménez · Madrid 

    De camino al Juzgado se me rompe un tacón, la faja me mata, como voy corriendo porque llego tarde a la apelación, empiezo a transpirar, horror!!!! No me he echado desodorante. Sorteo obstáculos, pego codazos, me salto los semáforos en rojo. Maldición!!! Tengo las medias rotas, otra vez los niños han debido estar jugando a los atracos con ellas. Sigo la carrera de obstáculos cojeando por la ausencia del tacón. Un coche pasa sobre un charco y me llena de agua mugrosa, insulto al conductor, a su madre y a sus muertos. Por fin llego al Juzgado, jadeando, sucia, coja y despeinada, para que mi representado, el conocido gourmet desaparecido, me espete. “-Qué mal aspecto tiene letrada”. Menos mal que voy a clases de yoga, taichi, pilates, tolerancia al estrés, y “¿Qué hacer ante una crisis nerviosa?”, y evito estrangularle ahí mismo. Respiro hondo, soy una nube, una nube, nube….

     
  • Reconquista de Ana

    Miguel Angel Fortado Lomelino · Buenos Aires (Argentina) 

    “¡Los niños te los llevas tú, que no sé si son míos!”. La furia era la bestia que hace guerras en Oriente. Estaba en plena crisis gourmet; sí, señor. No era esta una cocina de la improvisación. Tantos años de juzgado y apelación, me habían dejado una fea oscuridad en el alma, y aquellos pequeños bólidos que traje al mundo se alejaban de mí como se alejan las bellezas de la Tierra en la visera de un astronauta. Cuando ella dijo: “Son tuyos, imbécil; son tuyos porque te amo a pesar de mí”, el mundo se hizo más grande en mi visera. Allá a lo lejos, los mares refrescantes y los continentes me dijeron que les pertenecía. Y Ana agregó: “Me los llevo porque son un trozo de ti. Lo mejor de ti, y son míos”. En ese momento inicié la reconquista de mi universo.

     
  • Presentimiento

    Manuel Pozo Gómez · Madrid 

    Éramos unos niños. Viajábamos en metro, matábamos las horas en los pasillos de la facultad y soñábamos con convertirnos en abogados, pero éramos unos niños. Tú devorabas libros, los disfrutabas igual que un gourmet disfruta de un buen plato. Yo amaba la noche, salir hasta las tantas. Empezamos a conocernos de verdad cuando nos casamos. Muchas veces he pensado que entramos en crisis en el momento en que nos convertimos en marido y mujer. Teníamos todo lo que habíamos deseado, ya éramos abogados, ya éramos un matrimonio, pero también empezamos a perdernos el uno al otro en aquel instante. Me hubiera gustado apelar. Ya ves, apelar… ¿A quién y por qué? ¿Por un matrimonio roto? Pero no me dejaste tiempo, te rendiste fácilmente, y hoy, cuando te he visto en el Juzgado después de tantos años, he presentido que habríamos ganado la apelación.

     
  • Final

    Alejandro Espiago Orús · Zaragoza 

    Respiró hondo y abrió la puerta. Apenas entraba el sol y el suelo crujía a cada paso como un graznido. “No sé qué tengo que hacer”, dijo. El hombre de barba blanca dejó la pizza a un lado. -No se preocupe. ¿Es usted abogado? Siempre llega alguno. Siéntese y si quiere acompañarme... Bueno -sonrió- espero que no sea un gourmet demasiado exigente. El abogado siguió de pie, inmóvil, mientras su interlocutor consultaba una hoja manchada de grasa. -¿Qué ha sido? ¿Crisis cardíaca... ? -Sí -acertó a responder- Eso creo. -Bien, dígame: ¿qué le ha parecido? -¿El qué? -La vida, la vida en general. -¿La vida... ? -Me temo que la suya ha terminado, pero tranquilícese. Ahora va a ser juzgado y aquí no hay apelación posible... ¿Qué tal le ha ido? El abogado miró las rendijas de la persiana buscando el sol. -Verá... No lo sé. Aún me siento como un niño.

     
  • El desayuno

    Ismael Calle Sobrón · Bilbao 

    La luz, el colegio de los niños, la hipoteca y la temible cuesta de enero en año de crisis. Según terminaba las uvas con la última campanada del 2008 y con la tripa llena, Pedro ideaba un plan que le condujera a ahorrar y mejorar su aspecto físico. Tomaría el ayuno como propósito para el nuevo año, como otros se apuntan al gimnasio o empiezan colecciones. A partir del día 1, renunciaría a su costumbre de desayuno inglés de huevos, bacón y tostadas en “El Rincón del Gourmet” a cambio de un té y dos galletas maría, tomadas en casa. El 9 de enero abandonó, o dejaba el ayuno, o la profesión. Esa mañana en medio de una apelación, comenzaron a sonarle de tal modo las tripas, que el juez llorando de risa le acuso de desacato. El sonrojo le duró del juzgado al bar de siempre.

     
  • Día duro

    Eduardo Alcoy Blat · Valencia 

    Los niños duermen. Decido jugar al “Legal War Evolution” en la consola. Objetivo: presentar en plazo una apelación. En el encabezamiento soy atacado por una legión de cómo va lo mío mutantes que me restan tiempo. Escapo, pero soy sorprendido por un Juzgado que cita para vista un día en que tengo cuatro. Si no comparezco, seré ejecutado. Sufro una crisis nerviosa, me como las uñas como un gourmet en El Bulli, pierdo dos rayas en la barra de salud y, antes de que pueda recomponerme, la pérfida Reina Audiencia me desestima un recurso. Pulso el botón Colegio, pero estoy sin munición. Dios mío, mi procurador no contesta al walkie y Ellos están por todas partes. Inesperadamente, consigo terminar dos escritos de plazo, pero soy golpeado brutalmente por una sentencia que no tiene pies ni cabeza y se arrastra cual babosa sobre sus fundamentos. Game over.

     
  • Crisis

    Fernando Paniagua Martín · Alcorcón, Madrid 

    '- Tú lo que has estado es con tus amigas del juzgado comiendo en plan gourmet, como hacéis todos los viernes. Y mientras nuestros niños detrás de mí todo el día "papa, papa, papa". Me tenéis todos harto. - Arturo, creo que dramatizas. Ya sabes que

     
  • La maldición

    Marta Currás Martínez · Vigo (Pontevedra) 

    Ya he perdido la cuenta de las veces que me han contado esta historia. Hoy lo hace Martínez, un jovencísimo abogado que todavía cree que no hay apelación que se le resista ni crisis que no pueda manejar. Dejo la fregona y le invito a un café, mientras recita entusiasmado la leyenda del convicto que maldijo este juzgado hace ya varios lustros. Se trataba de un pobre diablo, cocinero en un colegio de élite, imputado por envenenar a varios niños con un potaje al arsénico. Tras sufrir una defensa infame, ingresó en prisión jurando que jamás habría paz en nuestro tribunal y, desde entonces, eran ya varios los letrados que habían fallecido durante algún juicio. De pronto se detiene y casi puedo escuchar cómo su cerebro ata cabos a gran velocidad. Martínez no es ningún gourmet, así que supongo que no notará el regusto a almendras amargas de su café.

     
  • Sabor de Hambre

    Antonio Carballo Calderón · Ciudad Habana, Cuba 

    ??Así que, vistos los hechos que mi defendido acepta como ciertos sin detenerse en detalles de mal gusto, hago apelación a los instintos de los miembros del jurado. Los invito a un severo ayuno de tres días antes de que mi cliente sea juzgado. En época de crisis florecen las bajas pasiones y se desatan las reacciones animales, siendo el canibalismo el peor de todas ellas. Acosado por las deudas y el hambre, mi defendido optó por ahorrarse una larga y costosa querella contra su colega estafador; cual primitivo gourmet y en el estilo más cavernícola de la historia culinaria, se almorzó al hombre en quien tanto confiara y que arteramente lo arruinó para siempre. El paladar de los hambrientos es tan puro y limpio como el de los niños y por ello se vanagloria sin remordimientos de lo bien que le supo la carne de la venganza.

     
  • Gourmet soñado

    Alicia Ballesta Ruiz · Orihuela, Alicante 

    Aun siendo época de crisis, fuimos osados y acudimos a la tienda del gourmet con la ilusión de poder adquirir una lata de berberechos, de esos que aliviarían momentáneamente todos los males, pero al descubrir su precio y comprobar que no podíamos darnos semejante capricho, cuales niños con derecho al pataleo, acudimos al Juzgado, reclamando una indemnización por los daños psicológicos que nos había producido ver el desorbitado precio de la lata, pues desde ese día, no podemos ver si quiera un mondadientes sin ponernos a llorar, y así no se puede vivir. Finalmente el tribunal de Apelación estableció la imposibilidad de rebajar el precio de tan preciados moluscos, pero estimó los daños psicológicos, y condenó a la tienda del gourmet a eliminar de las latas su precio, así como al pago de una multa en nuestro favor, a razón de seis latas semanales durante un año.

     
  • Bon Vivant

    Luis Miguel Helguera San José · Valladolid 

    Nunca consideré la gula un pecado capital. Y menos, una vez pasada mi crisis de los cuarenta. Sólo soy un gourmet sibarita entregado al buen vino. Y mi abogada ha certificado que no soy un alcohólico; ella bebe más que yo.
    Otra cosa es el picapleitos de mi ex mujer. Un abstemio puritano que pretende arruinarme con la demanda de divorcio. Pero esta vez no quiero más litigios ni recursos de apelación. Aceptaré sus condiciones. Para ella el chalet, el Maserati y la custodia de los niños. Para mí, los viñedos de Saint Emilion y la colección de Reservas bordeleses.
    Ahora mi abogada me espera en el juzgado para firmar el acuerdo. Luego la invitaré a cenar, naturalmente. Subiremos a mi suite y brindaremos con un ChÆ’teau Pétrus del 2004 en el jacuzzi con Barry White como único testigo. Nunca consideré la lujuria un pecado capital.

     
  • Camino a Uinapú

    Leonardo Siré · Montevideo (Uruguay) 

    A orillas del camino a Uinapú, podían verse los esqueletos calcinados de viejos autobuses escolares. Galopaba la tarde en sombras, mientras el crepúsculo corría borrando las siluetas de los pinos. Algunos niños jugaban trepados a aquellos cadáveres insepultos, distantes a todo, compartiendo el lugar con las abejas. El pueblo estaba en crisis. Algunos dicen que lo desencadenó el asesinato de Josephine,la camarera, adjudicado a Núremberg,el gourmet alemán. La chica apareció violada y degollada cerca del río.El presunto asesino fue juzgado,y gracias a una brillante apelación, modestia aparte, finalmente puesto en libertad. Como defensor de oficio me tocó defenderlo. Nadie encontró el arma, y no pudieron incriminarlo. Fue hace muchos años, pero Uinapú ya nunca sería el mismo. Mientras camino pienso:?pueblo de fantasmas?. Veo que un niño ha encontrado algo y se lo muestra a los demás. Es una cuchilla oxidada de cocinero. Sigo mi camino.

     
  • Un buen Sauternes

    Gisela Bühl · Torrelodones (Madrid) 

    Sin la botrytis cinerea, un vulgar hongo que corrompe la uva, no se lograrían algunos de los mejores vinos blancos del mundo… Extraña similitud, pensaba Manuel y elevaba la copa, mientras observaba extasiado el líquido dorado. Unos villancicos canturreados por niños en la calle invadían el silencio del antaño lujoso salón. La crisis económica había hecho mella en la vida de despilfarro del fiscal y había dado paso a una existencia llena de corrupción, que culminaba hoy. La apelación en el juzgado había traído sus frutos. Manuel había perdido el caso. El asesino saldría a la calle porque la única prueba condenatoria había desaparecido sin rastro. Una botella de Chateau d’Yquem de 1811. Única en el mundo. Manuel, además de fiscal siempre había sido un gourmet…

     
  • Pequeñas delicias

    Francisco José Melero Maíllo · Barcelona 

    Siempre que los casos lo permitían, me escapaba a comer al restaurante “Pequeñas Delicias”, cercano al despacho. Como reconocido gourmet que soy, me seducía su exquisita cocina, sus elaborados platos y, especialmente, aquella facilidad para hallar constantes sabores sorprendentes, además con una excelente relación calidad-precio. Era uno de esos negocios a los que la crisis jamás puede afectar. Pero aquella semana se superó, rozando lo sublime. Tiempo después me contrataron para llevar la apelación de un asunto espinoso, relacionado con la desaparición de varios niños de la calle que ya no mendigaban por el barrio y sus alrededores. El cliente que me enseñaba la documentación del juzgado resultó ser el dueño del “Pequeñas Delicias”. Cuando me ofreció un bombón que guardaba con celo en su maletín, y vi cómo miraba la foto de mis hijos sobre el escritorio, una náusea repulsiva me encharcó la boca.

     
  • La buena vida

    Lola Sanabria García · Madrid 

    A los niños no nos pasó nada y mamá sólo se hizo unos cortes con el salpicadero. Pero se empeñó en llevar a juicio al propietario del mercedes. El tío Ramón, excelente anfitrión y mejor gourmet, la invitó a ostras y a champán mientras ella le daba todos los detalles del accidente. Al terminar, él le dijo que no iba a representarla, alegando que no le parecía ético siendo de la familia, y le recomendó un colega, con poco empuje pero muy barato. El día del juicio, fuimos todos al Juzgado. Y allí estaba el tío Ramón como abogado de la parte contraria. Destrozó a mamá con preguntas como: “¿Y no es verdad que usted iba sin cinturón de seguridad?”, y otras peores. Cuando todo terminó, mamá, en plena crisis nerviosa, clamaba por una apelación. El tío Ramón se acercó y le dijo: “Compréndelo, Eduvigis, las ostras valen muy caras”

     
  • La mejor vida

    Ana Isabel Pérez Izquierdo · Castellón 

    “René Bayrou no me perdonó jamás que perdiera la apelación. Sí, René es el reputadísimo gourmet autor de Cocina para sibaritas en tiempos de crisis. Después de ese fracaso me obligó a cambiar radicalmente de vida. Gloria -me dijo- este es tu último día en un Juzgado. ¡Y sí que lo fue! Pero no echo de menos mi vida anterior. Ahora disfruto viendo como mis vides de merlot crecen día a día, esperar a la optima maduración del grano de la uva para proceder a su vendimia, disfrutar de “mis niños” Golfo y Linda que vienen a verme todos los días y se quedan conmigo un buen rato, olisqueando y escarbando por todas partes, y corriendo alegremente cuando aparece algún topillo por entre las vides…”¡Golfo, Linda! ¡Venid aquí! -¡Desde que esparcimos las cenizas de Gloria en la primera línea de vides, se pasan horas y horas allí!

     
  • Cena de amigos

    Lucía Rodríguez Mourazos · La Coruña 

    Viernes, agotadora semana encerrada en el juzgado con la apelación. Una llamada de mí marido cambia la cena de bocata con niños, por una de gourmet con matrimonio de amigos. En el restaurante, no esperaron a que nos sentásemos para dejar caer que aprovechando la oportunidad tenían un asuntillo legal que consultarme. Antes de que nos trajeran la carta nos explicaban apasionadamente como iban a “meterle un puro al vecino”. Se trataba de los típicos roces sin importancia aparente pero que pueden derivar en verdaderos desastres. Los escuché con calma en los primeros, aderecé la carne con algo de mano izquierda, y para los postres los ánimos estaban templados y ellos convencidos de probar una solución alternativa fuera de la vía legal. Volviendo a casa, con la satisfacción del “trabajo” bien hecho, pensé: “con estas “minutas” ¡quién remonta la crisis!”

     
  • Cambalache

    Manuel Sánchez Vicente · Madrid 

    Cuando puse fin a nuestra crisis de pareja ahogándote en la bañera no supe qué hacer, así que enterré tu cuerpo bajo las losetas del sótano y comencé a imitar tu voz. Escuché el contestador hasta que hice mía esa forma de arrastrar la letra “g”, como un gourmet francés. Luego estudié nuestros vídeos. Copié tus gestos rotundos, tu peinado caótico y esa manía tan tuya de mordisquearte la lengua con los paletos, como hacen los niños traviesos. Han pasado diez años desde que desaparecí y ahora te acusan de un crimen. Creen que me has asesinado. Mi abogado ha presentado una apelación en el juzgado, pero mi única opción es que no registren la casa. Cariño, veo tu cara en el espejo y recuerdo que nunca fuiste rencorosa. Por favor, deja que recupere mi aspecto. Al fin y al cabo, yo te devolví la vida.

     
  • Dulce Roxana

    Cristina Reina Hernández · Almoradi, Alicante 

    '- ¡La amaba tanto!- dejó escapar un juego de lamentos. - ¿Usted se da cuenta de que está siendo juzgado?¿Es usted consciente? - ¡Mi bella Roxana! Tan bella. - Pido que el acusado sea devuelto a su celda antes de que tengamos que asistir a una nueva

     
  • El soufflé verité

    Sergio Villanueva Martín · Valencia 

    Ulises Manzanares, conocido gourmet y amante de los apetitos, gozos y sentimientos, pronto se casaría con la abogado Lucrecia Tapp. A dos semanas de la boda, ambos estaban a punto de degustar el Soufflé Vérité, un curioso y exquisito plato con el que los sentidos emprendían un inexplicable viaje hacia eso mismo, la Verdad. - Te cedo el uso de la palabra- comentó ella con ironía. Con la fineza que le caracterizaba dirigió el cubierto hacia su boca y cerró los párpados. Al principio acudió al catador un sabor dulce, y con él una vida maravillosa con la joven abogado: casa a las afueras, y dos preciosos niños. Luego vino el sabor salado, algo amargo, y con él: crisis, separación, juzgado, pérdida de la custodia, apelación, y una fuerte depresión con la que conviviría hasta ser anciano. Ulises Manzanares, súbitamente abrió los ojos. - ¡¨Y bien?- preguntó expectante su novia.

     
  • Un buen motivo

    Raúl Garcés Redondo · Zaragoza 

    Tras varios platos deliciosos, el gourmet se levantó de la mesa y al grito de "ya" salió corriendo acompañado por su mujer y los niños. Días después, en el juzgado, como única apelación mencionó la crisis que sufre en la actualidad el país.

     
  • Rockstar del juzgado

    Almudena Morán Ruiz · Madrid 

    Cuentan que entró en crisis el día que se largó de casa con un mejor partido, hijo de un reconocido gourmet. Se debió de sentir engañada, ella que había escogido de entre todos los niños que componían el ganado universitario lo que le pareció una apuesta ganadora, hijo y nieto de catedráticos de derecho civil. No podía haberse imaginado que el heredero a catedrático iba a conservar tan insigne nombre y apellido para dedicarse a ser rockstar ¡¨Qué es eso sino un engaño a una que ya se veía de mujer de magistrado¡€™Años después, esperando a entrar en la apelación de su tercer divorcio, recuerda aquel día, al ver entrar en la Sala, con imponente seguridad, pantalones ajustados bajo la toga y parche de AC/ DC, al abogado de la parte contraria, apodado el ROCKSTAR DEL JUZGADO.

     
  • Abogados en paro

    Enrique Bonín Fernández · Matalascañas (Huelva) 

    La ciencia jurídica estaba en crisis en ese país. Los juzgados morían de inanición, sin una apelación que llevarse a la boca. Las yerbas invadían las escalinatas de la cárcel. Las escaleras de las iglesias estaban desgastadas, abandonó la política y se dedicó a ayudar a los más desfavorecidos. Museos y bibliotecas tenían abiertas sus puertas de par en par durante todo el día. Los niños llenaban las escuelas. Las amas de casa eran expertas gourmets, igual que nuestras abuelas. Jueces y fiscales no eran protagonistas de nada. Los periódicos agotaban sus tiradas. Las gentes caminaban sosegadas. Los coches se aparcaban en las calles sin cerrar sus puertas con llave, como dicen que sucedía hace tiempo en ciertos países. Las deudas se pagaban puntualmente. Los políticos servían a sus electores sin corromperse ni medrar. La policía se aburría soberanamente. Los cuarteles militares se llenaban de telas de araña...

     
  • Confesión de Gourmet

    Mateo Chiarella Viale · Lima (Perú) 

    Yo era de esos niños gordos; blanco perfecto de los perfectos. Yo era de esos de la eterna paciencia y los profundos lagos de crisis. Yo. Por eso no me importa lo que ahora hago, padre. No me importa la apelación de mis horrorizadas víctimas. Simplemente, cual buen gourmet, los sazono a mi real gusto y me los termino comiendo. -Ten piedad- me dijo Lucas. -Yo tengo familia- Pero Lucas, padre, jamás la tuvo cuando en Tercero me insultaba. Por eso es que le di, el último lunes, un mordisco definitivo. Para hacerle entender que mi pesado cuerpo, ese del cuál tanto se había burlado, ahora alojaba a un juez, a un fiscal y hasta su propio abogado, y que aquella cocina, mi cocina, sería ante sus ojos el único juzgado y... el cuchillo, por fin, mi única biblia.

     
  • Un día en la vida de Iván

    Javier Montero García-Noblejas · Madrid 

    Me despierto, y mi mujer cariñosamente me dice: “ya vas tarde”. Me afeito mientras tomo un café, (¡cuidado con la corbata!). Voy volando al Juzgado de lo Penal. nº 12, tráfico infernal. Mi defendido…Sr. Martín Piedra (juicio de amenazas y coacciones). “Señoría, con su venia…”. Después juicio de faltas en el nº 19 (accidente de tráfico) “Señoría, con su venia…”. Hora de comer: pido un “menú crisis” (dejo el “normal” y el “especial”, para los gourmets). El cielo está ligeramente encapotado, empezará a llover en breve. Me tomo un café, y echo un vistazo a las noticias (de ayer) en el periódico (de hoy). Voy zumbando al despacho. Tengo un recurso de apelación que me vence mañana (en guardia, por supuesto… un juego de niños). Me tomo otro café –termino pidiendo la hora en tiempo de descuento- y vuelvo a casa. Me despierto, y mi mujer cariñosamente me dice…

     
  • Plato frío

    Rosana Alonso Fernández-García · Camarma de Esteruelas (Madrid) 

    Sonreía al leer el recurso de apelación que le llegaba desde el Juzgado de 1ª instancia número doce; al leer el nombre y apellidos del sujeto que interponía el recurso; al firmar la desestimación. Una desgracia más sumada al cúmulo de desdichas que hacía sufrir a su compañero de escuela de la infancia. Ya desde niños albergó hacia él una envidia que apenas cabía en un cuerpo tan frágil y pequeño. El tiempo separó sus destinos pero sin que él lo supiera había seguido todos y cada uno de sus éxitos: desde su boda con ella hasta la creación de la empresa que ofrecía manjares exóticos a los gourmets de medio mundo. Con paciencia de araña y los muchos recursos que como juez manejaba consiguió conducirle rumbo a una crisis financiera y personal. Esa noche la sopa de la cena no consiguió entibiar el frío que invadía su cuerpo.

     
  • La cita

    Fernando Bedoya Londoño · Florencia-Caquetá-Colombia 

    Los días para la apelación habían terminado. ¿Sería que en esas pocas horas que quedaban podía redactar el documento y enviarlo al juzgado que por las fiestas navideñas podría cerrar antes de la hora prevista? Calculó el tiempo y pensó que sí. En ese momento sonó el teléfono y contestó: Aló, Fernández y Martínez ¿en qué podemos servirle? ¿Es con el abogado Fernández? dijo la Señora Suárez a quien reconoció por su sensual voz. Sí, con él habla. ¿Ha pensado en mi propuesta?-preguntó ella- Sí, claro, dónde nos vemos?. En el restaurante de su amigo el gourmet y allí veremos,-respondió la dama. Horas después entre sábanas satinadas miraba a la nueva rica y pensaba que su crisis económica había terminado; los niños le serían entregados al ex marido y él gozaría de la fortuna. Luego pensaría en alguna mentirilla para explicarle a su cliente porque habían perdido el pleito.

     
  • La apelación

    M¡¦ de la Soledad Maestro Alvarez · San Sebastián 

    El abogado apelaba al derecho de aquella niña, trasladada por orden judicial a mil kilómetros de la ciudad que le vio nacer, a comunicarse con sus seres queridos, cuando sobrevino la crisis en medio de su aparente aplomo. -"¿Saben Uds. Señorías para qué sirve esto?",- preguntó el abogado esgrimiendo en alto la Declaración de derechos del niño -Yo les mostraré para qué sirve." Acto seguido, sacó de su maletín servilleta, salero y pimentero; con maneras de gourmet, aderezó con esmero el código y ante la mirada atónita de los Magistrados de la Sala de Apelación, comenzó a comérselo mientras argumentaba: "Dado que no hay Juzgado que respete esta Declaración, dado que los derechos de los niños son continuamente pisoteados, y dada la hora, permítanme que me los coma. ¿Gustan?."

     
  • Derecho versus torcidos

    Mª Cruz Silva López · Pontevedra 

    Se celebra juicio en Sala. El Juez antes de interrogar al compareciente, le acusa de tener antecedentes penales; Letrado y cliente se quedan impactados como niños. El Letrado, privadamente, pregunta al cliente si ha cometido algún delito; éste, acongojado, responde: “… quizás alguna multa de tráfico”. El Letrado, aliviado, despliega sus facetas de detective - psicólogo (como es habitual en esta profesión), solicitando ver el certificado de penales: …el “sujeto” responde al nombre y apellidos de su cliente, nació en el mismo lugar… pero su nº de D.N.I y padres son otros. Apela dicho error y prejuicio ante su Señoría, que por tamaña torpeza desarrolla una crisis nerviosa, dando prueba de ello la orden que propina al siguiente testigo para que saque las manos de los bolsillos, “en Sala hay que guardar compostura” –dice-. El testigo responde: “Sr. Juez…, soy manco”. Hoy en día, su Señoría es gourmet de cocina judicial.

     
  • A fuego lento

    Salomé Guadalupe Ingelmo · Madrid 

    '- Hay pocas probabilidades de que con la apelación logremos una reducción de la pena. Quizá tenga que afrontar la cadena perpetua ¿Por qué demonios lo hizo?, inquiere con aire angustiado. - Estaba harta de palizas. - Podría haberle denunciado. - Lo

     
  • Apelación con Queso

    Adela Ramos Contioso · Sevilla 

    Eran las tres de la tarde en el viejo edificio de la Audiencia. Como un grupo de niños hambrientos los Magistrados de la Sala pasaron uno tras otro los folios del recurso de apelación aspirando su aroma con curioso y no disimulado entusiasmo. Era evidente que el Letrado, miembro de la Academia Sevillana de Gastronomía y reconocido Gourmet, lo había redactado mientras cocinaba Cinta de espárragos abrazados al cabrales. -Ay, la crisis, la maldita crisis, -pensó el ponente mientras olfateaba con fruición los fundamentos jurídicos que le daban un repaso al Juzgado a quo, celebérrimo por sus desmanes jurídicos. En este folio, el delicioso aroma impregnado del queso; en aquel, la amarga y perfumada reminiscencia de los espárragos… -Se admite el recurso sin ningún género de duda, y vaya sentencia desafortunada del primera instancia siete, -masculló el ponente con la aprobación unánime del resto de sus colegas.

     
  • El templo templado

    Olga Guerrero Larrazábal · Málaga 

    Hola. Soy un abogado sentado. No de pie ni acostado, sino sentado. Me encuentro en el punto medio de todos vosotros. No soy frío ni caliente. Templado en un juzgado, contemplo la crisis que vence nuestro Estado. Al final, muchos se decantarán por pedir una apelación, pero la Señorita Crisis perdonará a los de siempre y sin perdón. Yo al menos he conseguido una prolongación de esto que llaman vida. He ganado el famoso caso del Gourmet y los niños de carne fresca. Por ahora, seguiré muriendo sentado. No de pie ni acostado, sino sentado.

     
  • Sin manos

    Maria Dolores Rubio de Medina 

    Camino del Juzgado, me senté en una mesa de la terraza del restaurant Gourmet. A unos pasos, jugaban unos niños. Uno de los críos, volaba, los brazos extendidos en cruz, sobre el sillín de su bicicleta. Un perro, ladrando, con el pelambre alborotado, se le cruzó. El niño se balanceó sobre el armatoste, quiso asir, a la desesperada, el manillar, hizo un giro extraño y aterrizó en mi plato de sopa. No sé que me provoca más desasosiego: transitar por esta ciudad llena de bicicletas, advertir el cariño con que los viandantes pasean a sus perros o recordar la crisis de nervios que sufrió su Señoría cuando deposité sobre su mesa el expediente de la apelación salpicado de fideos.

     
  • Cuentos reales

    Ana Eva Suárez García · A Coruña 

    Mi niñez se empapó de dulces y fantásticos cuentos reales que Pedro el gourmet, antes marino, me contaba mientras me enseñaba a apreciar los mejores sabores de la vida. Hoy, la mayor parte de las historias que escucho, en el juzgado, son grises; vidas en crisis que posiblemente querrían huir en el barco de Pedro, como yo. Desapareció sin despedirse y nadie supo ni quiso darme ninguna explicación. Quise imaginar que era un pirata defensor de niños, de causas justas; un abogado del mar. Hoy nos hemos reencontrado. Yo, su aprendiz, he sido su juez .La defensa tenía una apelación lo bastante convincente para que los cargos que se le imputaban quedasen anulados. Sin ningún disimulo, se acercó a mí, sacó un trozo de pastel del bolsillo y una botella con un mensaje y me dijo: "Te lo debía, muchacho".

     
  • El Juicio Final

    Jose Manuel Hidalgo López · Statesboro (Georgia. EEUU) 

    Su Excelentísima Señoría, Teodomiro Fernández, era un juez de esos que no admiten apelación a trámite. Ya de niños recuerdo que era un severo delegado de clase. Con su natural sobriedad entró como cada mañana en el Juzgado. ¡Sus ojos no podían dar crédito a lo que estaban viendo! ¡Aquel día y en aquel distrito se iba a celebrar el Juicio Final! Dios estaba con una corte de angelotes a su derecha mientras que Lucifer estaba con otra de demonios a su izquierda. Teodomiro se rascó la cabeza. El resultado parecía sencillo, pero sabía que si desterraba a Lucifer se quedaría pronto en el paro y ¡encima en tiempos de crisis! Así que dejó el martillo a un lado y frotándose las manos dijo: -Conozco un buen restaurante llamado Purgatorio, os invito a una cena de Gourmet ¡a ver si después de dos mil años logramos llegar a un acuerdo!-

     
  • Comida de trabajo

    David Vivancos Allepuz · Barcelona 

    Hace tiempo que dejé de ir a comer con mis compañeros al bar del juzgado para hacerlo en mi despacho. Aunque sus platos difícilmente habrían satisfecho las expectativas del gourmet más exigente, sería injusto achacar mi decisión a la calidad de lo servido: de hecho, también había ido allí algún domingo con los niños. Mi elección tampoco guardaba relación con la crisis, ya que sus precios eran razonables. Fue fruto de la casualidad, supongo. No recuerdo cómo probé mi primer expediente pero sí su agradable sabor en mi paladar. Devoré providencias y papel timbrado con fruición desde ese día hasta la mañana en la que el juez entró en mi despacho alertado por los muchos documentos que últimamente se habían, digamos, traspapelado. Innecesario fue improvisar una excusa plausible: mis carrillos hinchados de celulosa me delataron. Dejó sobre mi escritorio una apelación particularmente incómoda. Ya sabe qué hacer con ella, dijo.

     
  • Os protegeré

    Manuel Molina Domínguez · Palma de Mallorca 

    Al principio solía agitar mi negra toga de forma casi imperceptible, en el estrado, cuando nadie me miraba. Después fui perfeccionando la técnica sin tanto disimulo: caminando por el Juzgado, y también por la Audiencia entre apelación y apelación, agarraba los lados de la toga y aleteaba enérgicamente. Empezaron a mirarme de reojo. Después arreciaron los comentarios: "mariposón", “trastornado”. Me daba igual. Nada me impediría cumplir mi misión. Y aunque para un gourmet como yo incluso en crisis sea duro alimentarse mediante suero, ha merecido la pena por leer el titular del periódico: “BATMAN EXISTE Y ESTÁ EN NUESTRA CIUDAD. Anoche numerosos testigos le vieron saltando entre los tejados”. El problema es no poder pasar las páginas. Pero la enfermera dice que cuando me quiten las escayolas podré hacerlo yo mismo. Entonces, miro por la ventana a mis desamparados conciudadanos, sonrío magnánimo, y pienso: “volveré, y os protegeré, mis niños”.

     
  • Mi traje

    PEDRO MARIA VILLASANTE VELEZ · Bilbao 

    Salgo del trabajo y voy camino de mi casa. Si no fuera por los niños no volvería. Visto mi traje-chaqueta de Dior, y me siento fuerte. Es como mi traje de supermán. Cuando llego a casa me lo quito, y con él, guardo mi fuerza en el armario. Y entonces me convierto en una mujer frágil e incapaz de plantar cara a un hombre que me maltrata. Pienso que tal vez mañana sea un buen día para tocar el cielo. Antes de sufrir otra crisis de ansiedad, voy a empezar a saborear la vida como un buen gourmet. Mañana iré al juzgado a denunciarle. Soportaré los juicios, apelaciones y luchas por la custodia de mis hijos, porque al fin y al cabo tengo mi traje de supermán. Me pondré el traje y… o toco el cielo o me voy a él.

     
  • El primer día

    Natalia Lechón Camino · Valladolid 

    Siete de Enero. Siete de la mañana. El despertador. La ducha. La radio anuncia frío glaciar.¿Dónde ha puesto la ropa?. El desayuno, ¿y qué desayuno?. A este paso no llega a tiempo. Termina en el Juzgado. Pasa por el Colegio. Llega al despacho. Recoge el correo. Otro turno. Una notificación. Y otra. El ordenador; abre el correo: más notificaciones. Llaman; otra vez el teléfono; ahora el Procurador: la apelación de mañana. La documentación que no llega. Su compañero la necesita. La base de datos está lentísima. Tiene que irse a casa. Abre la puerta. Huele bien. Silencio. Un beso de bienvenida. Los niños en la cama. Besos de buenas noches. La crisis de hoy le da una tregua: en la mesa espera una cena de gourmet.

     
  • Encontró su amor

    Óscar Adolfo Medina Pérez · Armenia (Colombia) 

    Cuando María conoció a Carlos, supo de inmediato que era el hombre con quien debió casarse. Su paladar exquisito, sus finos modales y sobre todo su ternura, le recordaron que existían el juego, la aventura y la pasión. Se acentuó la crisis de su matrimonio; no sabía cómo logró vivir diez años con Iván, ni se imaginaba otros tantos sin que le regalaran un ramo de flores, un ‘te quiero, mi amor’, una sonrisa cómplice. Afortunadamente todo quedaría atrás. Se divorciaría y contraería nupcias con Carlos, quien la convenció para que sólo pidiera la custodia de los niños, y no los bienes, evitando así una larga apelación. Todo resultó según lo planeado: el juzgado falló a favor de María, quien quedó libre para recomponer su vida y ser feliz. Cuando le comunicó la noticia a su amado gourmet, éste se llenó de júbilo y regocijo: ya podía casarse con Iván.

     
  • Contigo/Sin ti

    Marta Toca Robledo · Madrid 

    .- Cariño no me esperes levantada, todavía estoy en el Juzgado y quiero resolver hoy sobre esa Apelación que me trae de cabeza... .- niños!!! silencio que no oigo a vuestro padre!!!...iba a acostarlos ahora...y pensaba esperarte con tu vino favorito y con una exquisita cena salida del mismísimo club del Gourmet...bueno no te preocupes todo seguirá esperándote para mañana... .- Señoría ¿se marcha Vd. ya? .- Sí Celia y Vd. debería hacer lo mismo; estamos en crisis ¿no? .- Eso dicen... .- Pues hágame caso y no deje que entre en su casa.

     
  • Magia, bello

    Yemila Saleh Fraile · Bilbao 

    Jamás fui una Sofia Loren, era demasiado delgada; por eso me obligabas a comer tus suculentos platos diciéndome:“mangia, bella, che ti fa bene”. ¿De dónde sacaste esa frase? De alguna de tus películas italianas, supongo, porque tú siempre presumías de ser cinéfilo, y de hablar cinco idiomas, y de ser un gran gourmet. Eras casi perfecto, el gran abogado, el defensor de la Justicia…Sólo te afeaba el hecho de que te gustara dar palizas a tu inculta esposa. Cuando te pedí el divorcio, tu ego entró en crisis; juraste hundirme y quedarte con los niños, a los que exhibías como otro trofeo de tu vida ideal. Y aunque ganaras el primer asalto, al final, contra todo pronóstico, logré la custodia en apelación. Entonces, fui yo la que te dedicó tu frasecita: “mangia, bello…”. No debiste jurar por tu honor que, si perdías, te comerías la sentencia en el mismo Juzgado...

     
  • Bond en crisis

    Roberto López Vargas · Leganés (Madrid) 

    Mi nombre es Bond, James Bond. Hasta hace cuatro días era el agente secreto marcapaquete más famoso y envidiado del mundo. Tenía mujeres “a cascoporro”, iba a fiestorros de alto copete, poseía “gadgets” capaces de convertir mis ventosidades en un motor a reacción... Pero llegó la crisis y el recorte de gastos. Ahora bebo pacharán en lugar de mi Martini con vodka agitado, no mezclado; conduzco un Dacia Logan diesel en lugar de mi Astor Martin de 400 caballos y almuerzo, como los obreretes, en tascas en las que pago con cheques “gourmet” en lugar de comer caviar, ostras y Moët Chandon. Y para colmo, he tenido que ir con mi abogado al juzgado a presentar una apelación contra una sentencia que asegura que ¡soy padre de dos niños! ¿Y cómo demonios quieren que sepa yo si son míos con mi historial sexual? ¡Qué cutre es ser pobre!

     
  • La abogada coneja

    Miguel ¡µngel Gayo Sánchez · Sevilla 

    En el foro se la conocía como la abogada coneja por su propensión a los partos bajo sede judicial. Neurótica e hiperactiva, la llegada al mundo de sus queridos niños se precipitó por sendas crisis: el primogénito, al romper aguas cuando corría por los pasillos del juzgado persiguiendo al Secretario que trataba de darle esquinazo; la niña, cuando en su exagerada géstica se abalanzó sobre el estrado y perdió el equilibrio. Confirmado el tercer embarazo, puso todo de su parte para tomarse los pleitos con la tranquilidad del buen gourmet, y acudió sin ánimo de bronca a presentar los escritos de apelación. Pero encontrar el puesto vacío y a las funcionarias en animado contubernio le afloró el viejo carácter. Así nacieron sus mellizos: espatarrada sobre el mostrador del Registro mientras se sellaba a sí misma, entre contracción y contracción, los recursos que traía.

     
  • Rutina de niños

    Germán Giménez Imirizaldu · Sabadell (Barcelona) 

    A los seis años sabes que eres niño porque tienes claro que no eres niña. Y viceversa. Sabes quién eres porque te han puesto nombre. Sales del colegio, pero no sabes por qué has entrado. Te llevan cada día. Con el tiempo superas esta crisis. No te preguntas para qué sirve, porque el día siguiente será idéntico; te van a llevar ahí, vas a hartarte de escuchar a la maestra, vas a comerte el bocadillo que no te apetece porque querrías galletas como tu amigo, el gourmet, y vas a jugar en el patio. Vas a comer lo que no comes en casa porque mamá te hace cosas que no llevan tomate. Y llega un momento en que te quitas la bata y sigues a la seño hasta la salida. Pero papá tampoco estará ahí hoy, ni mañana. Al menos hasta que en el juzgado resuelvan la apelación. Eso dice.

     
  • Justicia natural

    Clara Sánchez Urbano · San Sebastián de los Reyes, Madrid 

    El titular de aquel juzgado sabía que el fin del mundo no estaba tan lejos. El iba cada mañana a hacer allí su trabajo. La amalgama de asuntos, las ratas jugando a las cuatro esquinas en la sala de vistas y las crisis que sufría su ordenador, terminaron carcomiendo su ilusión. Pero todo cambió cuando apareció Gourmet. Así fue como apodaron los funcionarios al que terminó salvándoles en parte de la hecatombe; por muy gato que fuera se merecía un nombre. Ante el asombro del magistrado, el felino se colaba en la corte y repartía justicia entre los roedores. Entonces todos dejaron de utilizar las sillas como salvavidas y acomodando sus posaderas retomaron la tramitación de los recursos de apelación. Tras cada faena, le vitoreaban como niños. Fue una pena que no supiera administrar justicia entre los hombres o arreglar ordenadores. Ahora les tocaba a ellos hacer el resto.

     
  • Condenado a muerte

    Victorio Nombela Antolín · Albacete 

    Has sido condenado a muerte. No. Lo siento. No voy a reconsiderar mi decisión. No me importa que alegues que soy abogado defensor, o que repitas que mereces un juicio justo en un juzgado y no ante mi cocina, donde te encuentras. Pero ya lo he decidido y no habrá apelación. De nada te servirán tus llantos ni ruegos. Si, Voy a matarte. No es nada personal, pero estamos en crisis y mis niños tienen hambre. Nada hay de lo que me puedas decir que haga cambiar mi fallo. No me hagas gastar más tiempo. La sentencia es firme, no eres más que un pavo de navidad. Al menos prometo que te guisaré de modo que haga las delicias del mejor gourmet.

     
  • ¿QUÉ SI NO?

    Amor Lago Menéndez · Valladolid 

    Sorprender a tu ligue con una cena en el mejor restaurante de la ciudad, haciéndole creer que eres un experimentado gourmet: 270 euros. Pasar una tarde con los niños en el Parque de Atracciones para que dejen de preguntar a su madre quien es ese señor con bigote que entra en casa: 63,50 euros. Constatar que, incontables horas de arduo trabajo han quedado reducidas a una sentencia de poco más de tres folios, con letra Arial, negrilla, tamaño 16 y ¡ojo! a doble espacio; comunicar a tu cliente, pero no a cualquiera, al que te visita con el Código Civil subrayado, que la apelación ha sido desestimada tras años de pleitear en el juzgado y, finalmente, comprobar que el magistrado ponente ha dejado noqueado tu equilibrio emocional con la consiguiente crisis y replanteamiento de tu vida profesional ¿Tiene precio? Sí, 102,17 euros. Abogado de oficio, ¿qué si no?.

     
  • Toro de atún

    Félix Fernández-Maqueda S. · Madrid 

    Germán, empresario y sibarita, presumía de dos cosas: del precio de las personas y de su exquisito gusto de gourmet. Adoraba la lentitud de las percepciones que atrapan todos los sentidos: un buen traje, Puccini, el mar de fondo, champagne francés, delicatessen, mujeres de maneras sensuales, sedosas y perfumadas. Cuando su abogado le llamó a la salida del juzgado degustaba en el Goizeko un tartar de toro de atún regado con Moët Chandon. La sentencia de apelación le absolvía de los delitos de estafa y falsedad documental. Se felicitaron efusivamente. Cuando colgó pensó que en España sólo los muy tontos y los mediocres van a la cárcel. Brindó con su acompañante y continuaron hablando de la crisis de Cajamadrid. Al final de la comida llamó a Mamen, que estaba recogiendo a los niños, y le anunció que pasarían unos días en Baqueira, con su amigo el Magistrado y su mujer.

     
  • Pluriempleo

    MONTSERRAT PÉREZ MARTíNEZ · Barcelona 

    Ricardo Soler, salía del juzgado. Acababa de conseguir una pensión de incapacidad para su representada. Aunque sabía que la Seguridad Social presentaría recurso de apelación, la sentencia era un triunfo. Se sentía orgulloso de ser abogado, claro que hubiese preferido seguir manteniendo en cartera a las grandes empresas de antaño, que aportaban mucho más beneficio económico. Pero, no corrían buenos tiempos.... No obstante, Ricardo no permitiría que sus niños tuvieran que dejar su prestigioso colegio, ni que su esposa, Daniela, tan exquisita, con sus gustos de gourmet, renunciase a su placentera vida. Por eso, se dirigió hacia el hotel donde martes y jueves, cumplía con su segundo empleo, satisfaciendo deseos de señoras bien acomodadas. Entró en la 412. En la penumbra, se acercó a su cita. Besó su nuca, buscando sus labios…. -¡Ricardo!.... -¡Daniela!…, yo…, la crisis….Pero… ¿y tú?....

     
  • La revista

    Manuel Rodríguez Prendes · Vigo (Pontevedra) 

    Unas gotas de sudor frió resbalaron por su frente al terminar de leer el artículo sobre su restaurante en la revista “Gourmet”. Estaba acabado. Juzgado y sin derecho a apelación por aquella maldita revista. Y todo por culpa de la crisis. Había intentado reducir costes de forma desesperada pero aquel aprendiz de cocina que despidió dos meses antes lo había contado todo. Sueldos miserables, productos de baja calidad, incluso caducados… ¿Qué ocurriría cuando se enterasen sus clientes? ¿Cómo poder llegar a casa y ver la cara de sus niños sin romper a llorar? Estaba tan nervioso que le temblaban las piernas. Sentía ganas de gritar, de correr, de huir. Ojalá todo fuese una pesadilla y ese reloj despertador tan odiado en otras ocasiones lo rescatase pronto. Pero nunca llegó a sonar. Era real y debía de afrontarlo cuanto antes. Telefoneó a su mujer y volvió a casa.

     
  • El Gran Señor

    Mireia Bonaventura Caparrós · Barcelona 

    No daba crédito a lo que oía, aquel mequetrefe debía haberse equivocado, eso no les pasaba a los grandes y poderosos hombres de negocios como él. ¿No estaba en boca de todos que la Justicia no existía, que era una mera falacia, que los que tenían dinero siempre conseguían escapar de ella? Los niños corrían por la estancia, mientras el caradura de su abogado le explicaba que ya no era posible ninguna apelación ni tampoco era viable una revisión del caso. Acababa de pasar por el Juzgado y un funcionario le había chivado el fallo de la sentencia. Ahí estaba el gran señor, intentando digerir la noticia. Hombre refinado, de gustos caros, gran gourmet y amo de todas las fiestas……. El abogado le sacó de sus ensoñaciones al manifestar “vienen tiempos de crisis”. Por un instante, pensó en estamparlo contra el Miró que colgaba a sus espaldas.

     
  • Cuestión de método

    Nuria del Peso Ruiz · Madrid 

    –¡Estoy hasta las narices de los niños, Juan Luis! –Tú lo has querido, nena. No haber gimoteado ante el juez para que te concediera la custodia. Si es que siempre te ha perdido el llevarme la contraria. Ahora te jodes, por lista. –La culpa es tuya. Como sólo los ves una vez cada quince días, te los llevas a esos restaurantes para gourmets con tu grupito de actores de pacotilla, y cuando yo les pongo macarrones o lentejas me tuercen el morro. Y ahora tú me dirás, con la crisis que hay y los niños pidiendo bogavante y jamón del bueno. Voy a presentar una apelación en el juzgado. –¡Pues allí nos veremos! Pero te advierto una cosa, ya conoces mi dominio del método Stanislavski, y el papel de padre irresponsable lo bordo.

     
  • ERRARE HUMANUM EST

    Silvia Echevarría Sánchez · Bilbao 

    Él es un Licenciado en Derecho en crisis, cuya divisa provoca la risotada de sus colegas que le consideran persona non grata. Sí, diariamente nada más que le ven aparecer, forman corrillos para dirigirle mofas de una crueldad sólo empleada por los niños. Y todo porque la fastidió presentando aquella apelación fuera de plazo. Pese a todo no se rinde, aunque agacha la cabeza cuando les responde casi en un susurro: “Primus error veniam meretur”. Toda su vida la ha pasado en un Juzgado, pero ahora está desprestigiado. “Ese es aquel que se equivocó”. Maldición contra la que no cabe ningún recurso. De nada le sirve su talento, sus noches de estudio, su comportamiento exquisito cual gourmet en el estrado. “Ese es aquel que se equivocó”. Su placa de “abogado”, que presidía la puerta del despacho, ya deteriorada, ha sido sustituida por “ERRARE HUMANUM EST”.

     
  • Al contado

    María Teresa Ganfornina Rus · Jaén 

    Cuando salgo del juzgado, como buen gourmet, me gusta ir al mercado. El carnicero, el pescadero … todos me proveen y yo, con crisis o sin ella, a todos les pago al contado sin apelación alguna. Tantos euros son -me indican- como estos -les contesto- entregándoles la cantidad demandada. No espero a ingerir los suministros para cumplir con mi obligación, sino que pago de inmediato. Si después no me gusta lo que consumo, le compro a la competencia: es mi castigo. También pago el colegio de los niños -al contado claro- y éstos suspenden. No condiciono mi deuda a que aprueben. Yo primero pago y después ... ¿Seré el único imbecil al que exigen resultados para luego intentar eludir el pago? Perdón, casi se me olvida: soy abogado.

     
  • Entre el cemento

    Antonio Alcaraz Mateos · Murcia 

    Me invadió una sensación extraña. Allá abajo, en los calabozos del juzgado, en su submundo hediondo, gris, en crisis. Algo iba a pasar. Yo conocía a la detenida. Sin duda. Pero no recordaba. Hasta que el nacional abrió la celda, hasta que ella salió tambaleando de la misma. No podía creerlo. Era Pilar. La lozana, ingeniosa y despierta Pilar. Un mito en mi adolescencia. Inalcanzable, galáctica. Delicatessen para el exquisito gourmet. Pilar o lo que quedaba de ella. Veinte años después. Demacrada, temblorosa, heroinómana. No me reconoció, aunque tenía claro su destino. Sabía que era carne de prisión provisional. Reiteración delictiva. Sólo le preocupaba el cuidado de sus cuatro niños. Esa sería la base de la apelación. Arraigo. Nada de riesgo de fuga. Intenté tranquilizarla mientras el nacional la metía con brusquedad en el chabolo. Insensible por cotidiano. Habría visto tantas. El guardián entre el cemento.

     
  • Orgullo paterno

    Jesús García Pérez · Madrid 

    Tras los fastos navideños se imponía una vuelta urgente a la realidad de la crisis. El desayuno, frugal, nada que ver con los manjares dignos de un gourmet de los días precedentes. Encontró la carta junto al ya obsoleto árbol de navidad. Nada más abrirla reconoció la letra de los niños. Comenzó a leer y una mueca de asombro se esculpió en su rostro. La apelación era intachable. Era un escrito perfectamente ordenado, claro, consecuente y conciso. En él, solicitaban la presencia en el Juzgado de lo Reyes Magos para expresarles en persona su disconformidad con los presentes recibidos y exigían una compensación por la escasez de regalos. La postdata, solicitando los servicios de su propio padre como letrado, consiguió devolverle la sonrisa.

     
  • Dos Hermanos

    Daniel Rodríguez Rivero · Fuengirola (Málaga) 

    Apenas eran unos niños cuando la suerte decidió que no sería su compañera de viaje. En un mundo en crisis, los lazos familiares sucumbían ante la arrolladora fuerza de la necesidad y así, una fría mañana, tuvieron que separarse en un desolado muelle. Antón vió como la figura menuda de su hermano se iba desdibujando en el horizonte, hasta zambullirse en la neblina del tiempo. Con los años, prosperó hasta convertirse en abogado. Pasaba su tiempo en el juzgado, entre apelación y apelación, sin dejar de buscarle. Finalmente, logró encontrarlo en una pequeña ciudad donde ofrecía sus servicios de gourmet. Una noche, mientras paseaba en busca de la dirección de su casa, vio surgir de la bruma nocturna, una figura familiar. No hicieron falta palabras. El reloj retrocedió varias décadas y allí, media vida después, se abrazaron con los ojos inundados de tristeza. - Apenas éramos unos niños...

     
  • Buñuelos con trampa

    Teresa Arpal García · Caspe (Zaragoza) 

    De niñós, en los sesenta, no sabíamos lo que era un gourmet, pero reconocíamos un buen bocadillo. En los recreos engañábamos el apetito con pan y mortadela. Ignorábamos lo que era la crisis, aunque la padeciéramos. Sólo uno traía fiambrera con buñuelos. Ojos envidiosos hacían diariamente apelación a su generosidad, mas él engullía sin tregua. Una mañana de invierno la fiambrera desapareció. Interrogaron a toda la clase, amenazándonos incluso con los calabozos del Juzgado. Ese día no tuvimos ni frío ni hambre. Clase tras clase se nos pedía confesión y arrepentimiento; un muchacho, incapaz de soportar la angustia y el miedo al castigo, cantó; lo expulsaron. Años después, en el velatorio del propietario de la fiambrera, supimos que la misma nunca salió de su casa. Dijeron también que el desdichado había muerto de indigestión tras hartarse de buñuelos, lo había invitado un antiguo compañero del colegio de primaria.

     
  • Vocación de abogado

    Mª Ángeles García Rosado · Las Navas del Marqués (Ávila) 

    Mi vocación por la abogacía comenzó siendo una niña. Yo quería ser abogado, pero no conocía a nadie cercano que tuviera relación alguna con los Juzgados. Me empeñe en ser abogado, a pesar de que mi padre era cartero. La apelación a un familiar con carrera universitaria para que variara mi vocación, no sirvió de gran cosa. Nos invito a mi madre y a mi a comer, ya que era un gran gourmet, mientras disertaba sobre lo conveniente que era que yo estudiara magisterio “la carrera de la mujer”, me decía. Yo sufrí una crisis de identidad, ya que mi gran vocación era la ABOGACIA. Desde entonces luche con todas mis fuerzas por conseguir ser un abogado, honesto, honrado, y con la suficiente energía para poder defender los derechos de mis clientes. En fin “un abogado de pleitos pobres”.

     
  • Sopa con pelo

    Isabel González González · Madrid 

    En casa todas las crisis comienzan igual. Mi padre es un gourmet y si encuentra un pelo en la sopa, se queda rígido. Con la cuchara tiesa en la mano. —Niños —mueve la boca como un autómata—. Buscad a vuestra madre. Nosotros arrastramos los pies hasta la cocina, se la traemos al juzgado del comedor y mamá es procesada por la severa ley del que no soporta una paella pasada. No hay apelación que valga. Mamá es considerada culpable. Aunque últimamente las cosas están cambiando. Ayer papá volvió de trabajo con ese olor a vino y a almizcle que debe haber en su oficina. Mamá lo besó, le quitó algo del hombro de la chaqueta y dijo: “el caldo de hoy va a encantarle a vuestro padre”. Así fue. Papá ingirió todo sin emitir ni un sonido. Hasta ese cabello largo y rubio que flotaba en mitad del plato.

     
  • Recelo

    Francisco Javier Cuenca Bayón · León 

    Llegó sin dormir. Tras larga noche en vela, de flexo y café, terminó aquel maldito recurso de apelación para presentarlo en plazo. El cartel del juzgado rezaba, eufemísticamente, Palacio de Justicia. Al lado, un exquisito restaurante con rótulo no menos pomposo: Palacio del Gourmet. Pensó premiarse por la noche toledana; darse un homenaje allí, un lugar de sibaritas y estirados, animado porque la cacareada crisis y el miedo resultante no permitirían aglomeraciones en aquel local pijo, de tarifas nada asequibles. Él -poco sociable, huraño y solitario como un vaquero- no soportaba muchedumbres. Pero se sorprendió de forma ingrata. ¿Crisis? Había familias enteras y tantas que más parecía aquello algún rodaje con todos sus extras; vio a pequeños corretear, berreando junto a sus padres. Y recordó la máxima: “los enemigos del gastrónomo son tres: el olor a col, el aroma del tabaco y el llanto de los niños” Marchó sin almorzar.

     
  • El mejor chef

    Leandro Molina Villaseñor · Ciudad Real 

    Los niños no entendían de crisis. El padre siempre había dicho que sin dinero no se podía ser buen gourmet. - Papá, ¿nos prepararás ese rico “arroz con setas y trufa”, o aquel postre especial de “pastel de mousse de chocolate”? El padre apretaba furiosamente los dientes y cerraba sus puños con una rabia incontenible. - Hijos, hoy os haré el mejor truco de magia jamás visto…, mientras os tomáis el caldo para la cena. La apelación no había prosperado, le comunicó con voz temblorosa Amador, su abogado, nada más bajar las infinitas escaleras de aquel centenario edificio de Juzgados. Derrotado, bajó la cabeza y comenzó a caminar aturdido. Mañana cumpliría su décimo mes en el paro, pero decidió pensar en el truco para alegrar el triste caldo de la cena. Al llegar a casa, le sorprendió un gran cartel que sus hijos le habían preparado, y leyó: ¡AL MÁS PRESTIGIOSO CHEF DEL MUNDO!

     
  • Defensa personal

    Alicia Romero Cámara · Galway (Irlanda) 

    Dejó a los niños en el gimnasio con enorme alivio. Durante el camino había escuchado sus protestas, no había más que hablar, su padre, de quien había sido la idea de que aprendieran defensa personal pasaría a recogerlos más tarde –Siempre es útil saber pelear- decía él mientras desde el sofá miraba, goloso, la foto de un chuletón chorreante de jugos en una guía para gourmets. Ella se había opuesto desde el principio, a ellos no les gustaba: Jaime prefería el monopatín, Adrián se pasaba el día copiando dibujos de sus cómics y Pablo parecía vivir para imitar en todo a su amigo Manu, un pacifista nato. Ahora, gracias a los deseos del letrado, disponía de unas horas que iba a aprovechar. El Gabinete de Crisis esperaba en la cafetería de siempre. Hoy iba a ser un día instructivo, sus amigas saben pelear. Mañana, en el juzgado pondrá una apelación.

     
  • Comida basura

    Teresa Lagranja Vallés · Castellón 

    Mi ex marido era un excelente gourmet. Sin embargo, desde nuestro divorcio, atiborra a los niños de hamburguesas y pizzas. Los pobrecillos vuelven de su cita quincenal con sus jóvenes arterias repletas de colesterol, o por lo menos así las imagino yo cuando me cuentan cual ha sido su menú del fin de semana. ¿Habrá abandonado su obsesión por la vida sana, o será la crisis de los cuarenta la que le obliga a adoptar costumbres culinarias propias de un quinceañero?..... Apelé a su responsabilidad como padre, pero mi apelación no tuvo ningún éxito. ¡Bien, le amenacé, pues nos veremos en el Juzgado!. Pero a pesar de los esfuerzos de mi abogado, el Juez desestimó la demanda. Cuando días después sorprendí a su Señoría en un burger, engullendo una enorme salchicha cubierta de mostaza y kétchup, comprendí la razón de mi fracaso.

     
  • Ojo por Ojo

    Sara Veiras · Madrid 

    '-Este jurado desestima su apelación, condenándole a trece años –sentenció el juez Ortiz-. ¿Tiene algo qué decir? -Conozco tus costumbres –escupió Camacho. La verdad es que el juez era un hombre de hábitos. Por las mañanas, los juzgados. Y por

     
  • En la escalinata

    FRANCISCO JAVIER RUBIO LERGA · Tudela (Navarra) 

    Me la encontré derrumbada en la escalinata del Juzgado, con el rostro hundido entre sus manos, como un monumento a la derrota. La crisis la golpeó con la fuerza de un tsunami, una ola que arrasó todo sin avisar, y convirtió treinta años de trabajo como gourmet en un embargo y una apelación perdida. Me miró, sus ojos, que se iluminaban siempre a la vista de los niños, destilaban pequeñas dosis de frustración salada y transparente. Javier, me dijo, no me queda nada. Aún te quedo yo, contesté, y la abracé como hace treinta años cuando la conocí y tampoco teníamos nada.

     
  • Juez y parte

    Silvia Castro Serres · Barcelona 

    Si una relación de amor debe basarse en la confianza mutua, aquello que acababa de hacer, sin necesidad de Juzgado ni apelación, no era tan malo, porque él había sufrido la profunda crisis de sentirse traicionado y burlado por los que más quería. Miraba a sus progenitores, caídos en el suelo, fulminados con la escopeta de ir a cazar con papá que le habían traído los Reyes el año pasado (además de un pijama y los bombones de gourmet), porque él ya era como los niños grandes. Lo peor de todo era que el niño más malo de su clase, Ramiro, no se merecía los tortazos que le había dado en el patio, el último día de clase antes de las vacaciones de Navidad. Ramiro tenía razón (no hay presunción de inocencia que valga): los Reyes Magos son los papás.

     
  • Un gusto exquisito

    Ignacio Hormigo de la Puerta · Isla Cristina (Huelva) 

    Tenía para las mujeres un gusto digno del mejor gourmet. Las elegía atléticas, fibrosas; auténticas esculturas vivientes. Nadadoras de crawl, gimnastas rítmicas, velocistas capaces de recorrer los cien metros en el breve lapso que media entre un parpadeo y otro; cómo resistirse ante tan deliciosos cuerpos. Las miraba y sus ojos se llenaban de codicia como los ojos de los niños cuando miran un juguete ajeno; las deseaba tanto. Cada cuatro años buscaba trabajo en la villa olímpica de turno; jardinero, limpiapiscinas, cocinero, poco importaba. Su arrebatadora sonrisa y una invitación a cenar hacían el resto. Nunca llegó a pisar el juzgado, no hubo lugar para juicio, condena o un recurso de apelación que, sin duda, habría sido desestimado. Todo terminó la noche en que la invitada fue una levantadora de peso ucraniana. Los riñones estaban exquisitos, él desconocía su fatal hipersensibilidad a los anabolizantes; la crisis alérgica dictó sentencia.

     
  • Richie

    David Simonian Afanasieva · Valencia 

    Perdido el recurso de apelación y habiendo fracasado sus intentos de amedrentar al jurado, mi primo Richie, conflictivo desde niño, actualmente uno de los miembros más influyentes y sanguinarios del crimen organizado de la costa oeste de Estados Unidos, acusado de varios asesinatos y tráfico de drogas, me pidió que lo defendiera en última instancia. Conociendo su irascible y violentísimo carácter, tuve que aceptar. Estudié intensamente el caso, buscando jurisprudencia y consultando con otros abogados estructuré una defensa bastante sólida. Llegado el dichoso día, entramos al juzgado esquivando a duras penas a los agobiantes periodistas. Mientras reprimía mi crisis nerviosa, Richie, impasible y altivo, apartando una pelusa de su traje de 3.000 dólares, confiaba ciegamente en mí. Finalmente lo absolvieron. Tras comer en el restaurante para los gourmets más exigentes de la ciudad, se despidió diciendo: acabas de salvar la vida de tu miserable padre, sus deudas están saldadas.

     
  • Colegas forever

    Pilar González Cuevas · Córdoba 

    Tengo un colega tan chachi como yo. Los dos somos vocacionales de esto del togueo desde que echamos los dientes, y somos verdaderos gourmets de las delicatessen doctrino-jurisprudenciales. Caviar jurídico le llamamos, no te digo más.Lo bueno es que abunda tanto que nos hartamos de él aunque estemos en crisis.Como no somos de pedigree, que somos abogados de barrio y no hemos bebido de chicos de las aguas de las fuentes del derecho, sino del grifo "pelao", igual nos hartamos de sucedáneo y ni nos coscamos. Pero nos gusta más un Juzgado que a un niño una tiza. El despacho tiene dos escalones; al primero lo llamamos "primera instancia", al segundo "apelación". Cuando no nos cascan las costas, los subimos como Rocky y somos los reyes del Mambo. Vivimos sin prejuicios ni ambiciones. Somos dos frikis sin porvenir, pero nos lo pasamos como los indios.

     
  • Érase

    Alejandro Conde Arias-Salgado · Valladolid 

    Todo comenzó en un abarrotado comedor social. El acusado, tras explicar que un gourmet no podía tolerar semejante bazofia, había lanzado su ración de estofado a un policía y ahora rendía cuentas. La vista de la apelación transcurría monótona cuando apareció el testigo, un compañero de piso del reo que no había podido comparecer ante el Juzgado a causa de una crisis nerviosa. Su declaración arrancó en medio de balbuceos inconexos. – Conteste a lo que se le pregunta, – intervino el Presidente– ¿el acusado consumía drogas? – Yo le dije que aquello no estaba bien – Por primera vez, la voz del testigo había sonado clara. – Lo de las drogas… – terció el abogado. – No. Lo de los niños. Un silencio viscoso invadió la Sala mientras el declarante dejaba vagar su mirada. Luego continuó: – Él siempre me pedía que vigilara el tiempo. Por el sabor.

     
  • Niños

    José Manuel Montero Ferreiro · Buenos Aires (Argentina) 

    Éramos niños raros. Gastábamos las tardes en representar juicios imaginarios. Juan siempre era el fiscal. Yo, el defensor. Hasta que nos peleamos y dejamos de hablarnos durante veinticinco años. La crisis estalló el día que Susana, que oficiaba de jueza, dictó un fallo en mi contra. Ahora Juan es fiscal de cámara y yo presenté la apelación sólo para volver a medirme con él. Nos citamos en un restaurante de esos que llaman gourmet, que tienen mejor agente de prensa que cocinero. Juan propone una condena menor a cambio de la colaboración de mi cliente. Yo me niego con la frase amenazante que usábamos de pequeños: “Nos veremos en el juzgado”. El acuerdo me convenía, porque mi cliente es culpable hasta la médula. Pero no toleré la respuesta de Juan cuando le pregunté si había vuelto a ver a Susana. La ve todos los días. Tienen dos varones.

     
  • Recomenzar

    Claudia Fernández Gómez · Buenos Aires, Argentina 

    El aviso decía lo siguiente: Rafael Quintino Valle, abogado, 42 años, divorciado, sin niños, busca mujer para relación formal. Histéricas, abogadas y féminas en crisis, abstenerse. Comunicarse al Juzgado penal número 28 de este distrito para concretar encuentro. Cerró el diario, lo dejó sobre el banco y caminó hacia su despacho para terminar con la apelación que tenia pendiente. No podía concentrarse y se lamentó por haber abandonado los estudios de gourmet para conformar a su padre. Cuánto mejor hubiera sido mancharse los dedos con harina, cuánto mas agradable desentrañar recetas que revolver palabras en busca de la frase perfecta de un alegato. El sonido del teléfono lo sacó de sus pensamientos. Levantó el auricular y una voz de mujer dijo lo siguiente: en cuanto a su aviso y para no exponerme a futuras desilusiones, dígame Rafael… ¿se arrepiente?

     
  • La orden

    Julio Alonso López-Tofiño · Madrid 

    Día 7 de enero dicta sentencia de conformidad el Juzgado de violencia sobre la mujer en la que impone al acusado Joshep Gourmet pena de prisión de 6 meses y orden de alejamiento durante 1 año y 4 meses. Día 16 de enero nuestra clienta nos llama y nos pide que recurramos en apelación la sentencia , que quiere que su marido vuelva a casa y bueno que la pegó pero es bueno con los niños, que estaba nervioso por eso de la crisis y que quiere darle otra oportunidad. La abogada le contesta que no puede recurrirse la sentencia que se lo dijo en el juzgado y piense que pueden volver a agredir - ¿Y que hago?le quiero -Puede solicitar un indulto parcial de la sentencia respecto de la orden el letrado de la defensa.

     
  • El juez

    Carmen de la Rosa Ruiz · Madrid 

    '-Y... ser juez... ¿es como en las series de la tele? -preguntó la chica. Mario exhibió esa sonrisa suya que, efectivamente, era digna de Hollywood. -Bueno, menos interesante, el juzgado es como una oficina cualquiera... -respondió mansamente. El anzue

     
  • Cumpleaños de Noemí

    Víctor Javier Moreno · Madrid 

    Aún le quiero y los niños también, pero eso no importa. Ellos saben quién es capaz de custodiarles y quién no. Se afloja el nudo de la corbata en la sala del Juzgado. Detesto su pose de no haber roto un plato. Y en cierto modo es cierto, pero ese es precisamente su delito. Sin embargo, una gota colmó el vaso. Él, luego sus “platos exquisitos”, los buenos gourmets y, por último, el resto de seres humanos. La última vez que se fue a cenar solo al restaurante ni siquiera durmió en el sofá. Ya no era cuestión de la crisis. Cuando intentó entrar en casa, Noemí se asomó a la ventana del porche y le tiró la tarta de merengue con las díez velas apagadas. No dijo nada, pero probó el pastel e hizo una mueca de desagrado. Está feliz de solo visitarnos los sábados. No habrá apelación.

     
  • El abogado

    Mercedes Morán Ruiz · Madrid 

    Odio pasar las noches fuera, aunque esta vez el hotel estaba enfrente del juzgado. Encargué que me subieran el “desayuno gourmet”, no comparto con ese establecimiento el significado del término gourmet. Me puse mi traje y corbata nuevos, mis zapatos italianos, impolutos. Cogí mi portadocumentos con mis notas y esquemas de la apelación, en los que había estado trabajando. Saqué de la cartera una foto de los niños, vieja y arrugada, los besé tras una última mirada al espejo. ¿Qué quiere? A mis años me sigo poniendo nervioso. Salí sin despedirme. En la puerta del Juzgado el vigilante me impidió el paso, no comprendía lo que me decía, pero sabía mi nombre. Llegaron dos hombres vestidos de blanco, que me agarraron por los brazos, mientras uno le decía al otro, -“A veces le dan estas crisis, perdió un juicio y perdió el juicio”, oí risas y perdí el conocimiento.

     
  • El lado oscuro

    Julio Montesinos Barrios · Córdoba 

    En los juzgados es conocido como Darth Vader. Formado desde niño bajo la tutela especial de los grandes maestros del derecho, pronto se dejó seducir por el lado oscuro. Para algunos, claro. Sin dar explicaciones, cambió honorarios equitativos y asistencia altruista a gente sin recursos por la defensa de mafiosos y narcotraficantes, vaciando su alma mientras llenaba los bolsillos con potentes minutas. De invocar a Díez-Picazo y citar a Cobo del Rosal pasó a jurar por Rodríguez Menéndez y brindar por los Charlines. Ahora es un afamado gourmet mediático que basa su cocina en los expedientes más turbios. No conoce la crisis. Y sólo a veces, durante sus noches solitarias, añora por un instante al abogado que un día fue, soñando incluso con un recurso de apelación contra la sentencia de esa vida vacía que el mismo dictaminó. Pero es sólo un sueño.

     
  • Su eminencia

    Francisco Fernández Núñez · Torrelavega (Cantabria) 

    Anochecía en Roma. El viejo cardenal miró por el amplio ventanal y suspiró contemplando la lluvia saltar en la encharcada piazza. El mundo seguía y él se moría, lentamente, melancólicamente, saboreando como un gourmet recuerdos de su juventud. Recordó su ciudad natal, su época universitaria, su primera toga, el bullicio de los juzgados... Fue abogado. Hubo un tiempo en que pensó fundar una familia, tener niños, pero no encontró una mujer que le quisiera como solía decir con sorna. Después llegó la crisis de los cuarenta, su entrada al seminario, su fulgurante ascenso en la curia local, su traslado al Vaticano ¡Qué lejos quedaba todo aquello! De repente, una lágrima descendió correteando por el cristal y su Eminencia lloró. Presidía el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica y administraba justicia divina sin apelación, pero añoraba las pasiones y los dramas de sus primeros pleitos. Afuera, no paraba de llover.