III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Birrete de cartulina

Pilar Gil Guijarro · Madrid 

Me hice un birrete con cartulina negra y cola blanca para la fiesta de disfraces, mientras mis compañeras cosían con dedal y aguja, parloteaban de vestidos de novia y soñaban con una boda preciosa. Quería ser abogada, no casada ni soltera. Apenas abría la boca en el aula, me sentaba sola en los bancos corridos del comedor y me arrinconaba en la última cama de la sala de dormir. Peroraba para mis adentros alegatos de defensa y atesoraba un código viejo de 1870, hurtado de un estante olvidado de la biblioteca. Bizqueaba y soltaba palabrotas cuando nos mostraban a alguna pareja en busca de huérfanas para adoptar. Menudo orgullo tiene la flaca, para ser hija de presidiario. Sin embargo, yo no recordaba el día de su violenta detención en mi presencia con cinco años, sólo el día del juicio, cuando el abogado defensor se miraba los cordones de sus zapatos.

 

Relatos seleccionados

  • Betty Anne Waters

    Mar Soler Esplugues · Castellón de la Plana 

    Betty subió al estrado despacio, saboreando un orgullo contenido. La toga, unos centímetros más larga de lo que debería, casi la hizo tropezar, y se le escapó una palabrota por lo bajo, pero nadie del público la oyó. Menos mal, porque ahí estaban sus hijos, aplaudiéndola a rabiar. Qué mal lo habían pasado todos desde la detención de Kenny. Por eso, este momento era tan importante, igual de especial que su boda , el nacimiento de los niños ... brillaba igual que en todos ellos. Porque por encima de todo, la firme , la incólumme conviccón de que su hermano era inocente de aquella atrocidad que se cometió en el 83, era lo que la había llevado , 20 años despues , a estar ahí arriba, a punto de lanzar su birrete. Licenciada en Derecho. Todo , por una promesa. "Kenny , te sacaré de ahí".

     
  • Mezcla de emociones

    Mavi Carmona Abril · San Pedro del Pinatar (Murcia) 

    Es el gran día, mi familia está presente, en el paraninfo del campus universitario se respira el olor del orgullo que emanan de familiares y estudiantes. Estalla el júbilo y el cielo se llena de birretes lanzados al aire por futuros juristas. El mismo día pero dos años más tarde es el día de mi boda, sensación de nerviosismo y alegría es la que ésta vez manifiestan los invitados. En el transcurso del banquete ocurre algo inesperado, la inminente detención de mi padre paraliza a todos los presentes. La policía le lee sus derechos descubriendo que es el mayor narcotraficante de la zona. Sólo suelta palabrotas por su boca. Y Me doi cuenta de dónde ha provenido todo el lujo que siempre ha rodeado a mi familia. Anonadado sólo puedo dirigirme al policía que le tiene esposado para decirle que yo soy su abogado.

     
  • Probando, probando

    Cristina Sádaba Elizondo · Murchante (Navarra) 

    Tenía mucho orgullo y pocos prejuicios cuando empezamos a salir e intimábamos en los probadores de Galerías Preciados. A nuestra juventud atolondrada, siguió una boda de catálogo, mi rápido ascenso en el bufete de su padre y una madurez con todos sus ritos. Así que nada le extrañó que le pidiese el divorcio tras una década de amor y dos lustros de desidia. Ni palabrotas mediaron. A mí tampoco me sorprendieron las miraditas que intercepté entre ella y el juez Enríquez: la toga y el birrete no dejan de ser un uniforme y siempre he sabido de sus querencias. Lo que sí me dejó casi ojiplático -va a ser verdad lo del eterno retorno- fue el enterarme de la detención de ambos, por escándalo público, en los probadores de Adolfo Domínguez. Si ya lo decía mi madre, su exsuegra:¡€™segundas partes nunca fueron buenas?.

     
  • Saga familiar

    Isabel Rodríguez Madrid · Córdoba 

    Yo pude perdonarle que llegara tarde el día de nuestra boda por defender a un pelagatos en el turno de oficio. Y que no estuviera presente en el paritorio el día que tu naciste, bien que me lo reprocho, “a quien se le ocurre ponerse de parto a la misma hora que él pronunciaba el alegato final”. Nunca llegaré a entender las malditas coincidencias, siempre que quedamos a cenar con los amigos tiene que marcharse urgentemente por la detención de algún pez gordo. Además están las palabrotas carcelarias que no deja de pronunciar cada vez que anuncio que vienen los abuelos a visitarnos. Pero lo que no puedo resistir es su pavoneo, ni su mirada de orgullo al saber que vas a seguir sus pasos. Estás en primero de derecho y él ya te imagina a su lado en el tribunal con la toga y el birrete.

     
  • Los niños de hoy día saben demasiado

    Javier Sánchez Campos · Valencia 

    No sé dónde habrá aprendido esa porquería mi hijo, pero debo cumplir con ello, soy juez y parte, aunque ese derecho me suene a palabrota, a excusa barata cuando te han cogido con las manos en la masa. La detención se produjo anoche cuando lo pillé jugando a fútbol con mi birrete, dándole patadas y haciendo regates con el perro. “¡Castigado a tu habitación!” Dije mientras me agachaba a recogerlo y le decía, con voz solemne, el orgullo que debía sentir por aquella prenda que tanto me había costado conseguir. Se fue gritando y dijo que me odiaba. Dio un portazo a su habitación y entré regañarle, a decirle que se quedaría sin ir a la boda de su primo y no jugaría con las colchonetas, cuando soltó de golpe: “Habeas Corpus”. Aunque perplejo, reaccioné rápido y llamé a mi esposa para que viniera sin demora a ejercer de juez.

     
  • El abuelo

    María Dolores Giraldo Aguilar · La Carlota (Córdoba) 

    '-¡Demonios! -gritaba mi abuelo una y otra vez- ¡No me tratéis como a un loco!¡Ni siquiera estoy enfermo!¡Paparruchas! El viejo no quería abandonar su casa para acabar sus días en una residencia de ancianos, donde su alzheimer sería tratado. No se

     
  • Juicio en primera instancia

    Diego García-Abril Goyanes · Pozuelo de Alarcón (Madrid) 

    Nada más decir la palabrota se produjo la detención. Abogado y fiscal acudieron a la llamada del juez, quien les informó del caso. Ambos decidieron llamar al reo a declarar. El detenido, de apenas tres años, repitió con su lengua de trapo lo que había dicho minutos antes: “Mamá erez boda”. La hermana mayor, que contaba con nueve años y actuaba de fiscal, insistió en que donde el niño decía “boda” había que interpretar “boba” y que eso era una falta contra la mayor autoridad de la casa que debía ser castigada. El hermano de ocho años se encargó de la defensa y argumentó que la edad eximía de toda responsabilidad al benjamín de la familia. El juez, que miraba la escena con orgullo, decidió dar la razón a su hija y le impuso el birrete, tal y como era costumbre cada vez que se ganaba un caso.

     
  • Fantasmas de un mayo lluvioso

    Miguel Ángel Guerero Ramos · Bogot¡€¦ 

    Los receptores más sutiles de mi cuerpo estaban en máxima alerta, y no era para menos. Marcos celebraba con orgullo su boda y me había invitado a mí, todo porque yo, como su abogado, lo había librado de una segura condena en la cárcel. Marcos se veía enojado. Una lluvia intensa de mayo había aguado la fiesta por lo que no era raro escucharle decir una que otra palabrota. Yo, entretanto, trataba de pensar en algo tranquilizador. Sin embargo, para matar el tedio, comencé a deambular por la casa de Marcos hasta que un cuaderno junto a un birrete llamó mi curiosa atención y lo tomé y lo leí. Lo leí y el terror más profundo se apoderó de mí, porque allí, para mi sorpresa, estaban plasmados los crímenes más atroces cometidos por Marcos. Sus crímenes y todos los fantasmas que clamaban justicia y ponían mi alma en detención.

     
  • Que empiece la función

    Margarita Agueras Moreno · Valencia 

    La novia llegó puntual a su boda, un halo de papel higiénico blanco inmaculado le cubría el cuerpo, su sonrisa desdentada le daba un aire grotesco a la ceremonia. El novio llevaba un birrete color amarillo fosforito fabricado por el mismo en la clase de manualidades. Entró en escena el juez que los casaría, tropezó y lo primero que salio de sus labios fue una palabrota que dejó a los asistentes atónitos. Entró la madre del novio paseando con orgullo entre los invitados mientras,en las filas de atrás alguien comentaba, con gran júbilo, que acababa de producirse la detención de Leonardo, el funcionario de prisiones que, sentado entre el público, reía sin parar. ¡Bravo! gritó el abogado del novio desde la primera fila del salón de actos de la cárcel de Picassent.

     
  • La boda

    Mar González Mena · Burgos 

    Fue todo un detalle que me invitaras a tu boda. Querías demostrar con orgullo que después de un apasionado amor puede quedar una bonita amistad. Me pareció gracioso llevar el birrete de nuestra graduación en la facultad de Derecho y cuando el cura realizó la consabida pregunta no pude evitar levantarme, lanzarlo al aire y renovar nuestro grito de guerra - ¡Sexo, juicios y rock and roll!-. Puedo comprender que nadie se riera ni gritara conmigo, pero lo de la policía y la detención por escándalo público me pareció excesivo, por mucho que a tu tía Engracia le diera un infarto al verme desnudo.

     
  • Siempre hay alguien mejor

    Ana Asensio Santisteban · Valladolid 

    Cómo pasan los años y mi vida sólo está llena de recuerdos desde el momento de mi detención; pero aún así, la recuerdo con orgullo. Con esfuerzo y constancia, quería ser el mejor alumno de la facultad de derecho y lo conseguí. El día de mi graduación, con ese horrible birrete, hasta fui felicitado personalmente por el rector. Después, quería ser el mejor abogado de mi ciudad y monté mi propio bufete con la mujer de la que me enamoré y con la que me iba a casar, ya que admiraba lo bien que ejercía la abogacía. El día de mi boda, con tretas y artimañas, mi futura esposa me denunció por blanqueo de capital en el negocio que llevábamos conjuntamente. Tenía hasta pruebas que me inculpaban, quedándose, así, con todo mi patrimonio. Ahora de mi cabeza sólo se escuchan palabrotas, ella siempre será la mejor.

     
  • Tod

    Mercedes Maya Lax · Barcelona 

    Fue un regalo de boda muy original, sin duda. Debido a su alergia, mi hermana “tuvo” que dejarlo a mi cargo. Al principio, un poco recelosa, pensé que me supondría una carga, pues trabajando y estudiando no tenía ni un minuto libre. Sin embargo él, pacientemente, me hizo compañía durante mis largas tardes de estudio; desde el primer año de carrera hasta el día en que lancé con orgullo mi birrete al aire. Recostado a mi lado, me miraba con detención mientras yo estudiaba. Creo que si hubiese podido hablar recitaría mejor los temas de civil o procesal que yo. O quizás, me soltaría alguna palabrota regañándome por no dejarle dormir mientras yo canturreaba en alto las materias de examen. Quién sabe! Yo sólo escuchaba su ronroneo, que se convirtió en la banda sonora de estudio más extravagante.

     
  • Redención

    Manuel Cardador Guijo · Valdemoro (Madrid) 

    Recostado en el catre de su celda, Ricardo Olmedo repasa los flashes de una vida que le prometió mucho para traicionarlo después. Su infancia humilde pero feliz, el esfuerzo de sus padres por darle una buena educación, el orgullo de verse investido de toga y birrete, su obstinación por convertirse en el mejor abogado de la ciudad, el reconocimiento profesional y social, su boda con la hija del dueño de un laboratorio farmacéutico… Hasta que todo se precipita al vacío. Su matrimonio hace aguas y se refugia en el sórdido mundo de la noche. Una palabrota en el lugar y en el momento equivocado lo involucra en una pelea absurda y violenta. La noticia de su detención y las fotografías ingresando en prisión lo convierten en un cadáver social. Todo lo ha perdido salvo el brillo en los ojos de quien tiene el coraje para redimirse y volver a empezar.

     
  • Chiringuito

    Noa García Docampo 

    Marisa trabaja vendiendo helados en el chiringuito que hay a pie de playa. Acalorada y cansada, aborrece a los niños indecisos que se apoyan en la repisa y se detienen durante largo tiempo, o a los maleducados que vienen en pandilla diciendo palabrotas y empujándose los unos a los otros. A Marisa no le gustan los niños y el calor sofocante de la tarde le recuerda que todavía le quedan horas de trabajo. Desde la boda de su hermana, no ha tenido ni un solo día libre y de eso, ya hace casi un mes. Bajo la estantería de las pipas, tiene una vieja tele que cada día sintoniza con las noticias. Asesinatos, desapariciones, detenciones y juicios alimentan su sueño de acabar la carrera. “Este año sí”, se dice con orgullo a si misma mientras se imagina, ruborizada, luciendo toga y birrete el día de su graduación.

     
  • Compuesta y sin novio

    Adelaida Rodriguez Robles · Madrid 

    Es el día de mi boda, se supone que uno de los más felices de mi vida. La iglesia está llena de flores. Suena la música y hago mi entrada triunfal hacia el altar con mi precioso y caro vestido blanco. Allí me espera él, tan elegante, tan sereno. Comienza la ceremonia, no pasan cinco minutos y suena un móvil; el sonido es inconfundible; ni siquiera hoy ha sido capaz de apagarlo; lo siento cariño puede ser importante dice…..¡no me lo puedo creer!. Cielo...., hubo una detención, un cliente importante, tengo que irme, me susurra, … y se va. Y yo no soy importante !!!. Suelto una palabrota, el cura mira asustado. Maldito móvil!! Siempre sonando, siempre estropeándolo todo. Maldito sea!!! Pero si hasta quería casarse con el birrete….¡será ridículo! Me trago mi orgullo, y me dirijo a los invitados. Él acaba de perder su caso más importante… para siempre.

     
  • Ante el semáforo

    Antonio Díez Núñez · Valladolid 

    Llegaba tarde al bufete. Casi olvido el birrete y me detuve ante un semáforo. Solté una palabrota. Varios magrebíes se abalanzaron ofreciéndome pañuelos. Uno de ellos, haciéndome aspavientos, me informó que había pinchado. Observando mi nerviosimo, se ofreció para ayudarme. Acepté desconfiada mientras él, sonriendo abiertamente, resolvió mi problema. Quise pagarle pero gentilmente lo rechazó:“Ahmed cobra trabajo, no favor”. Agradecida, me despedí. Cuando pasaba por el lugar, hablábamos de sus sueños: regresar a casa triunfador, celebrar su boda… Con orgullo me mostró, atada al semáforo, una bolsa con tierra de su país. Un día dejé de verlo. Alguien habló de su detención por carecer de papeles. Me ofrecí para defenderle pero la sentencia fue inapelable: deportación. Hoy pasé por el semáforo. La bolsa estaba rota. El viento se levantó y abrí la ventanilla permitiendo que la tierra acariciara mi rostro… Entonces escuché un claxon; el semáforo estaba en verde.

     
  • Liberación

    Nela Miralles Pujol · Barcelona 

    Desde el día de nuestra boda, mi vida ha sido una pendiente cuesta abajo. Y cuesta tan poco odiarte, créeme.
    A menudo, en sueños, cuelgo mi birrete de abogado y me cubro con un pasamontañas. Me acerco a ti, sigilosamente; por fin, voy a matarte. Entonces me despierto de golpe, sudando, y busco mi orgullo entre las sábanas. Pero sólo te encuentro a ti, durmiendo plácidamente; suelto una palabrota, tú protestas, después me ignoras.
    Hoy, sin embargo, el sueño se ha cumplido. Alguien me lee mis derechos; me resulta gracioso. Estoy tranquilo, feliz, libre de ti. Asisto a mi detención porque jamás me hubieras permitido asistir a nuestro divorcio. Y nunca he sido partidario de la cadena perpetua.

     
  • El birrete de ceremonias

    Alejandro Fuentes-Lojo Rius · Barcelona 

    Desde pequeño siempre he querido ser abogado. Pero no abogado de una gran firma que cierre operaciones mercantiles de cuantías impronunciables, sino el tradicional abogado de pleitos, con don de palabra e imagen inmaculada. El máximo exponente de elegancia en el atuendo del abogado es el birrete. En el momento en que el abogado se pone dicho gorro, el ambiente se torna solemne y la palabra de quien lo viste dogma de fe. Incluso, pronunciar una palabrota en este escenario sería algo majestuoso y la detención de un sujeto de este linaje plantearía irremediablemente la duda en el agente en cuestión. Siempre me he preguntado, por qué este gorro con forma prismática no ha sido utilizado por la realeza en las ceremonias más pomposas. Debería ponerlo de moda, y a la próxima boda a la que asista, vestirlo con orgullo y hacer caso omiso de cualquier mirada envidiosa o burlona.

     
  • La boda

    Kalton Bruhl · Comayaguela (Honduras) 

    Miró a su hija y sonrió con orgullo. Le parecía que había sido ayer cuando ella lanzaba al aire el birrete, durante su graduación de la secundaria y, ahora, se disponían a entrar juntos a la iglesia, donde la entregaría a su futuro esposo. Hasta el momento todo había resultado perfecto y pidió en silencio, que nada estropeara la ceremonia. El hombre ajustó la mira telescópica y se arrepintió de haber enfocado la cara de aquel maldito juez. Había ordenado varias detenciones y los jefazos del cartel le habían enviado a liquidarlo. Sin embargo, al ver su cara se había sentido identificado con él. Hacía apenas una semana que su propia hija se había casado y él también había rezado para que nada saliera mal. Dejó escapar una palabrota y, mientras desarmaba el rifle, se enjugó una lágrima. Las bodas siempre le hacían llorar.

     
  • Versos azules

    Puri Palazón Guzmán 

    Ramiro (tristes ojos bajo birrete negro) vivía solo. Le hubiera gustado enamorarse. Huyendo de una rutina legislativa y gris, había llegado a inventarse una amada; pero pese al orgullo de su currículo, nunca aprendió a escribir versos, y para amar y ser amado, antes que abogado hay que ser poeta. Buscó las palabras más felices y las combinó hasta resultar eufónicas en la melodía de un poema, de dos, de tres, y así hasta que se le agotaron los folios y la imaginación. Dedicaba los días a despachar en el bufete. Las noches a recitar a su amada incorpórea. Nunca llegó a saber que la vecina, sin detención, esperaba impaciente escuchas clandestinas, el oído pegado a la pared de su alcoba, de espaldas al retrato de su boda. Ansiaba los versos azules con que el abogado le regalaba los oídos, ásperos del cúmulo de palabrotas de su largo matrimonio.

     
  • La fraternidad

    Gonzalo Casas Carrasco · Castellón 

    Tengo un secreto. Soy médium y puedo comunicarme con los espíritus de Francisco de Vitoria, Francisco Silvela o Florencio García Goyena, entre otros. Son mis amigos y mi orgullo. Estuvieron incluso en mi boda, cada uno con su toga y su birrete. Si mantengo la concentración lo suficiente, ellos me dan su apoyo. No siempre es fácil, ni oportuno, y por eso muchos me han llamado engendro, tarado y otras palabrotas peores. Cuando en enero un alto cargo político sufrió una detención en circunstancias escabrosas, la noticia inundó los periódicos y muchos se extrañaron de que me hubieran elegido a mí, un don nadie y un bicho raro. Mañana tengo la vista. -“Está complicado, Antonio, pero creo que hay posibilidades” -“ Estoy seguro de que saldrá bien” -“¿Por qué estás tan seguro? -“Te confesaré un secreto. Veo los espíritus que te acompañan y me dan confianza. Por eso te elegí.”

     
  • Mi fiel consejera

    M¡¦. Carmen Bañuls Torres · Valencia 

    El retrato de mi esposa, fallecida poco después de nuestra boda, preside mi despacho. Desde su marco de plata, sus ojos dulces me miran desde hace años con ternura y orgullo.
    A ella nunca le gustó aquel cliente. Sus modales brutales, sus palabrotas, sus turbios negocios… Pese a ello, representaba trabajo y contactos importantes. Un día vi que el retrato tenía el ceño fruncido: Una advertencia.
    La detención del cliente por el asesinato de un juez me hizo decidirme. Conseguí su libertad provisional, pero renuncié a su defensa.
    La víspera de nuestra última reunión trabajé hasta tarde. Un leve ruido me distrajo y alcé la vista: El retrato de mi mujer lloraba en silencio. La miré a los ojos y no lo dudé: Descolgué el cuadro, y con él en brazos salí corriendo. No cogí ni mi birrete de profesor.
    Esa misma noche un incendio intencionado destruyó mi despacho.

     
  • Gracias, amor

    Jesús S. Martínez Díaz · Lleida 

    Gracias, amor, gracias por dármelo todo, todo, todo. Gracias por cederme el piso, el chalecito de Marbella, las acciones, el Bentley, el yate y el control de las cuentas. Espero que estés relajado tras estos días de cura de sueño y te sientas tan feliz como me siento yo. Si, querido, exactamente lo que estás pensando: los papeles que firmaste hace una semana eran algo más que la petición de divorcio. ¿Herido en tu orgullo? Por favor, amor mío, recuerda: no hay que decir palabrotas. Además no soy tan mala: en tu bufete, dentro de tu birrete, te he dejado mil euros, en monedas, para que te administres mejor. Amor, un consejo: no organices un escándalo. ¿Te imaginas la foto de mi detención en primera plana?
    Adiós, amor. Besitos
    Tu “Cuchi-cuchi”.
    PD: Tu ex socio te manda recuerdos. Comprende que no te invitemos a nuestra boda.
    Más besitos.

     
  • Impedimento

    Alexandra Juárez Fernández · Madrid 

    “Noooooo, esta boda no ha de tener lugar” gritó a los cuatro vientos mientras su orgullo saciaba su afán de protagonismo. Los testigos permanecieron perplejos mientras un fuego cruzado de palabrotas atravesó la sala, nadie estaba a salvo. Todos esperaban que irrumpiera algún policía y se produjera alguna detención como en las películas, pero no sucedió así… Al contrario, el desenlace de aquel altercado fue poco habitual. Uno de los presentes en la ceremonia, un hombre docto y muy versado en asuntos matrimoniales, que en su día lució toga y birrete, se aproximó sigilosamente al causante de todo el revuelo y le dijo “Dígame joven ¿por qué no debe celebrarse este enlace entre Carlos y Elena?” En aquel instante el silencio se apoderó del Juzgado. Tras unos segundos de dubitación, el joven respiró profundo y añadió “Me temo que me he equivocado de ceremonia...”

     
  • Ceremonias

    Carlos Pérez Álvarez · Santa Cruz de Tenerife 

    Aquel iba a ser, sin duda, el día más feliz de su vida. Tras lanzar al aire el horrendo birrete que le quedaba como un desafortunado ornamento en Ascot, se abrazó con sus compañeros de abogacía y corrió hasta su casa. Le esperaba una ceremonia aún mayor: su boda. De punta en blanco apareció en el juzgado. Allí esperó a su pareja hasta el punto que ya era imposible acceder con los incisivos frontales a la curvatura de sus uñas. Los invitados, ante la ausencia de los “sí quieros” se conformaron con escuchar alguna que otra palabrota cuando le comunicaron la noticia de la detención. Nunca se imaginó que se estrenaría como abogado el mismo día de su graduación. Y menos aún, que la policía tomara esas medidas en el día del orgullo gay.

     
  • El día más feliz de su vida

    Raúl Garcés Redondo · Zaragoza 

    De siempre su sueño había sido oficiar una BODA civil y aquella mañana por fin iba a hacerlo realidad. Para ello rescató del armario ese elegante BIRRETE que a juicio de su difunta madre tanto le favorecía. Parafraseando al monarca cuya imagen presidía la sala, comenzó el solemne acto: Me llena de ORGULLO y satisfacción poder unir en matrimonio a estas dos personas¡€™El creciente murmullo entre los presentes fue cortado de raíz por la enérgica petición de silencio del señor juez acompañada de una malsonante PALABROTA. Fue tan contundente que ninguno de los asistentes osó llevar a cabo una nueva DETENCIí N del discurso y de este modo la denunciante y el denunciando se convirtieron en marido y mujer.

     
  • Enhiesto orgullo

    Juan Rodríguez-Ovejero Sánchez-Arévalo · Oviedo 

    Rota por la palabrota de un fantoche, mi marido, licenciado de familia y otorgado en testamento. Tuvo suerte en cristianía, velado ya el velorio, de evitar la detención. Odio enteras tus conquistas de Don Juan cautivador, pues cataste tú a mi hija con talante traicionero, y pretendes boda fácil con dinero y pundonor. No me importa un diccionario, ni un birrete de Alma Mater. Arden sueños que frustraste con tu orgullo despiadado. Yo te mato. Yo te mato. Yo te mato.

     
  • Prejuicios

    Asunción Checa Pérez · Ogíjares (Granada) 

    Una pareja de novios se besa feliz a las puertas del juzgado, acaban de celebrar su tan ansiada boda. A las puertas del edificio judicial un grupo de personas conversan y uno de ellos increpa a los recién casados con una palabrota. El novio le contesta que esa palabra para ellos no es un insulto, sino un orgullo. Su reciente marido le hace un gesto para restar importancia al hecho, pero al mirar al increpador lo reconoce, ya que encima de su mesa tiene, junto a órdenes de detención y otros documentos, los expedientes de las nuevas incorporaciones a los juzgados. A la mañana siguiente regresará al juzgado, se sentará en el salón de celebraciones del edificio junto con sus compañeros para la toma de posesión de la nueva promoción de fiscales, y de nuevo, pero esta vez con el birrete puesto, se volverán a mirar.

     
  • Saga

    Fernando Fernández Fanjul · Madrid 

    En la impróspera boda de un letrado con la procuradora mas hermosa interpreta la Orquesta Prodigiosa la canción del coyote enamorado, pues no saben apenas otra cosa, con orgullo de haber intercalado palabrotas y frases sin cuidado de registrar ellos la nueva prosa; y un señor de birrete y traje oscuro con la segura detención amaga del cantante en un próximo futuro y les pide a los novios, o a quien paga, por derechos de autor champán, un puro, dos langostas y angulas de Aguinaga.

     
  • Remordimientos

    Javier Yuste González · Pontevedra 

    Empinaba el codo con mi tercer Frangélico, dejándome arrastrar en la vorágine de aquella abominable boda de la que he olvidado la razón por la cual asistí. Pero hay cosas que nunca se olvidan, como el padre de la novia correteando de una esquina a otra del enorme salón, henchido de orgullo cuan pavo ignorante de su triste destino en la víspera de Navidad; o como cuando diez tipos enfundados de negro, con la palabra “Policía” a la espalda, irrumpieron en el banquete como fans enloquecidas sobre el mocoso Justin Bieber pretendiendo ser concebidas por transferencia, procediendo a la detención del novio que les dedicaba preciosas palabrotas. -¡¿Un abogado!? –era el gemido de la recién desposada. “Casi” me emociono. Nadie parecía tener birrete… -¡Yo mismo! –me sorprendí de pie y tambaleándome peligrosamente-. ¡Me siento mal por solo haberos metido billetes de monopoly en el sobre! ¡Lo que puede el remordimiento!

     
  • La tercera boda

    Adolfo Pastor Giménez-Salinas · Barcelona 

    '- ¡Hola! Soy tu abogado de oficio Arístides Birrete.
    - ¡Hola! ¿Birrete? ¡Bah!, eso no puede ser un apellido. En realidad parece una palabrota.
    - Birrete es mi apellido, y para mi es un orgullo llamarme así. Hay quien se apellida Gusano, o Conejo,

     
  • El secreto

    Rafael Camarasa Bravo · Valencia 

    Caín miró la orla de la Facultad de Derecho. Abel, con el birrete torcido y gesto de orgullo, junto a él, en la primera fila de fotos. No pudo evitar soltar una palabrota al ver la candidez de sus rostros. Temeroso, se volvió para mirarlo. Sentado en la silla, caído sobre el escritorio, yacía estrangulado. La cabeza reposaba en un folio con el membrete de Caín y Abel, abogados matrimonialistas. Más allá, una foto del día de su boda. -No me quiso revelar el secreto -alegó Caín en el momento de su detención. -¿Qué secreto? –preguntó el policía. -Veinticinco años trabajando juntos, y veinticinco años resolviendo los mismos casos. Sota, caballo y rey -dijo con la mirada perdida-. Y lo mejor de todo es que aún disfrutaba con este trabajo. En el coche, hundió el rostro entre las manos y se derrumbó. -¿Cómo lo hacía? -gritaba- ¿Cómo coño lo hacía?

     
  • El converso

    Iván Preciado Pérez · Madrid 

    Tras su primera palabrota y su primer cigarrillo de marihuana había mantenido un historial impoluto. Nueve y medio en la Selectividad y birrete al aire siendo el mejor de su promoción en la facultad de Derecho, una multitudinaria boda y dos pequeños vástagos en camino. Fue entonces cuando ocurrió. Era la primera noche fría del otoño, llevaba lloviznando varias horas, la Policía Nacional llamaba a su puerta y su vergüenza era tal que no podía levantar la cabeza del suelo. La detención congregó a todo el vecindario del lujoso barrio y la deshonra se marcó a fuego en su frente. Esa noche no pudo conciliar el sueño. “Venga chaval, que no es ‘pa’ tanto” le dijo su nuevo amigo del calabozo. Él asintió con la cabeza, no por empatía sino por miedo a ese hombre. Por el camino no sólo había perdido la decencia, sino también el orgullo.

     
  • Reflexiones de un juez

    Rosa Molina López 

    Cuarenta años ejerciendo como juez y nunca vi una sentencia más clara. Cuando leí las pruebas, después de cerrar la instrucción, se me escapó una palabrota: la detención de mi hijo y dos de sus concejales era justa y evidente. Por supuesto, me recusaron. Me telefoneó el secretario general de su partido "no te preocupes, se soluciona políticamente" y le pusieron el birrete a uno de los suyos. Me alejé de todo, tratando de entender qué ha sido del sentimiento de orgullo que proporciona el trabajo bien hecho, el respeto por la ley y la justicia, la integridad personal. Ahora el dinero es dios, la ley su herramienta y la política su trampolín. Sí, definitivamente cerraré mi despacho, guardaré la foto de mi boda, el título y la pluma y me jubilaré. Mis métodos están obsoletos, y estos, para mí, son venenosos.

     
  • El mimo

    Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra · Zaragoza 

    Un leve tirón en la manga ejecutado por mi hijo de tres años, detiene nuestro paseo por las ramblas barcelonesas. Su pequeño dedo índice señala con descaro a un caballero con toga alzado sobre un pedestal. A sus pies, un birrete boquiabierto ansía oir el tintineo de alguna moneda y cuando éste se produce, el artista agita las manos, solicita la venia y esputa una palabrota. Lo observo detenidamente, lo reconozco, fue mi contrario en un turbio asunto de drogas. El orgullo de su mirada ha desaparecido. La detención el mismo día de su boda acabo con él. Pero años antes, aquel día, sobre aquel estrado, él fue superior a mi. Saco la calderilla de mi bolsillo y sonrio con maldad.

     
  • Orgullo familiar

    Ricardo Rovira · Madrid 

    Me llamo Ricardo y soy el orgullo de mi familia. Mi madre tiene una foto mía con el birrete presidiendo el salón. Cuando llegan las visitas al pueblo, ella sólo habla de mi, el único que ha llegado a ser alguien en la vida, el único que habla correctamente castellano y sin decir ni una sola palabrota. Recuerdo el día de mi boda estaba emocionada, quería que todo el pueblo viera lo guapo que estaba y lo bien que me quedaba el traje. Antes iba a visitarla al pueblo una vez por semana, ahora, después de la detención, dependo del permiso penitenciario, cumplo pena por falsificación del título de abogado . Y salgo de la cárcel, exactamente, dentro de 23 días, 12 horas, 20 minutos 23 segundos, el tiempo que me queda para volver a mirar a los ojos a mi madre.

     
  • ¡Soy un Cartoniano!

    Julio Montesinos Barrios · Santander 

    Lo soltó con rabia. Un esputo visceral, reluciente de orgullo, que años de discreción bruñeron con el paño del silencio. Hasta la fecha no habían desenmascarado a ninguno. La policía tenía certeza de su creación, treinta años antes, en recónditos sótanos de la facultad de derecho de Deusto. Había indicios de ritos iniciáticos, chantajes a profesores, incluso una supuesta lista de miembros situados actualmente en los puestos claves del Poder Judicial. El juez Mínguez era su líder. El cráneo pelón significaba el grado más elevado de aquella sociedad secreta cuyos miembros ascendían conforme menguaban sus existencias capilares. Un proceso que unía fuertemente a sus miembros durante la carrera, al colocarse el birrete, opositando o al peinarse los últimos vestigios el día de su boda. Mínguez, tras gritar aquella palabrota, aceptó su detención. Sin arrepentirse por liquidar de un bastonazo a aquel hermano traidor que lucía bisoñé durante la audiencia real.

     
  • La abuela cumple cien años

    Xavier Blanco Luque 

    “Muntaner, 12. María”. No era el SMS de siempre, ¡sorpresa, me citaba en el despacho! La puerta estaba entornada, ansioso por ese nuevo encuentro, me desnudé raudo y encendí la luz, allí estaba María, pero en compañía. La familia al completo, parecía una boda. Miraban atónitos, yo “en pelotas”, ataviado con mis camperas y el birrete de graduación. Cosas de abogados. Esa manía mía de no reparar en los detalles, no había tiempo para interrogaciones. ¿Dónde? Si hubiera preguntado ¿cuándo? Lo mejor la cara de la abuela, que entraba en ese momento. No se cumplen cien años todos los días. Con orgullo, balbuceé: "¡felicidades abuela!". Dos galeotes uniformados entraron por la puerta: “procedan a la detención del exhibicionista” –un vecino había llamado a la policía-. Un silencio aterrador invadió la sala. Carlitos, mi sobrino, aplaudió. Los demás le siguieron. Escuché a papá decir alguna palabrota.

     
  • Pablo y el mes de julio

    Juan Álvaro Fernández · Madrid 

    El viernes fue la graduación de mi hermana, que se licenció en Periodismo y su birrete estuvo sobre mi cabeza durante todo el acto, mientras mi padre, orgulloso, no paraba de hacerme fotos, ¡no era yo el protagonista! El sábado fue la boda de la mejor amiga de mi madre y los invitados insistían en agarrarme los mofletes con fuerza, diciendo cuanto me parecía a mi hermana, y para colmo, no podía decir palabrotas, no podía contestar a la gente, ni pude quedarme en casa, jugando a la Play, como pretendí. ¿Y hoy? ¡Lo que me faltaba! Mamá, que es abogada, tiene que asistir a la detención de un cliente suyo y como no me puedo quedar solito en casa, tengo que ir con ella. Estoy empezando a pensar, que es mejor tener cole en julio.

     
  • Cosas que pasan

    Celeste Soledad Silva · Corrientes (Argentina) 

    No era un día como tantos, sino mas bien uno de esos que quedan grabados en la memoria como un sello imborrable; era la boda de su mejor amigo, nada más, nada menos... sentimientos encontrados en el alma disputándose un liderazgo inútil. Vistió su traje y mirándose al espejo lanzó una palabrota a esa imagen furtiva; luego pensó: “hermano mío, ¡tanta vida compartida!¡cuantas aventuras vividas!. Cerrando la puerta del armario divisó su birrete olvidado, y recordó el día en que armaron un revuelo en la facultad por el reclamo de becas estudiantiles, razón por la que terminaron juntos en la comisaría primera con un día de detención. Volviendo en sí tomó las llaves de su coche, se quitó el orgullo en un trago de whisky, y salió dispuesto a celebrar el día en que la mujer de su vida se convertía en la esposa de su mejor amigo.-

     
  • Catalepsia

    Dulce García Lemos · A Coruña 

    Abrió los ojos bruscamente. Tenía los músculos entumecidos y el cuerpo cubierto con una sábana. Pasó un buen rato hasta que recordó lo sucedido en su despedida de soltero. Tras la detención por escándalo público, entre broncas y palabrotas, durmieron en el calabozo. De nada sirvió enseñar con orgullo el birrete y sus credenciales de abogado. Cuando por fin pudo moverse, miró alrededor. Aquello no era un calabozo; una fila de camillas ocupadas por cuerpos rígidos llenaba el recinto: era la morgue. Oyó pasos y voces. “Toca el 317”. Miró la etiqueta colgada de su pulgar; era su número. Lo cambió precipitadamente por el de su vecino y se echó en la camilla, tan quieto como pudo. Tragó saliva y aguantó el proceso de disección. En cuanto la sala quedó vacía, enroscó la sábana en su cuerpo como una túnica y salió. Quizás aún podría llegar a su boda.

     
  • El jurista y la leguleya

    Maria del Mar Suarez Sanabria · Noain, Navarra 

    La Boda se celebró a las diecisiete horas. El abogado miró con orgullo a su joven esposa cuando descendió del Rolls Royce Phantom. Pensó que nadie le comprendía como ella, obviaba todas sus palabrotas, cuando aparecía a las tantas tras terminar la guardia, hastiado de detenciones policiales, imputados que nunca eran culpables e inocentes que parecían sospechosos. Ella sonreía y callaba, sabía que para él, aquel circo era toda su vida. De hecho en la pedida de mano, ella le sorprendió obsequiándole con un birrete con borla en su parte superior. Todo hubiera sido perfecto, de no ser porque al cabo de los años la pillaron, presuntamente, en actitud comprometida con un tarzán de temporada en las playas de Ibiza. El marido al ver las fotos se atragantó con el hueso de la aceituna del martini que estaba tomando y falleció en el acto. El forense dictaminó: muerte natural.

     
  • El romántico

    Mar Horno García · Torredonjimeno (Jaén) 

    Federico siempre había sido un sentimental, un romántico, hasta el punto de que se vanagloriaba con orgullo de que nunca había dicho una palabrota. Sin embargo no había encontrado su amor verdadero. Hacía tiempo que había abandonado la fiscalía y el birrete para dedicarse a escribir novela rosa bajo el seudónimo de Clara Blue. Había adquirido la costumbre de asistir, todos los domingos, a alguna que otra boda en la Iglesia de San Juan. Cuando los novios se decían el sí quiero se le escapaba una lagrimilla solitaria que se limpiaba discretamente. Siempre mantenía la secreta esperanza de que cuando el cura dijera "...que hable ahora o calle para siempre" alguien irrumpiera en el templo con un firme propósito: la detención de la boda. Entonces se armaría el 2 de mayo y él, en medio del revuelo, tendría la oportunidad de acercarse para consolar a la preciosa novia.

     
  • Mientras pueda

    Carlos Mirás Avalos · A Coruña 

    Amanece el día del orgullo gay. Manolito coge su toga, su birrete, su lustrosa peluca blanca, abre la puerta y sale. Su comparsa causará sensación por las calles de Barcelona, seguro: hombretones ataviados de uniformes policiales y machotes con trajes de presidiario lo acompañarán. ¡l la presidirá disfrazado de magistrado. Manolito no hace ni caso de las palabrotas ni de los insultos que le dedican un grupo de escolares a su paso por las ramblas. Es feliz porque hoy es un día especial. Desde su boda con Ernesto no había experimentado una sensación semejante. Es su primer desfile, pues hace sólo tres meses que salió del pueblo. Nada le hace presagiar que todo esto acabará con la detención de más de cuarenta personas por escándalo público y el asesinato de un policía, así que dejemos que disfrute de esta fiesta. Mientras pueda?

     
  • ¿Y?

    Mariella del Riego Machado · Sant Joan Despí (Barcelona) 

    El portazo evidenciaba que la incorporación al trabajo tras su boda no había sido fácil para Elena. A modo de saludo masculló una palabrota y vociferó —¡Jamás en todos mis años de jueza me he sentido tan absurda, tan ridícula, tan…! —No será para tanto, mujer. —¿Qué no será para tantooooo? –respondió mientras se descalzaba lanzando los zapatos en direcciones opuestas. —De una detención durante el carnaval me traen a un tipo disfrazado de juez. Al entrar en la sala y verle vestido de tal guisa le ordené que se desprendiese del estúpido disfraz. —¿Y? —Que blandió el birrete y sin dejar de mirarme orgullosamente dejó caer lentamente la toga al suelo. —¿Y? —Que viendo el tamaño de lo que era su motivo de orgullo, le ordené, tartamudeando, que se volviese a vestir. —¿Y? —¡Y que esta noche me dolerá la cabeza! Que lo sepas –chilló.

     
  • Kafka va de boda

    Adolfo Vázquez Rodríguez · Madrid 

    Una boda es un compendio de ritos y maneras que llevan indefectiblemente al matrimonio, penado con una vida entera y un día eterno, según el código canónico. Yo soñaba con mi boda y me despertaba gritando una palabrota. Mi madre me había empujado desde el suave pero implacable empeño de las madres a aquel enlace con un señor de birrete, un eminente abogado, y vivía revolcada en el orgullo de verme pronto casada con todas las de la ley. Yo, por mi parte, asentía. Cuando llegó la fecha, a la puerta de la iglesia se produjo mi detención: “Señorita, se le acusa de hacer infeliz a un hombre en grado de tentativa, y a si misma en grado de frustración” ¡Joder, otra pesadilla…!

     
  • Orgullo desprogramado

    Maite García de Vicuña · Vitoria 

    Alberto terminó la carrera de Derecho en la Universidad de Columbia, como su padre había planeado. Conoció a Cristina en una suntuosa fiesta que su progenitor, el Juez Maldonado, había organizado en su mansión de La Moraleja. Diez meses después celebraban la boda en Los Jerónimos, lugar escogido por su madre como el más idóneo para el evento. Su fama como abogado creció pronto al lograr las pruebas inculpatorias suficientes para proceder a la detención y posterior sentencia de un peligroso activista ruso, esto sirvió para que le ofrecieran un puesto de diputado, que aceptó tras la obstinada insistencia de Cristina. Todo iba tal y como estaba programado. Hasta que en julio, sobre una carroza, Cris creyó adivinar bajo un birrete lleno de plumas a su marido, exhibiendo el orgullo por bandera. Ella solo acertó a exclamar, como si de una palabrota se tratara, “pero, ¿será maricón?”

     
  • Ilegales

    Ángeles Sánchez Portero · Zaragoza 

    El traqueteo del tren se interpone en nuestra conversación. La foto de nuestro hijo el día de su graduación luciendo con orgullo el birrete negro y la toga va y viene entre nuestras manos. Nos dolió no haber estado con él ese día, por eso decidimos hacer el esfuerzo de viajar miles de kilómetros para estar a su lado esta vez. El revisor mira extrañado el paquete detrás del cual nos escondemos adivinado nuestra presencia. Pero hace la vista gorda y se aleja del vagón de mercancías sacudiéndose unas cuantas palabrotas con la discreción de quien se deshace de unas motas en la solapa. Por un momento nos tememos lo peor, una detención en la estación más cercana impidiéndonos llegar a la boda de nuestro hijo. El mismo que desde la foto nos mira desde el pasado, el mismo que ahora redacta el borrador de la ley de extranjería.

     
  • Causa perdida

    Rosa María Lorente Gil · Orihuela (Alicante) 

    Pocos meses después de tu detención en plena gran vía y posterior encierro en el psiquiátrico, saliste empastillado pero más poeta que nunca. Desde tu renovada libertad retomaste con orgullo tu oficio de abogado de causas perdidas. Huyendo de aburridos pleitos, congresos y birretes nos conocimos e inevitablemente nos enamoramos bajo la luz primaveral de un tren de cercanías. Tu diagnóstico nunca fue secreto de sumario para mí. Conviví contigo y con tus crisis. Me confesaste abrumado que el amor te había salvado. Tres primaveras después, aquellos dos abogados que apenas veían en el matrimonio un contrato empezaron a organizar con ilusión su boda. Te fuiste un mes más tarde, “recomendación del psiquiatra” me susurraste en la distancia. Nunca pronuncié tantas palabrotas seguidas ni lloré tanto. Aprendí dos cosas, las separaciones no tienen nada de poéticas y hay locos que cometen sus peores locuras estando cuerdos.

     
  • Recuerdos

    M¡¦ Antonia Lucas Amate · Madrid 

    La sonrisa perfecta luciendo con orgullo su recién estrenado birrete, era un fiel reflejo de la satisfacción que sentía por haber terminado la carrera. Quince años más tarde, en el momento de su detención, volvió a mirar aquella foto que le parecía tan lejana, intentando recordar qué había sido de aquel abogado lleno de esperanza y de ilusión y repasó los momentos de su vida que le habían llevado a acabar así.Recordó la felicidad el día de su boda con su novia de siempre, la soberbia de la primera discusión, la rabia de la primera palabrota, el desprecio del primer insulto, la ira de la primera bofetada, la violencia de la primera paliza y las lágrimas; las múltiples lágrimas derramadas por su culpa.

     
  • El diablo viste de toga

    Javier Sánchez Ribas 

    Siempre he sido malo. No es culpa de la sociedad, ni de una familia desestructurada, simplemente es que soy un cabrón con pintas. Mi primera palabra fue una palabrota. Mi primera detención se produjo a los diez años. A los quince lucía con orgullo mis antecedentes en todo tipo de delitos pero quería más. A los dieciocho tenía mi propia banda organizada pero quería más. Mi boda con la hija de Don Pablo me permitió dar el salto a la delincuencia transnacional pero quería más. Quería una posición donde pudiera ser malo, pero malo de verdad. Mientras me ajusto el birrete y las puñetas de la toga sonrío pensando en la sentencia que voy a firmar absolviendo al financiero responsable del hundimiento de su banco y de la ruina de sus accionistas. Y dirán que he hecho Justicia (sí, encima con mayúscula, ja, ja). Ya no quiero nada mas.

     
  • Que hable ahora

    Mercedes Gómez Ballesteros · Collado-Villalba (Madrid) 

    Al cura se le atascaron las palabras: calle, para, siempre en plena glotis y a punto estuvo de ahogarse. La madrina cayó desplomada arrastrando al suelo al padre de la novia, que elevando el índice ordenó la detención inmediata del sujeto que objetaba infidelidades previas desde el coro. El sujeto en cuestión soltó el orgullo antes pregonado tras el órgano y huyó amilanado. No hubo boda. Dos años después, durante el juicio, rebrotó el escándalo. Harto de gritos el juez lanzó el birrete contra la suegra que estrangulaba al malogrado novio, falló el tiro pero atinó en la cabeza de la prima Esperancita, que sin querer escupió una palabrota sobre el abogado que tomaba el tercer lexatin de la mañana. En el silencio sobrevenido se escuchó a la bisabuela Basilia decir al acusado: Hijo, ¡¨finalmente le dijiste a tu prima que a su novio le gustas tú?

     
  • Un juez en Chueca

    Mayte González-Mozos · Toledo 

    Quién te lo iba a decir. Tú, el del birrete más erguido de la orla. Tercera generación con la carrera de Derecho. Asististe de “mirinda” al día del Orgullo Gay, y cuando la “mani” subió el tono, y fueron inevitables las detenciones, quisiste escapar a tu bufete; a la seguridad de tus casos sin resolver. No fueran a conocerte y relacionarte. Pero el azar gusta de ser caprichoso, y unió tu destino al de un “oso”, colega y recién “salido del armario”, por más señas. En la confusión tropezaste con él y rodasteis por los suelos. A ti se te escapó una palabrota, y a él un “morreo”. Poco tiempo después la noticia de la boda de un abogado y un juez apareció en todos los medios autonómicos, y asistió hasta tu nieto vestido de conejito play-boy. Esa fue, para ti, la gran noticia.

     
  • Que hable ahora…

    David Vivancos Allepuz · Barcelona 

    "¡Detengan esta boda!", vociferó uno de los invitados desde la última fila. Acompañó la orden con una palabrota que provocó que la abuela de la novia, una venerable dama con un vestido color yema de huevo campero muy poco apropiado, se tapara los oídos con las manos. Se giraron los asistentes, indignados. El joven avanzó en dirección al altar esgrimiendo un cuadro, una orla enmarcada desde la cual casi un centenar de jóvenes licenciados con birrete sonreían con orgullo mal disimulado a los presentes. "¡Sepan que este hombre… este hombre es…!", aceleró el discurso, intuyendo su inminente detención, a la vez que señalaba con el dedo al novio, "este hombre es… ¡abogado… de la SGAE!". "¡No!", gritó el cura y se llevó las manos a la cabeza. La novia, entonces, se desmayó. Un ahogado rumor de decepción se adueñó de la iglesia. Desenmascarado el novio, de rodillas, rompió a llorar.

     
  • Orgullo

    Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

    Don Justiniano, engalanado como para ir de boda real o informar ante el Supremo, se mira satisfecho al espejo y ajusta la corbata y el birrete. Encuentra la calle atestada de compañeros togados. Saluda al decano, exultante tras el bosque de micrófonos. La banda del Colegio toca sin respiro un pasacalles. Los Abogados Jóvenes bailan sobre una carroza con una alegoría de la justicia. Letradas del turno de oficio hacen de majorettes. Tan multitudinario es el desfile que cada dos pasos sufre una detención. No fue fácil que la Junta de Gobierno respaldara la propuesta. Pero la mayoría estaba harta de chistes sobre picapleitos, de malvivir defendiendo causas perdidas a cambio de desprecios y palabrotas. Querían algo impactante. Dicen que el delegado, antes de autorizar la celebración, tuvo que leer varias veces la solicitud. ¡Disfrutad el “Día del Orgullo Ley”!

     
  • Con orgullo

    Beatriz Soto Lema · La Coruña 

    No asistió a mi nacimiento, no escuchó mi primera palabrota en inglés, los regalos de mi cumpleaños me llegaban por mensajería urgente, ni siquiera acudió a mi boda. Pero yo sabía que era un buen padre. El día de mi detención, allí estaba yo, luciendo con orgullo mi birrete de recién licenciado como única prenda, mientras varios policías me llevaban arrestado leyendo mis derechos. “Sabía que asistirías a mi graduación, papá”- le dije con orgullo a mi abogado.

     
  • Libertad sin fianza

    Rubén García García · Madrid 

    Con una palabrota, estrelló su vaso de whisky contra la pared. Con los ojos empañados por las lágrimas y el alcohol, se quedó mirando aquella foto de graduación de su hija, que exhibía con orgullo de padre en el salón. Bajo el birrete, asomaban esos rizos que ya nunca volvería a acariciar. Ante él pasaron todos esos momentos que había soñado vivir junto a ella y que ya nunca sucederían: su primer trabajo, su boda, su primer nieto… No podía seguir así. Emborrachándose y llorando como una nenaza mientras el desalmado que había asesinado a su pequeña estaba en la calle sólo un mes después de su detención. Ahora estaba en paradero desconocido, gracias a aquel famoso abogado que le consiguió libertad sin fianza. Alguien tenía que pagar por esto. Repentinamente sobrio, cogió algo del cajón y se dirigió decidido a la calle, sabiendo perfectamente lo que tenía que hacer…

     
  • Sí, quiero

    Marcos Dios Almeida · Vilaboa, Pontevedra 

    Mi padre, el estoico cardenal, se presentó en mi boda vestido de encarnado y con birrete incluido dispuesto a aguarnos la fiesta en nombre de Dios. No recuerdo las palabrotas que salieron de su boca mientras argumentaba que aquello era contranatural, pues, cuando el energúmeno se cansó de gritar, yo enarbolé la multicolor bandera de un orgullo que, más allá de banderolas o tocados, se basa únicamente en el amor. Y entonces le hablé como el jurista que soy, aseverando que aquello era legal y que lo incorrecto sería negarnos a mí y a mi pareja aquel derecho secular. Pero el sermoneador no quería parar, y como yo ya había previsto tan incómoda intromisión hice una seña a un policía que procedió a la detención del purpurado, haciendo caso omiso de sus quejas. Y todos aplaudieron, y nosotros, cónyuges libres y soberanos, nos besamos para decirnos el sí quiero final.

     
  • Recuerdos, solo recuerdos

    Rosana Alonso Fernández-García · Madrid 

    Y yo que creía que al morir me esperaba el descanso merecido después del orgullo del trabajo bien hecho,de tantos años de dedicación, me encuentro ahora ejerciendo de abogado en el más allá. Reconozco que mi primera frase comenzó con una palabrota seguida de una disculpa ante el magistrado que me indicó mis nuevas tareas: un hombre viejo de toga y birrete deslucidos. He podido comprobar que lo único que nos diferencia es la definición de nuestras figuras fantasmales: los nuevos residentes somos luminosos, otros ligeramente transparentes y los más antiguos meros jirones de niebla. Aquí el tiempo sufre una detención y todo ocurre con una morosidad extraña. Ahora ejerzo como juez de paz de bodas espirituales en las que uno, al fin, las almas perdidas que la vida separaba. Pasado el estupor inicial, la muerte sigue y te adaptas, pero mis pies comienzan a desaparecer y tengo miedo.

     
  • Noticia de portada

    Azucena Rey López · La Coruña 

    Al escuchar su nombre, el pasado se convirtió en presente. Ocho años atrás habíamos protagonizado una boda de ensueño. Y ahora, su detención protagonizaba la noticia del día. Exclamé una gran palabrota, no podía creerlo, el fiscal jefe acusado de defraudar a la hacienda pública. El diario más sensacionalista del país eligió la fotografía de su graduación como portada de su periódico, había olvidado lo guapo que estaba aquel día con su birrete. Me trague mi orgullo y le llamé. Antonio, le dije, no te preocupes, te defenderé.

     
  • Robo en cadena

    Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

    Me tuve que tragar el orgullo y la palabrota que estaba a punto de soltar cuando vi a los agentes de la policía judicial entrar en la iglesia. ¿Cómo se les ocurre practicar la detención el día de mi boda? En vez de salir con el anillo de recién casado lo hice con las esposas de recién detenido, y solo por el simple hecho de robar un birrete el día de mi graduación; pero que conste que no fui el único. A mí me lo robaron primero, yo lo robé a un compañero, éste a otro, y así siguió la cadena hasta que llegó al catedrático, que no encontró a quién birlárselo y tuvo que salir en la orla con sombrero tirolés.

     
  • Made in Tarantino

    Francisco Perelló Cordech · Barcelona 

    “Cojones". La palabrota se me escapa. No hay derecho. Tres años de diligencias previas, un mes de juicio y seis para sentencia, dos años para el Supremo y la detención en plena boda de la niña. ¡Caray! Y yo de padrino. Viendo como su expresión de orgullo se transforma en sorpresa y luego en una mirada de súplica, como si pudiera hacer algo. Comerme el birrete si lo llevara puesto y poco más sin liarla. En fin, qué remedio. Me desabrocho la americana y saco la Beretta; patada a la mesa que vuelca rompiéndose toda la vajilla y dos disparos al aire. La novia rompe a gritar y al novio le cabe un autobús por la boca. Los polis salen pitando y mi cliente, que se lo estaba esperando, salta por la ventana. El mejor abogado, no, pero menuda eficacia. Aunque el birrete me lo como sí o sí.

     
  • Juzgado en el decimotercer piso

    Miguel R. Bedoya Beneras · Los Altos (California. EEUU) 

    El fiscal abrió el debate. —Si la trasformación fue un atropello, el forzarle a una boda para satisfacer el orgullo vano de una princesa, no tiene nombre. —Protesto, su señoría— replicó el abogado defensor. El atropello fue la detención de mi cliente. Voces y palabrotas cruzaron desde el público hasta el estrado. El juez acomodó su birrete con la mano izquierda y con la derecha golpeó la mesa con el martillo. Silencio. La voz tierna de la acusada, una hada madrina de ojos vivaces, rompió el mutismo. —No se discuta más este asunto. Revertiré el hechizo— sentenció. Dirigió su vara mágica hacia el hombre que se encontraba triste, mustio, sentado junto al fiscal. Luces. Truenos. Un croar alegre inundó el lugar. Extasiados y luego aterrorizados, los presentes observaron como el sapo saltó a través de la ventana.

     
  • Hasta que la MUERTE los separe

    Daniel Domínguez Repiso · Bocos de Duero (Valladolid) 

    Cuatro guardias le arrastraban al furgón, recitando toda una monografía de palabrotas y blasfemias. Le acababa de decir al juez (un tipo serio, adusto, de los de birrete) que quién se creía que era para decirle si podía o no pegar a su mujer. “Después de la boda, es mía” exclamó con orgullo “y hago con ella lo que quiero” A las tres de la mañana, cinco dotaciones de la Policía habían irrumpido en la suite nupcial para poner fin a los golpes y voces que había denunciado el hotel. A ella, con el vestido de novia destrozado y manchado de sangre, se la llevó el 112. A él, ocho policías, empleándose a fondo, habían logrado su detención. En la comisaría había dado una patada a un agente e intentó un cabezazo al aterrorizado letrado del turno. Al juez le había espetado, como últimas palabras antes de prisión, “arrieros somos”

     
  • Atado

    Guillermo Medrano Arribas · Madrid 

    La mujer sentada en mi despacho es todavía joven. Rubia, muy guapa. No puede abrir un ojo. Me cuenta su caso: - Nos conocimos en la universidad. En casa tenemos la fotografía de nuestra graduación, los dos con toga y birrete. La boda fue un año después y todo era maravilloso: viajes, fiestas y mucho cariño. Al poco tiempo dejé el trabajo porque a él no le gustaba. Después vinieron las palabrotas y los primeros golpes. Y todo ha ido de mal en peor, hasta su detención de ayer. Algún vecino llamó a la policía. Estaba borracho…, pero él me sigue queriendo, se lo digo con orgullo. No quiero que le pase nada. ¿Cuántas veces habré escuchado esta historia? No habrá juicio o no declarará porque le perdonará una y otra vez hasta que… - Haré lo que esté en mi mano, Elena – le digo con el corazón encogido.