La abuela cumple cien años

Xavier Blanco Luque 

“Muntaner, 12. María”. No era el SMS de siempre, ¡sorpresa, me citaba en el despacho! La puerta estaba entornada, ansioso por ese nuevo encuentro, me desnudé raudo y encendí la luz, allí estaba María, pero en compañía. La familia al completo, parecía una boda. Miraban atónitos, yo “en pelotas”, ataviado con mis camperas y el birrete de graduación. Cosas de abogados. Esa manía mía de no reparar en los detalles, no había tiempo para interrogaciones. ¿Dónde? Si hubiera preguntado ¿cuándo? Lo mejor la cara de la abuela, que entraba en ese momento. No se cumplen cien años todos los días. Con orgullo, balbuceé: «¡felicidades abuela!». Dos galeotes uniformados entraron por la puerta: “procedan a la detención del exhibicionista” –un vecino había llamado a la policía-. Un silencio aterrador invadió la sala. Carlitos, mi sobrino, aplaudió. Los demás le siguieron. Escuché a papá decir alguna palabrota.

 

 

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