La boda

Kalton Bruhl · Comayaguela (Honduras) 

Miró a su hija y sonrió con orgullo. Le parecía que había sido ayer cuando ella lanzaba al aire el birrete, durante su graduación de la secundaria y, ahora, se disponían a entrar juntos a la iglesia, donde la entregaría a su futuro esposo. Hasta el momento todo había resultado perfecto y pidió en silencio, que nada estropeara la ceremonia. El hombre ajustó la mira telescópica y se arrepintió de haber enfocado la cara de aquel maldito juez. Había ordenado varias detenciones y los jefazos del cartel le habían enviado a liquidarlo. Sin embargo, al ver su cara se había sentido identificado con él. Hacía apenas una semana que su propia hija se había casado y él también había rezado para que nada saliera mal. Dejó escapar una palabrota y, mientras desarmaba el rifle, se enjugó una lágrima. Las bodas siempre le hacían llorar.

 

 

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