Hasta que la MUERTE los separe

Daniel Domínguez Repiso · Bocos de Duero (Valladolid) 

Cuatro guardias le arrastraban al furgón, recitando toda una monografía de palabrotas y blasfemias. Le acababa de decir al juez (un tipo serio, adusto, de los de birrete) que quién se creía que era para decirle si podía o no pegar a su mujer. “Después de la boda, es mía” exclamó con orgullo “y hago con ella lo que quiero” A las tres de la mañana, cinco dotaciones de la Policía habían irrumpido en la suite nupcial para poner fin a los golpes y voces que había denunciado el hotel. A ella, con el vestido de novia destrozado y manchado de sangre, se la llevó el 112. A él, ocho policías, empleándose a fondo, habían logrado su detención. En la comisaría había dado una patada a un agente e intentó un cabezazo al aterrorizado letrado del turno. Al juez le había espetado, como últimas palabras antes de prisión, “arrieros somos”

 

 

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