Libertad sin fianza

Rubén García García · Madrid 

Con una palabrota, estrelló su vaso de whisky contra la pared. Con los ojos empañados por las lágrimas y el alcohol, se quedó mirando aquella foto de graduación de su hija, que exhibía con orgullo de padre en el salón. Bajo el birrete, asomaban esos rizos que ya nunca volvería a acariciar. Ante él pasaron todos esos momentos que había soñado vivir junto a ella y que ya nunca sucederían: su primer trabajo, su boda, su primer nieto… No podía seguir así. Emborrachándose y llorando como una nenaza mientras el desalmado que había asesinado a su pequeña estaba en la calle sólo un mes después de su detención. Ahora estaba en paradero desconocido, gracias a aquel famoso abogado que le consiguió libertad sin fianza. Alguien tenía que pagar por esto. Repentinamente sobrio, cogió algo del cajón y se dirigió decidido a la calle, sabiendo perfectamente lo que tenía que hacer…

 

 

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