III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Los presentes de mi cumpleaños

Miguel Sánchez Juaneda · Murcia 

El candado de mi vida se abre para dejar escapar otro año. Desde que nací, mi madre plantea mis cumpleaños como un trámite que hay que superar para alcanzar el objetivo. Su cara nunca refleja alegría, sino ansiedad. Hace dos años me obsequió con un bolígrafo bañado en oro. Al menos sé que no era tóxico porque me pasé toda una tarde mordisqueándolo. El pasado año me regaló la matrícula en la facultad de Derecho y todos los libros que se utilizan durante la carrera. Este año tengo encima de mi cama un traje gris, una camisa de seda, una corbata, un par de zapatos y un maletín de piel… Y sin instrucción alguna de cómo utilizarlos. Si de ella dependiera cumpliría los años de tres en tres. Me pregunto, ¿qué tendrá pensado regalarme el año que viene cuando cumpla los cinco?

 

Relatos seleccionados

  • La sentencia

    Mario Bolo · Buenos Aires 

    Tal vez jamás lo habría notado, de no ser por esa deformación profesional, fruto de tantos años como juez de instrucción. Pero no podía haber dudas: el cierre del baúl no estaba igual que la última vez. Y ese baúl guardaba, entre otros productos tóxicos, la estricnina que había comprado tiempo atrás para matar ratas. La ansiedad por averiguar qué le habría comprado su esposa para su próximo cumpleaños lo había llevado al desván. Un golpe de suerte. Ahora sólo era cuestión de juntar los cabos sueltos: esas llamadas telefónicas que nadie respondía, la insistencia de su esposa en el nuevo seguro de vida, el sabor amargo de algunas comidas, el creciente malestar que sentía últimamente. Sí, no podía haber dudas, se dijo, mientras terminaba de acomodar los cables que ejecutarían la inapelable sentencia en cuanto su mujer tocase el candado.

     
  • Preso de conciencia

    Carlos López Martínez · Gijón, Asturias 

    Una vez más, como cada año desde hace diez, quisiera soplar las velas. En la prisión está prohibido que tengamos material inflamable o productos tóxicos. Muchos de los otros internos tienen contactos fuera y reciben todas las semanas desde móviles a droga para hacer negocios. No sería problema conseguirlas. Pero tampoco tengo nadie con quien celebrar mi cumpleaños. Hace una década lo habría festejado con mi mujer. Pero la maté. La instrucción duró poco: confesé todo al juez. Mi abogado quiso alegar enajenación mental. Yo no: sabía que merecía cumplir toda la pena. Hay prisiones que no necesitan ni un candado, basta con un prisionero. Hoy, estoy lleno de ansiedad: mañana tendré cincuenta años, y cuando cumpla diez días más, se agotará mi condena. No es ningún regalo de cumpleaños: yo no celebro cumpleaños desde que no tengo nadie con quien vivirlos.

     
  • DEMENCIA JURíDICA

    MIREN JOSUNE PAROLA SAEZ · BILBAO 

    Celebro mi segundo cumpleaños en el psiquiátrico. La defensa de un asesino múltiple puede dejar a cualquier abogado al borde del paroxismo. Cómo si hubiera tragado hectolitros de algún producto tóxico, mi cerebro ha pasado de figurar como una de las mentes más claras y dotadas para la jurisprudencia a ser una masa deforme y pulposa, incapaz de colocar en su sitio los cubos de colores que las voluntariosas enfermeras disponen para mi reeducación. Realizar la instrucción gimnástica cada mañana a las ocho, esperar cargado de ansiedad la llegada del carrito con la bazofia incomestible cada seis horas y dormir, dormir largas horas con la mente en blanco y sin una maldita pesadilla que demuestre que las neuronas funcionan. Es todo lo que tengo para afrontar el resto de mi vida. Mi cliente fue ejecutado, pero en el último momento se llevó a la tumba el candado de mi lucidez.

     
  • PIEZA DE CONVICCIÓN Nº13

    MARIA DEL MAR SUAREZ SANABRIA · NOAIN. NAVARRA 

    El juicio finalizó con la libre absolución del acusado. La abogada defensora resopló orgullosa. No podía creerse lo ocurrido. Después de dos años de duro trabajo, resultó que la daga rociada con tóxico veneno, que había causado la muerte de la víctima, y prueba definitiva en la instrucción del proceso, había desaparecido de la caja donde a buen recaudo, un candado de seis pernos la custodiaba. Ella en su alegato final, solo tuvo que dirigirse a los miembros del jurado con un simple: “In dubio pro reo”. Apenas podía controlar su ansiedad para contarle a su marido, un reconocido magistrado, lo ocurrido. Pero cuando llegó a casa y entró en el dormitorio, se quedó sin aliento al ver en la mesita de noche, la pieza de convicción nº 13, la daga desaparecida, y debajo una nota: “ Feliz Cumpleaños, tu amante marido que por ti haría lo que fuera”.

     
  • Por humilde

    Madrid · Madrid 

    Te conduces en la vida de forma honorable hasta que te toca defender al que dicen el peor de los malhechores, precisamente en el día de tu cumpleaños y cuando viene tu hija mayor, que quiere seguir tus pasos, a verte ante el jurado. El sumario durante la instrucción estuvo bajo candado, tan horripilante era el contenido, hasta tal punto que el juez había solicitado su baja por la ansiedad provocada durante las secretas diligencias de prueba practicadas. La prensa extranjera había tomado partido, las cancillerías se habían pronunciado. El cartel de “se busca” colgaba en los supermercados. Lamentablemente mi cliente estaba condenado de antemano, por verde, por humilde, por tóxico, por pepino. Mi hija me animó: “vamos valiente, te queda el indulto”.

     
  • Expeditivo

    Federico Aragón Aragón · Madrid 

    '- Tranquiliza tu ansiedad, querida, que hoy es tu cumpleaños, yo soy el juez, y las pruebas de tu crimen las tengo ocultas y bien guardadas bajo candado – le dijo mientras le presentaba el tóxico pastel con sus velitas encendidas, que iba a abreviar c

     
  • Los herederos

    JOSÉ RAMÓN VEGA ALMAGUER · HOLGUÍN (CUBA) 

    La apertura del sobre lacrado rompió el prolongado silencio, mientras llegaba a su clímax la fiebre de ansiedad entre los presentes. El patriarca sería fiel a su promesa y celebrando su cumpleaños 95, revelaría el contenido del testamento, conservado por décadas en el cofre con candado egipcio. El abogado de la familia estirando el pliego leía: “Es mi voluntad que toda mi fortuna se dedique a la instrucción pública de niños sin amparo filial para fortalecer su fe y su espíritu, alejarlos de las drogas y los productos tóxicos que enajenan al hombre y destruyen la sociedad. La iglesia será la depositaria de este empeño”. Sus tres hijos casi al unísono, le reclamaron con la mirada. El anciano con voz entrecortada respondió: “Ustedes formaron parte de esa desgracia y es el justo pago a la felicidad que me han dado como mi mayor fortuna”.

     

     
  • Amor homicida

    Salvador Robles Miras · Bilbao 

    Era el día de su cumpleaños, pero el joven abogado estaba alicaído. La ansiedad había candado su alegría. Al día siguiente, debía acudir al Juzgado de Instrucción a tratar de convencer al juez de que el sospechoso no había asesinado a su esposa, enferma terminal, sino que el tóxico que le había administrado constituía su último acto de amor. A él le bastaba con mirar a los ojos de su cliente para saber la verdad, pero ¿cómo convencer al magistrado de que el amor, excepcionalmente, obliga a uno a transformarse en un verdugo? ¿Cómo? Acababa de hablar con su prometida, cuando la mejor de las respuestas, otra pregunta, iluminó el camino del cómo: “¿Estaría el juez enamorado?” En cuanto el ordenador le mostró una fotografía reciente del juez, en una cena benéfica, contemplando a su esposa, el abogado metió en el congelador una botella de cava.

     
  • Necesidad

    Cecilia Natalia Alvarez · Rosario - Santa Fe - Argentina 

    Las palabras atragantadas se vuelven tóxicas con el tiempo. A veces las siento deambular por la garganta impacientes por romper el candado que las retiene y salir al mundo a cumplir su cometido: decir. Con los años he desarrollado un método para no morir envenenada, simplemente de vez en cuando dejo escapar alguna. Es así como pude soportar diez ataques de ansiedad, veintitrés promesas incumplidas, cuatro desilusiones y noventa mentiras a lo largo de cuatro años de matrimonio. Pero sabe Dios que todo sistema puede fallar y aquel día, entre charlas de juzgados de instrucción y Derecho Penal, vomité sobre su torta de cumpleaños cuatro mil setecientas palabras que lograron lo impensado, que treinta abogados, sus colegas y él, perdieran la capacidad del habla por diez minutos completos. Yo recuerdo sólo las últimas "necesito huir de ti" seguidas de un portazo que resonó hasta el séptimo piso.

     
  • TRABAJANDO HASTA TARDE

    Mar González Mena · BURGOS 

    Me quedé solo preparando la instrucción del caso. Sobre la mesa del fondo quedaban restos de la tarta de cumpleaños de la señora de la limpieza. Todo un detalle por su parte, pero yo ni siquiera lo había probado. Hoy tenía demasiado trabajo. Siempre, me hubiera corregido ella. Solía ser el último en salir y ella decía que trabajaba demasiado. En el cajón guardaba la llave del candado de la bici. Volvería a casa pedaleando, así que podía permitirme un trozo. Algunos la devoraron con ansiedad. Debía estar buena. Iba hacia allí cuando me interceptó. Casi me hace caer con la fregona.
    - Perdone - dijo con una sonrisa. Y acto seguido tiró los restos de tarta a la basura.
    Hasta que la policía me interrogó no recordé que hace dos meses la despidieron por la crisis. La buscan por envenenar a todo el despacho con algún agente tóxico.

     
  • La venganza

    Daniel Arévalo Mora · Bogotá 

    “La instrucción era clara, el día de su último cumpleaños debía verter unas pocas gotas de aquel líquido verdoso y de olor nauseabundo en la bebida. Tuve dudas pasajeras del destino inmerecido que alguien por un ciego y oscuro rencor me encomendó. Cuando llegó el día señalado experimenté una ansiedad incontrolable y por un instante pensé en acompañarla en ese largo viaje que pronto empezaría. Fueron solo dudas, que se desvanecieron cuando recordé sus devaneos amorosos, su ingratitud y el dolor infame que me produjo el día en que me dijo adiós. Me paré frente a la alacena y estuve contemplando en silencio la botella de cristal. Abrí el candado tembloroso y saqué de allí el tóxico, sin ningún dolor, sin pena; mientras recordaba mi infortunio y pensaba: se lo merece”. Así fue señor juez.

     
  • Secreto a voces

    Lupe Borraz Gutiérrez · Barcelona 

    Su ansiedad crecía a medida que se acercaba la fecha señalada, para presentarse ante el juez de instrucción. Se sentía culpable por no haber cerrado el candado y evitar así, el acceso de intrusos, al informe que los medios de comunicación calificaron de “tóxico y desestabilizador”. Era consciente de que el dato difundido había creado gran alarma social: los que tenían trabajo se quedaban en casa, los niños no iban a la escuela, las bolsas sufrieron un fuerte descenso y en todo el país se sucedían hechos convulsos. Pero lo que nunca se perdonaría era que, la reina del papel couché, la abogada estrella de la televisión, el ídolo de masas y referente nacional, desapareciera sin dejar rastro al no poder superar que se desvelara su secreto mejor guardado, algo que llevaba toda la vida ocultando, algo por lo que se habría dejado matar: la fecha de su cumpleaños.

     
  • SUPERHÉROES

    Miguel Rodríguez Alcázar · Hellín (Albacete) 

    Mi papá es abogado. Batman es muy fuerte y muy grande. En la calle se hace de noche, la hora cuando él sale a defender la ciudad. Mi papá no está en casa y hoy es mi cumpleaños. Él me ha comprado un pastel muy rico. Después se ha tenido que ir al "juzgado" nº 2 de instrucción, y yo veo una película de Batman que me ha regalado. Batman es muy bueno, aunque su trabajo es duro, y a veces tiene dudas. Mi papá también, y entonces toma unas pastillitas verdes que son para una cosa mala que se llama ansiedad. Verdes como el líquido tóxico donde se cayó el Joker, enemigo de Batman. Él tiene encerrada a la chica enamorada con un candado, pero Batman es más listo y sabe como abrirlo. Mi corazón va deprisa y la puerta se abre… ¡Toma! ¡Mi papá ya está en casa!

     
  • INSTRUCCIÓN DE LOS HECHOS

    Adolfo Vázquez Rodríguez · Madrid 

    Con gran ansiedad esperó el día de su cumpleaños. Intuía crucial esa jornada, no por los cincuenta, cifra roma que se le había echado encima, rodando con suspiros. Era más bien la repentina atención que de unos meses atrás volvía a demostrarle Antonio, junto a la devoción recuperada del hijo. Llegado el seis de julio, Gloria decidió dar forma y después propósito al aleteo que le venía persiguiendo. Ocupó la tarde en preparar su pastel de aniversario, cuidando de que el potente tóxico no acabara traicionando el sabor de la vainilla. Con la familia ya en casa, partió la tarta; pero antes de sentarse se excusó para ir hasta la puerta, colocar un candado y ocultar la llave. Hasta aquí el relato de los hechos recogidos en la instrucción del caso. No se refiere el fiscal a la sonrisa con que fueron a encontrarla, el mejor de los regalos póstumos.

     
  • El letrado sobre ruedas

    Marta Trutxuelo García · Andoain (Gipuzkoa) 

    Llegué al bufete y sobre la mesa encontré una llave con una escueta nota: “Guárdala, te ayudará a mejorar tu vida”. Extrañado y jugueteando con la llave en la mano encendí el ordenador y encontré un e-mail con remitente desconocido: “Abogado, tu vida tiene elementos tóxicos que debes eliminar”, y adjuntaba una fotografía de mi familia, junto a mi vehículo. Un escalofrío me recorrió la espalda y cuando escuché el timbre del teléfono casi salté de la silla. “Sigue las instrucciones y todo irá sobre ruedas. Acude a...”. A duras penas conseguí garabatear la dirección que me indicó la desconocida voz. Llegué jadeando al punto de encuentro. “Menos coche, más ejercicio... menos colesterol...”, dijo un encapuchado, me pidió la llave y abrió el candado de... ¡una bicicleta! Se quitó la capucha y... “¡¡¡¡Feliz cumpleaños!!!”, corearon mi hijo y mi mujer mientras yo intentaba recuperarme de un ataque de ansiedad.

     
  • CANDADOS EN LA MENTE

    LUIS JAVIER Cí RDOBA HERRERA · MADRID 

    Mis continuos ataques de ansiedad habían llevado a mi mujer Margarita a regalarme una sesión de acupuntura por mi cumpleaños. Es curioso las interconexiones sensoriales que existen en nuestro organismo. A través de punciones en determinados puntos de mi cuerpo el espigado terapeuta fue liberando candados de tensión en mi mente hasta que caí mansamente en los brazos de Morfeo. Al despertar el cadáver del acupuntor yacía inmóvil sobre la camilla atravesado por una infinitud de agujas. Yo tenía puesta su bata. Dado que no presentaba tóxicos en mi organismo, mis abogados consiguieron demostrar que todo lo hice siguiendo instrucciones de mi subconsciente basándose en los casos de Albert Tirrell de 1846 y Kenneth Parks de 1987. Ni siquiera ingresé en un psiquiátrico dado que jurídicamente el sonambulismo no es un trastorno mental. Me pregunto qué dirán ahora cuando vean la que he liado en clase de yoga.

     
  • SIN RENCORES

    SILVIA MERINO MORALES · VALENCIA 

    Hoy es veintisiete de Junio de 2011. Nunca me olvido de esta fecha porque es el cumpleaños de mi abogado. Le tengo siempre muy presente, ya que él llevó la defensa de mi caso. Volver a verle personalmente después de 20 años me produce mucha ansiedad pero tengo que mantener la calma. Que me condenaran a 20 años de cárcel sin posibilidad de reducción no fue culpa suya, aunque dos años después se casara con la juez que llevó la instrucción de mi caso. Eso sólo fue una coincidencia. Por eso, para demostrarle que no soy reconroso, este año que por fin soy libre, le voy a llevar un regalo. Es una tarta muy buena, pero tiene sorpresa, está rellena con un tóxico muy potente y que no deja huella, espero que cuando su mujer y el lleguen al cielo, no les hayan cerrado las puertas con candado.

     
  • La botella de Vega-Sicilia

    Ana Isabel Martin Gayubo · MADRID 

    Yo defendí al constructor Alejandro Rodríguez en el famoso caso del amianto. En la edificación de sus viviendas empleó aislante altamente tóxico y decenas de personas enfermaron de cáncer. Muchas murieron. Alejandro construyó mi chalet y durante la instrucción me surgió la duda. Juró por la salud de su madre que no colocó amianto en mi casa. Al día siguiente su madre murió de un infarto. Acudí con ansiedad a por los resultados del chequeo medico. Cáncer. Sin duda producido por amianto. Terminal. No celebraría mi cumpleaños. Alejandro fue absuelto de todos los cargos gracias a mi pericia. Invitación a cenar en mi chalet para celebrarlo. Puntual. Abrazos de agradecimiento. Bajamos a la bodega. Cuidado con los escalones. Guardo un Vega-Sicilia estupendo para estas ocasiones. Búscalo en el cuarto del vino. Usa mechero, la bombilla está fundida. Cerré la robusta puerta. Ignoré sus suplicas. El click del candado también fue terminal.

     
  • Femme fatale

    Esperanza Santos Pina 

    “¡Escuchad! ¡Otro! Diferencia entre un abogado y un vampiro… ¡Los vampiros sólo chupan sangre de noche! ¡Jajajajaja!” Entre chistes y carcajadas el prohibitivo whisky fluía atravesando su oronda papada. Mr. Morris, afamado juez e improvisado cómico, celebraba por todo lo alto su sexagésimo cumpleaños, rodeado por cortesanas y acaudalados peces gordos de su entorno: senadores, empresarios, narcotraficantes… Y yo, su primogénito. “Si colocara un gigantesco candado y esparciera un tóxico por el salón, sus viudas me lo agradecerían”, me susurró al oído una ninfa de ojos verdes. “Soy abogado, si lo haces llámame, te libraré de prisión”, repliqué cual Casanova. Su coqueta sonrisa me insinuó la siguiente instrucción: ausentarnos buscando intimidad… …La ansiedad por contemplarla me despertó, pero mi acompañante era una nota: “¿Me liberarás entonces?”. Dichosa fiera juguetona, pensé. Salí triunfante del motel, compré mi habitual periódico y quedé petrificado: “Matanza en la Mansión Morris”. Jamás supimos de ella…

     
  • Una vida mejor

    Carlos Mirás Avalos · MADRID 

    Me encontraba sentado en el banquillo de los acusados. Había apuñalado al recepcionista del hotel, y no estaba arrepentido. El recibo de la habitación con sangre era la única prueba que me incriminaba. Mi abogado quería un pacto con la defensa para reducir mi condena, pero me negué. Lo había perdido todo, a mi mujer, a mi hijos, mi trabajo en el banco, mi casa, no me quedaba nada. No tuve más salida que matarle a sangre fría. Ahora, por fin, viviría tranquilo, en mi celda, con mi cama, mis libros, mis recuerdos de una vida pasada. Qué más podía pedir? Gaseosa para comer.

     
  • SIETE VELAS

    MARINA GOMEZ GARCIA · ALBACETE 

    '-“Señora Poveda, le llamo de la Policía Criminalista. “El Joker” ha confesado haber incinerado vivas a siete personas. Nos ha indicado donde se encuentran los cuerpos, por lo que la instrucción parece sencilla. Quiere que usted lo defienda, así

     
  • Los candados hablan

    Diego García-Abril Goyanes · Pozuelo de Alarcón - Madrid 

    El juez de instrucción llegó tarde, como siempre, con aire despreocupado, distante y ajeno. Tuve que insistirle para que subiera al desván y nos permitiera romper el candado viejo y oxidado. Aceptó sin mucho interés. Al abrir la puerta un aire tóxico inundó el viejo caserón y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Mientras yo estaba al borde de un ataque de ansiedad, el juez permanecía impasible. El cadáver colgado de la soga y la confesión manuscrita hallada en el suelo parecían resolver el enigma. Todas las piezas encajaban a la perfección. Sin duda, tras tantos meses de investigación, no me habría podido imaginar mejor regalo para mi cumpleaños. El estado de satisfacción en el que me encontraba duró hasta que el juez preguntó, con el mismo aire de despreocupación con el que había llegado, “¿Y quién cerró el candado?”.

     
  • EL GRITO DEL SILENCIO

    Rolando Benito Correa · Rosario (Santa Fe) - Argentina 

    Sus manos temblaban acercándose al candado. Lucía sentía que el último lustro se había deslizado por un precipicio de vacíos oscuros, de voces, de interrogantes. Intentó dominar la ansiedad sin conseguirlo. Como un torbellino se atropellaban en su mente rostros, paredes desnudas, frases incompletas: “… decisiones del Juez de Instrucción”, “… apelación”, “… falta de pruebas”, “… lento envenenamiento con un potente tóxico…”. El mundo sólo era un carrusel de locura y vértigo. “Feliz cumpleaños, querido…”. “Bebe esto. Te hará bien…”. “… dice el doctor que…”. “… su cuerpo, pero su alma vivirá eternamente…”. La realidad de la noche se hizo presente con el silbido del viento en los cipreses colándose por entre las rendijas. Miró el nombre grabado en la puerta de la cripta y un grito pidiendo clemencia se ahogó en su garganta. El canto lastimero de un pájaro negro rasgó el silencio.

     
  • El ritual

    Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra · ZARAGOZA 

    Desde que la ingesta, por error, de un producto tóxico le produjese una afasia permanente, el día de su cumpleaños ejecuta un mismo ritual, como si de una instrucción militar se tratase. Trás soplar una vela roja, se incorpora, se acerca lento pero firme a la cómoda y saca una caja, de la que nadie recuerda su origen. Con mano temblorosa y cierto grado de ansiedad abre el candado que protege su contenido. Extrae una cinta de video, mi primer juicio oral como letrado. Se sienta con dificultad en su sillón orejero y le da al play. Lo observó y, en el momento de mi alegato, noto como iergue la espalda, aprieta los puños y mueve tembloroso la pierna derecha. Al acabar me mira y sonríe levemente. Mi abuelo también fue abogado.

     
  • Un siniestro obsequio

    Esperanza Temprano Posada · Madrid 

    Un extraño regalo de cumpleaños me esperaba encima de la mesa del despacho: Un cofre cerrado con un candado y sin remitente. Conseguí forzar la cerradura, levanté la tapa y comprobé que contenía tres sobres numerados. El primero me desvelaba quien lo remitía: un antiguo cliente al que defendí de una acusación de asesinato de su esposa, la había envenenado poco a poco con un tóxico casero. En el segundo me reprochaba no haber sido más beligerante durante la instrucción del caso y no haberle defendido como él se merecía. Abrí el tercer sobre preso de un ataque de ansiedad que anunciaba los peores presagios, dentro estaba la llave de mi casa, una foto de mi mujer y una nota que decía: -es más rápido con arma blanca- ¡Rosa, dime que no es cierto, coge el teléfono, por Dios!

     
  • ANIVERSARIO

    Segismundo Alvarez Royo-Villanova · MADRID 

    El viejo abogado miraba el pequeño cofre, sucio y oxidado, que acababa de desenterrar. Desde pequeño los regalos de cumpleaños le solían decepcionar, y no esperaba que este fuera una excepción. Más por aburrimiento que por curiosidad había seguido cada instrucción de la carta recibida hoy, exactamente diez años después de lo último que ella le había enviado: la demanda preparada por Juan, su ex pasante arrogante y desleal. Pero no había podido evitar cierta ansiedad al cavar entre las raíces de aquel cerezo que habían plantado juntos hace tanto, cuando el mundo era todo mañana. Le parecía estar hurgando en las entrañas del tiempo, o en las suyas propias. El candado cedió sin resistencia, y dentro solo había ese polvo tóxico que duerme en las tumbas y un papel con una frase en pretérito que sin embargo era una profecía: nunca te he querido.

     
  • El letrado sobre ruedas

    Marta Trutxuelo García · Gipuzkoa 

    Llegué al bufete y sobre la mesa encontré una llave con una escueta nota: “Guárdala, te ayudará a mejorar tu vida”. Extrañado y jugueteando con la llave en la mano encendí el ordenador y encontré un e-mail con remitente desconocido: “Abogado, tu vida tiene elementos tóxicos que debes eliminar”, y adjuntaba una fotografía de mi familia, junto a mi vehículo. Un escalofrío me recorrió la espalda y cuando escuché el timbre del teléfono casi salté de la silla. “Sigue las instrucciones y todo irá sobre ruedas. Acude a...”. A duras penas conseguí garabatear la dirección que me indicó la desconocida voz. Llegué jadeando al punto de encuentro. “Menos coche, más ejercicio... menos colesterol...”, dijo un encapuchado, me pidió la llave y abrió el candado de... ¡una bicicleta! Se quitó la capucha y... “¡¡¡¡Feliz cumpleaños!!!”, corearon mi hijo y mi mujer mientras yo intentaba recuperarme de un ataque de ansiedad.

     
  • PELIGROSA SEDUCCIÓN

    ELMER JUNIOR ZAMBRANO COLMENAREZ · LARA, VENEZUELA 

    Siento la misma ANSIEDAD que cuando la conocí por primera vez, cuando estuvo dentro de mí cuerpo y mi ser hace dos años,exactamente el día de mi CUMPLEAÑOS,esa vez no recibí llamadas, nadie lo recordó; fue una noche lluviosa, solitaria, llena de nervios y emoción, ahí estaba ella: libre, pura, blanca, seductora; preparándose para mí. Me había estado coqueteando en días previos, esperando a que yo diera el paso y me acercara; me tomé unos cuantos tragos para relajarme y desinhibirme antes de volverme adicto a su TOXICO sabor, las sensaciones presagiaron que desde esa noche no iba a dejarla, se convirtió en mi ama y señora por quien daría y perdería todo. Por ella ahora me encuentro encerrado bajo CANDADO en un centro de rehabilitación por INSTRUCCIÓN de un Juez, lleno de nervios, emoción y solitario como aquella primera vez. Esperando dejar mi adicción a ella: cocaína.

     
  • Un plan casi perfecto

    Marta Currás Martínez · Vigo (Pontevedra) 

    Las instrucciones eran claras: debía escabullirse hasta el sótano, reventar el candado de la puerta e inyectar el tóxico en el circuito del aire acondicionado. Y después, salir de los juzgados en menos de cinco minutos si no quería compartir el fatal destino de los que permanecerían dentro. Se guardó los guantes de látex en el bolsillo y atravesó el vestíbulo con la vista clavada en el minutero del reloj. Sus obligaciones como abogado de la familia Rigatoni pronto expirarían junto con el fiscal, el juez y los testigos del caso. Ese era el trato. - ¿A dónde cree que va, letrado? Se giró con violencia y el rostro contraído en una mueca de ansiedad. Su mujer, su hija y varios colegas le sonreían tras una tarta repleta de velas encendidas. - ¡Sorpresa! – Exclamó la pequeña - ¡Feliz cumpleaños papá! Todos aplaudieron, emocionados al verle llorar como un crío.

     
  • FIESTA SORPRESA

    INMACULADA LAX MUí‘OZ · ELDA (ALICANTE) 

    La ansiedad que le generaba su inminente “fiesta sorpresa” de cumpleaños se le enredaba en los pulmones como un humo toxico. Tendría que poner ojos de plato mientras realizaba aspavientos, escuchando el aplauso atronador de sus compañeros de despacho. Y todo por un desafortunado accidente. La nueva pasante, desobedeciendo sus instrucciones, dejó sobre la mesa, a la vista de todos, su carné colegial. Fue cuestión de tiempo que alguien indiscreto mencionara su fecha de cumpleaños. Lo demás, vino rodado. Escuchaba a su paso los siseos, los silencios pautados y se dejaba caer, derrotada por los acontecimientos en un rincon, como un candado roto. Nunca se recuperaría de este golpe, ahora todos sabrían que cumplía tan solo veintisiete años. Tanto esfuerzo en parecer cuarentona para nada. Horas enteras fabricándose canas, disimulando curvas y ahora esto… Sabía que sus mejores clientes estaban invitados y si, tendría que asumirlo, volverían a llamarla “nena”.

     
  • Amor eterno

    Fernando da Casa de Cantos · Murcia 

    ¿El amor es tóxico? Empiezo a creerlo, no es normal el estado de ansiedad que me produce. Soy capaz de olvidar mi cumpleaños, pero nunca olvidaré el día que decidí empezar con ella. Cuando comencé esta relación, nadie me dio instrucción alguna al respecto. “Cuidado con implicarte demasiado con los clientes, cuidado con el secreto profesional, cuidado con llevarte problemas a casa…”. Pero nada sobre el amor. Todos los candados de Ponte Milvio son pocos para simbolizar mi amor por ella. Amo la abogacía.

     
  • Mi juicio final

    Víctor Manuel Sánchez Tejón · OVIEDO 

    Como cada mañana desde hacía unos años, una extraña ansiedad recorría su cuerpo. Había vivido deprisa, sin pausa, y en su 65 cumpleaños nada podía hacer que olvidase su juicio final. Desayuno sin gana y deprisa; se despidió de su mujer, quito el candado a su vieja bicicleta y se dirigió a su pequeño despacho en la vieja Vetusta. A su llegada encima de su mesa, la sentencia que llevaba esperando años. Detrás quedaba una larga instrucción y un proceso penal difícil, y tóxico para su salud, se encontraba ante sus ojos. Suspiro profundamente y se sumergió en su lectura. Después de doce interminables hojas, por fin el fallo, una lágrima se deslizó por su arrugada mejilla?su hijo, quedaba absuelto. Salió sin dilación a celebrar, tras muchos años, su cumpleaños con toda su familia.

     
  • Un sorbito de champán

    Elena Ramírez Lillo · Linares, Jaén 

    Aquella noche tenía que preparar el juicio del día siguiente, ella sin embargo decidió salir. La ví vestirse, esmerándose en la elección de su ropa interior, pintando cuidadosamente un rojo pasión en sus labios... Sentado en la butaca del despacho me invadía la ansiedad de saber que en su mesita de noche había olvidado esconder la llavecita que abría el candado de su diario, de sus íntimos pensamientos... no lo pudé evitar... tras descubrir algo más que íntimos pensamientos decidí esperarla levantado y brindar con ella con champán... 10 años después: Solo, sentado en la misma butaca con su diario al lado, brindé por el que hubiera sido su trigésimo octavo cumpleaños?. Nadie sospechó durante la instrucción, que el tóxico sorbito que provocó su muerte lo hubiera tomado en casa, tras descubrirse que junto a su amante brindó con champán hasta el amanecer?

     
  • Allende de los mares

    Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

    Desterré para siempre la ansiedad, el estrés. Me olvidé de sumarios, reuniones, vencimientos. Mi microordenador yace en el fondo del mar, encerrado bajo siete candados. No ejerceré nunca más. Perderla a ella colmó el vaso. No perdonó que celebrase mi cumpleaños en el juzgado de instrucción, asistiendo a Giovanni Trapani hasta las tantas; que la dejase plantada y arruinase mi fiesta-sorpresa, su felicitación estilo Marylin. Transferí mis ahorros y honorarios del caso Activos Tóxicos al principal banco de esta isla y aquí me refugié. Vivo en el paraíso. Oteo el horizonte paladeando daiquiris servidos por mi asistente, un nativo a quien llamo Viernes. Avisto una balsa acercándose. La tripula una explosiva náufraga. Me sonríe la fortuna. Le haré los honores. Ya en la playa, sin presentarse, espeta: -Me expulsaron del crucero. Los demandaré. ¡¨No será usted abogado?

     
  • Feliz cumpleaños amor

    Silvia Vicedo Ramón · Alicante 

    ¿Qué decir cuando ya nos lo hemos dicho todo? Un día, las palabras callaron y el silencio formuló las acusaciones. Esto está visto para sentencia. Tú eres tóxico, amor. Me has dado todos estos años veneno a raudales, ansiedad cuando esperaba tu afecto sin descanso, indiferencia cuando corría hacia ti tras notar la llave en el candado. Y hoy, esa indiferencia ha generado el antídoto a tus males. Y resulta que para esto no hay libro de instrucciones, puesto que tú me enseñaste a vivir sabiéndome sola aunque obligada a dedicarme a ti. No. Esta vez no seré yo la que te espere el día de tu cumpleaños mientras oigo el tic tac incesante de un reloj que jamás cesa. Tan sólo te esperará una tarta hecha con los ingredientes que me has proporcionado durante estos años. Y si no tienes apetito… Entonces que tu abogado llame al mío.

     
  • PURO TEATRO

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza (Islas Baleares) 

    No vivió como hubiera querido. Murió como anheló vivir: actuando. El día de su cumpleaños. Deseaba ser actor pero se convirtió en abogado por imposición paterna. Conservó siempre su pasión por la escena, como un residuo tóxico perenne de consecuencias desconocidas e imprevisibles. La más evidente, convertirle en actor aficionado y dramaturgo ocasional. No creía en el éxito de su último caso ni en la inocencia de su cliente, vista la fase de instrucción. Aún así, en el juicio oral, firmó su mejor intervención. Representó magistralmente su papel de abogado defensor. Pronunció su alegato final con vehemente convicción. Al final, le falló la respiración. ¿Un ataque de ansiedad? No, un infarto. Cerrojo y candado a su vida y a su obra. Falleció poco después camino del hospital. Como un Molière contemporáneo. Aquel día, en el estrado, lucía corbata amarilla.

     
  • SUEÑOS INFANTILES

    MAYTE CASTRO ALONSO · VALENCIA 

    Ayer fue mi cumpleaños. Mis amigos del cole me regalaron un diario muy chulo que se cerraba con un candado. La tía Moni vino a recogerme a la salida de clase. Pensé que mamá y papá se habían quedado en casa preparándome una fiesta sorpresa. Por el camino la tía Moni me dijo que mamá estaba en la cama con un ataque de ansiedad. Yo no sabía qué era eso y me dijo que era como si se hubiera tragado un tóxico y no pudiera respirar. Que ya se le pasaría. Llegamos a casa y papá tampoco estaba. Había una nota suya que decía: “Felicidades hijo, siento no poder estar ahí pero mañana tengo un juicio muy importante y debo trabajar hasta muy tarde. No olvides leer las instrucciones del regalo antes de jugar”. Me puse muy triste pero como soy casi mayor, no lloré (página 1 del diario).

     
  • Feliz Cumpleaños

    LITA RIVAS FOLGAR · TEO (A CORUÑA) 

    Ya no aguanto más este estado de permanente ansiedad. ¿Qué puede haber más tóxico para la dignidad de una mujer que el sometimiento, la pérdida de la libertad o la degradación como persona? He estado ciega, obnubilada porque hasta eso me has quitado, mi capacidad de discernimiento. Te observo en la sala del tribunal mientras crees impartir justicia desde tu status de juez, también mandatario en tu casa, donde has llegado al extremo no solo de golpearme, sino también de dejarme encerrada. Mientras lees esta nota que te acabo de pasar, he interpuesto una denuncia por malos tratos y he aportado las pruebas y fotografías que he ido reuniendo a lo largo de algunos años de calvario, mientras realizaba la instrucción del expediente más importante de mi vida, tu desalojo de mi corazón, al que desde ahora he puesto un candado, y de mi existencia. –Ah! lo olvidaba, ¡Feliz Cumpleaños!

     
  • Feliz cumpleaños

    Fernando Oreni Gordillo 

    La instrucción había sido clara: “Mátalo”. Nos dispusimos a realizar nuestro trabajo, aquel que tantas veces me he jurado abandonar. Tras abrir el candado que cerraba la puerta, nos encontramos con aquel joven abogado. Lloraba como si acabara de nacer y se veía clara presa de su ansiedad por salir corriendo de allí. Nos decía una y otra vez que hizo todo lo posible por desestimar al único testigo del asesinato, que no le matáramos, que hoy cumplía 25 años y que le esperaban en una supuesta fiesta sorpresa de cumpleaños en el bufete. Trágico. Le dimos a beber un vaso de agua que tragó con bastante dificultad y mirándole a los ojos le dije: “Felicidades, vete”. “Gracias, gracias”, repetía. Corría tanto que casi tropieza. La única prueba, aquel vaso con los restos del más potente tóxico inventado por el hombre. Moriría a los 15 minutos.

     
  • Misterio por resolver

    MARIA ANTONIA COBOS AVILES · DAMPIERRE SOUS BOUHY 

    El día de mi 30 cumpleaños, salí a la calle asumiendo con ansiedad que mi juventud declinaba irremisiblemente. Algo contundente cayó sobre mi cabeza en ese momento. Grité de dolor e instintivamente me eché para atrás, llevándome la mano a la sangrante herida. Levanté la mirada por si caía algo más y me dispuse acto seguido a descubrir lo que me había descalabrado. ¡El candado de mi caja fuerte abierto! Mi tóxico olfato de detective resolvió el caso ipso facto. Además, la instrucción del caso sería facilísima y el juicio que se celebraría en su tiempo llevaría con seguridad a prisión al ladrón que había abierto el candado y estaría robando mis bienes. Avisé a la policía inmediatamente denunciando el robo. Cuando entraron en el piso, todo seguía como yo lo había dejado, incluyendo mi caja fuerte. ¡¨De dónde habría caído el candado agresor?

     
  • Recuerdos envenenados

    César Dezfuli Rello · Madrid 

    Aquellos tóxicos recuerdos vuelven una vez más a mi mente. Siempre en la misma fecha. Siempre envueltos en una sensación de ansiedad y soledad al mismo tiempo que esta angustiosa casa me provoca. Ahora nadie me espera. ¡l ya no está aquí para darme instrucciones, aunque sigo escuchando el eco de sus palabras retumbando en las paredes. Palabras por dotarlas de algún nombre. Nunca podré olvidar aquel 7 de junio, aquel amargo cumpleaños. Aún escucho el crujir de las esposas cerrándose como candados sobre sus muñecas. Mañana tendré que declarar. Juan me acaba de llamar. Desde el principio me ha aconsejado bien y mañana estará a mi lado defendiéndome. Todo saldrá bien. Todo saldrá bien?

     
  • American Dream

    Rubén Gozalo Ledesma · SALAMANCA 

    La ansiedad se palpa en los juzgados. El juez de instrucción está a punto llegar. Y yo todavía no he hecho las tareas. Son la siete de la mañana y faltan tres días para mi cumpleaños. Hace años que nadie me felicita en el trabajo. Solo soy la mujer de la limpieza. La que quita el polvo, pasa la aspiradora, vacía las papeleras y restriega la mierda que dejan otros. Hay días en que lamento haber emigrado a Estados Unidos para buscar el sueño americano. Cada mañana la rutina es la misma. Abro el candado del trastero, cojo la escoba, la fregona y el carrito con los productos de la limpieza y desinfecto la sala. El amoniaco es tóxico, lo sé, pero es la única manera de quitar el hedor a muerte que desprende el banquillo de los acusados.

     
  • Muerte muy natural

    Manuel Molina Domínguez · Palma de Mallorca 

    “Fallo multiorgánico inespecífico” diría escuetamente, tras esa jornada aciaga, el Informe Forense ya encargado ex profeso. Visualizó anticipadamente la inminente celebración: el Magistrado soplaría las velas, brindaría con la copa que él mismo -su hombre de confianza en el Juzgado Central de Instrucción- le habría servido previamente, y, sin transición, se desplomaría de cara contra el merengue de la tarta de cumpleaños, como queriendo traspasarla con la cabeza. Todos lo achacarían a la ansiedad provocada por su infernal ritmo de trabajo. Sobre todo desde que instruía ese importante caso de sobornos y corrupción política que implicaba a un sector del Gobierno por vertidos tóxicos contra el medio ambiente. Pero ahora debía concentrarse: abrió el candado de su pequeño maletín, extrajo cuidadosamente el frasquito suministrado por el letrado de la multinacional petroquímica, y se dirigió raudo hacia el despacho del Juez, desde donde comenzaban a oírse ya incipientes murmullos de felicitación.

     
  • TRIBUTO A LA FAMA

    JOSE VICENTE PÉREZ BRIS · BILBAO 

    Este es el precio que se paga por estar casada con un abogado endiosado. Nadie como yo sabe de la ansiedad en las días previos a los juicios; la decepción de los niños cuando su padre no hace acto de presencia en sus cumpleaños; y las noches en vela, las interminables noches lastradas por el candado de la soledad, mientras él las pasa en el bufete trabajando. Así, año tras año, el odio se hace más corrosivo, más tóxico, envenenándolo todo a su paso. Hasta que un día se tornan los papeles y es la esposa la protagonista. Se viste adecuadamente y acude al juzgado de instrucción como lo hace su marido a diario. Y escucha la voz del juez llamándole al estrado. “Señora Valiño, se le acusa de haber asesinado a su marido en su propio despacho la noche del veintidós de agosto pasado. ¿Cómo se declara la acusada?”.

     
  • PARADOJAS DE LA EDAD

    Vanesa Rico Lili · Bilbao (Vizcaya) 

    Cincuenta recién cumplidos y en la última semana ya me han ingresado tres veces. Diagnóstico: crisis de ansiedad. Lunes; según despierto caigo en que es mi cumpleaños. Arritmia, sudoración, insuficiencia respiratoria… ninoninonino. Miércoles en el juzgado de instrucción. Declaración por negligencia médica en operación de cirugía estética. El cirujano, al que defiendo, muy presionado, exclama –“¿Qué pretendía esa cincuentona, parecer una adolescente?”. Arritmia, sudoración, insuficiencia respiratoria… ninoninonino. Y, finalmente, esta mañana le explico al ginecólogo que últimamente tengo reglas irregulares y sofocos; me pregunta la edad y dice, como si nada, –“Menopausia”. Arritmia, sudoración, insuficiencia respiratoria y… ninoninonino. Aquí estoy, hospitalizada, planteándome el suicidio por ingesta de tóxicos o poner un candado en el cajón donde guardo mi D.N.I. y consagrar mi vida al botox. Cualquier cosa menos seguir visitando este hospital. El médico me tira los tejos. ¿Qué se ha creído? ¡Si tiene al menos cincuenta años!

     
  • MADRID

    María Pascual Núñez · Delito leve: Falta de afecto. 

    Vivía en un estado de ansiedad constante. No hay nada peor que decidir dejar de fumar dos días antes de recibir una notificación del Juzgado de Instrucción. Tan tóxico como el humo que antaño emanaba a bocanadas era el recuerdo de aquel cumpleaños que pasaron en Florencia. Treintaicinco años de vida, los últimos a su lado. Ni cinco noches encerrados en una habitación de hotel, ni un candado atado al Ponte Vecchio, fueron capaces de salvar su relación. Asique, como todo hombre frustrado, ahogó sus penurias en una botella de Chianti. Descolgó el auricular buscando una voz femenina similar al otro lado. –Tengo ganas de hacértelo, golfa… –Marcó los mismos dígitos durante seis meses. Durante la fase oral del juicio el imputado alegó: – Señoría, póngase en mi lugar, que no he incurrido en una falta de coacciones e injurias, sino que en mi concurre la falta de afecto. Su afecto.

     
  • Decisión

    Mª Isabel López-Carrasco Casado · Madrid 

    "Producto tóxico. No dejar al alcance de los niños". Esto servirá para calmar mi ansiedad: siempre a lo que me digan, siempre obediente, demasiadas esperanzas que nunca se cumplen. Ya no quiero seguir órdenes ni instrucciones, por una vez seré malo, y no pienso hacer caso del abuelo, viejo abogado que insiste en que estudie Derecho. Por mí que se quede con su último regalo: en la época de la ley digital ¡ 50 tomos de Aranzadi! para que siga su estela, porque yo seré un gran letrado, estudiar es lo mío, para el fútbol no sirvo...Gracias, ¡ pero no! , para mi cumpleaños esperaba algo diferente... Diez años no se cumplen todos los días... Con cuidado, unas pocas gotas y se acabará todo, verán de lo que soy capaz..¡¡bravo!!..el candado se ha abierto. ¡la bici de mi hermano ya es mía!

     
  • El pasante

    Paula Maria Ventosa Trillo · Zaragoza 

    Yo sólo era el encargado de coger el teléfono, buscar documentación, recordar los cumpleaños familiares, administrar papeleos, hacer fotocopias... Todo lo adyacente, lo secundario. Tuve la idea poco poco, como cuando te llega la ansiedad. Un dia llegó una sentencia desfavorable. "Lástima"- pensamiento tóxico?" que no fueran todas como ésta". En el despacho nada se guarda bajo candado; fue facil falsificar papel del Juzgado. Con mi dominio mimético del lenguaje jurídico, comencé a emitir resoluciones que dejaban a mi jefe a la altura del betún. El procurador siempre enviaba todo por fax, fue sencillo dar el cambiazo. Gocé dando las malas noticias a los clientes. Los pleitos se perdían uno tras otro. Los recursos, innecesarios, no llegaban a su destino. Los trámites de los procesos de instrucción se descuidaban. El teléfono ya no sonaba. Pensé en pedirle un sueldo por mis imprescindibles servicios.

     
  • Una vida mejor

    Carlos Mirás Avalos · Madrid 

    Presa de un ataque de ansiedad intenté romper el herrumbroso candado. No hubo forma. Seguí tus instrucciones al pie de la letra, pero de nuevo me resultó imposible. Había llevado un día de perros: primero el madrugón, el café que dejó su huella en mi corbata, el atasco inevitable, el turno de oficio venenoso, tóxico, la comida con un empresario corrupto¡€™y yo que no me atrevo a dar el paso. Incluso se me olvidó comprar tu regalo de cumpleaños. Veinte años ejerciendo la abogacía son demasiados, incluso para mí. Y no soy capaz de decirle a mi jefe que dejo el bufete, que me voy al campo, que cambio la audiencia por la granja, los magistrados por los cerdos, los litigios por el estiércol.

     
  • ¿Locura transitoria?

    Amparo Martínez Alonso · Galapagar, Madrid 

    Un gran candado oxidado ocupaba el lugar del Miró. Adolfo Artieta percibió, orgulloso, mi gesto de extrañeza. “Proviene de un castillo del sur francés, de la ribera del Loire. Regalo de un querido amigo, en mi cincuenta cumpleaños. Carola había dado la instrucción de que lo escondieran, no soportaba verlo. Ha estado exiliado en el trastero, hasta ahora”. Me resultó raro que Carola hubiese cambiado de opinión, pero no dije nada. Su ansiedad por mostrarme “algo”, tampoco me dio oportunidad. Anduvimos habitaciones y escaleras que yo desconocía. Un laberinto para llegar a la segunda bodega: aunque nada, allí, me recordara al néctar del dios Baco. “Necesito que me asesores, bajo secreto profesional”. Artieta me hablaba mientras nos iba envolviendo un olor tan fétido que temí fuera tóxico. “Tendría que deshacerme del cadáver. ¿Si no hay cuerpo, no hay delito? ¡Contesta! ¡Joder, eres mi abogado: mi confesor jurídico!”. Vomité mi respuesta.

     
  • El regalo

    Alvaro Fernández · Buenos Aires 

    Nadie sabe por qué el día de su cumpleaños. Tampoco desde cuando tenía esa obsesión, esa ansiedad de manos húmedas, pero dispuestas a todo. Un Juez de Instrucción, con futuro de Corte Suprema, incorruptible, un mural familiar en el despacho, sonrisa de padre rodeado de pequeños, un ejemplo a seguir por todo estudiante de abogacía que se considere un hombre hecho y derecho. Pero ese era el día, su hora señalada… Un buen surtido de bebidas y tóxicos, la anestesia. El coraje faltante y necesario para su atrevimiento a la locura, esa locura de confesarlo todo, de cortar el yugo de una vergüenza demasiado ajena, demasiado impropia, ese maldito candado que por tanto tiempo lo tuvo dentro closet… La voz parlante de su secretaria le anuncia la llegada del regalo: —Su señoría, el señor Richmond ha llegado. —Sí…hágalo pasar, por favor… y que nadie nos interrumpa…

     
  • RECAPITULANDO

    José Igancio Santaló Junquera · A Coruña 

    Hoy es mi cumpleaños. Sesenta. Treinta ejerciendo como abogado. Mi mujer ha acabado siendo mi secretaria y así ahorramos para la formación de nuestros dos hijos. Las esperanzas de gloria y fortuna se quedaron en la ansiedad de la dura instrucción del ejercicio profesional. Cierto que pude hacer más dinero, pero esa asignatura no te la enseñan en la Facultad. Ya es tarde. Quizás Ignacito, el pequeño. Menuda cara. Vendió en una librería de viejo una edición especial de la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1.882 que heredé de mi padre y me ha regalado una corbata, negra. El buenazo de Carlos, el mayor, ahorró y me obsequió con una colección de novelas de Agatha Christie, dedicada: “a mi padre, el mejor abogado, siempre descubre el tóxico asesino y abre el candado del más misterioso caso, es más listo que Hercules Poirot”. Ella, como siempre… un beso.

     
  • LO QUE UN DIA FUE AMOR?

    Sonia Prada Vega · Bogotá, Colombia 

    Es el día de sus CUMPLEAÑOS cuando la han condenado, y aunque su Abogado la sentencia ha apelado, la ANSIEDAD la consumía al verse tras un CANDADO.
    Es injusta aquella condena porque su esposo las pruebas ha manipulado, por eso cuando la INSTRUCCIÓN del guardia escuchó, que la cárcel sería su nueva reclusión, su corazón a prisa latió, su alma entera se congeló, mientras su cerebro sabía que no habría Recurso, Ley ni Constitución que removiera aquel acto de corrupción que su cónyuge había puesto en ejecución.
    Un sentimiento de terror, de su razón se apoderó, de saber que la Custodia de sus pequeños hijos entregarían a aquel malhechor, entonces decidió impregnar sus labios de un TOXICO que halló, pidiendo un último deseo a su exmarido besó:
    “Mi sentencia fue aquí en tierra, pero a ti te condeno yo, a quemarte en el infierno con toda tu putrefacción”.

     

     
  • El régimen

    Pablo Pescador · GIRONA 

    Si no tuviera la manía de llevar la contraria a mi mujer no me encontraría ahora en esta situación. Porque fui yo el temerario. Por mi glotonería y el estricto régimen al que ella me tenía sometido desde hacía semanas. Fui yo quien rompí el candado de la vitrina y devoré con ansiedad aquella tarta de cumpleaños que tan buena cara tenía. Por la noche, ya en el hospital y a pesar de todos esas maquinas y tubos conectados a mi cuerpo, la escuchaba de fondo explicar a mi madre que el envenenamiento había sido causado por una partida levadura tóxica. Ella sabe que la tarta de cerezas es mi debilidad. También que, según la opinión del médico “no hay nada que hacer” y según las instrucciones de las últimas voluntades que redacté justo hace un año, hoy me van a desenchufar para evitar sufrimientos inútiles.

     
  • Bromas de mal gusto

    Raquel Lozano Calleja · Palencia 

    Mi amigo Juan es un canalla, un malasombra, un tóxico veneno, un compañero con el que comparto despacho y con el que aplaco la ansiedad que nos provocan las torres de expedientes que se apilan sobre nuestras estanterías, con grandes dosis de bromas, generalmente de mal gusto. Conociendo cada una de mis crisis, decidió hacerme un gran regalo por mi cumpleaños. La soga de los 40, me ceñía el cuello con un gran candado y resolvió prepararme una cita a ciegas. La instrucción fue muy sencilla: - “Haz lo que yo haría en tu lugar”. Nos encontramos en la noche como lobos hambrientos, sin poder poner remedio a lo inevitable, jugando con fuego y deseando arder en su infierno. Tras la calma que produjo la tempestad le pregunté su nombre. - Lara Carrasco Un escalofrío serpenteó cada una de mis vértebras. - Eres la mujer de Juan, ¿verdad?

     
  • La tarta de doña Virtudes

    Paloma Cobollo Castillo · Madrid 

    Todo estaba preparado,la celebración de su setenta cumpleaños y el próximo ingreso en una residencia para enfermos mentales. Sus sobrinos y únicos parientes tenian prisa por la herencia y habían logrado incapacitarla legalmente.Los abogados concluyeron con éxito la instrucción del caso amparándose en el dictamen de un medicucho, amigo íntimo de la pareja. Doña Virtudes cerró el candado de su corazón desterrando cualquier sentimiento hacia aquel par de buitres y agarró con ansiedad el frasquito que escondía su bosillo. Varias veces sopesó de jovencilla un suicidio rápido desesperada por sus complejos, siempre le faltó valor, sin embargo ahora no dudó en utilizar el potente tóxico robado de la rebotica paterna hace tantos años. Vertió el líquido sobre el pastel presidido por la cifra de su vejez. Ella no tomaría tarta y aquellos dos nuevos ricos lo entenderian. Tía Virtudes ademas de fea y tonta siempre fué diabética.

     
  • QUID PRO QUO

    María Isabel Soriano Vidal · Cheste, Valencia 

    No tuviste mala conciencia por haber hecho coincidir tu demanda de divorcio, con el aniversario de nuestra boda. Tampoco ningún remordimiento, por excusarte en agobios laborales cuando te preguntaba la causa de tu distanciamiento, ni en negarlo todo con la más ingenua de tu amplio repertorio de sonrisas, cuando te pregunté por ella. Nada te importó la ansiedad que quedó instalada en mi corazón, ni que con el tiempo la superara y guardara tu recuerdo bajo candado en el último rincón de mi alma, como si fuera un veneno tóxico. Dicen que el tiempo todo lo cura, o que cuanto menos, lo enfría. Y es verdad. Porque así, de esa manera, fríamente y sin titubeos, es como he dictado el auto de instrucción en el día de tu cumpleaños. La causa:¡€™blanqueo de capitales?..., porque al parecer no mentías cuando declarabas estar desbordado de trabajo.

     
  • COMIDA DE CUMPLEAÑOS

    VÍCTOR JOSÉ MENARGUES RAMÓN · ALICANTE 

    Los comensales esperaban con ansiedad la tarta de cumpleaños favorita de la condesa. Cuando asomó con sus ochenta velas, las palmas de todas las manos quedaron suspendidas, formando paréntesis de sorpresas. El maître anunció: —¡“Cuore bianco”, la tarta del amor, para la Señora y su joven prometido! Para los demás —apareció el chef—, la favorita de Ella: ¡“Muerte por chocolate”! —¡Coméosla toda! —apostilló la condesa mientras comía de la suya. Viéndose abocados al suicidio, los hijos y sus cónyuges no reaccionaban. De súbito, “la pareja” cayó de bruces inesperadamente, y los “supervivientes” estallaron de regocijo. —¡Quedan detenidos! —gritó la policía, mostrando una bolsita que contenía un producto tóxico y las huellas de algunos de los presentes. El chef había cumplido fielmente la instrucción de la condesa. —Señora —le dijo su abogado a la salida—, ellos estarán bajo siete candados. Prepare tranquila su boda, yo prepararé este caso.

     
  • El roble

    Nuria Gómez Lacruz · MADRID 

    Da pena verlo tan aburrido y con los ojos fijos en el roble, mostrando a veces ansiedad y a veces ausencia, como si hubiera ingerido tóxicos. Todo empezó el día de su cumpleaños cuando el chaval jugaba con sus amigos en la parcela del maestro. De repente, se le ocurrió la travesura que le cambió la vida. Aprovechando la ausencia de Don Santiago, trajo de su casa herramientas y taló el roble centenario. La instrucción del caso fue sencilla y el Juez quiso imponer una pena severa. “Plantarás un nuevo roble en el mismo lugar y permanecerás unido a él con un candado, hasta que alcance tu propia altura”. Ahí sigue el pobrecito, perdiéndose lo mejor de su juventud mientras espera el día en que la copa del árbol que plantó dé por fin el estirón que lo libere de su condena.

     
  • NOSTALGIA

    Lola Sanabria García · Madrid 

    Todos los años por el cumpleaños de mamá, papá se saca del cuello la cinta morada con la llave y abre el candado que puso en el armario de ella. Revisa sus vestidos y zapatos. Comprueba que el birrete sigue en la balda de arriba. Se entretiene un poco acariciando las puñetas de la toga y por último coge el CD guardado en el primer cajón entre la ropa interior. Sentado al lado del plato vacío, escucha “Ansiedad” en la voz cadenciosa de Nat King Cole mientras brinda con una copa sin dueña. Sé que no debería consentirle que haga eso y seguir las instrucciones de su médico. La nostalgia es un tóxico más potente que cualquier veneno y su corazón es débil. Pero desde que se la arrebató el marido despechado de una clienta, a la puerta de los juzgados, él sólo piensa en reunirse con ella.

     
  • El orden de los factores altera el producto

    Ángeles Sánchez Portero · Zaragoza 

    Padecía un tic que con los años se convirtió en espasmos. Mi mujer aseguraba que era ansiedad y que siguiendo las instrucciones del libro sobre autocuración que me regaló por mi cumpleaños, mejoraría. No creía que ese método y esas palabras, que rompían el candado del sufrimiento y te llevaban hasta las puertas de la felicidad, sirvieran de mucho. Aún así, cada día durante una semana, antes de que ella preparase el desayuno, yo llevaba horas sumido en la lectura. Al terminar el libro seguí madrugando para practicar el método. Empecé por ordenar la cocina ya que el libro afirmaba que el orden de una casa equivale al orden interior del que la habita. Al vaciar la despensa descubrí, un producto con el símbolo de una calavera. Sin duda un tóxico no debería estar allí, por eso ella lo ponía en mi café cada mañana.

     
  • El testigo

    Juan Alberto Díaz López · Madrid 

    Irrumpí en sala sin previo aviso. Muy melodramático, cierto, pero mi confesión lo merecía. Con voz pesarosa, relaté sus últimos momentos. La mueca con la que aquel infeliz percibió, por fin, el tóxico sabor del veneno. Su ataque de ansiedad, sus estertores, su mirada vacía. Cómo ví al culpable, horas antes, retirando el candado del pequeño armario, cogiendo el matarratas y aderezando la tarta de cumpleaños. Incluso logré que se resbalara por mi mejilla una lágrima. La juez de Instrucción me miró con incredulidad, y musitó: “señora, eh… esto es un juicio rápido. Ya sabe, alcoholemia, conducción… y, bueno, por fortuna, morir no ha muerto nadie.”. ¡De momento! ¡Maldito sea ese abogado! ¡Qué vergüenza pasé, y por cuatro duros! El muy canalla me obliga a aprenderme ese rollo, ¿y él ni siquiera sabía a qué juzgado tenía que ir? Luego dirán que si tienen mala fama…

     
  • El abogado de hierro

    Raúl Vico Fernández · Orihuela (Alicante) 

    La majestuosa filarmónica de Viena interpretando en vivo la Sinfonía nº 40 de Mozart en Sol menor, un imponente Montecristo centelleante cuyo aroma es bañado, fraternalmente en mi paladar, por un Gran Reserva Conde de Garvey… Impecable homenaje dedicado a mi cincuenta cumpleaños, fantaseaba esbozando mi sonrisilla de idiota mientras preparaba un pleito menor. Bruscamente, el armonioso espejismo fue devastado por mi angelical retoña con la inestimable ayuda de Rammstein, amenazando derrumbar las paredes de nuestra humilde morada a “decibeliazo” limpio. ¡Qué ansiedad…! La mocosa de irreverente cresta color verde tóxico, labios teñidos de azabache y nariz adornada por un estrafalario piercing en forma de candado, portaba como primordial instrucción en su ADN martirizar la existencia del leguleyo que tenía como padre… ¡Pero eso se acabó! ¡Ya es hora de aclarar quien lleva los pantalones en esta nuestra familia…! - ¡¡Papá me piro!! ¡¡¿Y mi paga?!! –Ehhh… ¿Cuánto quieres tesorín?