Un plan casi perfecto

Marta Currás Martínez · Vigo (Pontevedra) 

Las instrucciones eran claras: debía escabullirse hasta el sótano, reventar el candado de la puerta e inyectar el tóxico en el circuito del aire acondicionado. Y después, salir de los juzgados en menos de cinco minutos si no quería compartir el fatal destino de los que permanecerían dentro. Se guardó los guantes de látex en el bolsillo y atravesó el vestíbulo con la vista clavada en el minutero del reloj. Sus obligaciones como abogado de la familia Rigatoni pronto expirarían junto con el fiscal, el juez y los testigos del caso. Ese era el trato. – ¿A dónde cree que va, letrado? Se giró con violencia y el rostro contraído en una mueca de ansiedad. Su mujer, su hija y varios colegas le sonreían tras una tarta repleta de velas encendidas. – ¡Sorpresa! – Exclamó la pequeña – ¡Feliz cumpleaños papá! Todos aplaudieron, emocionados al verle llorar como un crío.

 

 

Queremos saber tu opinión