Una vida mejor

Carlos Mirás Avalos · MADRID 

Me encontraba sentado en el banquillo de los acusados. Había apuñalado al recepcionista del hotel, y no estaba arrepentido. El recibo de la habitación con sangre era la única prueba que me incriminaba. Mi abogado quería un pacto con la defensa para reducir mi condena, pero me negué. Lo había perdido todo, a mi mujer, a mi hijos, mi trabajo en el banco, mi casa, no me quedaba nada. No tuve más salida que matarle a sangre fría. Ahora, por fin, viviría tranquilo, en mi celda, con mi cama, mis libros, mis recuerdos de una vida pasada. Qué más podía pedir? Gaseosa para comer.

 

 

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