Preso de conciencia

Carlos López Martínez · Gijón, Asturias 

Una vez más, como cada año desde hace diez, quisiera soplar las velas. En la prisión está prohibido que tengamos material inflamable o productos tóxicos. Muchos de los otros internos tienen contactos fuera y reciben todas las semanas desde móviles a droga para hacer negocios. No sería problema conseguirlas. Pero tampoco tengo nadie con quien celebrar mi cumpleaños. Hace una década lo habría festejado con mi mujer. Pero la maté. La instrucción duró poco: confesé todo al juez. Mi abogado quiso alegar enajenación mental. Yo no: sabía que merecía cumplir toda la pena. Hay prisiones que no necesitan ni un candado, basta con un prisionero. Hoy, estoy lleno de ansiedad: mañana tendré cincuenta años, y cuando cumpla diez días más, se agotará mi condena. No es ningún regalo de cumpleaños: yo no celebro cumpleaños desde que no tengo nadie con quien vivirlos.

 

 

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