INSTRUCCIÓN DE LOS HECHOS

Adolfo Vázquez Rodríguez · Madrid 

Con gran ansiedad esperó el día de su cumpleaños. Intuía crucial esa jornada, no por los cincuenta, cifra roma que se le había echado encima, rodando con suspiros. Era más bien la repentina atención que de unos meses atrás volvía a demostrarle Antonio, junto a la devoción recuperada del hijo. Llegado el seis de julio, Gloria decidió dar forma y después propósito al aleteo que le venía persiguiendo. Ocupó la tarde en preparar su pastel de aniversario, cuidando de que el potente tóxico no acabara traicionando el sabor de la vainilla. Con la familia ya en casa, partió la tarta; pero antes de sentarse se excusó para ir hasta la puerta, colocar un candado y ocultar la llave. Hasta aquí el relato de los hechos recogidos en la instrucción del caso. No se refiere el fiscal a la sonrisa con que fueron a encontrarla, el mejor de los regalos póstumos.

 

 

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