La venganza

Daniel Arévalo Mora · Bogotá 

“La instrucción era clara, el día de su último cumpleaños debía verter unas pocas gotas de aquel líquido verdoso y de olor nauseabundo en la bebida. Tuve dudas pasajeras del destino inmerecido que alguien por un ciego y oscuro rencor me encomendó. Cuando llegó el día señalado experimenté una ansiedad incontrolable y por un instante pensé en acompañarla en ese largo viaje que pronto empezaría. Fueron solo dudas, que se desvanecieron cuando recordé sus devaneos amorosos, su ingratitud y el dolor infame que me produjo el día en que me dijo adiós. Me paré frente a la alacena y estuve contemplando en silencio la botella de cristal. Abrí el candado tembloroso y saqué de allí el tóxico, sin ningún dolor, sin pena; mientras recordaba mi infortunio y pensaba: se lo merece”. Así fue señor juez.

 

 

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