El roble

Nuria Gómez Lacruz · MADRID 

Da pena verlo tan aburrido y con los ojos fijos en el roble, mostrando a veces ansiedad y a veces ausencia, como si hubiera ingerido tóxicos. Todo empezó el día de su cumpleaños cuando el chaval jugaba con sus amigos en la parcela del maestro. De repente, se le ocurrió la travesura que le cambió la vida. Aprovechando la ausencia de Don Santiago, trajo de su casa herramientas y taló el roble centenario. La instrucción del caso fue sencilla y el Juez quiso imponer una pena severa. “Plantarás un nuevo roble en el mismo lugar y permanecerás unido a él con un candado, hasta que alcance tu propia altura”. Ahí sigue el pobrecito, perdiéndose lo mejor de su juventud mientras espera el día en que la copa del árbol que plantó dé por fin el estirón que lo libere de su condena.

 

 

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