Femme fatale

Esperanza Santos Pina 

“¡Escuchad! ¡Otro! Diferencia entre un abogado y un vampiro… ¡Los vampiros sólo chupan sangre de noche! ¡Jajajajaja!” Entre chistes y carcajadas el prohibitivo whisky fluía atravesando su oronda papada. Mr. Morris, afamado juez e improvisado cómico, celebraba por todo lo alto su sexagésimo cumpleaños, rodeado por cortesanas y acaudalados peces gordos de su entorno: senadores, empresarios, narcotraficantes… Y yo, su primogénito. “Si colocara un gigantesco candado y esparciera un tóxico por el salón, sus viudas me lo agradecerían”, me susurró al oído una ninfa de ojos verdes. “Soy abogado, si lo haces llámame, te libraré de prisión”, repliqué cual Casanova. Su coqueta sonrisa me insinuó la siguiente instrucción: ausentarnos buscando intimidad… …La ansiedad por contemplarla me despertó, pero mi acompañante era una nota: “¿Me liberarás entonces?”. Dichosa fiera juguetona, pensé. Salí triunfante del motel, compré mi habitual periódico y quedé petrificado: “Matanza en la Mansión Morris”. Jamás supimos de ella…

 

 

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