III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Promoción

Nereida Abreu Pérez · La Guancha (Tenerife) 

El Consejo General de la Abogacía Española consideró el inestimable detalle de sufragar el 50% de los billetes de avión a las parejas de los abogados que acudieran a un importante congreso nacional de abogacía, el hotel, e incluso un circuito de Spa. Los letrados interesados volaron como una alegre procesión de pájaros en bandada hacia las oficinas que remitían la oferta. En un planeta seducido por las oportunidades, la promoción fue todo un éxito. Para mejorarlo, el publicista responsable decidió enviar luego un correo a maridos y esposas para que compartieran la experiencia de haber acompañado a sus consortes al viaje. No sintió la menor sospecha de que aquel sería el mayor fallo de su brillante carrera publicitaria, y un grupo de abogados recién divorciados le sepultó bajo la Ley de Protección de Datos. Todavía siguen llegando cartas de cónyuges en las que preguntan inquietantemente: “¡¡¡¿Qué viaje?!!!”

 

Relatos seleccionados

  • Metamorfosis II

    Ana Saus · Vallada (Valencia) 

    Después de muchas horas trabajando decidí tomar algo. De camino al bar, vi una larguísima procesión de hormigas y tuve la tentación de cogerlas y comerlas. Tal impulso me hizo tanta gracia que emití un sonido fuerte y agudo, semejante a un graznido. Nunca nadie había entendido mi buen humor, excéntrico e inteligente. Crucé la acera pensando en el juicio, en como rebatir la sospecha del juez. Noté que la gente me miraba, pero lo atribuí a mi caminar elegante. Llegué al bar pronto Mi café estaba frío. Iba a protestar cuando vi que cayó una pluma. Y otra. Y otra. Alcé la vista y vi que había habido un fallo. Miré mis manos y observé unas garras. Recorrí mi cuerpo con los ojos para descubrirlo recubierto de plumas. Me incorporé de inmediato y salí por la ventana. Volando, como un pájaro. Rápido, para abandonar este planeta.

     
  • Abogado de prestigio

    María Isabel Soriano Vidal · Cheste (Valencia) 

    La resolución de un caso importante, elevó a nuestro protagonista al punto álgido de su carrera de abogado. Respiró aliviado al leer por enésima vez el fallo de la sentencia, despojándose del peso del planeta que hasta entonces había llevado sobre sus hombros. ¡Había triunfado!... y se lo pensaba restregar por la cara, al pájaro de mal ag¡ero de su socio. Había terminado la oscura época de la sospecha y la duda. Ahora disfrutaría del prestigio; viviría a lo grande, sin reparar en gastos, comenzando por disfrutar de las merecidas Pascuas. Nada podía estropear su momento de gloria, nada ...salvo la imagen del Jesús resucitado de la procesión, hablando con la rotunda voz de su profesor de Derecho Romano: - Oiga, usted, el de la cuarta fila..., a dormir mejor se va a su casa. Entréguenos su examen, haga el favor, y a ver si en septiembre viene más espabilado.

     
  • La Pascua

    Pilar Marco Novella · Zaragoza 

    Lunes, comparezco ante el Tribunal eclesiástico. Martes, me llama mi abogada. ¿Pero cómo se te ocurre decirles que bautizaste a la niña porque no te importaba que tuviese el carnet de entrada en su asociación histórico cultural? Miércoles, papá ¡quiero ver a los patatitos! ¿Qué? Sí, patatiiitooo, prrruuuummm, pum, pum, pum, prrrruuummm. ¡Ah, la procesión! Jueves, terraza de helados. El presidente del Tribunal eclesiástico me saluda mientras mira lastimeramente a la pequeña. Me asalta la sospecha. Viernes, llega la Sentencia. Me siento de otro planeta. Lo peor del Fallo, soy perjudicial para la niña. Sábado de gloria. Papá, ¿por qué mamá duerme con un señor que viste bata? ¿Cómo? Sí, el de la terraza. Domingo de resurrección. Hablo con mi abogada: ¡menudo pájaro, Su Eminencia, no te preocupes de más! Lunes de Pascua. ¡Qué bien sabe la mona con mi hija y la prensa del día!

     
  • Deseo

    Ana María Mesa Pérez · Elche (Alicante) 

    El fiscal tomó la palabra. -Se sospecha que el acusado es responsable de haber introducido un pájaro exótico en el planeta. Una procesión de imágenes se sucedía en mi cerebro. No concebía como mi defendido hubiera podido hacerlo. ¿Qué fallo podría haber en los controles de acceso a Marte? El hombre había llegado prácticamente con lo puesto, como todo equipaje traía un pequeño bolso de mano que había sido rigurosamente examinado en cada uno de los puestos de vigilancia que cubrían el trayecto. El juez lo dejó libre por falta de pruebas. Ya fuera del tribunal me animé a preguntarle -¿Cómo lo hizo? Muy serio me contestó -Fue sin querer, lo traía en la imaginación, no podría vivir sin un colibrí. Asustada reprimí de inmediato las mariposas que al momento sentí en el estómago.

     
  • A BUENAS HORAS

    MAYTE GONZÁLEZ-MOZOS · TOLEDO 

    Llegamos todos de negro, alineados; en procesión. Ahora, cuando nos hemos jubilado analizo con lupa aquella foto; la de la orla del 68 de Derecho, entonces la preocupación era el sexo. Y descubro un fallo: mi mujer no mira al pájaro de la cámara, sino a su compañero Luis. Él, bajo el birrete le guiña un ojo. La sospecha se ha convertido en celos, y éstos en certeza. Hoy, con todo el tiempo para el ocio, además de la contaminación del planeta, me preocupa mi mujer cada vez que sale.

     
  • Autosugestión

    María García Becara · Madrid 

    En el juicio del Pueblo contra Zachary “Pájaro” Smith, sube a declarar el acusado. —¿No es cierto que cuando la policía le detuvo, reconoció usted que se había visto obligado a propinar una buena tunda a "aquella procesión de diabólicos hombres vestidos de blanco"? —inquirió el fiscal reciamente. —Señoría, tenían a un hombre de color junto a una parrilla e iban a prenderle fuego. Yo solo hice lo que tenía que hacer —ratificó “Pájaro”, agarrado a su sombrero—. Limpiar el planeta de esa escoria. —¿Y qué le indujo a pensar que debía tomar usted la iniciativa? —prosiguió el fiscal—. ¿No valoró un posible fallo de cálculo? —La sospecha de que los encapuchados habrían de freír a aquel pobre si no intervenía rápidamente. —Señoría, que conste en acta que los agredidos eran cocineros celebrando un congreso gastronómico, y que el hombre de color era el encargado de la barbacoa.

     
  • Fervor

    Mercedes Gómez Ballesteros · Collado-Villalba (Madrid) 

    Al fin escapó de la jaula. Planeó sobre la procesión del silencio sin decir ni pío y entró por una ventana del palacete. El noble joyero estaba abierto sobre el tocador. El pájaro picoteó las piedras preciosas y se llevó enganchado en el pico el anillo de rubíes y diamantes regalo del difunto conde. Dicen que el planeta entero tuvo noticia del berrido de la condesa al descubrir el robo. La sospecha reptó por el palacio enquistándose en la zona de servicio como una garrapata. El fallo del juez fue tajante: la cocinera quedó absuelta por falta de pruebas. Tras el juicio, la piadosa sirvienta, arrodillada en un reclinatorio, daba gracias al Señor por su infinita bondad cuando un rayo de luz iluminó la corona de espinas del Nazareno. Agarró el anillo, se dirigió a palacio e hizo la maleta. Ni dudas ni remordimientos. Dios mismo quiso recompensarla.

     
  • Amarga pesadilla

    Mateo Calvo · Manacor (Mallorca) 

    Alexander Cold amaneció sobresaltado por una amarga pesadilla. Un enorme pájaro negro se estrelló contra la ventana con un fragor de vidrios despedazados. Se introdujo en su casa y se llevó a su madre. Una famosa abogada del norte de Brasil. En el sueño él observó como el gigantesco buitre raptó a Lisa Cold por el pescuezo, y la arrastró hacía un planeta extraño. Lo despertó el crujido de la tormenta, no una cualquiera, sino la procesión que desfilaba bajo su ventana. Entre la multitud se hallaba el imputado bajo sospecha, un caso en que varios policías estaban implicados. Se quedó escuchando la tormenta, y pensando en el pájaro y su madre por si cometía un fallo en el caso. Miró el reloj, las 6.30. Afuera apenas empezaba a clarear y decidió que ése sería un día fatal, uno de esos días que valía más quedarse en cama.

     
  • El cazador cazado

    Paqui Pérez Gallego · Alicante 

    Llevaban años detrás de aquel hombre. Los vecinos de la comarca tenían la sospecha de que el propietario de la finca "Las camelias" era el causante de la desaparición de aves protegidas, pero no tenían pruebas. Cada vez que se abría la temporada de caza, una procesión de individuos cargados de escopetas inundaban la zona para practicar su deporte favorito: la captura indiscriminada de todo lo que llevara alas. Pero pronto se haría justicia, un ave mortalmente herida cayó fuera de su propiedad. Fue razón suficiente para que le interpusieran la denuncia. No hubo arrepentimiento, el culpable pensaba pagar la multa, sólo era cuestión de dinero. Sin embargo, el fallo del tribunal no dejaba lugar a dudas: Pena de dos años de prisión por disparar contra un águila imperial. —Ni que hubiera matado a todos los putos pájaros del planeta —se le oyó decir al acusado cuando escuchó la condena.

     
  • Poetas en el foro

    Gastón Riviere · Montevideo (Uruguay) 

    A poco de comenzar la lectura del alegato de la defensa tuvo la impresión de que ese abogado estaba rematadamente loco. Al avanzar en la lectura, la sospecha se convirtió en certeza. Sin duda estaba brillantemente escrito pero, ¿era necesario decir que el acusado estaba atravesado por una procesión de pasiones? ¿Era un lenguaje aceptable para el foro aclarar que su alma primaveral estaba llena de pájaros? Siguió leyendo sin embargo y, muy a su pesar, sintió que lo hacía con creciente placer y buen humor. Mucho antes de terminar, su decisión ya estaba tomada: absolvería al acusado de toda culpa y cargo. Con un súbito arranque de inspiración, tomó de un recóndito cajón la estilográfica regalo de graduación y comenzó a borronear endecasílabos. Este sería un fallo memorable –se dijo– y causaría sensación a lo ancho del planeta.

     
  • Carroñeros del poder

    Alejandro Mateos Rodrigo · TOLEDO 

    Otra vez la misma insufrible procesión de todas las mañanas: Abriendo la comitiva, su ilustre señoría escoltado por esa corte de aves carroñeras a la espera de recoger las migajas de su poder. Y lo más triste es que formo parte de ese vergonzoso cortejo. Yo no quiero ser un buitre como ellos, yo quiero ser un elegante pájaro que vuela en libertad. Entre ellos me siento tan extraño que creo pertenecer a otro planeta. No puedo soportar más esta sensación. ¡Allá voy…! ¿Qué te parece? Tan sólo he dado un pequeño paso y rápidamente, otro buitre se ha acomodado en el que era mi hueco. Anda que ha tardado... ¡Eh tú! ¡Aparta de ahí!… Lo admito, he cometido un fallo, pero creo que aún estoy a tiempo de dar marcha atrás sin levantar sospechas. Soy como ellos: un ave de rapiña adicta al poder.

     
  • Advocatus Communis

    Leticia Martín Sánchez 

    A su izquierda pueden contemplar uno de los últimos ejemplares que quedan en el universo de esta fascinante criatura. Se trata del Advocatus communis también conocido generalmente como “abogado” por los antiguos habitantes del extinguido planeta Tierra. Observen cómo les aguanta la mirada con un aire de sospecha, cómo ladea la cabeza en silencio esperando el fallo del jurado. Piensen que en su día, estas criaturas eran muy abundantes. Sabemos que cada mañana, a modo de ritual, caminaban en procesión hacia el juzgado portando esas pequeñas maletas de piel que ven en la esquina. No somos partidarios de tener a nuestros especímenes enjaulados como pájaros, por ese motivo permitimos dos veces al día que junto con la jueza del fondo y el fiscal que ven aquí a su derecha, simulen un juicio. Los pases son a las diez y a la una. No se lo pierdan.

     
  • DULCE SENTENCIA

    Paloma Cobollo Castillo · Madrid 

    Nos encontramos por segunda vez. Me miró y tuvo el atrevimiento de lanzarme un beso. Se había vuelto a colar en mi pensamiento,quizá nunca dejó de estarlo. En jueves santo aprovechando el tumulto de gente que veía pasar la procesión, me robó la cartera. -¡Menudo pájaro!, susurró mi amiga que ejercia de testigo. -No pretendía quitarla nada,aquello fué un solo un recurso. -Explíquese , pidió el letrado. -La señorita si que debería estar denunciada por todo el planeta,no se puede consentir tanta belleza. Ella si que roba, la paz y el sueño . Solo quería devolvérsela para poder verla otra vez. Delante de Jesus crucificado no es escenario para decir según que cosas a esta mujer. Ese fué mi fallo... - Yo también le denuncié para volver a verle, exclamé. El juez , sonrió y dijo. -Tengo la sospecha de que un ser supremo ha dictado sentencia. Se levanta la sesión.

     
  • El patrón

    Luis Planes García 

    Un colega decía que existen dos clases de abogados: El ambicioso y el perdedor. Yo opino que existe una tercera clase. Y López era de esa clase, sin duda alguna. Aparecía de pronto, tras meses sin dar señales de vida. Como llegado de otro planeta. Y entonces te enterabas de que llevaba la defensa de algún pobrecillo, siempre casos que se sabían perdidos de antemano. Nadie entendía como lo hacía, pero siempre, y contra todo pronóstico, ganaba. Y nunca levantó la menor sospecha de jugar sucio. Pero el fallo siempre era a favor de su cliente. Jamás lo comprendí. Hasta la semana pasada, que asistí a la procesión del patrón del pueblo de mi mujer. San Judas Tadeo que según me dijeron es el patrón de las causas perdidas. Clavadito a López.

     
  • MADERA DE HOMBRE

    Maite García de Vicuña · VITORIA 

    Geppeto, temiendo por la vida de su hijo, contrató un abogado. El anciano caminaba cogido de la mano de su hijo aparentando tranquilidad. La procesión, como se suele decir, iba por dentro. Todo el pueblo tenía la sospecha de que el niño era un títere movido por los hilos de su padre, y algunos lunáticos, incluso se atrevían a denunciar que ambos provenían de otro planeta. Al muchacho se le acusaba de tener serrín en la cabeza, el corazón astillado y carcoma en el alma. Si el fiscal conseguía demostrar estos hechos, el fallo del juez sería que ardiera en la hoguera. Segundos antes del alegato final, un pájaro carpintero se coló por la ventana abierta en la sala. Cuando se posó, lo hizo sobre la pierna del chico, picándole una y otra vez, hasta que ante el asombro de los allí congregados, Pinoccio comenzó a sangrar.

     
  • Exceso de confianza

    Matilde Hurtado Limiñana · Madrid 

    Ya lo decía mi madre, mujer refranera donde las haya, para todo tenía uno, la puñetera: la procesión va por dentro, más vale pájaro en mano que ciento volando, no lo hagas por ti, hazlo por el planeta,….Tanta sabiduría popular y no lo vio venir, ni la más mínima sospecha. Ella curtida en chascarrillos y cotilleos de los que siempre salió airosa, inmune a las malas lenguas, esas de vecinas pérfidas y malintencionadas, dañinas como el veneno. Cuando por fin despertó del letargo, ya era tarde. Él la abandonaba por otra que según sus palabras –“no era nada del otro mundo”, pero veinte años más joven. Contra el tiempo no podía luchar, pero si contra un marido empresario que no tenía a su nombre ni la partida de nacimiento. Desde una playa de arenas blancas, le escribió: “Cariño, un fallo lo tiene cualquiera, pero de los errores se aprende”.

     
  • Motivos

    Iñaki Martínez Romero · Zaragoza 

    Conozco a Juan hace años. Trabajamos en el mismo departamento y nos dedicamos a lo mismo. Consultamos empresas y emitimos juicios sobre ellas. Con su mujer coincidí hace unos meses en Alcohólicos Anónimos. En este tipo de sociedades la confianza del prójimo se gana rápido y fácil. Hay que ser algo cínico dando consejos y poner cara de estar escuchando. Así, aquella mujer desperdiciada me contó de Juan lo que yo en cantidad de almuerzos y viajes de trabajo juntos, nunca podría haber imaginado. Para el planeta entero, lo ocurrido era cierto y para él solo una simple sospecha ¿Acaso la procesión la llevaba por dentro? Ahora era él el que estaba esperando un fallo, el de un juez. Juan no viene a la oficina. Ahora su ocupación es observar como tras las rejas, vuela libre todas las mañanas un pájaro conocido con el nombre de su difunta mujer, Paloma.

     
  • FUKUSHIMA

    FRANCISCO RAFAEL OJEDA LEIVA · Aguilar de la Frontera (Córdoba) 

    “Apocalipsis nuclear en Japón”, “El fallo en la Central de Fukushima amenaza el planeta”, rezan los titulares del diario, es deprimente, estoy harto, me estoy planteando abandonar la costumbre de leer el periódico a primera hora de la mañana. Mientras tanto, en este lado del mundo, yo sigo en mi despacho, delante del ordenador, trabajando en el caso de un sospechoso de estafa múltiple, un pájaro de cuidado que no ha trabajado en su vida, un parásito de la sociedad. Es verdad que no debo juzgar a mis clientes, que me debo al sacrosanto deber de defensa, pero hoy es Viernes Santo y debería estar en la Procesión, alumbrando. Creo que me voy a rezar a Jesús Nazareno para que el mundo sea bueno y siga saliendo el sol por Fukushima. El lunes, Dios dirá, espero que ese estafador por lo menos sepa rezar.

     
  • Abogado de oficio

    Pepe Cebreiro Hurtado · Valencia 

    Recibí al pájaro que me había tocado por cliente del Turno de Oficio en mi despacho, con la clara sospecha sobre su culpabilidad. Después del juicio, el fallo era contundente. Había perdido, y me sentí el hombre mas frustrado del planeta. El fulano era un yonqui que había cometido un robo con fuerza por el procedimiento del tirón. Iba ciego de rohipnoles y cerveza. La remisión condicional no era posible y cumpliría la pena. Sacó un Fortuna de su arrugado paquete, me ofreció uno. Sacó un revólver del bolsillo trasero… di un respingo en mi sillón. Apuntándolo hacia el cigarrillo apretó el gatillo para encenderlo… “E un meshero, jajaja… tome fuego… ¿Qué se creía, que lo iba a matá, jajaja”… lo miré con cara de pasmo, después de removerme en mi sillón, a la vez que exhalaba una larga calada… “la procesión va por dentro” –pensé aliviado-.

     
  • El caso «Zoo»

    Chus Rama Ropero · MADRID 

    Nunca imaginé que tendría un juicio por la muerte de un pájaro. Resulta que el bicho era de raza y el propietario lo tenía asegurado. Aquel hombre parecía venir de otro planeta. Yo diría que sacaba su vestuario de las series y películas de ciencia ficción. El caso era curioso: estaban bajo sospecha el gato del vecino de su rellano, el perro del piso de arriba y... ¡el lagarto del vecino de debajo suyo! Yo hice lo posible por ser todo lo profesional que pude, pero no veía el momento de escuchar el fallo del jurado. Los testigos se reían con cualquier pregunta que formulaba, aunque yo sabía que la procesión iría por dentro, porque debía tener ganas uno para ir a un juzgado y encontrarse con aquel zoo. Menos mal que gané el caso, lo que no sé es cómo el lagarto abrió jaula.

     
  • El mundo de las partículas

    Maribel Aznar Gallardo · Madrid 

    Hubo un fallo en el reactor nuclear y todo el planeta estalló. La explosión llenó el cosmos de una procesión de partículas que danzaban como pájaros entre las estrellas. Las partículas de los médicos acudían a sanar a otras partículas malheridas. Las de los políticos hablaban de lo positivo del cambio que había sufrido la raza humana y cómo ellos eran los más adecuados para dirigir un nuevo mundo para todas ellas. Otras partículas simplemente miraban, en silencio y sin levantar sospechas. Miraban y sonreían relajadas viendo como las demás construían un nuevo mundo en armonía. Miraban y descansaban plácidamente al margen de toda actividad. No había llegado su momento. Simplemente miraban, conscientes de que cuando terminaran de trabajar conjuntamente y tuvieran la supervivencia asegurada, volvería el odio, la envidia, la venganza y el resto de sentimientos del que ellas se alimentaban. Entonces entrarían en acción. Eran partículas de abogados.

     
  • EL COLEGA

    Juan Carlos Denis · Santa Fe- Argentina 

    Jamás iría a una procesión pero tampoco renunciaré a creer en Jesucristo. Lo admiro como colega pues no surgirá abogado como él en este planeta. Hace tiempo mi padre me enseñó a admirarlo. Solamente abría su Biblia y leía un fragmento sobre una mujer bajo sospecha de adulterio, a punto de ser apedreada. Los celos del marido eran su condena, el odio de los verdugos el fallo. Mi colega, al defenderla, era la justicia. Dos mil años después, estoy a minutos de perder mi reputación en un caso que no me redituará beneficios, pero quien defiendo es inocente como un pájaro y la ley lo condena. Me creció la barba y mi cabello. Huelo a madera recién labrada. Mi alegato será con metáforas y cuando mi cliente sea declarado inocente, le rogaré que no se equivoque más. Mi padre decía que gustabas de resucitar; sospecho que hoy lo harás colega.

     
  • Ornitología

    Mario López Sanz 

    Desde pequeño me apasionó la ornitología. Sin embargo, llegado el momento, continué la práctica familiar y me hice abogado. Pero seguí cultivando mi afición y llegué a ser tan experto y amante de ambas disciplinas que he acabado por mezclarlas. Cada día en los juzgados no son personas lo que veo, sino especímenes de todas las aves del planeta: el halcón, que inicia su picado sobre todo pájaro bajo sospecha; las urracas, delatadas por su patológica atracción por lo que brilla; los pobres jilguerillos y gorriones, siempre en busca de ayuda frente a los buitres, y el búho, que con ojos orondos mira atento hasta emitir su fallo. ¡Todo este espectáculo ornitológico a diario! Soy feliz, he unido trabajo con hobby y disfruto estudiando las procesiones de toda suerte de pájaros y pajarracos que pasan por mi vida. ¿Y yo? ¿Yo quién soy? Señores, yo soy el águila.

     
  • El opositor

    Javier Martínez Vila · Vigo (Pontevedra) 

    Paulatinamente, llegó a sentirse cómodo en aquélla rutina: estudiar, repasar y -finalmente- recitar el temario de judicatura.
    Ante el preparador cantaba los temas como una cotorra pero, en la intimidad de su habitación, fueron ELLOS quiénes empezaron a cantar como pájaros y hablar con él; en lenta procesión acudían a saludarle y hasta le arrullaban en sueños. En aquél planeta propio, la armonía sólo se rompía cuando el fallo implacable del reloj le obligaba a salir de su cuarto de estudio abandonando a sus nuevos amigos.
    Con el paso de los años, el mejor expediente de la carrera judicial pecó de incauto: confió en aquél psiquiatra ignorante; pero la confianza se tornó en sospecha, obligándole a preservar la intimidad de sus particulares “molinos de viento”; - ¿por qué los llamaba así el difunto matasanos?-, se preguntó con un deje de preocupación, mientras era acariciado por una voluptuosa Ley Orgánica.

     
  • Jet lag

    Pilar Gil Sánchez · Ourense 

    Al otro lado del océano. Mientras las manoseadas maletas salían en procesión hacia sus ojerosos dueños, el jet lag empezaba a hacerme sentir en otro planeta. “Ha sido un placer conocerle. Y disculpe mi histeria cuando anunciaron el fallo del motor. “El placer ha sido mío, pero le aconsejo que se lime las uñas la próxima vez que vuele” “Como le dije, soy abogada, debemos mantenerlas siempre afiladas” Ese atractivo desconocido con el que solo había compartido unas horas de ajetreado vuelo, me dedicó su sonrisa más seductora, al tiempo que recogía su equipaje de la cinta. Quizá volviera a coincidir con él estos días en la ciudad, como Cary Grant y Joan Fontaine en “Sospecha”, pero sin haber tenido que pagarle el billete, quizá en este viaje podría matar dos pájaros de un tiro, ganar el juicio más importante de mi carrera y conseguir mi propio galán de cine.

     
  • PORTAZO

    ANGELA DEL BARRIO PEREZ · SAN SEBASTIAN DE LOS REYES (MADRID) 

    Se llamaba Klaus y murió de un portazo. "Mal lugar para colgar una jaula"- dijo mi abuelo, mientras recogía del suelo el pájaro muerto. Hoy, cuando releía con satisfacción el fallo de la sentencia, me he acordado de Klaus. Para él, un portazo supuso la muerte. Para María, un portazo le ha dado la vida. He cerrado el Despacho y con el pronunciamiento de condena sonriendo todavía en mi cara, he emprendido el camino a casa. En la calle, decenas de personas, en ordenada procesión, regresan a sus hogares tras una larga jornada de trabajo. Me fijo en ellas. Algunas mujeres tienen la mirada de María. Miradas de angustia y tristeza. Miradas de sospecha y miedo.Entonces me paro y grito con todas mis fuerzas, para que me oigan todas las mujeres del planeta: ¡Di basta y pega un portazo!.

     
  • La leyenda del rey del mundo

    Miguel Angel García Rodríguez · Valladolid 

    Cuenta una leyenda de mi bufete que una vez representaron a un tipo que quiso registrar en propiedad el planeta Tierra. Debió ser un pájaro de cuidado, porque desapareció sin dejar rastro y ni una sola minuta pagada. Es de locos en lo que se está convirtiendo la abogacía. Según quien cuente la historia, la versión cambia sustancialmente: unos dicen que el fallo fue a favor, otros que fue en contra. Mi sospecha es que si hubo tal demanda, ésta nunca se llevo a trámite. Se me hace raro que alguien pueda querer en propiedad a todo el planeta y menos que un juez admita tal disparate. Esta mañana vino uno a mi despacho queriendo registrar las procesiones. Quería cobrar desde la música de los tambores hasta licencia por llevar capirote. De locos, lo sé; pero esta vez me cercioraré de que el tipo me abone hasta la última minuta.

     
  • La sanción

    Rosa Molina López · Tres Cantos (Madrid) 

    Encontré un enorme pájaro dentro de la jaula vacía de la terraza. Me miraba altivo, sin miedo, imponiendo respeto y distancia. No me quitaba el ojo de encima desde que aparecía, me acercaba para llevarle comida y me alejaba hacia la salida. Hasta mi gato desapareció, como si tuviera la sospecha de que, si no mantenía las distancias, él sería el perjudicado. ¿De qué planeta vendría?, me preguntaba yo una y otra vez mirando su pico afilado y sus plumas, que el sol cambiaba de color. Una procesión de amigos desfilaba por mi casa todas las tardes. Un día una enorme uve de aves irisadas surcó el cielo. Cuando llegué a casa, corrí a la terraza y vi la jaula vacía, los barrotes rotos y una nota: “ya he cumplido el fallo del tribunal: un mes de prisión por tráfico de conejos. Gracias por el gato”.

     
  • Persona pájaro

    Pilar Tarancón Gómez 

    A Omar no le gusta que le llamen inmigrante, y menos irregular o ilegal; prefiere la denominación de “persona pájaro”. Dice que no entendemos al planeta tierra, que no entendemos que haya personas que, al igual que los pájaros, emigran porque necesitan alcanzar otras zonas más favorables para su existencia. Se me encoge el corazón cuando lo visito en el centro de internamiento y me encuentro con su mirada suplicante. Acogiéndome a la metáfora que él mismo utiliza, lo siento enjaulado. Barajo con él todas las posibilidades legales que existen para conseguir su salida, e intento darle ánimos, pero noto que sospecha que su expulsión esta próxima; expulsión, qué fea palabra. Me preocupa el recurso, va a ser difícil conseguir un fallo positivo. De vuelta a casa tropiezo con una procesión. No soy religiosa, pero sólo me queda fijar la vista en el Jesús Nazareno y rezar por un milagro.

     
  • CINCO PALABRAS

    LUIS JAVIER CÓRDOBA HERRERA · ALGECIRAS (CÁDIZ) 

    Le habían propuesto un sencillo reto: incluir cinco palabras en una historia de ciento cincuenta. Estuvo un mes dándole vueltas. En la ducha, en la cama, en cualquier rincón del planeta, siempre las mismas palabras orbitando en su cabeza. Se escurrían de su boca. Huían sin levantar sospechas. Salían en procesión, una tras otra, como pájaros en jaula rota: “En mi modesta sospecha, el calentamiento global es un fallo que afecta a la procesión de pájaros del planeta.” En lugar de “opinión” decía “sospecha”, “fallo” en lugar de “problema”, etcétera... De locos, como de otro planeta. El fallo del juez fue rotundo: ? En su alegato ha hablado usted de pájaros, sospechas, procesiones, fallos y planetas. Francamente, no acabo de entender qué tiene que ver esto con el caso que nos ocupa. Declaro a su defendido culpable. Se cumplieron sus sospechas. El fallo fue tener la mente en otro planeta.

     
  • El kakariki

    Nuria Gómez Lacruz · Madrid 

    El juez Medina tuvo un sueño: su capacidad para ser justo dependería del canto de un kakariki. Así que viajó a la otra punta del planeta en busca de su pájaro. Los había a cientos, todos preciosos. Le prepararon un desfile para que así, al verlos en procesión, pudiese distinguir al más sabio. Enseguida atisbó en la mirada de un ejemplar la esencia de la justicia. De vuelta a casa comenzó a dictar sentencias: si el pájaro cantaba al ver al imputado, culpable; si no, inocente. Veinte años con el mismo ritual. Un día vio en la tele a un pulpo emitiendo veredictos con destreza, y tuvo la sospecha de que se había equivocado. Intentó poner en libertad a los inocentes que había encarcelado por el capricho de un kakariki, pero ya era tarde. Al menos, le cabe el consuelo de que su nuevo pulpo gallego emitirá fallos justos.

     
  • Rock and Law

    Javier Sánchez Ribas 

    Como reminiscencia de mi juventud como rocker, me gusta acudir los juicios con mi cazadora de cuero bajo la toga. Por eso, y por mi (menguante) tupé me llaman Pájaro Loco. De esa época conozco al Juez que me ha tocado en suerte en el caso más importante de mi carrera. El era un mod, le llamaban el Planeta (por lo gordo) y fue una de las víctimas preferentes de nuestra pandilla durante las fiestas de la facultad. Durante todo el juicio tuve la sospecha de que me había reconocido. Contuve el gesto, consiguiendo que la procesión fuera por dentro, y todo transcurrió con normalidad. Pero al abandonar el estrado se abrió ligeramente la toga pude ver como en su chaqueta lucía una pequeña chapa de los Who. Me miró de rejo y sonrío. Imperceptible e irónicamente, pero sonrió. Ni me molesté en leer el fallo de la sentencia.

     
  • Sin recuerdos

    Francisco Verjano Gordillo · Mataró (Barcelona) 

    Salí del despacho algo tarde, con un mal presagio. Llegué a casa y el silencio me inquietó, la televisión apagada, la luz encendida. No había nadie. Salí a la calle titubeando, buscando una señal que me indicase el camino. Una procesión de Nazarenos bajaba por calle Plasencia y me dirigí hacía allí. Divisé a una muchedumbre que se arremolinaba en torno a algo y aceleré el paso. Intenté acercarme sin tener sospecha alguna de lo que iba a encontrarme. Un hombre se había metido en la fuente de un parque, con los zapatos puestos, imitaba a un pájaro y vociferaba cosas ininteligibles. - Este tío es de otro planeta,- comentaba uno de los curiosos. Me abrí paso a empujones, enfadado y triste, recordando el fallo de la sentencia: “Incapacitado” decía. Lo cogí del brazo con cariño, me miró sorprendido y le dije, - volvamos a casa papá.

     
  • La toga

    Víctor José Menargues Ramón · Alicante 

    He pasado media vida con la toga, defendiendo a clientes en centenares de causas que ahora desfilan en procesión por mi mente. He salvado de ir a la cárcel a algunos pájaros de cuidado y a mucha gente honrada. En los últimos veinte años mi toga ha estado más activa que el satélite de un planeta. “Medalla de oro al mérito en el trabajo”, reza hoy el pie de una foto mía en las portadas de los periódicos. “Amor por la profesión”, lo llaman mis colaboradores en el bufete, que lo celebran en la sala de reuniones. Ignoran que acabo de perder la causa más importante de mi vida: mi matrimonio. Demasiados “cariño, hoy también llegaré tarde”; demasiadas deshoras de flexo, café y tabaco. Un fallo irreparable, un remordimiento que me asfixia. Oigo voces reclamando a coro mi presencia. Ignoran… nadie sospecha… que estoy… con la toga al cuello…

     
  • Juicio por el planeta

    Sebastián Trías Salom · Palma de Mallorca 

    Uno a uno van pasando todos los animales en procesión. Los extraterrestres han juzgado y condenado al planeta Tierra. El fallo es claro: destruirán el planeta y sólo salvarán una pareja de cada especie. Ahora, como en una moderna y futurista arca de Noé van entrando parejas de animales de todas las especies en la nave espacial. Por la raza humana los elegidos han sido dos abogados y nadie en toda la Tierra sabe porqué. Nadie excepto yo. Tengo una sospecha y voy a averiguar la verdad. Me acerco a uno de esos extraterrestres con forma de pájaro gigante y peludo y le pregunto directamente: “sois una especie de abogados espaciales ¿verdad?” El aparato omnilengua chirría la traducción en galáctico estándar y antes de que el extraterrestre conteste ya sé lo que va a decir por el brillo de sus ojos y su sonrisa. ¡Abogados…corporativistas incluso en el espacio!

     
  • Cosas de Semana Santa

    Marcos de Miguel · Madrid 

    Cuénteme. Pues verá, soy nazareno, desfilo en la procesión, y el jodio pájaro me se cagó en la punta del capirote. Se dice se me, primero la semana y luego el mes. Eso no importa, el orden de los factores no altera el producto. Muy bien, ¿y? Quiero llevarle a juicio. ¿Al pájaro? No, al dueño. ¿Y quién es? Tengo la sospecha que mi hermano, el ser más estúpido del planeta, pero hay un problema: está muerto. No entiendo. Es muy sencillo, le gustaban las aves, un día se atragantó con un cacahuete, intenté salvarle golpeándole la espalda, pero él cree que le asesiné y ahora, desde el cielo, me hace la vida imposible. Oiga… Déjeme acabar, el fallo del juicio me trae al pairo, con verle humillado en el banquillo me conformo, ¿considera que hay caso? Dígame, usted bebe. A veces, ¿por qué lo dice? Por nada, simple curiosidad.

     
  • Llamada

    Lydia Romero Neila 

    Y yo aquí, de procesión. Miro el móvil. Una, dos, mil veces. Mirada reprobatoria de mi acompañante. Tiene la sospecha de que si el teléfono sonase (vibrase) me esfumaría por una calle lateral, vacía, y me pondría a dirigir mi pequeño planeta de dos habitantes y un fax. A lo mejor media hora hablando, a lo peor, un taxi y al despacho. Debería apagar el móvil, fundir a negro la pantalla y dejar de ver, una y otra vez su foto con la estatua del pájaro en el centro del parque, que se vuelve a iluminar al enésimo toque de mis dedos. La Imagen, en el paso, comprende. Sabe que no puedo, porque hoy saldrá el fallo.

     
  • Viernes Santo

    Angel Herboso Martínez · Laredo (Cantabria) 

    Todo terminó un Viernes Santo, con tranquilizantes, hace cuatro años. Tú con la condicional recién estrenada asististe al último de sus silencios. Estaban sus amigas de siempre, las que en voz baja le decían que eras un pájaro de cuidado y alimentaban con rumores su sospecha. Entonces supiste el porqué de sus silencios y de sus preguntas indirectas por el despacho: "es una ONG para erradicar la pobreza del planeta", decías, y ella en silencio bajaba la vista. Un año antes cruzasteis la mirada entre los barrotes de la cárcel y no viste como se apagaba, ni sospechaste lo de los tranquilizantes. El e-mail llegó esta semana. En la iglesia de la Asunción un hombre viejo e inerte se quita el capirote bajo el Cristo Redentor, la procesión ha terminado. La noticia del fallo absolutorio, tan esperada como fría, no lo devolverá a la vida.

     
  • Sueño

    Antonio Enrique Ortega Montoro · Jaén 

    No era uno de sus casos, por lo que le contrarió la madrugadora y áspera llamada que lo conminaba a acompañar al cliente a escuchar el fallo del tribunal, y más después de la agotadora jornada anterior y sólo un par de horas de sueño. La sospecha de ser la puta del despacho y el cansancio acumulado pesaban como un planeta, y lastraban sus esfuerzos por mantenerse despierto en su asiento, pellizcándose el muslo bajo la mesa, explorando el entorno ávido de cualquier detalle peculiar que captara su interés y que como el aleteo frenético de un pájaro, dispersara la procesión monótona y pausada de los interminables minutos que precedían la entrada del tribunal en la sala. Sólo fue eficaz su sobresalto al despertar en plena lectura de la sentencia; las miradas reprobadoras o curiosas –las reales y las imaginadas –, lo persiguieron el resto del día.

     
  • La toga

    Xavier Blanco Luque 

    De pequeños jugábamos a “los abogados”. Rafa, vestido con la toga de su padre y voz ronca, sentenciaba: “levántese la acusada, escuche el fallo del jurado: culpable de todos los cargos”. Yo ponía cara de silla eléctrica. Risas y más risas. Esos juegos nos han acompañado toda la vida. Fuimos creciendo y, con esa toga, empezamos a jugar a los médicos. “Son como familia” decían nuestros padres. Llegó la adolescencia; y un día nos licenciamos. Nos casamos. La toga sigue siendo parte de nuestra vida y de nuestras noches: ”desnúdese señora letrada, no ha escuchado la petición de la defensa”. Dejo caer la toga y… me carcajeo, loca, como de otro planeta. Él se casó con Julia, una pedante, yo con Luís, un pájaro. No nos perdemos un seminario, unas jornadas, nadie sospecha: “son como hermanos, unos perturbados del derecho”. Rafa sonríe, pero la procesión va por dentro.

     
  • Casi en el más allá

    Daniel Domínguez Repiso · Bocos de Duero (Valladolid) 

    Ya tuve la sospecha cuando me alquilaron un despacho tan céntrico y totalmente equipado muy barato. Los expedientes se movían, el ordenador se encendía, el teléfono sonaba sin interlocutor, los libros estaban siempre desordenados… Una noche, mientras recurría un fallo de la Audiencia, apareció, sonriendo tranquilamente frente a mí, sentado en uno de los confidentes. Era el antiguo dueño del despacho, un letrado que había desaparecido tiempo atrás sin dejar huella. “Buenas noches, compañero, un asunto complicado ¿no?” Casi se me para la pila y no acertaba a articular palabra. “No te asustes, era el peor pájaro de cuenta del planeta, pero ahora antes de seguir mi procesión hacia el más allá debo hacer algo bueno” “Pero, ¿estás muerto?” balbuceé. “Sí, en el río, con unos zapatos de cemento que me pusieron mis mejores clientes” respondió con sorna “pero no hablemos de mí, vamos con esa apelación que parece chunga”

     
  • Abogado de oficio

    Miguel Alayrach Martínez · Castellón 

    Ni siquiera dijo adiós. Bajó despacio las escalinatas del juzgado y cruzó la calle hasta el Parque Viejo, acomodándose en el destartalado banco de madera más cercano. Del bolsillo de la mugrienta chaqueta beige extrajo unas migajas de pan que ofreció, solemnemente, a un osado pájaro que se le aproximaba sin remilgos. Al instante, con la idéntica devoción y respeto que engrandece la procesión mayor de Semana Santa, numerosas avecillas acudieron a la habitual cita que no se daba desde hacía semanas. Sentado en el frío escalón de piedra, no pude quitarle ojo mientras mis manos nerviosas arrugaban el fallo judicial; mientras mis pensamientos alojaban la sospecha de que aquel hombre era un buen hombre, aunque la vida no le hubiera dado “otra” oportunidad. Me incorporé abotonándome la gabardina y sonriendo excéntricamente al imaginar que en cualquier otro planeta alguien observa, con lastimosa incomprensión, los designios de la raza humana.

     
  • El gorrión

    Isabel Herrero Nava · Madrid 

    Almorzaba en la ventana más estrecha y discreta del juzgado. La única que podía abrirse; daba migas a un gorrión y, al poco,no era el único pájaro que acudía. El planeta y el tiempo se detenían para él en esos instantes. El secretario le advirtió: "como alguno se cuele, clausuro la ventana". Comunicativo sólo en temas de trabajo,nunca entabló amistades; pendía sobre su cabeza la espada de la interinidad y,acaso por autoprotección,se aislaba. Con los años pareció integrarse pero un día supo -como fallo inapelable- que su plaza había sido concedida. Debía irse. Se fué al día siguiente: sin infundir la más mínima sospecha,se dirigió a "su ventana", la abrió y saltó. En trágica procesión desfilaron todos asomándose incrédulos, silenciosos, impotentes. Ahora, torres de expedientes ocultan la ventana. Nadie habla del interino. El gorrión, no acude.

     
  • Viernes casual

    Raúl Prieto Cuervo · Madrid 

    Ahí está Carrasco. Míralo cómo se esconde como un cobarde. Ese pájaro llega al bufete y a los dos meses ya se cree el amo. Le dan los mejores casos, y encima le permiten compaginar el trabajo con su carrera política. Pero no se puede estar en misa y en la procesión. Se le acabaron las tonterías. Ahí lo tengo. No sospecha nada. Este planeta es demasiado pequeño para uno de los dos. Eso es, Martínez, sigue distrayéndolo, que vaya a por ti. Con que me acerque un poco más no hay fallo posible. Si en lugar de él la hubiera cagado yo en ese caso, me habría tenido hasta que mudar de ciudad. Pero al niño no le pasó nada. Te voy a pegar un tiro en el culo que te vas a enterar. Ahí te tengo. No te muevas. Me encanta el día del paintball.

     
  • Premio sustancioso

    Elisa García García · Burgos 

    —Te he visto cansado en la procesión y es tarde ¿Porqué no te acuestas? —pregunté a mi marido. —Tengo un caso entre manos muy interesante y quiero perfilarlo —contestó el abogado— Sospecha de plagio. Mi cliente es un escritor al que han calcado una novela, y el otro, el ladrón, ha ganado el premio Planeta. —¡Menudo pájaro! —le digo— aunque tu cliente tendrá que demostrarlo. —Lo bueno es que habrá revuelo y todos saldremos en los periódicos. —¿Y si el fallo es desfavorable para tu cliente? Tal vez no te interese. —Salir en los papeles hará que mi nombre resulte conocido. —¿Y quien te dice que no lo han planeado entre los dos? —Seguramente, pero me da igual, la prensa será mi mejor trampolín, además el premio es muy sustancioso y quiero un trozo del pastel.

     
  • El guante blanco

    Patricia España · Aranda de Duero (Burgos) 

    Menudo pájaro era aquel ladrón, fino y elegante como ninguno, “el guante blanco” se hacía llamar. Tenía orden de busca y captura desde Melbourne hasta Nueva Escocia y era el más buscado en todo el planeta. No cometía ningún fallo en su trabajo y era tan meticuloso que sólo era una sospecha que fuera él el artífice de los robos, salvo por el guante blanco que dejaba a modo de firma. Como un bofetón a mi autoestima sentía cada vez que veía uno de ellos. Soñaba con ser aquel que lo atrapara y le pusiera en la fila de procesión rumbo a la cárcel, medallas, condecoraciones... Si no fuera porque era mi hermano y disgustaría a mama, ya lo habría hecho.

     
  • Lavarse las manos

    Mª Carmen Serrano Arnau · Los Dolores - Murcia 

    Ni por un instante pensé que aquel gesto mío pudiera pasar a la historia, como así fue. ¡lavarse las manos! ¿Quién lo iba a decir? Fue equiparable a lo que hoy sería el fallo de un Juez. Albergaba yo la sospecha de que ese hombre no era de este planeta y el tiempo, como veis, lo ha demostrado. Festejáis su nacimiento y también su muerte. Los pintores más geniales han inmortalizado su imagen, rodeada de angelitos y pájaros, en cúpulas de grandes catedrales. En Semana Santa, en cada procesión, de cada pequeño pueblo, se muestran esculturas paseantes en un intento de recrear su vida. ¿Acaso alguien se ha parado a pensar que todo el mérito fue mío, de Pontius Pilatus? Pues así fue, nunca debí lavarme las manos. Otro gallo os cantaría.

     
  • Ciencia

    Alvaro Martín Alhambra · Collado-Villalba (Madrid) 

    '-¿Quiere decirme usted que piensa denunciar a todos los astrónomos? -Sí, señor letrado, hasta sus últimas consecuencias, ¿cómo puede ser que plutón ya no sea un planeta? -¿Se da cuenta de la dificultad del asunto? En estos temas el fallo suele se