MADERA DE HOMBRE

Maite García de Vicuña · VITORIA 

Geppeto, temiendo por la vida de su hijo, contrató un abogado. El anciano caminaba cogido de la mano de su hijo aparentando tranquilidad. La procesión, como se suele decir, iba por dentro. Todo el pueblo tenía la sospecha de que el niño era un títere movido por los hilos de su padre, y algunos lunáticos, incluso se atrevían a denunciar que ambos provenían de otro planeta. Al muchacho se le acusaba de tener serrín en la cabeza, el corazón astillado y carcoma en el alma. Si el fiscal conseguía demostrar estos hechos, el fallo del juez sería que ardiera en la hoguera. Segundos antes del alegato final, un pájaro carpintero se coló por la ventana abierta en la sala. Cuando se posó, lo hizo sobre la pierna del chico, picándole una y otra vez, hasta que ante el asombro de los allí congregados, Pinoccio comenzó a sangrar.

 

 

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