La toga

Xavier Blanco Luque 

De pequeños jugábamos a “los abogados”. Rafa, vestido con la toga de su padre y voz ronca, sentenciaba: “levántese la acusada, escuche el fallo del jurado: culpable de todos los cargos”. Yo ponía cara de silla eléctrica. Risas y más risas. Esos juegos nos han acompañado toda la vida. Fuimos creciendo y, con esa toga, empezamos a jugar a los médicos. “Son como familia” decían nuestros padres. Llegó la adolescencia; y un día nos licenciamos. Nos casamos. La toga sigue siendo parte de nuestra vida y de nuestras noches: ”desnúdese señora letrada, no ha escuchado la petición de la defensa”. Dejo caer la toga y… me carcajeo, loca, como de otro planeta. Él se casó con Julia, una pedante, yo con Luís, un pájaro. No nos perdemos un seminario, unas jornadas, nadie sospecha: “son como hermanos, unos perturbados del derecho”. Rafa sonríe, pero la procesión va por dentro.

 

 

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