El cazador cazado

Paqui Pérez Gallego · Alicante 

Llevaban años detrás de aquel hombre. Los vecinos de la comarca tenían la sospecha de que el propietario de la finca «Las camelias» era el causante de la desaparición de aves protegidas, pero no tenían pruebas. Cada vez que se abría la temporada de caza, una procesión de individuos cargados de escopetas inundaban la zona para practicar su deporte favorito: la captura indiscriminada de todo lo que llevara alas. Pero pronto se haría justicia, un ave mortalmente herida cayó fuera de su propiedad. Fue razón suficiente para que le interpusieran la denuncia. No hubo arrepentimiento, el culpable pensaba pagar la multa, sólo era cuestión de dinero. Sin embargo, el fallo del tribunal no dejaba lugar a dudas: Pena de dos años de prisión por disparar contra un águila imperial. —Ni que hubiera matado a todos los putos pájaros del planeta —se le oyó decir al acusado cuando escuchó la condena.

 

 

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