Sueño

Antonio Enrique Ortega Montoro · Jaén 

No era uno de sus casos, por lo que le contrarió la madrugadora y áspera llamada que lo conminaba a acompañar al cliente a escuchar el fallo del tribunal, y más después de la agotadora jornada anterior y sólo un par de horas de sueño. La sospecha de ser la puta del despacho y el cansancio acumulado pesaban como un planeta, y lastraban sus esfuerzos por mantenerse despierto en su asiento, pellizcándose el muslo bajo la mesa, explorando el entorno ávido de cualquier detalle peculiar que captara su interés y que como el aleteo frenético de un pájaro, dispersara la procesión monótona y pausada de los interminables minutos que precedían la entrada del tribunal en la sala. Sólo fue eficaz su sobresalto al despertar en plena lectura de la sentencia; las miradas reprobadoras o curiosas –las reales y las imaginadas –, lo persiguieron el resto del día.

 

 

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