II Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

La amenaza

Agustín de las Heras Martínez · Madrid 

Cuando fui a coger el coche, en el limpiaparabrisas, había un panfleto escrito a máquina que decía: “Me provocas. Caerás en mis manos antes de que acabe el día”. Si esto me lo hubiera encontrado hace años, cuando era joven, me habría dado un ataque de risa, pero ahora… Me encaminé al juzgado donde había quedado con aquel cliente tan extraño. Esperábamos la resolución de una causa, y pensé si sería él, o quizás el fiscal, o el policía de la entrada. Más tarde en Hacienda, me abordó un señor de malas pintas, pero no, me confundió con una funcionaria y sólo quería preguntarme dónde pagar unos impuestos fuera de plazo. Por la tarde, en manos del ginecólogo, se me ocurrió pensar que si a lo mejor… Me acosté tarde, obsesionada. Mi marido ya dormía. Fue entonces cuando se acercó a mi oído y me dijo: ¿Leíste la nota?

 

Relatos seleccionados

  • La duda

    Nadia Iglesias Pastor 

    Nunca una resolución había sido tan embarazosa para el juez del Haro. Tras consultar el planfleto de aquella clínica de reproducción, la demandante no dudó en someterse a tratamiento. Después de miles de euros, todos los impuestos pagados y nueve meses de plazo sentó a su ginecólogo en el banquillo de los acusados. No es que el embarazo no hubiera prosperado. Como prueba de su efectividad, un par de mellizos habían alumbrado su hogar. Eran dos niños preciosos, uno claramente rubio y de rasgos occidentales y el otro moreno y asiático. La madre, entre sollozos, pedía daños y perjuicios por una cantidad multimillonaria. Su familia, aristocrática y de la más alta tradición nipona, no aceptaba al vástago del pelo dorado.

     
  • Mi sueño

    María Celia Martínez Parra · El Escorial (Madrid) 

    Relajarme, relajarme,... ¡¨Como¡€™Tumbada, pienso en mi mesa del bufete, sepultada bajo dos montones de carpetas; a mi derecha, los casos pendientes de resolución y a mi izquierda, el resto. Pero lo peor descansa entre ambos; un sobre grande con los impresos para el pago de los impuestos cuyo plazo vence mañana. De mi entrepierna desnuda asoma, tras unas enormes gafas, la cara desencajada de mi ginecólogo suplicándome: - Obdulia, estas tensa. Así no puedo hacer nada. Relájate, por favor. - ¡¨Como?... ¡Con todo lo que tengo en la mesa! De pronto me doy cuenta que aprieto todavía en la mano el panfleto que cogí en el portal. Le estiro y leo: "TALLER DE PAPIROFLEXIA" "Convierta los papeles que le rodean en aviones, pájaros, barcos.... etc." "¡Deje volar su imaginación!" - Ves, así mucho mejor Obdulia, ya hemos acabado. Y ahora... ¡¨De que te ríes?...No hay quien te entienda.

     
  • Sueños de robot

    Rafael Antonio Jara Vicente · Las Palmas de Gran Canaria 

    Era el uno de octubre del año cuatro mil, lo recuerdo por dos razones. La primera, el ginecólogo diagnosticó a mi mujer un tumor incurable, la segunda los robots fueron legalmente determinados, formas de vida inteligentes basadas en el silicio mediante una resolución judicial, es decir, adquirieron el rango de humanos. A lo largo de mi vida como magistrado había visto muchas cosas, pero esto me superaba. Los robots se manifestaban por millares en las entradas de los juzgados, repartiendo flores y panfletos, reivindicando sus recién adquiridos derechos y obligaciones. “Al menos pagarán impuestos” pensé. Pero en un plazo breve de tiempo comprendí que el mundo no volvería ser el mismo. Estoy enfermo y no tardaré mucho en reunirme con mi mujer, pero cuando miro el rostro mecánico del magistrado que se sienta a mi lado, soy consciente de que conmigo morirán los últimos vestigios de justicia humana.

     
  • ¿Yo de mayor?

    Jose Luis Varela Alende · Santiago de Compostela (A Coruña) 

    ¡Abogado¡ exclamaba cada vez que me hacían la sempiterna pregunta. Ni siquiera sabía lo que era exactamente pero sonaba bien y “se gana mucho dinero”, decían.

    Ya lo decía mi madre: “¿Para que quieres ser abogado? Hazte ginecólogo como el tío Juan, mira que bien le va”. Pero no, el niño quería jugar a ser Perry Manson y ¡valer a los indefensos del mundo!, como diría cualquier panfleto comunista, y ahora no gana ni para pagar impuestos.

    No sé quien decía que esta es la profesión de los pobres listos y de los ricos tontos. ¿En que grupo estaré yo? ¿Me huelo que en un tercer grupo de pobres tontos?

    “Venga, firma el acta”, me despertó el funcionario de mi letargo reflexivo mientras recuerdo que mañana vence el plazo para recurrir la resolución del Penal número dos en el tema de Juan Cardama.

    ¿Yo de mayor?, pequeño otra vez.

     
  • Límite de plazo

    Gloria Prádanos Díaz · Rodalquilar (Almería) 

    Sobre la mesa en su despacho del juzgado, los papeles se acumulaban como panfletos arrojados al azar. Impresos oficiales de diferentes colores, se mezclaban entre carpetas con los casos pendientes de resolución. Abrió una de las carpetas, la que ya empezaba a amarillear. Sí… a pesar del tiempo trascurrido recordaba muy bien aquel caso. Ahí estaba el parte médico del ginecólogo que atendió a la víctima, una niña de once años. El informe describía las terribles lesiones que sufrió la pequeña… y entonces lo vio. No pudo contener la rabia. Descargó un tremendo puñetazo sobre la mesa y todo su rostro enrojeció por la ira. Mil maldiciones salían por su boca. ¡Ahí estaba!… ¿cómo no lo vio antes?... Al mover la carpeta del caso de la niña, fue cuando encontró el maldito papel. Bien claro lo ponía, el plazo para pagar sus impuestos cumplió ayer.

     
  • Anuncios

    Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

    “Soy tu ginecólogo. Ven a verme”. Me pareció un mensaje bastante inusual el que mostraba aquel panfleto publicitario, pero lo doblé por la mitad y lo guardé en el bolso. Mientras me dirigía al juzgado para retirar la resolución judicial correspondiente a mi último caso, un juicio penal por omisión de alimentos, reflexionaba sobre las palabras del director del bufete: “son muchos gastos; alquiler, sueldos, impuestos... Si en el plazo de un mes no consigues más clientes me veré en la obligación de despedirte”. Yo tenía dos hijos, una hipoteca y una madre enferma, pero a nadie le importaban mis problemas. Aquel folleto me dio la idea. Me dirigí a las oficinas del periódico local y contraté un anuncio para la sección de contactos. “Soy tu abogada. Cariñosa y discreta. Con o sin toga. Llámame”. Conseguí aumento de sueldo y el título de empleada del mes.

     
  • Divino Caribe

    Mayte Miralbés Badía · Lleida 

    El fiscal estaba seguro. En un breve plazo, Su Señoría dictaría resolución contra mi cliente, acusado de evasión de impuestos y fuga de capitales. ¿Pero por qué? Sólo había visitado Islas Caimán en siete ocasiones en su condición de ginecólogo, para asistir a unos congresos organizados por su colegio profesional. "Extraño destino para tal menester!" exclamaba el Fiscal, mientras yo, impasible, le recordaba el potencial de ese colectivo. El Fiscal, esbozando una irónica sonrisa continuó: "¿También el suyo es tan generoso?" Mi bronceado caribeño se tornó fuego y el gran diamante que lucía en mi dedo se oscureció como el ónix. Agarré de mi expediente el panfleto turístico de las islas para darme con energía el aire que me faltaba, mientras de su interior caía un listado de los bancos existentes en Caimán. El valioso collar de perlas que portaba se estrechó en mi cuello.

     
  • El torpe

    Mayte Martín Tejeda · Madrid 

    Verlo allí plantado, sentado en la silla delante de mí, cuando había tenido su cabeza literalmente entre mis piernas, resultaba incómodo. Mi ginecólogo me miraba directamente a los ojos, una parte de mi cuerpo que él apenas conocía. Una sonrisa cínica en su rostro, de suficiencia, con una complicidad que yo no sentía en absoluto. ¡l era el acusado, yo la magistrada que instruía el caso. Su abogado quería agotar el plazo, yo prefería dictar la resolución con rapidez y hacerlo desaparecer de mi vista. Hasta que lo vi, con horror, tratando de llamar mi atención. Con un gesto que trataba de ser discreto pero no lo conseguía, me saludaba en medio de la sala, con un panfleto publicitario bastante explícito sobre el tratamiento del herpes genital. Iba a disfrutar cuando mi marido, inspector de Hacienda, le revisara por sorpresa sus corruptos impuestos.

     
  • En el límite

    Belén Solesio López-Bosch · Pozuelo de Alarcón (Madrid) 

    Ha recibido una carta anunciándole una subida brutal de los impuestos municipales. Mira desesperada su abultado vientre. Ya está de más de siete meses, hace mucho que se le pasó el plazo para abortar. Una compañera, que conoce su situación desesperada, le ha hablado de un ginecólogo poco escrupuloso que, habiendo dinero de por medio, es capaz de cualquier cosa. Piensa en esto mientras, distraída, retuerce entre sus manos otro de los panfletos que últimamente aparecen en su buzón. Al parecer el resto del vecindario también los ha recibido; desde hace unos meses nadie la saluda en el ascensor. Se dirige hacia el baño, coge un bote de somníferos y se queda mirándolo fijamente. Sería tan fácil descansar... De repente levanta la vista y el espejo le devuelve su mirada. Con resolución vuelve a guardar el bote en el armario. Algún día su hija se sentirá orgullosa de su madre.

     
  • Un embarazo inesperado

    Aníbal Fernández Oliveira · Oviedo 

    "– No tengo buenas noticias. La ecografía no miente; va a tener usted un abogado. – Soltó el ginecólogo. No se preocupe, en este panfleto viene toda la información que necesita saber. Y ya verá, su esposo sabrá comprender. Pero yo ya no le escuchaba. Sólo podía pensar en cómo contárselo a Javier. Sabía que iba a ponerse como loco. La presión que soportaba en las últimas semanas a causa de la resolución del caso por evasión de Impuestos de Cooper & Asociados no iba a ayudar tampoco, y es que desde que había empezado con el juicio; sus quejas sobre alegatos fuera de plazo, alguaciles con medio cerebro y abogados incompetentes eran la tónica de cada cena. Aún así, tenía que decírselo cuanto antes; por lo que decidí llamarle para ver si podíamos comer juntos. – Despacho Del Juez Rodríguez – me contestó su secretaria."

     
  • Pánico

    Dori Siverio Fumero · Tenerife 

    Tengo que tomar la resolución de ir al ginecólogo ya, ¡me cuesta más que pagar los impuestos, que ya es decir! La última vez que fui, hace dos años, mientras esperaba en la sala me leí un panfleto sobre enfermedades ginecológicas, lo cual acrecentó aún más mi miedo; cuando me tocó el turno entré temblando y cuando empezó la exploración, fuera de sí, le grité a mi tocólogo que no osará hurgarme sin la presencia de mi abogado, lo cual originó ruidosas carcajadas de él y de la enfermera. Me dejó un plazo para calmarme y ambos salieron de la habitación. Cuando regresaron aún llevaban la sonrisita en la boca –¿aún quiere a su abogado, señora Calderón?– me preguntó él. – Tome nota, si me hace daño le pondré una querella –contesté muy tranquila mientras les mostraba mi tarjeta. “Maria Luisa Calderón Ruiz, licenciada en derecho”–leyeron.

     
  • Me quedé pensando

    Monica Vielba Serrano · Valladolid 

    Hoy recibí una visita inesperada en mi despacho; una mujer extraña, siniestra. Me miraba de manera desconcertante. Se sentó y comenzó a delirar, me hablaba de ética profesional, de dignidad. No comprendía sus palabras. ¡No puedo garantizarle ninguna resolución a su problema, si no me lo explica claramente! Insistí.
    Tras un prolongado silencio, me miró fijamente diciendo: “El abogado primero ha de ser buena persona y sólo así será buen abogado”. ¿Es usted buena persona?.
    Un escalofrío comenzó a recorrer mi cuerpo. Se levantó y dejó sobre mi mesa un panfleto que decía: “Piensa en las consecuencias de tus actos”. Léelo -dijo- te doy el plazo de una semana para que me contestes. Antes de irse se volvió y mirándome fijamente dijo: “Soy tu conciencia”.
    Tras su marcha, intenté estudiar el juicio de un ginecólogo acusado de homicidio y evasión de impuestos que debía defender, ¡ No podía !. Me quedé pensando…

     
  • En mala hora

    Francisco S. Ramírez · Valencia 

    “No sé si querrás saber algo de mí después de tanto tiempo, cariño, pero te escribo con resolución porque, a pesar de todo, siempre te quise y no me gustaría que te enteraras por la prensa: desde hace un mes soy la esposa de ese ginecólogo que nada te gustaba porque decías que me metía algo más que la mano. Comprenderás que cuando el escándalo salió a la luz, por más que perjuraras que aquello era un burdo panfleto, nuestra vida en común ya no fue soportable. Espero y deseo que no me guardes rencor, pero yo también me merezco mi propia felicidad. Con cariño, Claudia.” El otrora poderoso magistrado de la Audiencia arrugó la carta con rabia e hizo un chasquido con los dientes. Se aproximó al ventanuco de su celda, observó los sucios muros de la prisión y lamentó profundamente no haber pagado sus impuestos en plazo.

     
  • El día propicio

    Alfonso Carlos Parra Olmo · Madrid 

    Hoy abandonaría todo. Pero Lourdes tiene cita con el ginecólogo y me ha pedido que recoja la resolución del juicio de un cliente en el 23. Se lo debo: el bebé es mío. Encuentro atasco y aparco mal, en minusválidos. Del portal del despacho despego el panfleto de la manifestación antisistema que justifica mi retraso para mostrarlo al jefe, que franquea mi paso. Me espera Narbona, a quien debo gestionar un pago de impuestos fuera de plazo. Cierro y me siento a teclear mi dimisión. “He tenido un sueño…”, es todo mi argumento. Hago dos llamadas sin esperar a que respondan mientras saco un billete aéreo. Salgo y, sin detenerme, entrego a Narbona la carta y al jefe el teléfono de mi amigo de Hacienda, generando confusión. Abandono a su suerte el cientoventisiete por un taxi. Miro feliz la hora sin ver. Y, con esfuerzo, apago finalmente el infernal despertador.

     
  • Daiquiri enrejado

    Esteban Gómez Rovira 

    No hay plazo alguno para tomar una resolución, a lo hecho, pecho, y ahora tengo tanto tiempo?me enamoré de mi ginecólogo aquel verano en el que no recordaba quien podría ser el padre de mi criatura, si el probo marido que pagaba los impuestos, o mi amante número uno, porque el dos era el ginecólogo, tan bueno...se volvió una carga, y ahora estoy sentada contando mi historia por el interfono, la realidad es igual de cutre en los dos lados que separan este locutorio enrejado?por qué siendo una abogada penalista tuve que matar a mi ginecólogo?suena a novela folletinesca, a panfleto?pero siempre me gustó la película Fuego en el cuerpo, por la noche en la celda cepillo mi melena rubia, y me imagino en la playa como Kathleen Turner, he pedido a la funcionaria un daiquiry...hace tanto calor...

     
  • La circunstancia

    Manuel Merenciano Felipe 

    Aún hoy guardo (guardamos) cierto rencor hacia el ginecólogo. Al fin y al cabo, él mismo reconoció su temeridad al administrar a mi (nuestra) madre aquel fármaco en vías de experimentación. ¡Por unas simples hemorroides! La cuestión es que vine (vinimos) al mundo con este lamentable aspecto, y antes de plazo. La circunstancia me (nos) ha acarreado incontables dificultades de convivencia: reyertas por mamar de la misma teta, discusiones por dormir de uno u otro lado, guantazos para escoger la fulana con la que enredarnos... Ahora me (nos) llega un panfleto de Hacienda. Sugieren hacer la declaración de renta en conjunto y no por separado. Nueva controversia de difícil resolución tratándose del pago de impuestos, se lo aseguro (aseguramos). Resulta incómodo esto de ser bicéfalo; únicamente nos pusimos de acuerdo al elegir la carrera de Derecho. Lo malo es que yo trabajo de fiscal, y éste, de abogado.

     
  • Ginecólogo buscamos urgente

    Jorge Alberto Baudés · Chubut (Argentina) 

    Escueto, así rezaba el panfleto que inundó las calles del viejo poblado. Cansadas las matronas de ejercer su oficio decidieron reunirse en la sala de primeros auxilios y con gran resolución establecieron un plazo perentorio para convocar a un profesional que aceptase reemplazarlas. La paga la reunirían entre ellas y, para hacerlo más tentativo, pidieron al Alcaide que lo eximiera de impuestos, para que atienda con gratuidad a las parturientas sin recursos que concurriesen a atenderse en el Centro Asistencial de la Comarca.

     
  • Pastel de setas

    Enrique Trapero Díez · Plasencia (Cáceres) 

    Le había regalado un pastel de setas en el bufete un ginecólogo al que había solucionado un escabroso asunto de impuestos. Aquel viernes llegó a casa pronto. A solas con el gato, desenvolvió el pastel del panfleto con el que lo había cubierto y, sin dudarlo, el abogado cortó un pedacito y se lo plantó al felino. Después de un plazo de tiempo expectante en sus movimientos, esperó verle fulminado. Pero el minino, lejos de complacerle con tan desafortunada resolución, se paseaba relamiéndose. Por la noche, el pastel de setas sirvió de broche a la cena, que fue interrumpida por los gritos de la pequeña de la familia desde el porche de la casa: “El gato… ¡está muerto!” Su padre reaccionó instantáneamente. Corría en dirección al cuarto de baño con los dedos metidos en la boca. Ajeno a todo, el autobús urbano que lo había atropellado, se perdía calle abajo.

     
  • Placer con dolor

    Ignacio Grau Grau · Valencia 

    El Sr. Wellington, gran ginecólogo, requirió los servicios profesionales de un astuto abogado penalista con fama nacional. Panfletos de toda clase se prodigaban por doquier calumniando al facultativo por descuidar a sus pacientes al recomendarles partos con dolor. Era hombre pío, mejor dicho, santo, pagador puntual de impuestos, temeroso de Dios y de los hombres, habitual de las casas de caridad, y no estaba dispuesto a tolerar ninguna infamia. Necesitaba una resolución que pusiera fin al libelo en un breve plazo. Llegado el día del juicio, éste no se desarrolló conforme esperado. El tribunal estaba absolutamente contaminado así que, antes de iniciar su alegato final, el viejo Letrado, desesperado, propinó, para gran asombro de la audiencia, un bofetón al juez con todas sus fuerzas. Acto seguido espetó: - Señoría, ¿a que con rabia dictará sentencia condenatoria con más placer? Esto fue lo único que pretendía mi patrocinado con aquella recomendación.

     
  • La vida misma

    Begoña Gutiérrez Torre · Oviedo 

    Repasaba mentalmente su agenda mientras empujaba con todas sus fuerzas. Prefería mil veces sentarse en estrados y defender lo que fuera, que permanecer en esa postura imposible, inerte de cintura para abajo. Hace años había abandonado el conocido bufete en el que trabajaba para establecerse por su cuenta. Había participado activamente en movimientos por la igualdad; de aquello sólo quedaban tres o cuatro panfletos incendiarios de los que había sido autora. Oyó lejana la voz del ginecólogo: “-Es un niño.” “-¿Está bien?” Perfecto. Aún le restaban dos días de plazo para recurrir la última resolución de aquel divorcio que la traía de cabeza, tenía que hacer la compra semanal y recoger a su hijo mayor que había dejado al cuidado de su madre, ¡ah! Y el día veinte debía liquidar los impuestos. Por cierto, ¿dónde se habría metido su marido? No había podido localizarlo. Seguramente, como casi siempre, estaría reunido.

     
  • Catorce semanas

    Alejandro Conde Arias-Salgado · Valladolid 

    La ginecóloga ha tirado a la papelera el panfleto que alguien dejó en la sala de espera. En él, junto al lema “No con mis impuestos,” aparece la imagen de un feto humano muerto. Ahora vuelve la mirada a la historia clínica que tiene ante sí y al dictamen del abogado: el plazo legal está a punto de terminar y el caso demanda una resolución urgente. Según la ecografía, el embarazo transcurre con normalidad. Revisa una vez más las circunstancias y trata de analizar con objetividad las consecuencias que entraña la inesperada llegada de un hijo a la vida de un adulto. Las ideas se amontonan y confunden en la cabeza de la doctora. Cuando el silencio se le hace insoportable, se levanta y pasea por la desierta consulta, acariciando con suavidad su vientre hinchado.

     
  • Carrera contrarreloj

    Ángela Martínez Duce · Oviedo 

    Me diste un beso de buenas noches en la frente, cogiste aquellos panfletos que te tenían absorbido y no perdiste el tiempo en ponerte a leerlos. Te eché el brazo por encima y me acurruqué junto a ti. Por la mañana, el ginecólogo me había advertido de que se me acababa el plazo y lo que siempre había postergado, ahora, se convertía en una necesidad imperiosa. Me miraste por encima de las gafas y me dijiste con suavidad que no era el momento. Me hablaste del monitorio que tenías entre las manos, de los impuestos, del cliente… Volví a la carga y te abracé con más fuerza. Entonces te quitaste las gafas, me miraste con resentimiento y saliste de la cama. Huiste de mi lado con tus papeles. Entonces tuve la certeza de que habías dictado una resolución firme sobre el caso.

     
  • Iter probatione

    Luis Antonio Aranda · México DF 

    Las partes intervinieron apasionadamente en la causa penal. El abogado defensor del ginecólogo ofreció a la autoridad judicial un pliego de pruebas que a pesar de parecerse a un panfleto satírico, logró que fuera admitido en su totalidad por el juzgado. Los medios probatorios se prepararon, se desahogaron en el plazo legal y finalmente, el juez los valoró; creando convicción que favoreció al justiciable. Bien le habían servido al abogado las lecciones del Maestro Ojeda para lo que fue su primera defensa. La policía detuvo al especialista a raíz de una querella en su contra por la realización de una operación quirúrgica innecesaria. Sin embargo se demostró lo contrario. Casi un año de juicio pero se logró una resolución absolutoria. Dos días después, el médico de mujeres ya tenía otra acusación por evasión de impuestos; y de ésta, en honor a la verdad, había poca esperanza de salir triunfante.

     
  • El parto

    José Ignacio Señán Cano · Madrid 

    El ginecólogo tenía razón. Estábamos fuera de plazo y no debíamos retrasar más el parto. En el despacho habíamos trabajado a destajo para conseguir las pruebas documentales, pero el tiempo se nos había echado encima. En la sala pequeña de firmas, agarrada a las manos de Paco el adjunto de civil y de Maite la becaria de internacional, empujé con todas mis fuerzas mientras resoplaba entrecortadamente. Los folios del alegato definitivo, pidiendo una resolución exculpatoria fueron saliendo expulsados como panfletos de una ciclostil. El documento final, que salió con fórceps y gracias a la ayuda de un procurador de la casa, fue la declaración de impuestos de los últimos cinco años, que presentábamos como prueba testifical. Después del parto quedé completamente exhausta. Cada vez me cuesta más preparar los juicios y documentarlos. Creo que pronto tendré que dejar la profesión.

     
  • El nasciturus

    Jose María Bento San Roman · Galapagar (Madrid) 

    La herencia del difunto Mr. Goldman podía valorarse, deducidos impuestos, en cerca de mil millones de dólares, muchos de ellos colocados a plazo fijo en cuentas suizas. Su joven viuda, con la que se había casado unos meses antes de que su jet privado se estrellase en Nevada, no heredaría más que una suma insignificante, ya que no había descendencia. Reunidos en la notaría para abrir el testamento, los familiares del difunto se frotaban ya las manos pensando en la jugosa tajada que iban a sacar. Fue entonces cuando el abogado de la joven viuda interrumpió al notario, blandiendo un informe médico. Mientras la joven viuda no ocultaba su satisfacción, su letrado anunció con resolución un hecho inesperado que lo cambiaba todo. El informe, firmado por un ginecólogo, acreditaba sin lugar a dudas que la viuda estaba embarazada desde antes del accidente. El nasciturus lo heredaría todo.

     
  • Tic, tac…

    Abel Joan Sala Sanjuán · Cullera (Valencia) 

    Alfonso Maestre siempre había querido ser ginecólogo, como su padre, pero acabó siendo un afamado abogado penalista, a pesar de todo. Su mujer, habilidosa con los números y de cerebro ducho en finanzas, se dedicaba a asesorar a sus clientes sobre cómo evadir impuestos sin miedo a una eventual resolución administrativa o judicial perniciosa. Un buen día, Alfonso, un hombre metódico y ordenado donde los haya, encontró sobre su mesa un panfleto que no recordaba haber depositado allí y que, sin duda, le despertó la curiosidad. Dejó de teclear el plazo que tenía entre manos y centró su mirada en aquel papel. Con un cuidado y perturbador diseño, su autor, se había encargado de que el mensaje quedara claro: “Pagarás por mis años de cárcel. Ni siquiera tu mujer podrá evadir mi venganza. Tic tac, tic tac…”. La amenaza cayó sobre la mesa balanceándose lentamente: la cuenta atrás había comenzado.

     
  • Voluntades contrapuestas

    Josefa Carbonero Martín · Valladolid 

    Bajé al parquímetro al agotarse el plazo del estacionamiento del coche. Es algo que nunca entenderé pues ya pago mis impuestos. Al retirar del parabrisas uno de esos panfletos que anunciaban un restaurante de comida rápida, observé recostada sobre el coche a una compungida mujer. Al dirigirme a ella me desveló que venía del ginecólogo y éste le confirmó sus sospechas: estaba embarazada. Le contesté que aquello era motivo de alegría y lo más bonito que le podía ocurrir haciéndole saber que yo era madre recientemente. Estaba muy nerviosa y la subí al despacho identificándome como letrada; mientras tomábamos una manzanilla me confesó que en su empresa tomaban la resolución de despedir a las mujeres embarazadas. Al preguntarla el motivo de tal decisión, con lágrimas en los ojos me contestó: “Por quedarme embarazada en contra de la voluntad de la empresa”.

     
  • Fajos de billetes

    Nuria Gómez Lacruz · Madrid 

    Era 1973. Yo tenía veinte años y en mis ratos libres repartía panfletos salidos de imprentas clandestinas en los que pedíamos amnistía general, amor libre y más impuestos para los ricos. Ahora sonrío al recordarlo… Nuestro cacao mental era grande, si no cómo explicar esa mezcla de reivindicaciones. Un sábado me echaron el guante y el Juez dictó una resolución dándome siete días de plazo para pagar una fianza tan desproporcionada que ni mi familia ni el partido pudieron sufragar. Mi abogado pensó en recurrir, pero mi ginecólogo se adelantó y depositó en el Juzgado cincos fajos abultados de billetes de mil, suficientes para dejarme libre, aunque muy inquieta ante las desconocidas razones de tanta generosidad. ¿Qué pretendía el doctor? ¿Debería haberme negado? Ahora, casada con él, sigue haciéndome pagos en billetes atados con una goma, sin motivo aparente, que recibo con el mismo desasosiego de aquella primera vez.

     
  • Amor a plazos

    María José Romero Bañolas · Las Palmas de Gran Canaria 

    '-¡Buenos días! Adela levantó la vista de su mesa atestada de expedientes judiciales y el corazón le dio un vuelco. Desde el otro lado de la mesa la miraban unos subyugantes ojos verdes. -Buenos días –logró balbucear Adela- ¿Qué desea? -Venía a

     
  • Deprisa, deprisa

    Pedro Alonso-Basurto Castro · Madrid 

    Aparcó en doble fila. Un panfleto en el parabrisas pretendía engañar al de la hora. Ya pagaba suficientes impuestos y llegaba tarde. Subió la escalera corriendo, cruzó la puerta y se dirigió a la sala contigua. -¡Oiga! - gritó la secretaria- ¡Vd. no puede entrar ahí!. ¡Se está celebrando...! -Lo se - dijo él jadeando - ¡Siento el retraso...! Abrió la puerta de golpe. - ¡Señoría! - dijo elevando la voz –; ¡Demostraré que la resolución está fuera de plazo...! Antonio enmudeció de repente. Ante él, un hombre con bata blanca examinaba a una mujer tendida en una camilla. - Sr. Ríos, su esposa me contó que tiene muchos casos y que el embarazo de trillizos le tiene preocupado - dijo el hombre de la bata blanca-. Pero esta es la consulta del ginecólogo. Debería descansar más – continuó-. Cierre la puerta y vuelva el próximo martes…¡con su mujer!

     
  • Mi sano oficio

    Esperanza Temprano · Madrid 

    El ginecólogo opina que mis sofocos nada tienen que ver con mis hormonas. El médico de familia no encuentra causa física a mi mal,así que,una vez que la medicina ha confirmado que nada puede hacer por mi,no me ha quedado más remedio que someterme a una escrupulosa autoexploración que ha arrojado interesantes conclusiones, a saber: 1.Vivir enganchada a los plazos procesales perjudica seriamente mi salud, produciéndome cuadros de ansiedad y ahogos 2. Las resoluciones judiciales desfavorables tienen en mí graves efectos secundarios, tales como palpitaciones y sudoración fría 3. Cada trimestre, cuando Hacienda me hace pasar por taquilla con el pago de impuestos, mi mal alcanza su punto álgido. Una vez hecho el diagnóstico aplico el remedio: cambio de profesión, me voy a dedicar a repartir panfletos pro reforma radical de la abogacía,no será tan lucrativo pero,sin duda,es más sano.

     
  • El parto

    Diego José Garcia Garcia · A Coruña 

    Ahí me encontraba. El hombre que sembraba el terror entre abogados y fiscales cada vez que dictaba una resolución era un pelele desencajado incapaz de controlar sus impulsos. No me reconocía. Todo un Juez incumpliendo la ley a vista de todos. Y es que acababa de encender mi octavo cigarro en aquel quirófano ante la mirada horrorizada de las enfermeras y rodeado de panfletos que preconizaban las maldades del tabaco. El parto se había adelantado y la criatura venía a pagar impuestos a este mundo fuera de plazo. El ginecólogo de guardia era el afamado Carlos Cuetos, al cual una de mis sentencias le había vaciado la vida y la cartera. Me miraba con ojos que bien podrían encender todas las hogueras del infierno. Por fin, tras dos interminables horas su ex-esposa dio a luz a nuestro hijo. No tengo otra opción. Mi hijo se llamará Carlos.

     
  • Niña prodigio

    Rosana Alonso Fernández-Garcia · Camarma de Esteruelas (Madrid) 

    Ya durante el embarazo, su madre veía películas de abogados a altas horas de la madrugada y buscaba en Internet cualquier noticia relacionada con casos judiciales. El ginecólogo no sabía dar explicación a tan extraños antojos. Nació antes de plazo pero sus ojos enfocaban el mundo con una expresión inteligente y profunda. A los tres años sabía leer y escribir, y con doce años tomó una resolución: quería estudiar Derecho. Mientras su padre soñaba con paraísos fiscales y evasión de impuestos, ella leía un panfleto que le dieron en la universidad. Una mañana, en el decimoctavo cumpleaños de la niña, el padre recibió una citación del juzgado. Se le acusaba de realizar vertidos tóxicos en el río cercano a la empresa. La asociación ecologista que le había denunciado contaba con pruebas y documentos que lo demostraban y una joven abogada licenciada Summa Cum Laude para ejercer la acusación.

     
  • ¡No llego!

    Sebastián Hidalgo García · Alcalá de Henares (Madrid) 

    "Lola solicitó la suspensión del juicio por enfermedad de su defendido; presentó al magistrado el certificado médico y salió corriendo escaleras abajo.¡No llego! ¡No llego!, iba diciendo hasta que logró parar un taxi. Paco, su ginecólogo, la vio entrar en la consulta con los tacones en una mano y el portafolios en la otra. ¿Otra vez con tus numeritos? le dijo algo molesto.¿Tienes cita?. ¡Paco firma que se nos pasa el plazo! ¿El plazo de qué, Lola?. ¿Tú pagaste los impuestos de la casa?. ¡Lola, si la casa es tuya! ¡Pero, te la compré a ti, la resolución viene a tu nombre! ¿Y cuándo he firmado yo eso? ¡Después de lo de mi embarazo! ¡Pero si tú nunca has estado embarazada! ¡Ahora si! ¡Túmbate en la camilla que te reconozca!. Paco, ¡o firmas o pego un panfleto en la consulta de tu mujer diciendo quién es el padre!"

     
  • Un mal día

    Rosario González Arias · Querétano (México) 

    Mientras caminaba rumbo al despacho pensaba que nada de lo sucedido habría pasado si se hubiera hecho ginecólogo como quería su padre. Seguro que ahora era la comidilla del juzgado. Acaba de arriesgar treinta años de carrera profesional como abogado en su pequeña ciudad de provincias. Pero es que hacía ya varios juicios que tenía ganas de decirle cuatro cosas a ese joven juez de aires autoritarios que siempre le quitaba la palabra en las comparecencias. Y de repente esa mañana se oyó a si mismo decirle que era un prepotente, que su sueldo salía de los impuestos de todos, que sus sentencias parecían panfletos moralizantes… Sólo reaccionó cuando el agente judicial ya lo estaba sujetando por la toga. Al ver la cara de su cliente sintió una enorme tristeza. Ahora sólo quedaba esperar el plazo para la resolución y un milagro. Pero qué a gusto se había quedado.

     
  • Lex Artis

    Amor Lago Menéndez · Valladolid 

    Cuando el Servicio de Inspección giró visita al Juzgado, los expedientes abarrotaban mesa, armarios y suelo de su despacho, cual gigantesca urbe de rascacielos de papel. Las diligencias informativas, puro trámite: P - ¿La parte más complicada durante la elaboración del fallo? R - El período expulsivo en el que la fundamentación jurídica está sometida a contracciones intensas. Se puede producir la pérdida de bienestar para el ciudadano que demanda justicia en plazo, pero yo antepongo el alto riesgo del asunto sometido a enjuiciamiento y evito dictar prematuramente la correspondiente resolución. P - ¿Lo mejor de dedicarse a la carrera judicial? R - Traer al mundo sentencias sanas e inteligentes. Después de tantos años y alumbramientos, me sigo emocionando en cada juicio que asisto. El Inspector entendió entonces porqué los panfletos distribuidos apodaban al magistrado “El ginecólogo”. Le fueron impuestos nueve meses, ni uno más ni uno menos, de suspensión de empleo y sueldo.

     
  • Crisis e ingenio

    Teresa Arjona Calvo · Benidorm (Alicante) 

    El ginecólogo lo confirmó: estaba embarazada. La crisis económica la tenía asfixiada: subida de Impuestos, E.R.E que la dejó sin trabajo, plazo perentório para abonar los recibos de luz pendientes, resolución contractual del "nidito de amor" que él dejó de pagar cuando ella se negó a abortar... Del susodicho sólo sabía que estaba, según él, en trámites de divorcio, y que trabajaba, como abogado, en aquél edificio ocupado por prestigiosos despachos. Como hasta su nombre resultó ser falso, optó por meter copias del anónimo panfleto en todos aquellos buzones, con una escueta dirección: Sr. Abogado.(Confidencial). En cuatro días el cajetín del apartado de correos estaba lleno, a rebosar, de sobres con la cantidad de dinero solicitada " para mantener en secreto tu paternidad...". Miró los soberbios edificios de la Gran Avenida (constructoras, brokers, políticos, Bancos...)."¿ Y por qué no ?" se dijo, sonriendo picaramente...

     
  • Mi pequeño niño

    Elena Lázaro · Sacramedia (Segovia) 

    Los ojos avergonzados del ginecólogo preguntándome si quiero abortar. Los ojos cobardes de tu padre huyendo sin mirar atrás. Te veo correr, mi niño, tan pequeño, las escuetas piernecitas que no alcanzan a los demás. Maliciosas risas en el buzón traen un panfleto de circo, lágrimas, prematura muerte. La altivez que aplasta a un enano que llegó a la facultad. El rechazo como mujer de la única persona que fue tu amiga. Nadie te contrató jamás. Un abogado enano no convence, no tiene presencia. Tú querías defender a los excluidos, los que sufren en silencio, sin voz. Fracasado hasta en el intento de poner fin a tu vida. Paga tu impuesto por ser distinto. El plazo ya venció. Resolución, mi niño. Vierto el líquido en el tubo que te mantiene conmigo. Ya, ya te vas. Tus ojos inocentes, risueños, van perdiendo la luz, hasta que ya nada queda de ti.

     
  • Mucha suerte

    Ricardo Saiz Gómez · Madrid 

    Recuerdo la noche anterior a la de que nacieras. La misma noche en la que yo trabajaba a contrarreloj en aquél recurso por un asunto de impuestos cuyo plazo, como el de tu madre, salía de cuentas al día siguiente. Necesitaba concentración y ella, la necesaria atención de una mujer a punto de dar a luz. Por eso, mi resolución estuvo al momento tomada. A los pocos días del alumbramiento, dejé de ser letrado. Me expulsaron del Colegio de Abogados por haber presentado un recurso al que llamaron panfleto y todo, porque los Hechos relataron hora por hora las contracciones de tu madre, los Fundamentos de Derecho las recomendaciones del ginecólogo para los minutos previos al parto fueron y el Suplico, una petición al magistrado que por turno correspondiera de que fuera tu padrino. Hoy querido hijo, el Magistrado Ramírez, tu padrino, será el Presidente del Tribunal que te examina.

     
  • Un día más

    José Bonet Navarro · Aldaia (Valencia) 

    Despertador. Tres minutos, ducha, café y aspirina. Primer cigarro en ascensor. Parabrisas helado, panfleto de pub ligue seguro. Precio crisis, quince minutos veinte euros. A la guantera, quién sabe. Cuatro caminos, atasco. Plaza América, más atasco. San Vicente Mártir, todo atrancado. Por fin, despacho. Menos mal que alquilé plaza de aparcamiento por riñón. Buenos días y ordenador, terminar demanda. Competencia; teléfono, pesado que incumple régimen de visitas. Capacidad y postulación; cigarro, teléfono, Agencia Tributaria le reclama impuestos a las bravas. Procedimiento adecuado; cigarro, teléfono, cliente desahuciado por no pagar, el muy cabrón. Cuantía, fondo, jurisprudencia aplicable, teléfono y más teléfono. Por fin, fecha, imprimo y firmo. Todavía no son las tres, muy justo, pero cumplo plazo. A comer, primer cliente a las cuatro. Segundo a las cinco, tercero a saber. Reposición, apelación y casación contra resolución. Las diez. ¡Olvidé acompañarla al ginecólogo! ¡De ésta me despide! Mejor llamo al psiquiatra.

     
  • ¡PROTESTO, SEÑORÍA!

    Manuel de la Peña · Madrid 

    "Me niego a cumplir este trámite. No quiero comparecer en esta sala. De aquí no me desahucia ni el Ministro de Justicia. Dentro de nada, apenas unos años, andaré como raposa por rastrojos, redactando demandas lacrimógenas o temerarias o auténticos panfletos, acatando la voluntad de clientes caprichosos, retorciendo el derecho de defensa, agobiado por los plazos, sin horarios, sin tiempo libre, sin vida. Libraré a otros de pagar impuestos que yo apoquinaré religiosamente. Encima soportaré chistes sobre mi profesión. El ginecólogo, que en otra vida fue juez de menores, me agarra la cabecita con resolución y tira de mí… ¡Protesto, señoría! Rompo a llorar. Rabioso alegato ¡Mira que reencarnarme en abogado! "

     
  • Verano feliz

    Miguel Angel Córdoba Saelices · Villacañas (Toledo) 

    '-Hoy tampoco vendrá. Había pasado el plazo de espera. Eran ya cinco días sin ver a Elsa y sus coletas, sus pecas y sus lazos. Elsa era distinta, vestía distinto, jugábamos a otras cosas. -Estaría castigada cumpliendo castigos impuestos, seguro. Los

     
  • Escrito Ad Hoc

    David Simonián Afanasieva · Valencia 

    Don David Simonián, colegiado nº 2009 del Ilustre Colegio de Abogados de Insomnia, en nombre y representación de mi ego literario, ante el concurso comparezco y como mejor proceda en derecho, mediante el presente escrito y dentro del plazo establecido al efecto, respondo a la resolución que fija las palabras del mes de octubre, en base a los siguientes argumentos: 1º. Nada que objetar respecto de los fallos del jurado. 2º. Los términos impuestos, en ocasiones devienen difíciles de conciliar –como mi sueño últimamente-. 3º. Precisamente en el argumento anterior radica la gracia del concurso. 4º. No me negarán que este escrito al menos sirve como panfleto didáctico. 5.º El ginecólogo ha confirmado el embarazo de mi parienta, así que el premio nos vendría de fábula en estos tiempos de crisis. Por todo lo expuesto, suplico al jurado que falle a mi favor.

     
  • Dos más dos

    Antonio Díez Núñez · Valladolid 

    Asesorado por su primo el ginecólogo sobre su operación de cambio de sexo, Marcos, así se hacía llamar, tomó la resolución de posponerla al vencer el plazo para pagar sus impuestos. Consiguió la dirección del cirujano de un panfleto en el portal del bufete donde trabajaba. Mas el tiempo apremiaba pues la relación con Marta, su compañera, comenzaba a ir más allá de lo laboral advirtiendo que igual que él, ella también evitaba quedarse a solas. La casualidad quiso que colaboraran en un pleito y durante el juicio, desmontaron una engañosa trama ganándose la admiración de todos. Fueron a celebrarlo y en un motel surgió lo inevitable. La pasión se desató en ambos cuerpos hasta que Marta, retirándose y sorprendida momentáneamente, al observar a un abatido Marcos, comenzó a desnudarse sonriendo pronunciando aquella memorable frase cinematográfica con voz de tenor: “Nadie es perfecto”.

     
  • En libertad

    Celina Castaedo · A Coruña 

    En el año 2035 la organización mundial del desarrollo planetario da la alarma: La humanidad se vuelve estéril. Contra la biología no sirven las campañas del gobierno. Exención de impuestos, manutención vitalicia... Es inútil. Soy abogada. Conozco la ley. Ser madre ya no es un derecho, es una obligación. Al primer síntoma acudes al ginecólogo nacional, y en un corto plazo ingresas en la clínica de conservación embrionaria. No hacerlo así constituye delito. Estudio un panfleto. Instalaciones lujosas y porcentajes prometedores me invitan a encerrarme en una jaula de acero. Hoy soy una de las 51 mujeres embarazadas del planeta. Sólo yo lo sé. Conozco la ley, de ahí mi decisión. He visto a demasiadas mujeres agonizar en laboratorios sin luz natural. Alguna resolución en la que sus hijos pasaban a ser propiedad estatal. Por eso me voy. Y conmigo la esperanza: El último niño humano, crecerá en libertad.

     
  • Inocencia

    Remedios Mondejar Pedreño · Murcia 

    Una llamada telefónica me despertó sobresaltado. El calor, la humedad en Nairobi, era sofocante. Me asomé a la ventana a respirar un poco de aire fresco. El suelo de la calle estaba cubierto con panfletos de las últimas elecciones. Tomé una ducha, me vestí y salí rápidamente hacia la dirección que me habían indicado. Cuando llegué todo estaba desierto y desordenado. El lugar era modesto, unos bancos de madera servían para que el acusado se sentara; unos pupitres hacían de mesas para las partes y unos viejos atriles eran más que suficientes para el Tribunal. De repente gritos, gentío y revuelo de papeles. Nadie seguía las reglas del juego. Los más elementales Principios del Derecho, eran inexistentes. Nadie entendía ni de plazos y mucho menos de Resoluciones. Mi único cometido aquí era defender el derecho de una niña a seguir siendo eso, una niña. Mi único testigo: Un eminente ginecólogo.

     
  • Segunda nevada

    Reyes ¡µlvarez Casado 

    La abogada Verges sintió asco al despedirse del perverso ginecólogo al que mediante una argucia legal había librado de una condena segura y de paso del pago de sus impuestos. Antes se movía en el centro de la ley, ahora buscaba siempre los límites. Sacó del ultimo cajón del despacho el retrato de su hija. Se había fugado de casa años atrás aprovechando una nevada. Miró la torre de expedientes que se acumulaban sobre su mesa y que continuaban en un reguero hasta la habitación de su hija. La cama estaba cubierta por montones de resoluciones sin plazo, de panfletos legales. A manotazos tiró todas aquellas carpetas al suelo y comprobó que la cama de su hija estaba helada. En un arrebato lo arrojó todo por la ventana. Cuando hubo terminado bajó a la calle a fumar un cigarro. Aún descendían documentos desde las alturas como en una densa nevada.

     
  • ¿Destino o casualidad?

    María Serrano Álvarez · Arganda del Rey 

    Tenía veintitrés años cuando conocí a Andrés en una manifestación en la que repartía panfletos contra la subida de impuestos. “Casualidad”, pensé yo. “Destino”, dijo él. Yo era una abogada realista, Andrés un hombre soñador que inventó para mí un mundo en el que los buenos vivían felices para siempre y los malos terminaban en la cárcel. Y yo le creí. Pero mi vida siempre había estado marcada por plazos y resoluciones y ni siquiera en esto podía ser distinta. El día de nuestro cuarto aniversario, la policía me comunicó que Andrés había fallecido en un accidente de tráfico. Nuestro tiempo había terminado. No puedo explicar con palabras el dolor que me inundó por dentro. El vacío que Andrés había llenado fue más profundo que nunca. Apenas una semana después, el ginecólogo me confirmaba que estaba embarazada. La vida a veces brinda una segunda oportunidad. Sólo a veces.

     
  • Maternidad

    Marcelo Galliano · Buenos Aires 

    El plazo había concluido. Él lo sabía: no se podía dilatar más el asunto, los otros camaristas no permitirían más retraso, mañana debía darse a conocer la resolución. Tomó un sorbo de café y otro, prendió un cigarrillo, intentó extasiarse en las fantasmales figuras que bosquejaba el humo y se dijo: “Quizá si propongo postergar el tema… tratar la inconstitucionalidad de algunos impuestos…” Imposible, imposible. Respiró profundamente y en un gesto casi simbólico estrujó entre sus dedos un panfleto de los tantos que los antiabortistas arrojaron a su puerta. Luego, lapicera en mano, estampó su firma en la papeleta que no pudo volver a leer, y se arrojó extenuado en un sillón.

    El ruido de la puerta lo sacó de la meditación. Era ella que, con una gran sonrisa tallada en su boca, le dijo al entrar: “Querido, vengo del ginecólogo, tengo una noticia para darte.”

     
  • Lapsus laborales

    Adara Constantí García 

    '-Dejamos su vagina vista para sentencia- afirmó mientras le extendía un panfleto con consejos para el cuidado íntimo. -Si en un plazo de tres días continúa con las molestias menstruales, recurriremos la sentencia -continuó. La mujer arqueó las ceja

     
  • El engaño

    Cecilia Rodriguez Bové · L'Eliana (Valencia) 

    “¡Moët Chandon para la ocasión!”, sugerí feliz de estar con Carolina. Finalmente habíamos conseguido engañarlos a todos. Había vencido el plazo y la resolución judicial dejaba fuera de juego a los de la fiscalía anticorrupción, incapaces de presentar pruebas de evasión de impuestos contra la empresa de Carolina. Teníamos el dinero. Aquello había que celebrarlo. Fue entonces cuando ella, con una voz tan sugerente como su escote, se acercó y me susurró al oído: “Yo también tengo otra buena noticia. Hoy he estado con mi ginecólogo…”. Me estremecí. El panfleto con los detalles del viaje a la India que quería proponerle para celebrar nuestro triunfo, escapó de mis manos y cayó al suelo. La aparté de mí lentamente. Mientras ella retrocedía clavando uno de sus tacones en la foto del Taj Mahal, yo recordaba aquella mañana, hacía ya 10 años, cuando entré a quirófano para hacerme la vasectomía.

     
  • Neuronas anticrisis

    Rosa Peñasco · Madrid 

    Ni impuestos, ni multas, ni paro, ni crisis, ni la temida resolución ministerial que llevó al ginecólogo y a otros muchos al cierre de su clínica por no haber pagado en plazo, afectaba al más boyante negocio del barrio. Nadie entendió que el extraño especialista oriental, sin dominar el idioma y pegando este simple panfleto en una farola, consiguiera que, diariamente, decenas de hombres solicitaran sus servicios y salieran de su consulta con una contagiosa cara de felicidad: ACUPUNTOL CHINO VUELVE LA NEULONA GLANDE

     
  • El pájaro azul

    Marta Franco Alejos · Villamiel de Toledo (Toledo) 

    La resolución de la Corte de Apelaciones de Texas, ratificó su condena a muerte. En un plazo de dos meses Robert sería ejecutado, acusado del asesinato de su mujer. Ginecólogo de prestigio, casado con una rica heredera, su vida fue una sucesión de escándalos. Drogas, juego, evasión de impuestos, relaciones con la mafia. Como abogado suyo asistí a su ejecución. A la entrada de la prisión una lluvia de panfletos, en contra de la pena de muerte, cayó sobre nuestras cabezas. Sus últimas palabras fueron : " Huye del pájaro azul ".Siempre dudé sobre su cordura y sobre su culpabilidad. Regresé a casa abatido. Sobre la mesa del salón graznaba un pájaro azul. Se me heló la sangre.

     
  • O no ser

    Antonio Leal ¡µlvarez · Sevilla 

    Te conozco bien, y por la forma en que mueves la cucharilla del café sé que no me escuchas. Tin, tin, tin. Claro que recuerdo tus aventuras universitarias, las manifestaciones, los panfletos y las detenciones, pero me temo que la declaración de mañana deja poco margen al romanticismo. Tomaste la resolución de poner en peligro constante una carrera como ginecólogo que desde un planteamiento, digamos, más convencional podría haber sido brillante. Ambos sabíamos que tarde o temprano llamarías a mi puerta. Tin, tin, tin. Pero el plazo se acaba, he dedicado muchas horas a este asunto y no puedo permitir que se vaya al garete por dudas de naturaleza demasiado humana. No me preguntes si realmente existe el derecho a mentir. Si se ha impuesto la obligación del prisionero de guerra de intentar la fuga, mentir no es más que su derivación civil. Tin, tin, tin. Oscar, para ya.

     
  • ¿Qué carrera cursar?

    David Vivancos Allepuz · Barcelona 

    Superada la universal vocación infantil de ser astronauta, Manuel había repetido infinidad de veces que de mayor sería ginecólogo, un viejo chiste muy celebrado entre sus amigotes del instituto. Luego quiso estudiar Historia pero sus padres le aconsejaron Periodismo. Dudó ante el impreso que debía rellenar. Recordó entonces al joven abogado del programa emitido el día anterior, apuesto, elegante y de hablar pausado, argumentando cómo había planteado la defensa del concejal y justificando una resolución absolutoria del juez que nadie conseguía explicarse. Los periódicos, tanto los serios de tirada nacional como los panfletos de distribución gratuita, habían desvelado cómo el político se había enriquecido desviando en plazos regulares el dinero de los impuestos ciudadanos durante dos décadas. A Manuel le había seducido la sólida exposición del letrado, convincente, sin fisuras, aun sabiéndola fundamentada en una tergiversación indecente del espíritu de las leyes. Trazó una cruz en la casilla de Derecho.

     
  • Motivación

    Ana Antón Fernández 

    Estaba en las últimas. Ya no podía estirarme. No le creí cuando levantó la persiana, mientras se desvanecía el sólido grisáceo de la noche: - Hoy se acaba el plazo, va a ser un día genial. Llevaba ya tantos días en un eterno duermevela, intuyendo que no me sería tan fácil salir… Así que su comentario me sonó a un estribillo machacón, como la consigna de un panfleto. Pero estaba claro que no se rendía fácilmente: - Desayunas y vas para allá. Te están esperando… - Pon algo de tu parte, Empuja. Si marchas de manual… - Perfecto. Otro más a pagar impuestos. Su resolución me fue infiltrando un hálito de certidumbre, con el empeño de un cálido océano. Un eco que me repetía como una marea: “Despierta y prepárate. Ganarás este caso”. Así que fui desperezándome. Nací. El ginecólogo me saludó: - Espabila, hacen falta buenos abogados ahí fuera.

     
  • El plan

    Javier Gutiérez Carrtero · Hospitalet (Barcelona) 

    La resolución indicaba que disponía de un mes de plazo para liquidar todos los impuestos atrasados. Pero no tenía el dinero necesario ni modo de conseguirlo, a menos que… Le mostré al magistrado las fotos de sus citas sexuales con el ginecólogo de su mujer; un material excelente que había conseguido un antiguo cliente que me debía un favor. - ¿Qué quiere?- me preguntó secamente - Que pague mi silencio Sostuve su mirada pétrea lo que me pareció una eternidad. Al fin habló: - Gírese, recoja el sobre que hay debajo de la puerta y ábralo. Eran unas fotos tomadas minutos antes en las que aparecía nítidamente la escena de mi chantaje al magistrado. La ruina de mi trabajo y de mi futuro: - ¿Có…como?- acerté a decir - Digamos que “su amigo” me debía a mí un favor aún más grande. Por eso yo soy magistrado y usted abogado.

     
  • 500 pavos bien valen un minuto

    Jorge Matarredona Albors · Valencia 

    Se hallaba quien escribe estas líneas leyendo los mensajes de correo de la mañana cuando, sin saber porqué, prestó atención al último de su Colegio que hablaba de un Concurso de Microrrelatos sobre Abogados. Casualmente -quizá por evadir un poco su mente, antes de centrarse en el recurso que tenía medio acabado- hasta lo leyó… Inusualmente profundizó en su contenido, y accediendo a la web del concurso, de cuyas bases se desprende que te puedes ganar 500 euros escribiendo 150 palabras, si entre ellas se encuentran las “clave” siguientes: Plazo, Panfleto, Ginecólogo, Resolución e Impuestos, lo pensó un segundo y se dijo a sí -150 pulsaciones por minuto es la velocidad a la que escribo…, -¿un minuto?, ¿500 pavos?.. Ale!, pues ya está... Las palabras clave estaban dichas, faltaban veintidós vocablos cualesquiera. Sólamente había que alargar un poquitín la cosa y entonces quedarían únicamente cinco: DENME LA PASTA YA SEÑORES.