Pastel de setas

Enrique Trapero Díez · Plasencia (Cáceres) 

Le había regalado un pastel de setas en el bufete un ginecólogo al que había solucionado un escabroso asunto de impuestos. Aquel viernes llegó a casa pronto. A solas con el gato, desenvolvió el pastel del panfleto con el que lo había cubierto y, sin dudarlo, el abogado cortó un pedacito y se lo plantó al felino. Después de un plazo de tiempo expectante en sus movimientos, esperó verle fulminado. Pero el minino, lejos de complacerle con tan desafortunada resolución, se paseaba relamiéndose. Por la noche, el pastel de setas sirvió de broche a la cena, que fue interrumpida por los gritos de la pequeña de la familia desde el porche de la casa: “El gato… ¡está muerto!” Su padre reaccionó instantáneamente. Corría en dirección al cuarto de baño con los dedos metidos en la boca. Ajeno a todo, el autobús urbano que lo había atropellado, se perdía calle abajo.

 

 

Queremos saber tu opinión