Mi sano oficio

Esperanza Temprano · Madrid 

El ginecólogo opina que mis sofocos nada tienen que ver con mis hormonas. El médico de familia no encuentra causa física a mi mal,así que,una vez que la medicina ha confirmado que nada puede hacer por mi,no me ha quedado más remedio que someterme a una escrupulosa autoexploración que ha arrojado interesantes conclusiones, a saber: 1.Vivir enganchada a los plazos procesales perjudica seriamente mi salud, produciéndome cuadros de ansiedad y ahogos 2. Las resoluciones judiciales desfavorables tienen en mí graves efectos secundarios, tales como palpitaciones y sudoración fría 3. Cada trimestre, cuando Hacienda me hace pasar por taquilla con el pago de impuestos, mi mal alcanza su punto álgido. Una vez hecho el diagnóstico aplico el remedio: cambio de profesión, me voy a dedicar a repartir panfletos pro reforma radical de la abogacía,no será tan lucrativo pero,sin duda,es más sano.

 

 

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