Motivación

Ana Antón Fernández 

Estaba en las últimas. Ya no podía estirarme. No le creí cuando levantó la persiana, mientras se desvanecía el sólido grisáceo de la noche: – Hoy se acaba el plazo, va a ser un día genial. Llevaba ya tantos días en un eterno duermevela, intuyendo que no me sería tan fácil salir… Así que su comentario me sonó a un estribillo machacón, como la consigna de un panfleto. Pero estaba claro que no se rendía fácilmente: – Desayunas y vas para allá. Te están esperando… – Pon algo de tu parte, Empuja. Si marchas de manual… – Perfecto. Otro más a pagar impuestos. Su resolución me fue infiltrando un hálito de certidumbre, con el empeño de un cálido océano. Un eco que me repetía como una marea: “Despierta y prepárate. Ganarás este caso”. Así que fui desperezándome. Nací. El ginecólogo me saludó: – Espabila, hacen falta buenos abogados ahí fuera.

 

 

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